Qué es la deconstrucción
Juan Ramón González Ortiz

 

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En primer lugar, hemos de decir que el Deconstruccionismo es un nuevo irracionalismo, uno de tantos, tal vez el peor.
La Deconstrucción es otra estrategia anti racionalista, ni más ni menos.
Es a partir del Existencialismo y del Estructuralismo, que las ideas fundamentales del Deconstruccionismo comenzarán a tomar forma pero del campo del Materialismo. El Deconstruccionismo surge para intentar convertirse en una ideología principal o hegemónica en la sociedad. Gramsci emplea el sintagma de “hegemonía ideológica” para explicar la ideología que se convierte en la base del poder político.

La primera deconstrucción: Derrida

Jacques Derrida, de origen judío, fue el padre de estas teorías. Pero si bien él avanzó en la deconstrucción, no es el responsable de lo que posteriormente se originó. Tal vez ese culpable sea Foucault.
Es verdad que en Francia ya había una gran tradición de cuestionarlo todo. Descartes hizo de la pregunta, de la cuestión, el núcleo de su método de investigación. Derrida aprovechó esta familiaridad francesa con el cuestionamiento básico para crear una teoría que explicase el núcleo de la cultura del pensamiento occidental.
Derrida partió del lenguaje, en los diversos niveles en los que actúa y en el uso que hacemos de él, para mostrar lo que es el deconstructivismo.
Puesto que el lenguaje encierra simultáneamente varios niveles de uso, algunos en presencia y otros en ausencia, Derrida concluyó que en esa selva llena de atajos y de múltiples sentidos es imposible orientarse, por tanto: nos es imposible comprender la totalidad de sentidos y sugestiones que encierra un texto. De hecho, no podemos conocer un texto salvo muy superficialmente.
Derrida nos dice que, dada esa pluralidad de valores, de matices y todas esas capas de sentido, ningún pensamiento o concepto se puede transmitir en forma “pura” y perfecta, y que en consecuencia, casi cualquier interpretación, es legítima.
Deconstruir es romper, separar, deshacer. Ya sea una estructura, un símbolo, una época histórica o cultural, un líder, o toda una filosofía.

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Para Derrida, desmontar un texto, simplemente es una forma de cuestionarlo. Se destruye un texto, o cualquier elemento, al deconstruirlo, y al final se halla la semilla, el pensamiento clave y nuclear que lo organiza todo, y luego se reconstruye según ese punto de vista interpretativo, que ya estaba dado por el propio texto en sí mismo.


Derrida dio el gran salto ontológico desde la crítica literaria y textual hasta el pensamiento occidental en su conjunto, incluidos sus elementos lingüísticos y el fenómeno de la traducción.
También, Derrida hizo objeto de la deconstrucción “el problema judío”, junto con los pensadores y los comentaristas judíos.
Como podemos imaginarnos, no escapó al bisturí de la deconstrucción, el propio temperamento germánico, neokantiano y tozudo.


La “deconstrucción” de la cuestión judía es una intención íntima de Derrida para arribar a la judeidad, a su ser propio, a su alma. Para esto, escruta las distintas “judeidades” de pensadores judíos, por ejemplo, Levinas, gran amigo suyo.
Derrida se desespera pues esta misión requiere tener en cuenta una enorme variedad de contextos históricos, políticos, sociales y filosóficos concretos, vividos y asumidos, ya sea antes de la "Shoah", y después de la "Shoah" ("Holocausto").
Derrida deconstruye pues, para reconstruir o al menos para asir el misterio de la identidad judía y la condición mental de todo pensador o filósofo judío.

“¿Somos griegos? ¿Somos judíos? Pero ¿quiénes nosotros? ¿Somos primeramente judíos o primeramente griegos?”.

De sus lecturas de Levinas aprende que lo más valioso para un individuo o un pueblo, lo que permanece, es la idea de rectitud, que en hebreo se llama “Temimut”, la esencia de Jacob. Rectitud equivale a honestidad, integridad.
Esa rectitud, esa honestidad no es otra que la aceptación sin reservas mentales de la Torah.
Esta aceptación hace que cualquier persona que, LIBREMENTE, haya aceptado sin límites la Torah, sea superior a quien no lo ha hecho, puesto que entonces es un no libre. Lo cual le hace inferior, o, al menos, esclavo.

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La segunda deconstrucción: Foucault

Michel Foucault desarrolla una segunda etapa de la deconstrucción. Al contrario que hizo Derrida, Foucault une la deconstrucción a los sofistas griegos, a Freud, a Marx y a Wittgenstein.
Foucault concibe la deconstrucción como un instrumento contra el poder político imperante. Para él, la deconstrucción sirve a la lucha ideológica contra el poder, pues, según Foucault, la Historia es un “estado de guerra del que nunca se sale”.
Foucault se manifiesta de forma muy positiva frente a lo que él llama “fenómenos de ruptura”, por ejemplo, la homosexualidad, el feminismo, el indigenismo, …, y naturalmente los incorpora a la lógica de su crítica: destruir la “razón normalizadora”, que es la que impone el “patrón social”, o sea, lo permitido y lo no permitido, lo correcto y lo incorrecto, lo deseable y lo no deseable, … Según Foucault, siempre se trata de binarismos, en el cual el término “correcto” es el que está sometido a la razón científica, o cartesiana, o a la tradición.
Saber y poder se integran y se completan de cara a imponer las “razón normalizadora”.
Por tanto, ir contra la racionalidad es idéntico a ir contra el poder político.
Foucault pretende, deconstruir la “razón” occidental a partir de la “sinrazón”, desde siempre colocada en la “marginalidad”, actuando la locura y la sinrazón como formas de contrapoder.
Después de la muerte de Dios, que anunció Nietzsche, nuestro buen francés anunció la muerte del ser humano, convirtiendo así a su filosofía en un anti humanismo. Lo que quiere decir que el ser humano ya no es el punto focal de la Historia, puesto que el ser humano es una creación muy reciente, de poco más de dos siglos.

El pensamiento de Foucault es intempestivo y fuera de todos los valores sociales en curso. Foucault admite que la existencia humana está en vías de extinguirse muy rápidamente, y que la construcción llamada “el ser humano” solo vive en el leguaje.
En definitiva, para Foucault, la doctrina deconstruccionista es:
“suplantar tanto el paradigma de que “soy” esto como el paradigma de que soy el “sujeto” de tales acciones o tales atribuciones”.
Tras Foucault empieza el post deconstructivismo, pero eso lo dejamos, por ahora.

Juan Ramón González Ortiz

 

 

 

 

 

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