Ángeles
y pájaros.
Por Juan Ramón González Ortiz

Que los devas, o ángeles, están muy cerca lo señala
el hecho de que, en Occidente, estos siempre son representados llevando
alas a su espalda.
Los devas son misteriosos. Pertenecen a otro reino y no sabemos nada
de ellos. Muchos escritores, santos e iniciados nos han dejado obras
y genealogías para que podamos aproximarnos a este mundo que
nos supera. Y que se llama el Quinto Reino.
No siempre los ángeles se manifiestan como creemos o como queremos.
Por ejemplo, el ángel que inspiraba a la santa española
sor Juana de la Cruz, que resplandecía más que el sol,
y que portaba una corona sobre la cabeza y el signo de la cruz sobre
la frente, en realidad no era un ángel. Era una forma pensamiento
creada por la espiritualidad de la santa. Un buen día, un deva
deci¬dió animar a esta forma pensamiento. Eso es una visión.
Pero eso no significa que el deva esté dentro de esa forma
pensamiento, aunque algunas veces sí que se introduzca dentro;
igualmente, también a veces para actuar puede llegar a tomar
forma humana. Esto es lo que pasó con los jóvenes que
fueron conde¬nados por Nabucodonosor a ser que¬mados vivos
en un horno como castigo a su negativa a adorar a un ídolo
de oro.
La realidad es que los devas, o ángeles, no tienen alas. No
son sino chorros de energía luminosa, o de energía etérica,
que son proyectados por estos devas. Leadbeater nos avisa de que estos
rayos de luz no son alas. Qué pena. ¿Verdad? Lo bien
que les sentaban a los ángeles sus doradas y purísimas
alas, vibrantes y refulgentes, y ahora resulta que sus bellas alas
nunca han existido.
El Maestro Tibetano nos aclara el porqué de la cercanía
entre ángeles y pájaros. Nos dice que hay algunos gru¬pos
de devas que, habiendo desarro¬llado ciertas facultades, tienen
la capaci¬dad de encarnar en el reino humano, pero, aunque esto
existe no es muy fre¬cuente. Para penetrar en el reino humano
(el Cuarto Reino), estos devas, obligatoriamente, deben permanecer
durante ciertos ciclos en el reino animal. Sin embargo, la pureza
intrínseca y extremada de los ángeles es tal que los
lleva muy naturalmente hacia el mundo de los tiernos y delicados pájaros,
como el más cercano a su propia situación.
Bajo la vestidura de aves, los devas se acostumbran a soportar una
forma grosera, pero sin padecer la bestialidad, la ferocidad o la
inmundicia de los animales terrestres.
Existen también devas que desean establecer algún contacto
con un hombre santo y, generalmente, esto lo hacen a través
de la forma de pájaros. Recordemos a San Francisco de Asís
y los pájaros, o a Elías y a San Juan el Bautista cada
uno con el pájaro que les traía la comida.
En Fuego Cósmico nos dice el MT:
“Muchos devas abandonan el grupo de vidas pasivas en el esfuerzo por
llegar a ser vidas manipuladoras por medio del reino de las aves;
y, antes de convertirse en hadas, silfos, gnomos u otros duendes,
pasan cierto número de ciclos en dicho reino”.
La relación entre pájaros y devas va mucho más
allá. Y consiste en que esta relación tiene que ver
con el proceso de creación dévica que aparece siempre
después de un gran período de reposo cósmico
(o pralaya) pues los devas son los que animan y fertilizan la sustancia
madre de la que están hechas sus propias vidas.
Observamos que, en casi todas las tradiciones, la existencia de un
período de pralaya, el cual se simboliza por medio de una referencia
a un estado de caos y de tinieblas.
Ese estado se representa por el cuervo negro o por la paloma negra,
o por las aguas negras, o “el abismo sin fondo de las aguas”, o por
las vírgenes negras.
Cuando acaba el pralaya, al finalizar una raza, el patriarca Noé,
pone en libertad un cuervo negro. Con esto se simboliza el fin del
diluvio, que es el pralaya, y la venida de una nueva época
de luz, de actividad y de vida. Esta nueva etapa la anuncia la paloma
blanca que lleva en el pico una rama de olivo. La paloma trayendo
esa verde y fresca ramita, simboliza la venida cíclica del
Espíritu, el Segundo Logos, o Cristo Cósmico, al seno
de la sustancia.
En el hinduismo el símbolo de la ploma está asumido
por el cisne blanco, o Kalahamsa.
El cisne es el vehículo del Logos o Rayo Creador que emana
de Parabrahmán, que es el infinito sin atributos. Este único
rayo contiene en él a los Siete Rayos, de aquí la imagen
mística europea del pelícano alimentado con su sangre
a sus siete polluelos.
Por ejemplo, sobre esta figura arquetípica de la mitología
hindú, Blavatsky nos dice:
“Hamsa
(en sánscrito) es“Cisne”, y es un ave mística del Ocultismo.
La palabra Hamsa se descompone en Ahamsa,”Yo (soy) Él”. Así
es que en esta sola palabra está contenido el misterio universal,
la doctrina de la identidad de la esencia humana con la esencia divina.
La misma palabra puede leerse Kalahamsa, o “Yo soy Yo”, en la eternidad
del tiempo. Hamsa representa la sabiduría di¬vina, la
sabiduría en tinieblas fuera del alcance humano. Está
íntima¬mente relacionado con la sagrada palabra AUM;
el ala derecha del cisne es A, la izquierda,U y la cola, M”.
En la extraordinaria y mística ópera de Wagner, “Lohengrin”,
el cisne, es la nave, el vehículo que guía y transporta
al iniciado en su camino tanto hacia la conciencia iluminada como
de vuelta hacia el mundo de los humanos.
El cisne es blanco, al igual que la paloma, y ambos representan la
primera creación hecha por las fuerzas dévicas actuando
sobre el seno del universo en formación.
Es la sagrada palabra AUM la que atrae a los grandes constructores,
cuya forma etérica es llamada esotéricamente La Gran
Serpiente, o el Dragón, o El Espíritu que flota sobre
la superficie de las aguas.
Es Vishnú, o el Cristo Cósmico, acostado sobre la serpiente
Ashesha.
No olvidemos el papel que representa el pájaro en los Misterios,
especialmente en el Evangelio, por ejemplo, cuando una paloma desciende
sobe el Maestro Jesús en el momento de su Bautismo. Se trata,
claro está, de la venida del espíritu iluminado en
la mente pura del aspirante.
Pájaros y serpientes están estrechamente relacionados
con la Sabiduría y con la naturaleza psíquica del ser
humano, de los devas y de Dios. Recordemos que la serpiente representa
el fuego de la Madre del Mundo, la Kundalini, la cual, una vez se
une al Espíritu, se transforma en el dragón (o “naga”)
de la Sabiduría.
Juan Ramón González Ortiz