| SECCIÓN
PSICOLOGÍA ESPIRITUAL Y TRANSPERSONAL
Josep Gonzalbo Gómez

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Vestirse
desde el alma
Cada mañana te vistes. A veces rápido, a veces con más
calma. Pero ¿alguna vez te has detenido de verdad a observar desde
dónde eliges lo que vas a ponerte?
Puede parecer una elección superficial, pero en realidad es mucho
más profunda de lo que crees. Porque lo que eliges llevar encima
—ropa, complementos, peinado, incluso tu postura o tu expresión
facial— no solo refleja cómo estás, sino desde dónde
estás viviendo.
Lo habitual es que te vistas en función de lo que “toca hacer”.
Reunión, paseo, trabajo, reunión social, ejercicio…
Es normal. Pero si observas más de cerca, verás que muchas
veces esa elección está movida por algo más: la necesidad
de protegerte, de agradar, de destacar, de encajar o de defenderte. En
definitiva, de sostener un personaje.
Y quien guía ese personaje es, casi siempre, el ego. Ese aspecto
tuyo que intenta controlar el día, anticipar lo que puede pasar,
evitar lo que teme, y lograr lo que desea. El ego se encarga de que te
vistas para interpretar bien tu papel. Pero ese papel no eres tú.
Vestirse también puede ser un acto sagrado. Un momento de conexión.
Una forma de expresión del alma, si haces el gesto con atención,
con escucha y con coherencia. No se trata de dejar de cuidar tu imagen,
sino de no desconectarte de tu verdad mientras lo haces.
Aquí tienes tres prácticas claras para transformar el acto
de vestirte en un ritual de presencia y autenticidad:
1. Antes de vestirte, pregúntate quién va a guiar la elección:
Haz una pausa breve cada mañana y pregúntate en silencio:
¿Voy a vestirme para interpretar un rol o para expresar lo que
realmente soy hoy? Esa pregunta te recoloca. Aunque la respuesta no cambie
tu ropa, cambia tu actitud.
2. Elige una prenda o complemento que represente un valor del alma: Tal
vez un color que te conecta con la calma. O una textura que te recuerda
la ternura. O algo que te inspire belleza, verdad o ligereza. No para
aparentar, sino para sintonizar con lo que quieres irradiar.
3. Incluye siempre dos elementos invisibles en tu look: una sonrisa honesta
y una mirada clara. No importa lo que lleves puesto, si olvidas estos
dos detalles, te estarás vistiendo desde la separación.
La sonrisa y la mirada abierta te reconectan con lo humano y con lo espiritual
al mismo tiempo.
No se trata de vestir “espiritualmente”. Se trata de hacerlo
con conciencia. De dejar de actuar como un personaje y empezar a expresar
con sencillez lo que eres. Tu alma no necesita trajes. Solo verdad.
Cada mañana tienes una nueva oportunidad para que el acto de vestirte
no sea solo un trámite, sino un gesto de autenticidad.
Elige cada día con presencia. Que cada prenda, cada gesto, cada
detalle… sea una expresión de quien realmente eres cuando
dejas de actuar.
https://youtu.be/NSpRW_qFos
Del
deseo a la creatividad
Vivimos en un tiempo en el que la humanidad ha perdido el centro de su
energía. No porque no la tenga, sino porque no ha aprendido a encauzarla.
Especialmente la energía vital, la que nace en los primeros centros
energéticos del cuerpo, y que se expresa —en gran parte—
como energía sexual. Una fuerza creativa, potente, fecunda…
que si no se orienta correctamente, se distorsiona.
La realidad es que esta energía suele quedar atrapada entre el
deseo instintivo (segundo centro) y la voluntad de lograr o controlar
(tercer centro). Desde ahí, se intenta satisfacer sin comprender.
Y cuando no se transforma, esa energía se vuelve adictiva, confusa
o destructiva. Nos aleja del amor, de la belleza y del propósito.
Pero esta fuerza no está “mal”. Lo que está
mal es el bloqueo en su recorrido ascendente. Toda energía en ti
quiere elevarse. Quiere tocar lo más alto de tu ser. Solo cuando
atraviesa el corazón, se purifica. Solo cuando llega a la garganta,
se vuelve creatividad, palabra limpia, arte y servicio. Solo cuando se
eleva al centro de la visión y a la conexión superior, se
convierte en propósito, en claridad, en verdadera libertad.
Por eso, cuando alguien tiene dificultades para comunicarse, para crear,
para compartir lo que siente… no está simplemente “tímido”
o “bloqueado”, sino que hay una energía vital que no
está encontrando su cauce.
Esto no empieza en la edad adulta. Empieza desde la infancia. Porque esta
energía despierta muy temprano, antes incluso de que la mente se
haya desarrollado plenamente. Y si no se canaliza desde edades tempranas,
si no se le ofrece un espacio artístico, creativo, libre…
empieza a buscar salidas confusas. Y eso se ve reflejado en la adolescencia
y la adultez, en todo tipo de desequilibrios personales y sociales.
Aquí tienes tres claves para transformar esta realidad, desde lo
individual hasta lo colectivo:
1. Cultiva la expresión desde la infancia: Como madres, padres,
educadoras, educadores… es fundamental ofrecer a niñas y
niños espacios para expresarse libremente: pintura, danza, canto,
palabra, juego simbólico. El arte no es un adorno. Es medicina
preventiva.
2. Integra la creatividad en la vida adulta: No necesitas ser artista.
Solo necesitas abrir espacios para expresar lo que hay dentro de ti. Escribe,
canta, dibuja, conversa desde el corazón. Eso permite que tu energía
ascienda y no se estanque en la búsqueda de placer o poder.
3. Como sociedad, prioriza el alma: Los gobiernos, instituciones y comunidades
deben dejar de ver el arte y la educación emocional como “complementos”.
Son pilares del equilibrio social. Si elevamos la energía creativa
colectiva, disminuyen los conflictos, las violencias, las transgresiones.
La energía vital no se reprime, se transforma. Y su transformación
es lo que abre el camino al amor, a la belleza, a la unidad. Todo empieza
por permitirnos expresar lo que somos. Y cuando eso ocurre, la energía
deja de dividirnos… y comienza a elevarnos.
https://youtu.be/qvej56jW3jE
¿Pastilla
azul o pastilla roja?
Muchas veces se piensa que la iniciación espiritual es una especie
de premio. Una recompensa por haber hecho bien las cosas, por haber meditado,
leído, sanado o seguido un camino durante años. Pero esa
idea, aunque es común, no tiene nada que ver con lo que la iniciación
realmente representa.
La iniciación no llega como premio. Es una elección. Y es,
sobre todo, un punto de no retorno. No se accede a ella por acumulación
de méritos, sino por la madurez interna de quien, llegado el momento,
elige mirar la verdad de frente, con todo lo que eso implica.
Como se muestra en la película Matrix, cuando Neo debe elegir entre
la pastilla azul y la roja, tú también, en algún
punto, tienes que decidir. La pastilla azul representa seguir como hasta
ahora. Mantener la comodidad, la ilusión de control, la protección
del ego.
La roja es otra cosa: es cruzar un umbral. Es despertar a una dimensión
más amplia de la realidad. Y no, no es un paraíso donde
descansar… es un lugar desde el que ya no puedes vivir para ti sola
o para ti solo.
El verdadero despertar no te separa del mundo. Te compromete más
con él. Te convierte en canal, en puente, en testigo vivo del propósito
divino. Y ese compromiso no está en palabras ni en títulos
espirituales de maestría, sino en tu disposición a servir,
a sanar, a ofrecerte cada día.
Pero lo hermoso es que, desde esta nueva visión, el dolor ya no
pesa como antes. No porque desaparezca, sino porque lo ves desde otra
perspectiva. Lo atraviesas con sentido, con consciencia. Y esa comprensión
alivia, fortalece y te proporciona dirección.
Aquí tienes tres prácticas claras para integrar esta elección
de forma consciente:
1. Obsérvate cuando te aferras a la comodidad: Cada vez que evitas
un cambio, una verdad incómoda, una oportunidad de crecimiento…
pregúntate: ¿Estoy eligiendo la pastilla azul otra vez?
Solo con esa pregunta ya vuelves a ti.
2. Haz del servicio una acción concreta, diaria: No esperes a que
te “toque”. Crea un espacio cada día, por pequeño
que sea, para ofrecer algo: escucha, tiempo, presencia, creatividad, silencio.
El servicio no es un acto extraordinario, es una disposición permanente.
3. Sostén el compromiso con alegría: No hagas de tu camino
una carga. Recuerda que has elegido esta visión porque algo en
ti ama más la verdad que la comodidad. Y eso es digno de alegría
profunda. Celebra cada paso consciente.
La iniciación no te eleva por encima de nadie. Te vuelve más
humana, más presente, más disponible. Es un portal hacia
una vida con más responsabilidad, sí… pero también
con más libertad interior.
Y ahora, si estás escuchando esto, quizás ya estás
eligiendo. La pregunta no es si lo mereces, sino si estás lista,
listo… para asumir lo que la luz te pide.
https://youtu.be/Q-QZcTkB20s
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