Los
elementales de la naturaleza líquida: las hadas.
Por Juan Ramón González Ortiz

https://es.pinterest.com/pin/17451517301018295/
Las hadas, aunque de naturaleza más evolucionada que los gnomos,
están relacionadas, también, con la tierra. Sin embargo,
algunas de ellas, o, al menos, ciertas clases, se relacionan muy estrechamente
con el aire y con elemento agua. Sus aspectos y apariencias son muy
diversos, pero en general predomina la forma humana.El aspecto que
mejor distingue a las hadas unas de otras, y a las diferentes clases
entre sí, es el color. Este gigantesco conjunto de vidas se
entremezcla de tal manera que origina la totalidad de la materia líquida.Pensemos
por un momento en el inabarcable número de estos seres que
podría haber, pues, en nuestro planeta, las partes líquidas
superan con muchísima diferencia a las partes secas.
Leadbeater nos dice en “El lado oculto de las cosas”:
“Un hada viene a este mundo totalmente desarrollada. Tal y como le
pasa al insecto. Su vida puede ser corta o larga, pero nunca padecerá
fatiga ni necesitará reposo. Y tampoco sufrirá los estragos
de la edad ni el efecto del paso del tiempo. Un buen día, cuando
su reserva de energía esté a punto de agotarse, experimentará
un súbito cansancio de vivir. Entonces su cuerpo se tornará
cada vez más transparente, hasta que no sea más que
una entidad astral que habite entre los espíritus del aire,
los cuales son el nivel evolutivo siguiente en su desarrollo. Cuando
pasa por esta etapa de vida astral, la entidad se fusiona con su alma
grupal, o también (en el caso de que esté suficientemente
avanzada) puede llegar a tener un cierto grado de existencia consciente
antes de que la ley cíclica actúe una vez más
despertando en ella el espíritu de la separación. En
ese momento, ese deseo empuja de nuevo el flujo de su energía
hacia afuera y, actuando sobre la materia astral plástica y
sobre la materia etérica, se materializa para ella un cuerpo
adecuado y conveniente a la expresión ulterior de su desarrollo”.
En general, las hadas son unas devotas amantes de la luz del Sol y
de la Luna. De nuevo Leadbeater nos dice de las hadas que:
“Comparten la alegría y la satisfacción de la tierra
cuando cae la lluvia sobre los campos sedientos, refrescando las plantas
y los árboles. También se alegran cuando cae la nieve.
Y se sienten felices dejándose mecer y acunar por la calma
de las tardes de verano. Igualmente, alegremente, se abandonan a las
locas carreras de los vientos. Son capaces de admirar la grandiosa
belleza de una flor, la majestuosidad de cualquier árbol, la
delicadeza de los colores, o la gracia de una forma con una intensidad
que no podríamos ni siquiera imaginar. Todos los procesos de
la naturaleza les interesan y les entusiasman: el ascenso de la sabia
de los árboles, la expansión de los brotes, la formación
de las hojas y su posterior caída,… Naturalmente, esta característica
es usada por los Grandes Seres que tienen a su cargo la evolución.
Los espíritus de la naturaleza son usados por estos Seres para
ayudar en la creación de la variedad de los colores y en la
disposición de estos.
Las hadas se ocupan mucho de la vida de los pájaros y de la
de los insectos, de la eclosión de los huevos, de la transformación
de las crisálidas. Y vigilan con una pizca de celos los juegos
inocentes de los corderitos, y de los pavos reales, las pequeñas
liebres y las simpáticas ardillas”.
Las hadas siempre han sido descritas de una forma demasiado humanizada.
Es natural que haya sido así si tenemos en cuenta que la mayoría
de los videntes y de las personas altamente sensibles que las ven
suelen destacar por su inocencia y sencillez. Este tipo de relatos
y de descripciones no han valido sino para arrojar la sombra de la
duda y el descrédito sobre la realidad de la existencia de
las hadas y de los demás constructores elementales. Las hadas
han quedado relegadas al mundo de los cuentos infantiles y de las
leyendas. Es decir, pertenecen al mundo de la superstición
o del folclore. En la mayor parte de los relatos y mitologías,
las hadas aparecen tratadas de una forma muy primaria, infantil, mezcladas
además con las diosas, las hechiceras, las brujas, las druidesas,
las ninfas, etc. El nombre “hada” podría derivar del latín
“fatum”, que significa ´destino´, puesto que estas criaturas
influencian de forma decisiva la vida humana. Otros suponen que deriva
del persa “peri”, que era la denominación que estos usaban
para un tipo de seres muy semejantes a las hadas. El cambio de P por
F condujo a la forma “feri”, y de aquí se derivó nuestra
actual forma. Tal vez también pueda provenir de la palabra
“fata” con la cual los galo romanos designaban a sus diosas madres.
Las “fatas” antiguas derivaron en “hadas” en el sur de Francia y de
aquí pasaron al español con ese mismo nombre. Desde
hace mucho tiempo se ha considerado que las hadas pueden ser buenas
o malas. Cuando se producía un parto, el recién nacido,
y la familia entera, se ponían bajo la protección de
las hadas las cuales, debido a su naturaleza benéfica y bondadosa,
otorgaban algún tipo de bendición a esa recién
nacido.
Ahora bien, ¿existen hadas malvadas? Sí, existen en
los cuentos infantiles. En realidad, más bien, lo que existe
es un tipo o clase de hadas que pueden lanzar un cierto hechizo o
encantamiento a las personas que se abandonan totalmente a su influencia,
pudiendo estas, incluso, caer en una sugestión semejante a
la de un estado de hipnosis. En este estado absolutamente pasivo,
el hada puede sugerir ciertos espejismos. Sin embargo, esto es muy
raro y solo puede darse en individuos totalmente indolentes, o en
un estado de completa inercia, o pasividad. El gran clarividente Geoffrey
Hodson, clarividente desde los seis años, insiste en lo que
acabamos de decir. Nos describe el aspecto fantástico y bellísimo
de las hadas: sus alas de color del oro, su cuerpo transparente y
brillante, su sonrisa,…
“Ella
(se refiere a un hada) se mantenía en el interior de un sauce,
escondida entre las hojas y las ramas, espiándonos con aspecto
sonriente. Era invisible en el plano objetivo físico, pero
no en la visión astral. Entonces, con un dedo de la mano derecha
hizo unos círculos alrededor de sus pies, y de pronto me di
cuenta de que allí se habían reunido un cierto número
de querubines (“Las caras aladas”). Parecía que una voluntad
invisible mantenía allí esas formas. El hada había
lanzado un hechizo encantándome por completo. Esa especie de
conjuro había subyugado por completo mi principio mental. Una
vez que se marchó, me dejó, entre las hojas y las flores,
con los ojos trastornados”.
Leadbeater escribía:
“Con la ayuda de estos seres es como puede el juglar hindú
maravillar a todos sus espectadores cuando hace el número del
cesto, o ese otro número en el que lanza una cuerda a lo lejos,
y esa cuerda permanece rígida, sin soporte de ninguna clase,
y trepando por ella, el juglar desaparece en lo alto”.
Aunque es muy raro, a veces, un hada ha informado a un asceta o a
un sabio sobre las características de determinada planta o
piedra, especialmente sobre sus virtudes médicas. El estruendo,
la contaminación y la suciedad de las ciudades hacen que las
hadas huyan de estos lugares y que no quieran nunca aproximarse a
alguno de ellos.
Un ser humano pleno de pasiones, con la cólera a flor de piel
y con los sentimientos en nada purificados para un hada es una verdadera
tormenta etérica. Es natural por ello que las hadas solo se
aproximen a las personas cuyos corazones estén en armonía
con la paz de la naturaleza. Las hadas estiman en gran medida los
cantos de los pájaros, los murmullos de los riachuelos, y las
formas triangulares, pues, al igual que los gnomos, aprecian las figuras
puntiagudas. Las hadas gozan con los círculos y juegan con
los torbellinos del viento o con los círculos que forman las
gotas de lluvia al caer en el agua. Como hacen los niños cundo
están alegres, también bailan en coros.
En la naturaleza, las hadas se reúnen en los lugares circulares.
En Inglaterra hay tradición de que, en las colinas herbosas,
circulares, se reúnen las hadas para danzar y dejan allí
criptogramas de vivos colores. Algunas hadas, de una mayor categoría,
se relacionan con el reino de los animales. A veces, por intermedio
de las hadas, durante ciertas lunaciones, un deva reúne a los
individuos de una especie determinada de animales en su torno. Las
razones de esto nos son desconocidas, pero esto solo ocurre en especies
que están muy cercanas a la individualización humana.
Por ejemplo, esto pasa con los elefantes, pues se han visto elefantes
reunidos en torno a uno de ellos, tal vez el jefe.
También existe una categoría de hadas que tienen la
forma de una persona adulta, con el aspecto de una dama siempre vestida
de blanco. Estas hadas aparecen especialmente en el momento del nacimiento
y de la muerte.
Las hadas de la superficie de las aguas, y principalmente, las del
mar son más numerosas que las que viven sobre la tierra. Según
el lugar, el océano, el clima, las hadas tendrán una
apariencia u otra.
Leadbeater menciona muchas categorías, todas ellas muy oídas:
“Las nereidas, como sus hermanas terrestres, tienen cualquier forma,
pero muy frecuentemente imitan la forma humana. Su tamaño suele
ser mayor que el de las hadas de las montañas, pues la mayoría
de estas son de pequeño tamaño, al contrario que los
espíritus de los mares que copian no solo la forma humana sino
también su altura”.
Estos elementales son de polaridad negativa mientras que los tritones
son su complementariedad positiva. Tanto unos como otros tienen aspecto
semi humano, y también tienen dimensiones humanas en lo que
respecta a la alzada del cuerpo, y aspecto semi acuático en
la parte inferior. En el pasado, estos elementales ayudaban a los
marinos y navegantes. Pero hoy en día, estos seres huyen del
contacto con los seres humanos. La contaminación, el ruido
ensordecedor y la polución de ríos, y mares, han hecho
que estos elementales se refugien en las grandes profundidades.
En la superficie, las nereidas, se complacen en jugar con las saltarinas
espumas de forman las grandes olas. Bajo el agua, aman las grutas
submarinas en las que entra la luz solar.
Leadbeater nos dice:
“Existe una muy interesante categoría dentro del mundo de las
hadas de las aguas. Me refiero a los espíritus de las nubes,
que son entidades cuyas vidas transcurren entre “las aguas que están
por encima delfirmamento”. Son los intermediarios entre los espíritus
de las aguas y los del aire. Sus cuerpos están hechos también
en materia etérica, pero son capaces de permanecer fuera del
agua durante periodos muy largos. Son formas muy grandes, enormes,
y su textura es más bien densa. Estos espíritus se parecen
mucho a algunos tipos de entidades del agua dulce. A pesar de ese
parecido con sus “parientes cercanos”, estos elementales se sumergen
en el agua del mar cuando las nubes, que son su hábitat preferido,
desaparecen. Generalmente, permanecen en el gran silencio luminoso
que reina en el dominio de las nubes. Su pasatiempo favorito es moldear
las nubes, dándoles formas extrañas y fantásticas,
o bien las colocan en compactas filas, dando lugar al tipo de cielo
que nosotros llamamos “cielo moteado”.
Algunos autores opinan que las sirenas equivalen a las nereidas, pero
otros piensan que se trata de dos clases parecidas, pero diferentes
de elementales del agua. Las sirenas serían los elementales
que viven, preferentemente, sobre la superficie de las aguas y que
en las narraciones mitológicas encantaban a los marinos y navegantes.
Su apariencia es humana, salvo en sus extremidades inferiores, que
semejan algas, o, a veces, una cola de pez.
Ondina es la palabra utilizada frecuentemente para describir a los
espíritus de las aguas. Pero su particularidad es que estas
viven más bien en los ríos, aunque algunas de ellas
viven en ciertas costas. Jorge Livraga nos dice:
“Nadan muy velozmente y a menudo se las toma por nereidas. Las tradiciones
las representan peinando sus largos cabellos en actitudes muy femeninas.
En general, transmiten impresión de debilidad y fragilidad,
que no tiene nada que ver con la orgullosapotencia de las nereidas”.
Anotemos, finalmente, que también existen las ninfas, de apariencia
humana. Las ninfas se encuentran en todos los lugares en los que haya
agua. En los bosques se llaman dríades, en los grandes lagos
y estanques, náyades, en las montañas greads, y kelpies
cuando aparecen bajo la forma de un caballo.