Los elementales de la naturaleza terrestre:

los gnomos


Por Juan Ramón González Ortiz

 

revista nivel 2

Los gnomos (aclaramos que no hace falta pronunciar ese grupo consonántico gn tan ajeno al idioma español, se puede pronunciar tranquilamente “nomos”) son los elementales inferiores, e involutivos, relacionados con el elemento tierra; es decir, con la materia física densa.
Estos elementales son los pertinaces y aplicados trabajadores que, sin cesar, crean y destruyen las formas terrestres. La palabra “gnomo” proviene, seguramente, pues hay varias teorías, del latín gnomus y esta de una hipotética palabra griega *???óµ?? (que se leería genomos, o "el que habita dentro de la tierra”), compuesto con ?? (ge = “tierra”, como en geografía) y ??µes?a? (nemeszai= ”yo habito”). El término entró en la lengua escrita gracias a los escritos del alquimista suizo Paracelso, concretamente en su famoso Liber de nymphis, sylphis, pygmaeis et salamdris, de 1556.
No es del todo correcto que los gnomos vivan en el interior de la Tierra, pues muchos de ellos habitan en el aura etérica de la superficie de nuestro globo físico.
A este respecto, nos dice Hodson (importantísima figura de la Sociedad teosófica, clarividente desde los cinco años y autor del impresionante libro “El reino de los dioses: estudio de los dioses, ángeles y elementales de la naturaleza” de donde proviene la siguiente cita):
“El verdadero gnomo vive, normalmente, en el interior del doble etérico de la Tierra. Generalmente es huesudo, largo y delgado, grotesco en su apariencia, casi cadavérico, con un aspecto totalmente demacrado. Algunas veces son solitarios. Dan la impresión de ser extremadamente viejos. Su apariencia es por completo diferente a la de cualquier humano normal de hoy en día. Para nuestro sentido de la proporción, sus brazos son demasiado largos; las piernas están curvadas a la altura de las articulaciones como si la edad los hubiera doblegado. La piel de la cara es áspera y reseca, los ojos pequeñosy negros, ligeramente girados hacia las sienes. Como hemos dicho, los gnomos parecen un resto de la antigua Lemuria. Si esto fuese cierto, acaso este tipo de gnomo reproduzca el aspecto que deberían de tener la gente en esa época.
El gnomo terrestre no es un elemental agradable. Los que se han visto en Inglaterra son completamente negros, o marrones como la turba, y aunque nunca me he relacionado con su activa hostilidad, su atmosfera es incontestablemente desagradable”.
Los gnomos que viven en la superficie de la Tierra viven las más de las veces en soledad, al menos en relación con el ser humano, el cual casi siempre vive relacionado y en comunidad.
Las denominaciones que se les han aplicado establecen que hay múltiples categorías de ellos: pigmeos, silvanos, sátiros, panes, drayds, brownis, hombrecillos de los bosques, etc…
La altura de los gnomos siempre es, más o menos, la misma, pero por su propia fuerza de voluntad estos pueden cambiar sus proporciones.
Muchos autores ponen en duda que el aspecto del gnomo invariablemente sea el de un ser vestido con los trajes propios de la Edad Media. A casi todo el mundo le choca esto. En realidad, los gnomos que se desenvuelven en la superficie de nuestra Tierra no tienen un cuerpo verdadero. Se trata de un pequeño campo de fuerza que, en el momento de su nacimiento, “copia” la moda de ese determinado momento y de esa determinada región en la que nace y a partir de ahí, fabrica su propia forma pensamiento. Puesto que los gnomos pueden vivir varios cientos de años, podremos darnos cuenta de que la manera de vestirse no ha evolucionado al correr de los años, o que al menos no se ha ido transformando con respecto a la manera actual.
Algunos de ellos tienen la talla aproximada de una mano humana. Sin embargo, siempre desconfían del ser humano y lo evitan. Por eso, son muy difíciles de observar. Se esconden habitualmente en los lugares oscuros de las casas o los bosques. Por el contrario, les atrae la cercanía de los niños, y muchos de ellos han recibido ayuda de los gnomos en algún momento apurado, por ejemplo, en el trascurso de cualquier pequeño accidente en las vacaciones.
Muchos niños cuentan que, habiéndose perdido en bosques o entre campos de cultivo, de pronto han visto algo así como una llamita que por momentos tomaba forma humana y que los invitaba a seguirla.
Los gnomos también tienen un lado menos simpático, y es su tendencia a hacer payasadas. Son seres bastante traviesos y se divierten mucho creando problemas.
De una manera general, conocen el punto débil de los humanos y actúan sobre él obrando en nuestras propias funciones psíquicas. Por ejemplo, a una persona poco atenta o que tenga la memoria poco desarrolladla la desquiciarán lanzando una nube etérica sobre ciertos objetos que los vuelva invisibles a los ojos humanos. Puesto que perciben con toda claridad las formas pensamiento que generamos los humanos, son estas formas pensamiento las que actúan como acicate para que ellos desencadenen tal o cual broma. No solo pueden tornar un objeto, temporalmente, invisible, sino que también pueden desplazarlo.
Ciertos gnomos pueden desmaterializar objetos, pero eso hay que exigírselo. También pueden desplazarse a una increíble velocidad, pero siempre acaban volviendo a la región en la que trabajan.
Son los constructores de las formas y por eso pueden actuar muy fácilmente en la apariencia de las formas, pero jamás harán esto a menos que se les ordene. Puesto que son pasivos por naturaleza, reaccionan a las órdenes de los devas inferiores, o al impacto de un individuo que entra en contacto con ellos. Una persona pícara, o traviesa, provocará en el gnomo la apetencia de gastarle una broma. Igualmente, el que es colérico atraerá a los gnomos de idénticas características, y provocará en estos gnomos deseos de atormentarlo o de hacerle pasar un mal rato.
Algunos gnomos tienen misiones bien precisas, por ejemplo, la de guardar y vigilar los yacimientos de riquezas minerales, ya sean carbón, piedras preciosas, petróleo, o gas.
También vigilan y cuidan de lugares arqueológicos muy especiales y que han de verse protegidos de turistas, investigadores y funcionarios. Esto es así, por ejemplo, en ciertos yacimientos históricos en el desierto de Gobi, donde bajo las arenas existen restos de una gran civilización.
Estos gnomos guardianes son seres especialmente repulsivos y muy peligrosos, pues tienen el poder de materializarse e incluso de ser oídos por el ser humano. Se les llama BAHTIS.
La tumba de Gengis Khan, todavía no encontrada, a pesar de las expediciones, está vigilada por este tipo de elementales.
La clase superior de los gnomos tiene el poder de materializarse y además de tomar aspecto humano. Por eso es la clase más conocida.
En occidente, a veces toman el aspecto de un monje solitario. Mientras que, en Oriente, suele ser un sanyasi, es decir, una persona mendicante y que ha renunciado a la vida ordinaria y a cualquier tipo de posesión. Constantemente deambulan por las regiones más apartadas y algunas veces intervienen para ayudar algún caminante en apuros o a un peregrino descarriado.
El Maestro Tibetano en Fuego Cósmico nos dice:
“Entre los devas manipuladores de los niveles más inferiores del plano físico denso, se hallan ciertas formas subterráneas de existen¬cia, mencionadas en los libros antiguos y ocultistas. En las entrañas de la tierra habita una evolución de naturaleza peculiar muy semejante a la humana. Tienen cuerpos peculiarmente burdos que po¬drían ser considerados casi físicos, según entendemos dicho tér¬mino. Moran en colonias o grupos en las grutas centrales, muchos kilómetros debajo de la superficie de la tierra, regidos por un gobierno apropiado a sus necesidades. Su trabajo está estrecha¬mente relacionado con el reino mineral, y controlan a los “agnichai¬tas” de los fuegos centrales. Sus cuerpos están constituidos de tal manera que pueden resistir mucha presión, y no precisan la libre circulación de aire como el ser humano, ni se resienten por el gran calor que hay en el interior de la tierra. Poco puede decirse sobre estas existencias, pues están relacionadas con las partes menos vitales del cuerpo físico del Logos planetario, encontrando su ana¬logía microcósmica en los pies y piernas del hombre. Constituyen uno de los factores que posibilitan la actividad progresiva revo¬lucionaria de un planeta.
Aliados a ellos hay varios grupos de entidades de tipo inferior, y el lugar que ocupan en el esquema de las cosas sólo puede ser descrito como relacionado a las funciones planetarias más burdas. De nada serviría extendernos sobre estas vidas y su trabajo; no le es posible al ser humano entrar en contacto con ellos de ninguna manera ni tampoco sería deseable. Cuando hayan cumplido su ciclo evo¬lutivo, en un ciclo posterior ocuparán su lugar en las filas de ciertos cuerpos dévicos, relacionados con el reino animal”.
Los iniciados pueden contar con la ayuda de los gnomos para su trabajo de servicio. Grupos enteros de ellos pueden ser empleados para cometer un trabajo en la Tierra. También un ocultista, ya sea a por la fuerza del rito o por su fuerza de voluntad, puede usar de ellos.
He aquí un ejemplo de ello que nos cuenta el coronel Olcott:
“Puesto que en nuestra casa las servilletas brillaban por su ausencia, un buen día, compré un paquete de ellas y las llevé a nuestra morada. Las cortamos, y Blavatsky quería ponerlas en uso inmediatamente. Pero yo protesté diciéndole que antes había que hacerles un dobladillo. En fin, ella, alegremente, acabó aceptando mis sugerencias y se dispuso a hacerlo. Tomó su caja de costura y abriéndola, empezó. Apenas había comenzado, muy irritada, le dio una patada a la mesa en la que estaba trabajando, mientras decía “¡Aparta de ahí, memo!”. Yo, muy admirado, le pregunté, “¿Pero qué es lo que pasa?”, y ella me dijo que no sucedía nada. Y añadió: “Solamente pasa que un elemental, por debajo de la mesa, me está tirando del vestido porque también quiere trabajar”. “¡Qué bien!”, respondí yo, “¿y por qué no le dejamos que haga todos los dobladillos”? Blavatsky se rio y me dijo alguna tontería para castigar mi enfado, pero de ninguna manera quiso darle gusto a ese pequeño esclavo que simplemente quería demostrarnos su buena voluntad. Yo continué insistiendo y al final acabé por convencerla.
Me dijo que guardáramos bajo llave las servilletas, las agujas y los hilos dentro de una biblioteca con armarios de cristal con cortinas verdes, y que estaba situada en la otra punta de la sala.
Así lo hicimos. Yo me volví junto Blavtasky y me senté a lado de ella, y la conversación retornó naturalmente al único e inagotable tema que ocupaba nuestros pensamientos: la ciencia oculta. Al cabo de quince o veinte minutos, escuché un pequeño ruido, algo así como un grito, bajo la mesa. Entonces HPB. Me dijo, “este pequeño espanto ya ha acabado las servilletas”. Fui a comprobarlo. Abrí las puertas de la biblioteca y encontré una docena de servilletas cuyos dobladillos estaban tan mal hechos que ni la más torpe de las costureras de una academia de corte habría podido hacerlos tan mal. Pero, efectivamente, los dobladillos estaban hechos”.
Antes de acabar, me permito recordar al lector los peligros de jugar con el mundo de los seres elementales. Es muy fácil (de hecho, suele ser lo habitual) que un practicante medio acabe siendo la presa de las fuerzas elementales que él ha evocado. Al final, estos seres serán los que le van a dominar, sojuzgar y esclavizar.
Juan Ramón González Ortiz

 

 

 

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