Cosas
de los filósofos
Por Juan Ramón González Ortiz
gonzalezortiz2001@gmail.com

SÓCRATES
Desde siempre, Sócrates ha sido una especie de Jesucristo de
la Filosofía. Una especie de primer mártir. Tuvo ocasión
de huir, tras su condena a muerte y, de hecho, todos esperaban que
así lo hiciera. Pero el filósofo no quiso hacerlo. Le
había sobrado el valor en numerosas ocasiones y no iba ahora
a manchar su nombre en la ancianidad. Había luchado muy valientementecontra
los espartanos en la desastrosa batalla de Anfípolis, que le
costó el exilio a Tucídides. Sin embargo, Aristóteles,
en una circunstancia muy parecida a la de Sócrates, huyó
sin ningún problema ni dilema moral. Sócrates fue un
verdadero y completo maestro. Él inició una línea
de pensamiento que ha sido seguida muy pocas veces en la Filosofía
Occidental. Toda la filosofía posterior a él, empezando
por la de su discípulo Platón, traiciona este saber
práctico.
• En cierta ocasión, un ciudadano de Atenas descargó,
inadvertidamente, contra Sócrates un golpe de palo cuando
lo vio pasar por la calle. El filósofo, guardó silencio
prudentemente sin decir nada, sin ni siquiera quejarse, viendo cómo
el malandrín huía muy divertido. Entonces se volvió
a los amigos que manifestaban a gritos su indignación, y les
dijo: ¿”Qué os parecería si llevara ante los
tribunales a un burro porque al pasar por la calle, junto a él,
me dio una coz”?
• Su discípulo preferido, el gran Alcibíades, que,
años más tarde, tendría una triste muerte, siendo
llorado y velado por una prostitutatan solo, le regaló un
terreno para que se edificara una casa. Sócrates, cuando lo
supo, le comentó. “¿No sería ridículo
que si yo necesitara unos zapatos alguien me regalase una amplio
trozo de cuero para que yo me los fabricara? Así pues, ¿no
te parece igual de ridículo ese terreno que me ofreces tan
amablemente? No lo puedo aceptar, para mí ese terreno sería
más una molestia”.
• Parece ser que fue un alfarero quien le preguntó a Sócrates
si debía o no casarse con su prometida. “No te preocupes. Haz
lo que quieras”, le dijo el filósofo. “Hagas lo que hagas te
arrepentirás más tarde”.
• Estaba Sócrates charlando con sus amigos, cuando vio que
alguno de ellos estaba con un secretario haciendo un inventario de
todos sus bienes. Una vez que acabaron la lista, Sócrates les
pidió que redactaran ahora la lista de todos sus amigos. Entonces
vio que dudaban y que reflexionaban largamente. “¡Qué
extraño!”, dijo Sócrates. “La gente conoce de memoria
sus posesiones, pero no así sus amigos”.
Sócrates estaba casado con Jantipa, una mujer malhumorada y
tiránica, de la cual Sócrates jamás dijo nada
malo. Al contrario.
• En el trascurso de una bronca descomunal, Jantipa le lanzó
a la cabeza a Sócrates un orinal repleto de meados. Y, entonces,
Sócrates declaró, mirando al vecindario que seguía
atónito la discusión, “Qué os decía yo:
cuando Jantipa truena siempre acaba por llover”. Se quejaba un ciudadano
de Atenas de que la subida al poder de los Treinta Tiranos hubiese
significado la condena a muerte de Sócrates. El filósofo,
oyó sus amargas quejas, y le dijo, ”Oh, no merece la pena quejarte.
Exactamente la misma pena es la que les ha impuesto a ellos la naturaleza”.
• Estaba Sócrates a punto de beber la cicuta, cuando su mujer,
Jantipa, gritó que Sócrates moría injustamente.
El filósofo se volvió hacia ella y le dijo, “Menudo
consuelo, por Zeus, ¿acaso preferirías que muriese justamente?”.
CRATES
Fue el
más importante continuador de Diógenes el cínico.
Tuvo ese temperamento brutal, divertido, burlón, a ratos
muy insultante, del gran Diógenes. Llevó vida mendicante.
A patadas y a grandes voces, por las buenas o por las malas, mandaba
a los vecinos que le abriesen las puertas de sus casas para conversar
con ellos sobre cualquier tema. Motivo por el cual la gente le llamó
“Abrepuertas”. Hoy en día, en nuestras justas, igualitarias
y democráticas sociedades, Crates, habría acabado en
la cárcel. Pero en la primitiva Atenas, no. Para que después
digamos que actualmente estamos más avanzados….
Hiparquia, una gran mujer filósofa, quiso compartir su vida
con él. Ambos tuvieron un hijo y una hija.
• Crates era muy rico. Cuando decidió hacerse filósofo
vendió cuanto tenía y regaló toda su fortuna
a los ciudadanos de Tebas, su ciudad natal. Enterados sus familiares
de lo que estaba pasando, mandaron a unos parientes para disuadirle.
Cuando Crates, los vio venir, los amenazó con su bastón,
mientras les decía: “¡Apartaos de mí, estiércol,
u os romperé las costillas!”.
• Su esposa Hiparquia pertenecía a una familia muy rica. Se
enamoró perdidamente del filósofo y amenazó
a sus padres que o la dejaban marchar con el filósofo o se
suicidaría. Los padres llamaron a Crates, para que disuadiera
a la muchacha. Una vez que Crates, entró en casa, delante de
todos, se desnudó y le dijo a Hiparquia, “Esto es todo cuanto
poseo. Esta es mi hacienda. Solo podrás ser mi compañera
si vistes este mismo hábito”.
• Le preguntó un ciudadano una vez, “¿Hasta cuándo
debemos filosofar?”. Y la respuesta fue: “Hasta que los políticos
te parezcan lo que son: pastores de asnos”.
• “¿Qué le debes a la filosofía?”, le preguntó
una vez un tebano. Y Crates le respondió: “El no preocuparme
nunca por nada”.
• Un día, al pasar por delante de un grupo de gente que conversaba,
uno soltó la expresión “nadie es perfecto”. Entonces,
Crates, parándose en seco, le dijo al que acababa de decir
esta frase. “¿Eres tonto, o qué te pasa? ¿Acaso
alguien puede comerse una granada sin que haya ni un solo grano pasado?”
• Nicódromo estaba desafinando de manera insoportable cuando
tocaba la cítara en uno de los pórticos del ágora.
Crates, incapaz de soportar ya el concierto, le dijo. “Nicódromo,
qué estruendo armas. Me imagino que estás muy cansadoporque,
tal vez, hoy por la noche, no hayas podido pegar ojo pues, a buen
seguro, tu mujer te habrá molido a palos por lo mal que tocas”.
Entonces, Nicódromo se levantó y le reventó una
silla contra la cabeza. El chichón que le salió a Crates
era tan voluminoso que este se pegó un papel en la frente que
ponía, “Esta maravilla es obra de Nicódromo”.
• “¿Tienes patria?”, le preguntaron un día. “Por supuesto”,
dijo Crates. “Soyciudadano de Diógenes, quien me enseñó
a vivir y a despreciar la muerte. Mi país se llama “Pobreza
y Anonimato”.
• Un día vieron a Crates lanzando insultos atroces a una prostituta
que estaba asomada a la puerta de un burdel. “Basura de mujer, excremento
de Afrodita, ¿es que te arde tanto la entrepierna que tienes
que apagar el incendio tirándote a cien hombres diarios, junto
con sus caballos y sus perros?”. Y la prostituta le respondió:
“Maldito y desgraciado,¡montaña de cerdos!, charlatán,
tu padre ya era cliente mío antes de que tú nacieras
para apestar la tierra. Vete de aquí antes de vaya a buscar
un hacha y raje tu repulsivo miembro de arriba abajo en dos mitades.”.
Entonces todos vieron que Crates se alejaba muy contento. “¿Pero
por qué insultas a las prostitutas de los burdeles, Crates?”,
le preguntaban. “¿No pregonas por todas partes la paciencia
y la tolerancia?”. “Oh, me encanta que las prostitutas me insulten”,
dijo Crates. “Nadie insulta tan bien como ellas. Es el mejor entrenamiento
que puede haber para después soportar, como si nada, las burlas
y las calumnias de la gente normal”.
Crates de Tebas
Hiparquia de Maronea