El
misterio de las “almas perdidas” a la luz de la Teosofía.
Por Juan Ramón González Ortiz

Estudiaba
yo en aquel colegio de curas, esos internados de antaño que,
a raíz de las películas de Harry Potter, parece que
gustan tanto a los jovencitos de hogaño, cuando cayó
en mis manos una versión del Fausto de Goethe. Atraído
exclusivamente por el dibujo de la portada, el cual presentaba al
doctor Fausto departiendo amistosamente con Mefistófeles en
una especie de laboratorio alquímico, empecé la lectura
del libro. Hay que decir que no entendí nada de la segunda
parte, y a duras penas pude seguir las aventuras de la primera. Sin
embargo, el tema del pacto diabólico me atrajo sobremanera.
A medida que iba leyendo, yo me preguntaba, “¿pero cómo
puede ser esto: el alma no puede pactar con el diablo, eso es imposible?”.
Años más tarde, cuando entré en la Teosofía,
pude contestar a esta pregunta que yo me hacía cuando era un
tierno infante.
Recuerdo haber leído el sintagma “almas perdidas” en las obras
de Blavatsky o en las Cartas de los Mahatmas, ya no lo recuerdo
bien, pero en cualquiera de los dos casos era un comentario o explicación
de lo que les aguarda a ciertos difuntos que han cometido suicidio.
De todas maneras, esa expresión se clavó amenazadoramente
en mi entrecejo. Afortunadamente, la propia Teosofía se encargó
de explicarnos el sentido de esa triste combinación, “almas
perdidas”. Leadbeater se dedicó muy pedagógicamente
a desvelar su significado.
¿Es
posible la eterna condenación? No. De ninguna manera. La Voluntad
de Dios Padre, el Logos de los Logos, es algo tan fuerte y tan poderoso
que nada ni nadie puede sustraerse a la evolución. Nada puede
hacer frente a la Gran Corriente Cósmica de la Evolución.
La libertad nos la van administrando a medida que vamos creciendo
y expandiendo nuestra conciencia divina. Una persona común,
diga lo que diga, solo tiene algo más de libertad que la que
disfruta su propia mascota, pero nada más. ¿Quién
daría libertad a un chico pequeño para hacer cuanto
le diera la gana, en su casa y, sobre todo, fuera de ella? A medida
que vamos ascendiendo se nos otorga una mayor capacidad para dominar
y enfrentar nuestro destino. Si usamos correctamente de este poder,
comprobaremos que la fuerza de la que disponemos para actuar en el
bien va aumentando, mientras que disminuye el poder para actuar contra
ese mismo bien.
Verdaderamente, la expresión “almas perdidas” no es muy afortunada,
pero es la que ha impuesto la tradición. Además, es
muy llamativa e incita a la reflexión, lo cual tal vez sea
de lo que se trate.
Hay tres tipos de almas perdidas.
1º.
Los que son eliminados de la evolución a mediados de la Quinta
Ronda, en el llamado “Día del Juicio”.
Este juicio tendrá lugar en el quinto globo, en la quinta subraza
de la quinta raza de la futura quinta ronda planetaria. Todavía
estamos en la cuarta ronda, y aún faltan tres globos completos,
más lo que queda de este, para iniciar tan solo la quinta ronda.
En ese juicio, el verdadero Juicio Final aunque las rondas, los
globos, e incluso juicios menores, continúen, la población
de ese quinto globo se reducirá un cuarenta por ciento.
Apartar a una serie de entidades humanas no significa que se pierdan
para siempre. No. Lo que significa es que esas encarnaciones ya son
incapaces de seguir el plan evolutivo. Esas almas se incorporarán
de nuevo en la siguiente cadena. Se trata de un retraso de varios
eones, una cantidad de tiempo incalculable. Inimaginable. Pero esas
almas no estarán perdidas. Volverán a la encarnación
de nuevo cuando les corresponda.
Este es el tipo de“condenación” de la que nos habla Cristo,
y no la condenación eterna y permanente que interpretó
un parte muy importante de todas las Iglesias Cristianas.
Muchos seres serán retirados de la evolución de la ronda
pero no como castigo a su torpeza o a su lentitud, sino que, debido
a su incapacidad de seguir el avance general, forzosamente, llega
un momento en el que son una rémora y un autentico obstáculo
para los que progresan.
Lo mismo sucede en la enseñanza. Todos los alumnos empiezan
el curso con grandes deseos de aprender, llenos de entusiasmo y confiados
en superar las dificultades. Pero bien pronto se demuestra que no
es así, porque no todos somos iguales intelectual y espiritualmente,
digan lo que digan los políticos y los pedagogos. Entonces,
el profesor que imparte las materias, y que conoce al alumnado, comprende
la situación y, a mitad de curso, reúne a los más
atrasados y les habla con franqueza explicándoles que, dado
que es imposible que puedan aprobar, habida cuenta del atraso que
llevan, lo mejor que podrían hacer es volver al curso inmediato
inferior y profundizar en todas las nociones básicas, así
cuando al año siguiente de nuevo accedan al curso superior,
estarán muy bien dotados y puede que hasta sean los alumnos
más sobresalientes.
En el caso de la evolución planetaria, tras esta gran separación,
el progreso para los seres evolucionados será muy veloz. Esas
nuevas circunstancias serían muy adversas para los Egos retrasados
o que aún sientan la necesidad de vibraciones groseras o cuyos
cuerpos astrales se sientan atraídos por las sacudidas de las
pasiones. A este tipo de seres de nada les valdría vivir bajo
el influjo de las más poderosas vibraciones. Estas solo excitarían
sus naturalezas más primitivas. Con lo cual, ni ellos ganarían
nada para su particular evolución, ni el resto de la humanidad
ganaría nada en su progreso.
Estas
almas, como vemos, no están perdidas, simplemente continuarán
con sus estudios en una mejor ocasión. Acaso sean almas demasiado
jóvenes y necesiten más tiempo para afianzar ciertas
lecciones de dificultad.
Tal vez retornen en la siguiente cadena. Y tal vez no aparezcan en
las primeras etapas evolutivas sino en su mitad. Aquí tenemos
que contar tambiénque durante su tiempo en ese pralaya, en
el que entran estas almas, sigue su evolución, por supuesto
de una manera desconocida e inimaginable por nosotros. Pero sigue
la evolución. Esto no es un fracaso vergonzoso.
Sí es vergonzoso el fracaso de quien no ha querido esforzarse,
estando capacitado para seguir el curso. El destino de estos perezosos,
abandonados a la malicia y a la vaguería, es peor que el de
los primeros, pues estos perezosos añaden un karma muy negativo
a su situación.
El Cristo, en los Evangelios, hablaba con gran dureza de este grupo
de gente, advirtiéndoles de su destino futuro. Blavatsky también
usaba palabras muy amargas y crueles para este tipo de seres a los
que llama “inútiles zánganos que perecen por millones”.
Pero, aun en este caso, tampoco se pierden esas almas. Simplemente
se retrasan, lo cual es muy grave y doloroso, por supuesto. Pero
no desaparecen en la nada, aniquiladas. Es un aplazamiento temporal,
como en el caso anterior, pero ahora hay que sumar un karma muy pesado.
Lo cual significa prolongar el camino a través de existencias
kármicas, aumentando la fatiga, el dolor, el esfuerzo y elsufrimiento.
Estas almas están perdidas para nosotros, porque dejan de
estar en nuestra compañía, pero no lo están para
el Logos, ni mucho menos. Recordemos que no existe la condenación
eterna, sino el retroceso, o el retraso, y la espera hasta la siguiente
cadena de globos y mundos.
2º.
El siguiente caso de alma perdida contempla dos posibilidades: aquellos
seres humanos cuyas personalidades, que han sido vigorizadas por
una parte del Ego, están volcadas por completo en la vida emocional,o
bien viven entregados por completo a la vida mental inferior. Es
decir, personalidades que viven excesivamente en las pasiones, o
los que, de forma egoísta y repletos de prejuicios, se entregan
al reducido campo que abarca su limitada y estrecha mente. En los
dos casos se trata de que una parte ínfima del Ego, la parte
que está más en contacto con los planos inferiores,
ha roto el enlace y la relación con la parte mayor delEgo.
Una
vez que en el Cuerpo Causalhabita un Ego, este intenta por todas
las maneras ”infundirse”, es decir, gotear, avanzar hacia los cuerpos
inferiores. Para esto el Cuerpo causal emplea su tercer subplano,
de los tres de que consta, pues es el que está en contacto
directo con la Materia.. El Ego intenta así ganar los cuerpos
mental inferior y astral, entre otras cosas, para no ser sofocado
por la naturaleza material de los cuerpos que hay por debajo de él.
Puesto que la inmensa mayoría de todos nosotros no tenemos
ninguna conciencia en el Plano Causal (que son los tres subplanos
superiores del Plano Mental), el Ego solo puede destilar una minúscula
parte de su propia materia en los planos inferiores, la cual rápidamente
se mezcla con la materia de la mente inferior y, después, con
la materia propia del plano astral.
Esta minúscula e ínfima fracción muchas veces
es el motor de una vida que busca incesantemente el conocimiento,
pues esas pequeñísimas partículas vivifican los
vehículos inferiores elevando su vibración, lo cual
repercute sobre el Ego, que intenta aproximarse aún más
a los planos inferiores de la persona.
Tal fracción del Ego que ha penetrado más abajo y que,
sometida a las circunstancias de la vida, recibe las vibraciones de
la Materia, está ahora más despierta que el resto de
su totalidad y puede llegar al extremo de creerse autosuficiente,
rompiendo su relación o su lazo de unión con la parte
mayor del Ego.
También puede llegar al punto de creerse a sí misma,
esa fracción, la Materia, en cuyo seno actúa, rechazando
la influencia de la parte intermedia del tercer subplano del Cuerpo
Causal, que es su parte en inmediato contacto. Recordemos que, en
ese tercer subplano, hay una porción intermedia de materia
causal, infundida pero no sofocadapor la materia inferior, y que,
como un brazo, sirve de nexo de unión con la verdadera reserva
de materia causal, que es la parte superior de este tercer subplano
del Plano causal .
Hay que decir que el tercer subplano del plano causal tiene tres niveles:
el que desciende y se mezcla con la Materia, el que desciende, pero
no se mezcla, y el que permanece en su nivel. Cada uno de estos es
progresivamente más grande. Así la parte superior de
este tercer subplano es mucho más grande que la porción
intermedia y, por supuesto, que la parte que desciende, que es la
menor.
La pequeña parte infundida por completo en la Materia y sofocada
por ella, sería como la mano en un ser humano. La parte intermedia,
que es más grande que la fracción anterior, equivaldría
al brazo entero. Y la parte superior de este tercer subplano sería
el tronco. También podríamos decir, que la parte hundida
en la materia serían las yemas de los dedos. La fracción
intermedia, sería la mano. Y la parte en contacto con los subplanos
segundo y primero del Cuerpo Causal, el brazo al completo.
Inicialmente, el propósito del descenso del Ego era dominar
la mente inferior y el inestable cuerpo astral. Entonces, si todo
sale bien, el enlace con la parte intermedia, que avanza hacia la
parte sumergida del todo en la Materia,le hubiera asegurado más
fortaleza y una actuación cada vez más y más
perfecta. Digamos que el Ego ya sabe que esa pequeña parte
que se mezcla con la materia mental, astral, etérica y física,
va a acabar sofocada por la Materia. Pero ha de ser así, porque
eso va aprovocar que esa mínima fracción reaccione y
despierte a la actividad, y a su vez este despertar la va a hacer
más cooperadora con las energías que la parte mayor
del Ego, a través de su nivel intermedio, le envíe.
Desdichadamente, los planes no siempre resultan bien. El propósito
inicial era que la parte más pequeña del Ego, esa parte
más cercana a la mente inferior y, por tanto, la que más
se adentra y mezcla con la materia, se zafase fuertemente a la Materia
y la manipulase bajo la guía y el esfuerzo del brazo, a través
del cual podría afluir la fuerza adicional y el gobierno del
tronco.
Lo fundamental es que se mantenga intocado y poderoso el enlace con
el gran depósito superior del Ego, el que está en contacto
con el Cuerpo del Alma en sí mismo.
Como
ya hemos dicho, a veces, la parte que ha caído en la Materia
se hunde en ella hasta tal punto que olvida su verdadera naturaleza,
se identifica con la materia, y se afirma a sí misma como el
verdadero Ego.
Ahora imaginemos que esa partícula se hunde en alguno de los
subplanos de la mente inferior. Entonces, esa persona será
muy talentosa, tal vez sea un filósofo o un escritor, pero
será brutalmente materialista, será intolerante porque
vivirá para sus prejuicios, y también será práctico
y utilitarista, sin ninguna sensibilidad.
Si esa partícula de Ego se hunde en los subplanos astrales,
la persona en cuestión vivirá en la cima del egoísmo,
entregada a sus pasiones y a sus gustos y voliciones particulares.
A estas dos clases de personas, Blavatsky las llama “almas perdidas”.
Sin embargo, la propia HPB inmediatamente dice que estas almas no
están en absoluto perdidas. A pesar de haber manchado y ensuciado
una parte del Ego, “aún pueden redimirse y subvertir su naturaleza
material. Porque el contrito arrepentimiento o una ardorosa invocación
al Ego desligado, o mejor todavía el vigoroso esfuerzo para
enderezar sus pasos, pueden atraer de nuevo al Ego. El hilo de relación
no está del todo roto”.
A pesar de todo, hay casos en que la minúscula porción,
separatista (y subrayo “separatista” por la cuenta que nos trae),
del Ego, infundida en la Materia, se rebela y rechaza el contacto
en el Ego en sí mismo. Sería algo así como si
la mano no obedeciese al cuerpo, y se agitase espasmódicamente
con absoluto descontrol de su brazo y del tronco. En estas circunstancias,
el brazo queda paralizado y el tronco queda fuera del gobierno.
Para Blavatsky incluso este caso tiene su reparación, pues,
si se reaviva el brazo y si se insiste lo suficiente, el Ego puede
volver a tomar el control de la minúscula parte que se ha separado
del todo. Leadbeater nos dice: “Sin embargo, la vida quedará
malograda pues, aunque ese ser humano esquive su ruina, nada habrá
ganado y en cambio desperdició mucho tiempo” (…) “Afortunadamente
para nuestras posibilidades de progreso, las leyes que nos rigen son
de tal naturaleza que resulta muy difícil la pérdida
del alma”.
Tenemos que decir que esa pequeña partecita infundida en la
materia, la pequeña parte separatista de la que estamos hablando,
aunque se mezcle con una materia coloreada por vicios, malas pasiones
y deseos ardientes, es imposible que reproduzca esas bajas vibraciones
o que las comunique al resto del Cuerpo Causal. Esa parte de Ego por
muy pequeña que sea y por muy sofocada que se vea por la grosería
de los planos inferiores es incapaz de vibrar en esos tonos tan bajos.
3º. El tercer caso de alma perdida es el más espeluznante
de todos y, gracias a Dios, es el más raro. En este caso es
la personalidad la que arranca del Ego a esa pequeña partecita
infundida en los planos inferiores.
Prácticamente esto solo ocurre cuando ese humano se ha entregado
a los trabajos de Magia Negra. Y equivaldría a la amputación
violenta del brazo, con su mano.
Es cierto que ha quedado incólume y sana del todo la gran porción
de Ego a la que pertenecían las dos partes amputadas, pero
la porción superior del Cuerpo Causal, o Ego, solo podrá
entrar en actividad cuando el humano llegue a un nivel de evolución
muy considerable.
Leadbeater nos dice: “Es evidente que el hombre puede colocarse en
oposición con la naturaleza, y en vez de trabajar inegoistamente
por el bien de todos, puede envilecer sus facultades con fines egoístas.
De estos se dijo: «En verdad os digo que ya recibieron su
recompensa». Estos emplean sus vidas en luchar por la separatividad
y al fin quedan aislados durante largo tiempo. Dícese que la
sensación de hallarse completamente aislado en el espacio,
es el destino más horroroso que puede caer sobre los hijos
de los hombres”.
Atención a la clave que nos da Leadbeater sobre ”luchar por
la separatividad”. Ese estado de completa soledad que comenta Leadbeater
es el “Avitchi”, el Infierno del Cristianismo, y es la situación
de los nigromantes al morir, pues cuando cesa su existencia física,
ellos se apartan voluntariamente de la evolución de la Vida
del Logos, permaneciendo así, en soledad, hasta que puedan
reencarnar. El hecho de aislarse y separarse de la corriente de Vida
supone que cuando esa alma decida venir de nuevo tal vez no haya
vehículos que armonicen con la vibración tan egoísta
y tan siniestra de su anterior cuerpo físico. Es decir, puede
“que su retroceso en la evolución sea tan enorme, que no halle
en las actuales condiciones de la humanidad ningún cuerpo lo
bastante grosero para las manifestaciones exigidas por la índole
de su nueva vida, por lo que será incapaz de seguir tomando
parte en el presente plan de evolución y habrá de esperar
en estado inconveniente el comienzo de otro período evolutivo”.
Besant habla de otra posibilidad mucho más remota. Ledabeater
confiesa no haber encontrado nunca en su vida un caso de ese tipo.
Dice Annie Besant que así como la parte pequeña de Ego
puede absorber a la parte intermedia y rebelarse contra la parte mayor,
la que está en contacto con el superior Cuerpo Causal, separándose
de esa parte para actuar por su cuenta, cabe en lo posible que la
mortal enfermedad de separatismo y del egoísmo arrastre también
a la parte mayor del tercer subplano, desgajándola de los
niveles superiores del Cuerpo Causal, y la absorba en el monstruoso
océano del mal. Este caso correspondería a un maléfico
grupo de magos negros y su símil sería, no ya la amputación
de la mano, sino la completa destrucción del tronco y de todo
el cuerpo. Un ego así no reencarnaría en forma humana,
sino que se hundiría en los abismos de la vida animal, necesitando
por lo menos toda una cadena planetaria para recuperar el nivel perdido.
Sin embargo, este caso, aunque teosóficamente posible, apenas
puede concebirse en la realidad. De todos modos, nos advierte la doctora
Besant, que aun entonces la porción latente del Ego seguiría
siendo el vehículo de la mónada. J.R.G.O.