Algo
sobre Maestros
Por Quintín García Muñoz
Hace años me dijo mi amigo y escritor Don Salvador Navarro
Zamorano: “Es que también tiene que haber cabos
y sargentos, ¿no crees?”
A pesar de haber escuchado la frase hace tiempo, de vez en cuando
viene a mi memoria, y al igual que otras frases, que parecen simples
y comunes a primera vista, sin embargo, indican que el que las ha
expresado tiene un raro sentido común.
Ya desde niños, queríamos ser como los héroes
griegos o romanos, como El Capitán Trueno, Jabato, Superman.
En los pueblos se admiraba y temía a los alumnos de catorce
años, que eran los mayores de la escuela. Así pues,
la vida de los niños transcurría, como ahora, con el
deseo de imitar a los mayores. A veces aparecía un maestro
o una profesora de escuela que conseguía inculcarnos el deseo
de saber. Eran nuestros primeros Maestros. Con la adolescencia llegaban
las palpitaciones amorosas, se continuaba estudiando y al final la
consecución de un trabajo y matrimonio.
En muchos casos, algo quedaba insatisfecho. Un vacío que nada
común y corriente podía llenar. Y ahí, en ese
punto, o mejor en esa línea paralela a los aconteceres comunes
del ser humano, nos atascábamos. Con suerte nos desarrollábamos
artísticamente o científicamente en alguna faceta que
nos atrajese. Y aún así, es agujero de insatisfacción
reaparecía esporádicamente. Inconscientemente buscábamos
un maestro, alguien que nos descubriese el secreto de la vida, especialmente
si se había sentido el desencanto producido por la religión
que se practicaba.
Para todo hay que tener un poco de suerte en la vida. Creo que no
es cierto que en el universo todo esté programado. Que me disculpen
aquellos que así lo creen. En mi caso tuve enorme suerte de
que en un campamento del Pirineo encontrase a un joven sabio. Fue
un gran maestro para mí. Recalco las palabras “para mí”,
pues indican que los seres humanos normales debemos ser más
humildes, y comprender que aspirar a ser enseñados por Jesucristo,
Buda, el Maestro Tibetano (Djwhal Khul) o Koot Humi, es ser un tanto
ignorantes y desconocedores de la realidad. No entendemos verdaderamente
lo que significa desear la guía de un Maestro, porque nunca,
en ningún caso, lo inferior puede abarcar lo superior.
Lo primero que debemos hacer es comprender que los maestros a que
podemos aspirar, son como diría mi amigo D. Salvador Navarro,
cabos, sargentos… y si por una casualidad del destino un Genio es
quien nos guía, éste lo hará descendiendo al
nivel en el que estamos, pues muchas de las cosas que podría
enseñarnos no las aprovecharíamos, y serían para
nosotros incomprensibles, tal vez increíbles.
Normalmente, si tenemos la enorme suerte de tener un guía,
si es bueno, creo que únicamente se dedicará a despertarnos
a un nuevo ritmo, que el propio estudiante debera establecer según
sus particulares cualidades. Es fácil que la enseñanza
de tal maestro dure un tiempo limitado, por las circunstancias de
la vida, y en ese momento el discípulo se vea en la obligación,
y a la vez oportunidad, de desarrollarse por sí mismo. Incluso
se me ocurre que podría ser una simple discusión, o
falta de fe del aprendiz… Es lo mismo, por una causa o por otra, lo
natural es que el camino de ambos se bifurque y ya no haya más
relación.
Si tal guía ha ocurrido en nuestra juventud, el discípulo
deberá resolver muchos problemas antes de ascender otro peldaño.
El estudiante puede haber aprendido a respirar, a relajarse; a establecer
un nuevo ritmo de estudios más intensos, si tiene, otra vez,
la suerte de encontrar su camino entre la enorme cantidad de enseñanzas
depositadas en los libros. Si tiene un poco de éxito le llegará
una corta época en la que se sentirá fuerte con los
conocimientos adquiridos. Pero éstos deberán ser asimilados
de alguna manera práctica, pues la adquisición de más
datos produce también desasosiego porque las piezas del rompecabezas
están desencajadas. Y lo que es seguro es que en su vida corriente
de padre, esposo, trabajador… comenzará a notar pequeños
o grandes roces entre su deseo de evolucionar de acuerdo a los libros
y pensamientos y su desarrollo social. Estos roces con la vida corriente
le producirán desarmonía e insatisfacción. Podríamos
decir que es un problema de integración del individuo, relativamente
despierto, en la vida social que de alguna forma nos mantiene dormidos
y aletargados.
Si las etapas de adquisición de sabiduría se van sucediendo,
es muy probable que en algún momento el discípulo tenga
que decidir entre el bien y el mal. No importa el campo en que se
dirima tal lucha. Las cualidades, vicios y virtudes de los estudiantes,
y los humanos en general, son tan diversas que hay muchas posibilidades.
El estudiante decide si seguir un camino u otro. Intenta descifrar
si el bien es mejor que el mal.
Quizás el discípulo comprende que debe someter su personalidad,
rebelde, e identificarse con las virtudes del alma, y percibir que
para él lo más importante es ese sentimiento abstracto
de estar unido a su Yo Superior. Tal vez descubre que lo peor que
le podría pasar sería separarse de su Alma, una supuesta
entidad que no ve, pero que cree percibir. La lucha interna ha podido
ser muy fuerte, y la siguiente etapa suele ser de búsqueda
de paz, tranquilidad, belleza, amor y sabiduría.
Quizás el discípulo, depende de los años que
haya tardado en vencer tal batalla, no tenga más tiempo en
esta vida. Pero si estos acontecimientos han sido en una época
relativamente temprana, y de nuevo tiene la suerte de disfrutar de
un ambiente propicio, que no depende de él, sino del rumbo
de la sociedad en la que vive, puede continuar su desarrollo como
entidad espiritual.
Es normal pensar que los seres humanos tenemos un destino común
y que todos pasaremos por el aro de la evolución, si así
lo queremos, pero el tiempo varía para cada uno. No obstante
somos tal cantidad, millones de millones, los componentes de cada
uno de los Dioses, que aunque al estudiante le parezca que su destino
y su sendero es único, no es así. En un momento determinado,
miles de individuos están en un estado de evolución
similar, y sus pasos son idénticos. Tal hecho es la causa de
que surja una nueva posibilidad de desarrollo, y el estudiante se
interna en el mundo interior de los Dioses, en su energía.
No es que se le aparezca alguien extraordinario, sino que el contacto
viene gracias a unas cualidades internas que de una forma ciega va
desarrollando.
Es difícil saber cuándo se produce tan importante cambio
en el estudiante. No es algo que se pueda definir concretamente. El
discípulo no sabe qué le pasa. Camina a ciegas en el
universo de la creatividad mental. Aunque necesita razonar, su pensamiento
es más imaginativo. Es lo que algún tipo de meditación
puede promover, o simplemente es un autodesarrollo debido a la naturaleza
creativa del individuo. Sin necesidad de tener una completa comprensión
del proceso magnéticoeléctrico, el estudiante aprende
a “salir” de su cuerpo y a conectar con algo que está más
allá de su cerebro.
Tal facultad, durante muchos años, en la época gloriosa
de los materialistas, incrédulos y hombres de ciencia anteriores
del siglo XIX, fue negada, y su ciencia estableció que todo
pensamiento y sentimiento se desarrollaba dentro del cuerpo físico
del ser humano; que la religión era algo que había que
abolir, pues la razón era lo más importante que poseía
la raza humana. Pienso que este último párrafo describe
la situación que debió combatir con su Doctrina Secreta,
Helena Petrovna Blavatsky. Posteriormente vinieron los grandes hombres
que cambiaron la Ciencia, y “apareció” la Luz, el Magnetismo,
las Partículas, la MateriaEnergía… y todos los inventos
que han venido posteriormente.
En nuestros estudios oficiales de hace cincuenta años, no había
ni un capítulo dedicado al desarrollo espiritual, salvo el
hecho de que nos recomendaban rezar. Tuvieron que venir de Oriente
las enseñanzas sobre respiración y meditación.
Sin embargo, los grandes místicos ya utilizaban la luz y los
campos magnéticos, aunque no se los llamase así. Por
lo tanto, el estudiante, contemporáneo, que hubiese dedicado
durante miles de horas a acrecentar su conocimiento sobre la estructura
del universo, se sentía encerrado dentro un muro, y ante un
abismo que no podía franquear. La lógica y el razonamiento
tienen sus campos en los que son útiles, pero si los datos
de los que parten son incompletos, los resultados también lo
son. Con suerte, gracias a una interminable búsqueda se encontraba
a los alquimistas, con su lenguaje velador, más que revelador,
e incomprensible, y algún libro de esoterismo por aquí
y por allá. Pero no era tan fácil encontrar gran cosa
de estos últimos, y los que se descubrían eran excesivamente
herméticos e incompletos. No era sencillo seguir el hilo conductor,
e imagino que tampoco estaba autorizada su revelación
Si un estudiante “normal” llegaba a leer el Kybalión, realmente
no aprendía nada, salvo unas afirmaciones genéricas
y poco más. Seguramente, para todo individuo de a pie, los
obstáculos para encontrar actualmente su propio sendero eran
infranqueables.
Aunque… el siguiente peldaño estaba ahí, expuesto a
plena luz del día. La afirmación mística de que
el ser humano es Luz y Amor. Verdaderamente no nos diferenciamos de
toda la estructura del universo. No somos una excepción. Nosotros
también estamos construidos por paquetes de energía,
que se sujetan gracias a las fuerzas que de algún lado surgen
y mantienen los cuerpos con vida. Los seres humanos generamos luz
y campos magnéticos.
La ciencia no lo ha descubierto, o si lo ha hecho no debe haber mucha
información al respecto, y si lo ha ocultado y lo oculta, sería
culpable de la no evolución de los seres humanos, y responsable
del desasosiego mundial a nivel individual. Vamos a dar por hecho
que todavía no ha salido un premio nobel que publique tales
principios como que el ser humano es una fábrica de cierta
clase de luz que puede viajar.
La diferencia entre el razonamiento y la creación imaginativa
es que uno hace que comprendamos los problemas y la otra es responsable
de crear objetos luminosos.
Podríamos afirmar que la primera fase de la meditación
es la acumulación de conocimientos y energías y la segunda,
a través del centro ajna (entre las cejas) es la generación
de hilos de luz. Si pudiésemos ver un centro ajna, por ejemplo
en cierto estado de sueño, veríamos que el centro entre
las cejas, en actividad, es como una fuente que emite un poderoso
río de luz que se desplaza y ruge como un fuerte viento. Como
el ser humano tiene la capacidad de crear luz, llega un momento en
el que, o tal vez se le ocurre, o tal vez lo ha leído en algún
libro, comienza a imaginar que se genera una esfera a su alrededor
que gira sin descanso. Es el inicio de la entrada a un nuevo mundo.
Para conseguir crear algo estable, deberá practicar todos los
días, y si no se desanima, al final generará alrededor
de su cuerpo una esfera de luz. Es probable que esta esfera de luz,
sólo se mantenga viva mientras piensa en ella, independientemente
de que además podamos poseer otras esferas de luz, más
permanentes, generadas por los propios átomos del cuerpo. Esta
esfera invisible que se crea imaginativamente, podría ser detectada
por un viajero etérico y al entrar en ella percibiría
su crepitación. El segundo paso es que esta esfera de energía
luminosa puede ser cualificada en una segunda fase. Así pues,
podemos inhalar el aire, pensar que entra con el mismo cierta cantidad
de bondad y belleza, regeneramos la imagen de la esfera y al exhalar
infundimos en esa esfera, la bondad, la belleza, la armonía
y la sabiduría.
¿De dónde surgen y se extraen estas cualidades, o mejor
expresado, estas energías cualificadas?
Se podrían suponer dos orígenes:
Bien desde su propio Ángel solar, o bien desde algún
depósito de energía cualificada como pueda ser la Jerarquía
de Almas, y también en teoría de los distintos centros
etéricos que existen en la Tierra, y que se comentaron en el
anterior número.
Como este ejercicio podría llevar en una persona normal, varios
meses o quizás años, pues no siempre se está
trabajando intensamente, incluiré una fórmula que ayudará
al principante en su adquisición de energía.
Los hijos de los hombres son uno,
y nosotros somos uno con ellos.
Tratamos de amar y no odiar,
Tratamos de servir y no exigir servicio.
Tratamos de curar y no herir.
Que el dolor traiga la debida recompensa de luz y amor.
Que el alma controle la forma externa, la vida y todos sus acontecimientos
y traiga a la luz al amor que subyace en todo cuanto ocurre en esta
época.
Que venga la visión y la percepción internas, que el
porvenir quede revelado, que sea demostrada la unión interna,
que cesen las divisiones externas, que prevalezca el amor y que todos
los hombres amen.
Utilización del cuerpo de luz
Una vez que hemos proyectado desde nuestro centro ajna la luz y hemos
generado un campo magnético debido a la rotación de
la energía, como si el centro cardíaco (entre los omóplatos)
fuese el ecuador de la esfera, y la columna vertebral el eje sobre
el que rota la energía, estaríamos en disposición
de intentar algún viaje hacia otros centros de energía.
Para ello es importante saber qué somos nosotros mismos en
esencia, o qué creemos ser. ¿Somos científicos,
médicos, filósofos, novelistas, religiosos, artistas?
Dicho de otra forma, dependiendo de aquello que creamos ser en esencia
nos dirigiremos al ashrama del Maestro que admiramos. Y ese deseo
de contactar con aquellos seres que son nuestros ideales es la brújula
que nos llevará al lugar que está más de acuerdo
con nuestra esencia.
Contactos con otros discípulos
Es difícil, para principiantes como nosotros en el arte de
la proyección mental, saber qué está fuera de
nosotros y qué está dentro. Al seguir un protocolo,
que a veces está en algunos tratados esotéricos, únicamente
vemos lo que imaginamos, salvo en algunas ocasiones que ocurre algo
distinto que no habíamos programado. Si efectuamos muchos intentos
es porque de ellos salimos más energetizados. Si el viaje ha
tenido éxito lo más probable es que lleguemos hasta
algún tipo de materia astral que otros discípulos o
viajeros han ido construyendo. Pero casi al cien por cien podríamos
asegurar, según nos indican los hombres más avanzados,
que hemos llegado a un reflejo de la realidad. Aunque se nos asegura
que tal reflejo no es el ashrama mismo, nos está indicando
que algo existe más allá de nuestro cerebro. Es decir,
que lo básico es reconocer que, aunque no sea el original,
sí existe la copia en el mundo exterior al viajero. Y saber
que hemos podido contactar con el mundo interno de los Dioses, no
es poco. También es muy importante comprender que, sin saberlo,
hemos contactado con algo y alguien. Y si se persiste en estas proyecciones
mentales, al final participamos de la vida del ashrama. Tal y como
comenté en el número anterior, en el libro Discipulado
en la Nueva Era, Tomo II, aparecen diversos protocolos a seguir. Y
en algún momento algo comienza a cambiar. Se da la posibilidad
de experimentar algún contacto. Es bueno resaltar que tales
contactos, salvo para aquellos discípulos que verdaderamente
son videntes en distintos planos, son de una forma ciega.
Una nueva etapa en el que el discípulo es su propio maestro.
Gracias al contacto entre dos discípulos principiantes se establece
una relación de “maestro”“maestro” en el sentido de que ambos
se sienten modificados y mejorados al mismo tiempo.
Puede ocurrir que uno de ellos crea que ha conectado con su “maestro”,
pero la realidad es que el mejor Maestro que existe es el Ángel
Solar o Alma de cada individuo.
Hace tiempo escribí un sencillo y humilde tratado “Telepatía
y Teleenergía”. Por entonces pensaba que el contacto telepáticoteleenergético
era debido a las “virtudes” de cada uno de los componentes, pero tal
vez era un espejismo, y ese contacto entre dos discípulos separados
por trescientos, mil, diez mil kilómetros, era directo, pero
igual que los necesitan repetidores para llegar de una parte a otra
del mundo, ahora pienso que quizás el “poste repetidor” de
esas conexiones son las Almas de cada uno de los implicados en el
contacto, que de alguna forma facilitan el intercambio a través
del cuerpo etérico del planeta.
Retrato
de Loquillo
Pedro Moya
Espero no parecer un engreído si me atrevo a asegurar que la
conexión telepática y teleenergética es posible.
Si bien deseo matizar que no es como la gente se lo imagina. Primero,
porque una conexión así, como la que se explica en el
libro, surge gracias al intercambio durante uno o dos años.
Y que sólo en muy contadas ocasiones ocurren visiones de verdad.
Lo demás son percepciones vagas y como si estuviésemos
delante de una pantalla de radar. Es decir, que se deduce más
que se ve. Pero no cabe la menor duda de que el contacto existe y
que a una emisión de “energía” el otro responde de alguna
manera. Por lo tanto, no es algo casual, sino que puede asegurarse,
sin la menor duda, que a un envío se recibe una respuesta,
aunque no sea la respuesta esperada. La descripción del contacto
y el sistema de contacto, se plantea como “La teoría del nosotros”
en el mencionado tratado. Aquí, de lo que estamos hablando,
es de que dos discípulos se conectan de alguna forma y comienzan
a aprender uno de otro. Por lo tanto, ambos deberían ser considerados
al mismo tiempo maestrodiscípulo, discípulomaestro.
Ello es posible porque existe una extraña identificación
por la que ninguno de los dos polos sabe exactamente qué es
propio o ajeno. Esto es verdaderamente un misterio.
Los
constructores de lotos.
Una vez que un discípulo ha sido capaz de mantener durante
un tiempo una conexión de ese tipo, probablemente se ha preparado
para poder acercarse a algún Discípulo más avanzado,
pero de nuevo hay que afirmar que es muy improbable que todavía
se pueda acercar a un Maestro. No creo que el lector se dé
cuenta de todo el trabajo que se requiere para llegar a dar otro pequeño
paso. Porque estamos hablando de años de entrenamiento, y lo
que es más curioso, de un desarrollo a ciegas. Es cierto que
las instrucciones están en los libros, pero sólo la
intuición del estudianteviajero es la que le induce a seguir
uno u otro método. También es verdad que nuestro Ángel
Solar está probablemente atento, aunque no nos enteremos del
contacto, y de vez en cuando surja de su mente la idea de ejecutar
tal o cual “instrucción” o protocolo.
Cuando un discípulo ha tenido una experiencia de contacto y
ha salido indemne de tan peligrosa aventura, podría ocurrir
que le fuese encargado un trabajo para el ashrama. Sabe que algo ha
contactado con él, supone que algo debe hacer al respecto,
e intuye que su trabajo está relacionado con su aprendizaje
anterior, pero nada más. El mundo interno es para el no vidente
un misterio. Actúa en él como las ramas de los árboles,
que se extienden gracias a la percepción el calor y la luz
del Sol.
El centro cardíaco del discípulo atrae las energías
y el centro ajna lanza esa energía en hilos de luz que regeneran
los centros etéricos. Hay también un detalle que a veces
se olvida, porque a lo mejor ni se sabe, y es que cuando alguien solicita
una iniciación, se dice que ya no puede echar marcha a atrás.
Probablemente será porque la iniciación de un discípulo
dura muchos años de esfuerzo. En definitiva, es un proceso
que finaliza con algún tipo de ritual, pero el trabajo para
alcanzar la meta dura muchos años, y una vez que se ha empezado
no se puede detener porque algún resorte se ha disparado dentro
de la conciencia de Dios y no se puede detener. Realmente, todo esto
es un misterio del que los discípulos principiantes no tenemos
toda la clave, y ésta sólo se consigue conforme se va
trabajando.
Cómo
sigue el camino
De
nuevo intentamos avanzar suponiendo lo que ocurre. Si nos damos cuenta
de lo que hemos relatado hasta ahora, es el aprendizaje de un ser
humano para internarse en el Mundo interior de los Dioses y en última
instancia del Logos Planetario y del Logos Solar.
Tal vez podríamos suponer que nuestra vida física es
como las de las células de nuestro cuerpo, que se relacionan
con los materiales que les llegan en forma de partículas, pero
que a su vez desarrollan un sistema por el que son capaces de conectarse
con el “pensamiento eléctrico” que se genera en el cerebro.
Se suele decir que el hombre es su propio camino porque al igual que
una araña teje la red con su propia sustancia, de la misma
forma el discípulo construye una red de hilos de luz que surgen
de su propio pensamiento (centro ajnacentro cardíaco) y se
conectan a otros puntos de energía.
Imagino que cuando un pensadorcreador de hilos de luz domina este
método, está preparado para contactar con algún
Discípulo de mayor categoría, como se ha sugerido. Probablemente
sea un iniciado de tercer o cuarto grado, y si posee los suficientes
atributos, ese iniciado pasa a ser su nuevo Maestro.
De nuevo nos encontramos con misterios que únicamente se descubren
al mismo tiempo que el estudiante va desarrollando ciertas aptitudes
gracias a su capacidad de interpretación de lo que ha leído
en los libros y la experiencia acumulada.
Tampoco nos solemos dar cuenta de que una relación energética
entre un Discípulo de tercer o cuarto grado con un discípulo
de primero o segundo grado puede sumergir al aprendiz en cierta oscuridad
y desasosiego energético, pues comienza a recibir energía
más intensa. En estos casos la enseñanza no es de tipo
“Dos más dos son cuatro”, sino que el discípulo menor
recibe paquetes de energía que deberá aprender a manipular.
Unas veces lo hará con éxito y otras desviará
esa energía deficientemente, pero lo importante es saber que
la única manera de aprender es actuando y, como se diría
en algunos tratados, recibiendo energía y convintiéndola
en fuerza.
Como
dice el Maestro Tibetano (Djwhal Khul), no creo que el lector casual
comprenda el trabajo que llevan estos pasos, pero tal vez nos podamos
hacer una idea de que establecer una relación con un Maestro
como Jesús, y ya no digamos como Cristo o Buda, está
más allá de nuestras capacidades.
Ahora bien, no podemos albergar ninguna duda de que el Mundo es una
Cadena que une a los Dioses y a los hombres, y el eslabón que
está más próximo a nosotros cumple con sus obligaciones
tanto hacia lo Superior como a lo Inferior. El primer paso siempre
lo debe dar el eslabón inferior e invocar al Superior. A esa
petición, lo Superior está “obligado amorosamente” a
responder, si la petición es sincera, simplemente.
Quintín García Muñoz