El sendero de la Iniciación
Por Juan Ramón González Ortiz

revista nivel 2
Un amable lector de nuestra revista on line, se dirige a mí porque quiere saber más del tema de las Iniciaciones. Me pide algo que sea introductorio, pues lo desconoce casi todo sobre las Iniciaciones. Siendo consciente de que me olvido mil y una cosas en el tintero, he querido hacer un artículo muy breve que sirva de introducción muy elemental de tan excelsa materia

La entrada en el sendero de la Iniciación siempre va precedida por otra entrada: la entrada en el sendero de la evolución espiritual.
A medida que vamos avanzando, nos damos cuenta de que nuestra vida no es sino una continua y permanente evolución, una transición hacia algo elevado y sublime de lo cual no tenemos seguro conocimiento. Sentimos que algo colosal, algo que no es humano sino divino, nos impele hacia adelante, a menudo a pesar de nuestra débil voluntad y de nuestra mente inconstante. Nada existe en la creación que no esté sometido a las leyes de la evolución.
Nuestra evolución se reduce simplemente a un objetivo: comprender y experimentar que somos Mónadas divinas.
El Logos Supremo desciende a partir de Él mismo hacia su polo opuesto, que es la materia, a fin de volver este polo hacia Sí mismo. Este proceso de descenso y de elevación se hace a través de las Mónadas, que son quienes realizan la bajada y el posterior ascenso.
No somos otra cosa que Mónadas divinas. Mónadas de Amor, de Voluntad o de Inteligencia. Las Mónadas se manifiestan como almas, las cuales son de siete tipos diferentes según la energía que las constituye. A estos diferentes siete tipos de energía los llamamos “Los siete rayos”. Nuestro actual Sistema Solar es un sistema de segundo rayo: Amor Sabiduría.
Durante los últimos dos mil años de historia de este planeta, la energía predominante ha sido la del Sexto Rayo, o sea, el Idealismo y la Devoción. Actualmente, el Séptimo Rayo, el Rayo del Orden y de la Organización, es el Rayo que está entrando en manifestación mientras el Sexto Rayo va saliendo. Parece ser que en el actual ciclo histórico que despunta, el objetivo básico a nivel evolutivo será la vivencia de la Unidad.
A causa de que estamos en un momento de transición, nos enfrentamos a tremendos y desconocidos problemas. Sin embargo, acabará llegando la estabilidad y, dentro de muy poco, el mundo será otro, será totalmente diferente a lo que tenemos ahora mismo.
Al final de la actual Era de Acuario, la inmensa mayoría de la Humanidad habrá recibido diversas iniciaciones espirituales, fundamentalmente la Primera y la Segunda Iniciaciones.
Nuestro objetivo último es identificarnos como Mónadas, sin embargo, nuestro objetivo a medio plazo es integrar todos los cuerpos o niveles, o, dicho de otra manera, integrar nuestros vehículos en un todo armónico, vibrando al unísono, al servicio de la mente superior.


No hay otra manera de hacerlo que no sea elevando la tasa vibratoria de nuestros cuerpos inferiores. La montaña no puede venir a nosotros, ni se puede poner a nuestro nivel, somos nosotros los que tenemos que ir hacia ella y ascender por ella, hacia la cima.
Entonces empieza el largo viaje de la evolución espiritual hacia el descubrimiento de quién es uno mismo. Este viaje está lleno de crisis atroces y peligros sin cuento. Pero es la única opción que tenemos pues nada ajeno a nosotros y a nuestro interior podrá proporcionarnos felicidad duradera. La única felicidad permanente, la verdadera felicidad, la única felicidad, es la que brota de nuestro corazón, de nuestra alma.
A medida que se va ascendiendo surge la necesidad, aunque no se sepa por qué, de meditar. Son necesarias muchas vidas antes de oír internamente la exigencia de emprender la disciplina de la meditación. La meditación, por encima de todo es volver a uno mismo, al interior profundo e inagotable de nuestro palacio interior; es sentir la unidad de todo como un mismo Espíritu, sin espacio, ni tiempo, ni categorías lógicas de ningún tipo.
La meditación es la pasarela sobre el abismo.
Por eso la reencarnación es un mecanismo forzosamente necesario, pues, de otra manera, en el corto lapso de una vida nadie podría conseguir este fin tan excelso y distante.
Eslabón a eslabón se va construyendo la cadena de oro que nos ancla al descubrimiento del alma. Este es el único propósito de cada una de nuestras encarnaciones, durante el tránsito de la oscuridad a la luz. Una y otra vez, una y otra vez, incesantemente una y otra vez, ….
La naturaleza del Alma es el Amor y el Servicio. No hay más.
El Alma también se auto sacrifica a sí misma para conseguir el último fin: descubrir la Mónada. El proceso de expansión de nuestra conciencia es el proceso de experimentar la unidad con la Mónada, y esto es lo mismo que decir que poco a poco vamos descubriendo a Dios. Nada puede decirse de Dios. De Dios solo se puede decir lo que no es. Nosotros, con nuestras mentes pequeñas e intelectuales, decimos que Dios es, simplemente, la totalidad de las energías del universo manifiesto y del universo no manifiesto, del universo que es visible y del que es invisible. Pero Dios es más, las leyes que gobiernan estos flujos y corrientes de energía, con sus continuos ciclos y sus interrelaciones.
Dios es un fuego abrasador.
Entonces, a medida que nuestra conciencia vaya ascendiendo en este conocimiento, nos iremos convirtiendo, más y más, en colaboradores de Dios.
Por supuesto, no vamos a tratar de la entrada en el sendero. La etapa que forzosamente antecede a la del sendero de la Iniciación. Numerosísimos autores se han ocupado de este importante aspecto. Esta etapa es decisiva. El primer paso es el más importante. Casi siempre los fracasos se deben a que esos primeros pasos no fueron correctamente dados.
Por eso hay que insistir una y otra vez que las normas de disciplina, los perceptos y los mandamientos están hechos para ayudar al neófito en su camino y no para restarle facultades o para esclavizar su espíritu.


Es preciso pasar varios años en el cumplimiento de las normas y preceptos antes de poder aspirar a más.
Siempre se han citado unas obras muy iluminadoras sobre la entrada en el sendero: A los pies del maestro, de Jiddu Krishnamurti, este libro recoge la instrucción espiritual que el maestro le dispensó a Krishnamurti al inicio de su proceso espiritual; Luz en el sendero, de Mabel Collins, trascripción de unas antiquísimas reglas válidas para todos los aspirantes espirituales; La voz del silencio, de Blavatsky, que son fragmentos traducidos de una remotísima obra de la cual forma parte también Las estancias (o El Libro) de Dzyan, de esta última obra surgió La doctrina secreta; y, finalmente, Iniciación humana y solar, del maestro tibetano Djwhal Khul.
Volvamos ahora al sendero de la Iniciación.
El proceso de amplitud espiritual y de elevación de la conciencia tiene cinco puntos principales (en realidad son seis, con tres iniciaciones superiores, en total nueve, pero nosotros nos vamos a ceñir sobre todo a las seis primeras). Esos puntos señeros son las llamadas Iniciaciones. Son seis pasos en los que se confiere una energía especial, una energía de tipo espiritual que estimula y transforma radicalmente, en todos los planos, a la persona. La Iniciación es el camino hacia la Libertad absoluta del Alma y hacia la Maestría.
El proceso que llamamos Iniciación es un proceso de aceleración, que busca la madurez, agilizando, precipitando más bien, lo que de manera natural vendría dado por la mera evolución personal. Esta natural evolución tardaría una inmensidad de tiempo.
“Los tres esquemas planetarios donde se está probando el gran experimento de la iniciación son: la Tierra, Venus y otro planeta. Venus fue la primera esfera para el experimento, y el éxito del esfuerzo y la fuerza generada, fueron la causa de un intento similar en nuestro planeta”. (MT)
“En los tres grandes esquemas planetarios, de Neptuno, Urano y, Saturno, no se empleará el método de la iniciación” (MT).
Este proceso fue introducido en la Tierra a mitad del período Atlante.
Sin él llevaríamos millones de años de retraso. Pensemos que, a pesar de dos grandes fracasos, “el pecado de los amentes” y el desastre de la Atlántida, todavía vamos por delante del punto en el que estaríamos ahora mismo si solo dependiéramos de nuestra propia evolución.
La Iniciación permitió capacitar a los miembros humanos, que progresivamente iban siendo cada vez más avanzados, para que se hicieran cargo de guiar e instruir a los seres humanos, liberando de ese cometido a los Maestros de Sabiduría.
En aquella época, la Tercera Iniciación era la más alta a la que se podía aspirar. Los primeros que llegaron a esa cúspide fueron las personalidades que denominamos el Buda y el Cristo.
El relato de la vida de Jesús no es sino una presentación de las crisis iniciáticas hasta llegar a la Perfección.
Es importante darse cuenta de que uno ya es un iniciado en cuanto pasa las pruebas, aunque todavía no se halle ante su iniciador.

La Iniciación tiene dos realidades supremas, una es el Hierofante, y la otra es un Cetro, que contiene esa sagrada Energía, esa Fuerza poderosísima que es transferida. En las dos primeras iniciaciones (las Iniciaciones Jerárquicas) se comunica esa Energía a partir del Cetro, el Talismán Sagrado, en el que está depositada la Energía que se transfiere en el momento culminante de la Iniciación.
“En la tercera iniciación, la aplicación del Cetro por el Único Iniciador, pone a disposición, más ampliamente, la fuerza del Yo superior o Ego, y activa en el plano físico toda la energía acumulada en el vehículo causal durante numerosas encarnaciones” (MT).
“En la Cuarta Iniciación puede utilizar la energía de su grupo egoico en bien de la evolución planetaria. Y en la Quinta, dispone de la fuerza o energía del planeta (esotéricamente comprendida y no simplemente como fuerza o energía del mundo material)” (MT).
En todas las Iniciaciones, en resumen, el Cetro es empuñado por el Iniciador. “En la Sexta Iniciación, la expresión de esta Existencia en un plano intermedio, un Ser que debe permanecer innominado, es el que empuña el Cetro y administra el juramento y el secreto” (MT).
Recordemos que las Iniciaciones de la Tercera a la Séptima se llaman Iniciaciones Planetarias.
Existe una división tripartita que resume perfectamente toda la evolución espiritual del ser humano: Aula de la Ignorancia, Aula del Aprendizaje, Aula de la Sabiduría. A medida que se va produciendo una mayor afluencia de Luz y conciencia, pasamos de un puesto en un aula, a otro puesto en el aula siguiente.
En cada una de las tres aulas por las que transita el ser humano, desde su desconocimiento inicial hasta su gloria final, se generan ciertos tipos de fuerza:
• “En el Aula de la Ignorancia se emplea principalmente la fuerza o energía de Brahma (la actividad e inteligencia de la sustancia) y el hombre debe aprender el significado de la actividad basada en:

1. La energía inherente.
2. La energía absorbida.
3. La energía grupal.
4. La energía material, o la que se oculta en la materia del plano físico.
• En el Aula del Aprendizaje se hace consciente de la energía del segundo aspecto, utilizándola en la construcción de las formas, en las relaciones sociales y en los lazos familiares. Llega al reconocimiento del sexo y sus relaciones, pero aún considera esta fuerza como algo que debe ser controlado, pero no utilizado consciente ni constructivamente.

• En el Aula de la Sabiduría llega al conocimiento del primer aspecto de la energía, se llega al empleo dinámico de la voluntad en el sacrificio, y se le confía entonces la clave del triple misterio de la energía, llegando a conocerla en su triple aspecto en las otras dos aulas. En la tercera, la cuarta y la quinta iniciaciones, se le dan las tres claves de los tres misterios” (MT).



En la Primera y Segunda Iniciación, es Cristo, o el Bodishatva, o Maitreya, o el Imán El Mahdi, el administrador sagrado, el Hierofante. A partir de la Tercera Iniciación, incluida esta, el Iniciador es Sanat Kumara, el Iniciador Único, manifestación externa del Logos Planetario; y estas iniciaciones, a partir de la Tercera, se dispensan siempre en Shamaballa.
Cuando El Cristo decía “Nadie viene al Padre si no es por mí”, estaba diciendo la Verdad, puesto que Él es el Administrador de las dos Iniciaciones básicas, lo cual quiere decir que Él es también la Puerta que nos lleva a la Casa del Padre. Desdichadamente, la Iglesia Cristiana lo entendió en el sentido de que Cristo afirmaba la exclusividad de su figura y de su revelación, negando cualquier posibilidad de salvación en otras religiones. La misma explicación es válida para esa imagen sublime de Cristo entre los niños, pues a su vera todos somos como niños y Él es el Supremo Instructor que nos lleva de la mano hasta el mismísimo sitial del Padre.
El Cristo es la realización del Principio Crístico, que está presente como energía en todo el Universo, de hecho, el Maestro Tibetano también nos habla de la existencia de un Cristo Solar y de un Cristo Cósmico.
La fuerza que nos ha llevado a todos a entrar en el Sendero ha sido, precisamente, ese Principio Crístico del que hablamos. Efectivamente, El Cristo es la Puerta, es el Camino y es la Verdad.
La Primera Iniciación expresa que hay un control total sobre las pequeñas formas elementales y dévicas que controlan el cuerpo físico del ser humano. Se representa como el Nacimiento en la cueva de Belén.
La Primera Iniciación es llamada el Nacimiento del Cristo en la gruta del corazón. Esta Iniciación refleja el despertar del Principio Crístico en el corazón humano.
En la Primera Iniciación el carácter tendrá todavía muchos defectos, pero existirá una nueva actitud, más compresiva e inclusiva, además de un fortísimo deseo de servir. Como consecuencia de esto, el elemental físico empezará a manifestar verdadera creatividad. Esto es debido a la transferencia de energía interior por parte de los chacras inferiores al chacra laríngeo. No en vano, los creadores de todas las civilizaciones han sido iniciados.
La Segunda Iniciación manifiesta que hay un control absoluto sobre las formas dévicas que forman el vehículo de la vida emocional, o astral. Esta Iniciación se simboliza en el bautizo de Cristo en el Jordán por Juan el Bautista.
Tan poderosa es la naturaleza astral en el ser humano, que esta Iniciación puede demorarse muchísimas vidas, pues el camino que tiene el Alma por delante es agotador: se trata de hacer del cuerpo emocional, o cuerpo astral, un vehículo limpio y puro, adecuado para que se instale en él la conciencia búdica.
El Maestro Tibetano nos dice que: “Muchas vidas transcurren entre la primera y segunda iniciaciones. Puede pasar un largo período de encarnaciones antes de perfeccionar el control del cuerpo astral y el iniciado estar preparado para el próximo paso. En forma interesante aparece en El Nuevo Testamento esta analogía en la vida del iniciado Jesús.

Pasaron muchos años entre el Nacimiento y el Bautismo, pero en tres años dio los tres pasos restantes. Una vez pasada la Segunda Iniciación, el progreso es rápido; la tercera y cuarta iniciaciones seguirán probablemente en la misma vida o en la siguiente”.
La Tercera Iniciación es la verdadera Iniciación del Alma. Místicamente se la conoce como La Transfiguración, haciendo referencia al episodio en el que Cristo asciende al Monte Tabor, en compañía de Pedro, Santiago y Juan, y allí resplandece, con la denominada “luz tabórica”.
La Tercera Iniciación manifiesta el control sobre el elemental mental y además efectúa un primer contacto con la Mónada.
“Después de esta iniciación, la Mónada guía definitivamente al ego, derramando acrecentadamente su divina vida en el canal ya preparado y purificado. De la misma manera, en la tercera cadena lunar, el ego individualizó a la personalidad por medio del contacto directo, método diferente del de la individualización, tal como se demuestra en la cuarta cadena actual. Si aplicamos aquí la Ley de Correspondencia podría demostrar ser muy reveladora una interesante analogía entre los métodos de la individualización en las diversas cadenas, y las expansiones de conciencia que tienen lugar en las diferentes iniciaciones” (MT).
En la Tercera Iniciación la personalidad, la mente y los sentimientos están completamente integrados, dirigidos por el Alma, la cual responde a la energía de la Mónada. Llega entonces una vida de expansión y de creatividad total, una vida de servicio al mundo y a la humanidad.
La historia de Cristo también nos presenta la Cuarta Iniciación, que es la experiencia de la Renunciación. En Oriente a esta Iniciación se la llama la Gran Renuncia, y en Occidente la Crucifixión. En esta Iniciación se renuncia a todo: experiencias, éxitos, posición, familia, y vida, si es preciso.
“Al recibir la Cuarta Iniciación, el iniciado domina perfectamente el quinto subplano, por lo tanto, es un adepto (usando el término técnico) en los cinco subplanos inferiores de los planos físico, astral y mental, y está en camino de dominar el sexto. Su vehículo búdico puede actuar en los dos subplanos inferiores de tal plano. El ser humano que recibe la Cuarta Iniciación, la Crucifixión, suele tener una vida de gran sacrificio y sufrimiento.
Es la vida del ser humano que hace la Gran Renunciación, y que incluso exotéricamente es considerada difícil, intensa y penosa. Todo lo abandona, hasta su perfecta personalidad misma, sobre el altar del sacrificio, y queda despojado de todo. Renuncia a amigos, dinero, reputación, carácter, posición, familia y hasta a la vida misma” (MT)
“Después de la Cuarta Iniciación, no queda mucho por hacer” (MT).
La Cuarta Iniciación trae sufrimiento y gloria. No en vano se dice que sin dolor no hay victoria. La Cuarta Iniciación elimina todos los residuos kármicos que se interponen en el camino hacia la Luz.

Al recibir esta Iniciación el candidato pasa a ser llamado Arhat.


Vicente Beltrán Anglada nos dice:
“En el momento en que el Arhat recibe la Cuarta Iniciación en el monte Gólgota de su elevación espiritual y en la Cruz del Karma en la que estuvo clavado desde el principio de las edades, un rayo de Luz fulgurante se precipita sobre Sí y al expirar, después de pronunciar el gran Mantra de destrucción recibido de labios del Señor del Mundo sintetizado en la cuádruple fórmula mágica ¡TODO HA SIDO CONSUMADO!, son rasgados los velos del Templo. Los velos simbólicos de los cuatro elementos que encubrían el Centro místico de su vida espiritual y el secreto de su propia eternidad.
Hasta aquí la bella descripción del Hecho crístico en ”El libro de los Iniciados”.
Pero, analizándola desde otro ángulo de vista, la experiencia del Arhat es clarificada hasta en su sentido histórico. Veamos lo que al respecto nos dice Blavatsky en “La doctrina secreta”:
en el Templo de Jerusalén donde simbólicamente se rasgaron los velos al producirse la muerte física del Cristo, el Sancta Sanctorum, el lugar más secreto, estaba oculto por cuatro velos o cortinas, las cuales eran sostenidas por cinco columnas. El cuarto velo fue rasgado o destruido por el Arhat, en el momento místico de recibir la Cuarta Iniciación, utilizando las potentísimas energías ígneoeléctricas que le había comunicado el Cetro planetario del Señordel Mundo. Podríamos sintetizar ambas afirmaciones, las del “Libro de los iniciados” y las de ”La doctrina secreta”, en ciertos hechos concretos:
• 1º. Cada cortina o cada velo tenía determinado color y simbolizaba la actividad de uno u otro de los cuatro elementos naturales, tierra, agua, fuego y aire, una expresión del Cuaternario humano, que está formado de aquellos elementos, siendo las cinco columnas de las que pendían los velos, la representación simbólica de las cinco virtudes capitales que distinguen al Iniciado: el Valor, la Confianza, la Determinación, la Prudencia y el Equilibrio.
• 2º. Las Cinco Columnas y los Cuatro Velos que encubrían el Sancta Sanctorum suman el número NUEVE, el cual es descrito esotéricamente como NÚMERO DEL HOMBRE y también como NUMERO DE LA INICIACIÓN. Nueve es en efecto el número de meses que ha de pasar la criatura humana en las entrañas maternas, antes del nacimiento, NUEVE es la suma de los números CINCO que corresponde a la Quinta Jerarquía Creadora de HIJOS DE LA MENTE o ÁNGELES SOLARES y CUATRO que caracteriza a la Cuarta Jerarquía Creadora, la cual al recibir el glorioso impulso de los SEÑORES DE LA MENTE creó a la humanidad, el Cuarto reino de la Naturaleza”.
En esta iniciación se produce una auténtica y verdadera expansión de la conciencia búdica, propia del plano nirvánico. Los eruditos occidentales tradujeron “Nirvana” por “aniquilación”, sin embargo, nada más lejos de la realidad.

En todo caso, sí que es aniquilación del plano físico, y nada más, porque el iniciado que alcanza este nivel no pierde ni lo más mínimo su sentido de la propia individualidad, por eso un Arhat puede decir plenamente “Yo soy”, sabiendo lo que dice. Nadie por debajo de él puede decir tal afirmación con verdadero sentido de lo que se dice. El que despierta al Plano Búdico tiene la conciencia de que su Yo está en todas partes. Tras la Cuarta Iniciación, sigue la Iniciación de la Resurrección, que es la Quinta. Aún sigue una más, la Sexta Iniciación, la del grado de Chohan, e incluso existen todavía tres más más, pero estas nos son absolutamente incomprensibles, digamos que un cuerpo y una mente humanos no puede comprenderlas.
La Quinta Iniciación (que confiere el grado de Adepto, o Aseka) está dramatizada en la Resurrección. Cada Iniciación atrae a los cuerpos de los iniciados multitud de átomos de Luz. En la Cuarta Iniciación, el cuerpo del iniciado es ya en sus tres cuartas partes luz. En la Quinta Iniciación este proceso se completa. Entonces el Iniciado queda para siempre libre de la materia. Es un Maestro. La Meta prevista ya ha sido ganada. Ahora se abren ante el nuevo Maestro una serie de siete senderos. Uno de ellos es el Sendero de Servicio a la Tierra. Por tanto, corresponde a ese Maestro decidir si desea permanecer en esta Tierra, sirviendo al Plan del Logos Planetario. “Después de la Quinta Iniciación, el ser humano se ha perfeccionado en lo que se refiere a este esquema, aunque si lo desea puede recibir otras dos iniciaciones. Para recibir la Sexta Iniciación, el adepto debe hacer un curso muy intenso de ocultismo planetario. Un Maestro aplica la ley en los tres mundos, mientras que un Chohan de la Sexta Iniciación, lo hace en la cadena en todos los niveles. Un Chohan de la séptima iniciación aplica la ley en el Sistema Solar” (MT).
La Sexta Iniciación (que confiere el grado de Chohan) queda representada simbólicamente en La Ascensión. Estas dos últimas iniciaciones nos son del todo incomprensibles. Todo lo más que podemos decir es que la Sexta Iniciación confiere la absoluta Conciencia Cósmica.Existen tres iniciaciones superiores, de las cuales prácticamente poco sabemos, porque son súper humanas. La Séptima Iniciación confiere el grado de Mahachohan. Incluso hay dos Iniciaciones más, que se toman dentro de la Jerarquía Oculta: la Octava Iniciación, que confiere el nivel de Pratyeka Buda, y de Buda, y que solo se puede tomar en los Rayos Primero y Segundo; y la Novena Iniciación, que otorga el nivel de Señor del Mundo, Iniciación solo asequible dentro del Primer Rayo. (En nuestro sistema solar, que es de Segundo Rayo, cuando se habla de Primer Rayo, es probable que quiera decirse Primer Subrayo del Segundo Rayo. Nota editor, extraído de otros párrafos del Maestro Tibetano Djwhal Khul)
“En la Tercera, Cuarta, Quinta iniciaciones mayores y las otras dos superiores, el Cetro de Poder, manejado por el Logos Solar, está cargado de fuerza eléctrica pura, procedente de Sirio, recibida por nuestro Logos durante el período secundario de la creación, de manos de esa gran Entidad que es el Señor de los Señores del Karma” (MT).




“La fuerza del Cetro es doble y su poder enorme. Si el iniciado estuviera solo no podría recibir el voltaje del Cetro sin ser dañado seriamente, pero en la transmisión triangular no hay riesgo. Debe recordarse que dos maestros apadrinan a todo aspirante a la iniciación y representan los dos polos del Todo eléctrico. Parte de Su función consiste en estar al lado de los aspirantes cuando se presentan ante el Gran Señor.

Cuando el Iniciador empuña los cetros desde Su posición de poder, en períodos prefijados, aquellos actúan como transmisores de la fuerza eléctrica desde niveles muy elevados, tan elevados, que en las iniciaciones Sexta y Séptima el "Diamante Flamígero" transmite, por medio del Logos, una fuerza completamente ajena al sistema. Este Cetro mayor es el que se utiliza en este planeta, pero hay en el sistema solar varios Cetros de Poder, de tres grados, si así puede expresarse.

En las dos primeras iniciaciones se emplea un Cetro de iniciación manejado por el Gran Señor, magnetizado por la aplicación del "Diamante Flamígero", magnetización que se repite para cada nuevo Instructor del Mundo. Entonces tiene lugar una maravillosa ceremonia en el momento en que el nuevo Instructor toma posesión de su cargo, en el cual recibe su Cetro de Poder el mismo Cetro que se ha utilizado desde la fundación de nuestra Jerarquía planetaria y lo extiende al Señor del Mundo, que lo toca con Su propio poderoso Cetro, cargándolo nuevamente con capacidad eléctrica. Esta ceremonia tiene lugar en Shamballa” (MT).

¿Cómo es el sacrosanto momento de la Iniciación?, ¿cómo es ese inmarcesible, ese eterno y sublime instante?, ¿cómo es, cómo será, ese indescriptible estar ante el Iniciador?

El Maestro Tibetano nos los explica hasta donde puede, pues las palabras siempre se quedan pequeñas:

“En el momento de la ceremonia de la iniciación, después de las dos grandes revelaciones, llega un momento de completo silencio, y en el intervalo, el iniciado comprende en sí mismo el sentido de Paz. Se encuentra como si fuera en un vacío, donde aparentemente nada puede alcanzarlo; está por breves instantes entre la tierra y el cielo, inconsciente de todo, pero consciente del significado de las cosas tal cual son, reconociendo su propia divinidad esencial y la parte que debe desempeñar cuando, desde la cámara del Concilio del Cielo, vuelva nuevamente a servir en la Tierra. No siente ansiedad, temor ni duda. Ha entrado en contacto con la divina "Presencia" y ha percibido la visión. Sabe lo que debe hacer y cómo hacerlo y la paz y el gozo inefables llenan su corazón.



Es un breve intervalo de calma antes de un período de renovada actividad, que comienza en el momento en que se le aplica el Cetro. Mientras el iniciado estuvo abstraído en sí mismo con todas sus fuerzas concentradas en el corazón, la Logia de Maestros oficiantes celebraron varias ceremonias y entonaron ciertas palabras preparatorias para el manejo del Cetro y la aparición del Iniciador sobre el trono.

El Hierofante ha estado presente hasta este momento, aunque el trabajo fue realizado por la Logia y los Padrinos. Entonces él asciende al lugar de poder y los legítimos custodios del Cetro se lo entregan. No es posible publicar detalles de la próxima etapa, excepto describirla con las palabras "el fuego desciende del cielo".

Por la pronunciación de ciertas palabras y frases, uno de los secretos iniciáticos y distintos en cada iniciación, la fuerza eléctrica que debe emplearse, desciende sobre el Cetro, pasando a través del corazón y la mano del Iniciador, a los Tres que en forma triangular se relacionan con el trono. Reciben a su vez dicha fuerza, haciéndola circular por un acto de voluntad a través de Sus corazones, transfiriéndola a los Padrinos, que también, por un acto de voluntad, se preparan para transmitirla a ese centro del cuerpo del iniciado que debe ser estimulado (de acuerdo a la iniciación).

Ocurre entonces un interesante intervalo donde las voluntades unidas de la Jerarquía se mezclan para trasmitir la fuerza puesta en circulación por el cetro.

El Hierofante pronuncia la palabra y la fuerza se precipita en los cuerpos y centros del iniciado, descendiendo a través de los centros hasta el plano mental, y por intermedio de los centros astrales, hasta los centros de los niveles etéricos, que finalmente la absorben. Éste es un gran momento para el Iniciado, y lo hace consciente de la absoluta verdad contenida en la frase "Dios es un fuego consumidor".

Sin lugar a dudas conoce que la energía ígnea y la fuerza eléctrica constituyen la suma total de cuanto existe. Se baña literalmente en los fuegos de la purificación; ve por todas partes el fuego que fluye del Cetro, circulando alrededor del Triángulo, y atravesando los cuerpos de los dos adeptos que lo apadrinan.

Por un breve instante, la Logia de Maestros e Iniciados, que permanece en su ubicación ceremonial fuera del Triángulo, queda oculta por un muro de fuego puro; el iniciado no ve a nadie, salvo al Hierofante, y sólo tiene conciencia de una ígnea llamarada de color blanco azulada que quema pero no destruye, intensifica la actividad de cada átomo de su cuerpo sin desintegrarlo, purificando su naturaleza. El fuego pone a prueba su trabajo y su calidad y el iniciado atraviesa la Llama” (MT).
Por Juan Ramón González Ortiz

 

 

 

 

REVISTA NIVEL 2 NÚM 42

 

 

revista nivel 2

REVISTA NIVEL 2. NÚM 41. AGOSTO 2025

 

REVISTA NIVEL 2

REVISTA NIVEL 2, NÚM 40

abril2025

revista nivel 2

Revista Nivel 2, ENERO2025

 


REVISTA  NIVEL 2   EN FACEBOOK

ENLACES A OTRAS PÁGINAS

 


 

Descargas gratuitas

evolucion y camino a la iniciacion

EVOLUCIÓN Y CAMINO A LA INICIACIÓN

 

 

 

revista nivel 2
SarSas

revista nivel 2