La
Octava Esfera 7
Javier Antolínez/Juan Ramón González Ortiz

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Las fuerzas angélicas o entidades que condicionan e
influyen en el desarrollo evolutivo de la Humanidad.
Javier Antolínez/Juan Ramón González
Ortiz
Además
de todo lo dicho en el artículo anterior, existen otras influencias
que encajan en nuestra mentalidad occidental, y que considero de gran
interés mencionarlas.
La más admitida es la ciencia de la Astrología, ampliamente
conocida por la gran mayoría. Pero también existen otras
mucho menos conocidas, cuyas influencias nos afectan, siendo algunas
de gran importancia, a pesar de que no las podamos ver ni medir. Estas
energías son las de dos grandes entidades angélicas
que tienen su manifestación en el planeta de forma periódica.
Estas dos entidades son Lucifer y Ahriman.
Sus influencias se pueden solapar. Mientras el primero ejerce su influencia
en un lugar determinado del planeta, el otro, al mismo tiempo, puede
influir en otra área.
Esta situación, y teniendo muy en cuenta la etapa evolutiva
de la Humanidad, que todavía se encuentra en un periodo de
inmadurez, crea fricciones sociales y políticas de todo tipo,
como veremos.

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Rudolf
Steiner
Ahriman es la entidad dominante en los tiempos que vivimos, de ahí
el extremo materialismo en que la Humanidad se encuentra sumida.
Sobre todo esto, Rudolf Steiner escribió hace más de
cien años con gran profusión y precisión, y nadie
mejor para resumir su obra, con una solvencia magistral, en los aspectos
evolutivos que nos conciernen, que mi gran amigo Juan Ramón
González Ortiz.
Así que, nada mejor que incluir su magnífico resumen,
sobre la obra de Rudolf Steiner:
Juan
Ramón González Ortiz:
No he analizado todas las obras de Steiner, a pesar de que son verdaderamente
extraordinarias.
Entre ellas, destacan, “Movimiento oculto del Siglo XIX”,
donde expone la realidad de lo luciferino y lo ahrimánico,
con el Cristo como factor equilibrador.
Hace algo similar en “La misión del Arcángel
Miguel”.
Hay una obra que también tiene un gran interés, “El
significado oculto de la sangre”, en esta obra desarrolla
la importancia de la Sangre según la visión del Fausto,
de Goethe, y lo hace de forma magistral.
Estas
magistrales obras, desde el punto oculto, son obras de gran interés
para estudiarlas con cierta profundidad.
Tiene otra obra sobre Fausto, donde analiza la figura de Mefistófeles,
en el drama de Fausto, como unión de lo luciferino y lo ahrimánico.
En casi todas sus obras profundizó muchísimo en el tema
del “Mal, lo luciferino, lo asúrico y el anticristo”.
Steiner distinguía con gran precisión lo luciferino,
de lo ahrimánico.
“Lo luciferino”, cuyas actuaciones tienen lugar “en el
ámbito astral”. Siendo su esfera de actuación las corrientes
intelectuales, que tienen que ver con la Verdad, la Belleza y la Bondad.
“Después está Ahrimán”, que actúa “en
el nivel etérico”, atrapando en la forma, el impulso más
o menos escapista luciferino. El llamado "estado del bienestar"
es una de sus conquistas.
Es decir, Lucifer canaliza el esfuerzo por expresar el Cielo en la
Tierra, algo que siempre ha pretendido la práctica mentalidad
anglosajona.

Devas y Asuras
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“Por último, está Sorat y los asuras”.
Este es el demonio solar, la potencia polar opuesta al Cristo.
Sorat es el que canaliza las corrientes de destrucción y sufrimiento.
Su tributo es la sangre humana. Es considerado el verdadero AntiCristo.
Volviendo al tema de Ahrimán, Steiner nos dice que pertenece
a la categoría angélica de los "Archai" o
Espíritus de la Forma. Él se opone al orden cósmico
correcto, es decir, se opone al plan de desarrollo terrenal y humano.
Según Steiner, los Archai nacieron en el período Saturniano,
hace tres universos, o sea, millones y millones de eones, y nacieron
como una ofrenda ardiente de los Tronos (la tercera categoría
más alta angélica), a los Querubines (la segunda más
alta).
Pero los seres luciferinos también se oponen a la evolución
pues intentan arrastrar a la Humanidad hacía su propio cosmos
de psiquismo espiritual.
Por tanto, ellos inspiran en nuestras almas el orgullo, la fantasía
(que es un don suyo), la alucinación, la rebelión y
la capacidad humana para lograr la independencia.
La autoconciencia, el pensamiento y el lenguaje son creaciones luciferinas.
En China, en el Tercer Milenio A.C., encarnó una alta entidad
luciferina, la Humanidad no podía servirse del intelecto. La
Humanidad estaba gobernada en su conjunto por el instinto.
Por tanto, vemos que, las conquistas luciferinas no son ni buenas
ni malas, sino que dependen de con qué propósito se
usan.
Los iniciados tomaron la influencia luciferina y la cambiaron para
el bien de la Humanidad.
La influencia luciferina sacó a la Humanidad del infantilismo
en el que vivía, y su cultura con respecto a la Naturaleza
separó al ser humano de ella, preparándolo para la venida
del Cristo.
Por eso, para Steiner, la Cristiandad es la culminación y la
realización del paganismo luciferino.
Ahrimán, sin embargo, impone el mecanicismo, el materialismo
amoral, congelando la tierra en una completa rigidez.
Suya es la idea de que la materia es la única realidad. Esta
tendencia tampoco es mala: el mundo material es necesario para el
desarrollo humano, cósmico y divino.
Como con la tendencia luciferina, la tendencia ahrimánica sólo
es mala cuando excede los límites apropiados.
Ahrimán ha impuesto actualmente el pensamiento automático
y el cientifismo. Cuando actuamos así somos autómatas
y obramos, entonces, por instinto.
A partir de 1840, según Steiner, Ahrimán fue haciendo
notar su influencia y su materialismo sobre el pueblo alemán,
ahogando las vivencias positivas del Romanticismo y del idealismo
(más o menos luciferinos).
Ya sabemos lo que vino después, con todas las corrientes ideológicas
que han emponzoñado la vida social humana.
Esto es lo que pretende Ahrimán: que el ser humano
no se identifique como individuo único y particular, sino como
simple miembro, un número más, de una especie de Humanidad
en general, una especie de rebaño de animales inteligentes.
Ahrimán inspira la corrupción del lenguaje,
las palabras literales, vacías, esos mensajitos ilegibles que
se comportan casi como mentiras, ese lenguaje inclusivo con el que
la política woke actual pretende sustituir la cultura lingüística.
El pensamiento libre exige un lenguaje consciente, anímico
y espiritual.
También es ahrimánico:
• El sometimiento de la vida cultural al poder político y económico.
• Las leyes rígidas, sin espacios para la libertad humana.
• El dogmatismo partidista, generando odio y rencor.
• El nacionalismo antagónico, que desemboca en odio y separatismo,
incluso en terrorismo y guerras.
• La incultura, el aburrimiento, la falta de interés por el
propio trabajo.
• La creencia en que la satisfacción de las necesidades económicas
por sí mismas, afianzarán la felicidad humana.
• La subyugación de la persona al mecanismo inhumano, del beneficio
artificial de las corporaciones.
• El refinamiento técnico en la satisfacción de las
necesidades animales, la amoralidad, ... etc.
• Todas estas cosas son ahrimánicas.
Todo esto lo escribió Steiner hace más de cien años.
Para acabar, el mal resulta cuando los acontecimientos se salen del
equilibrio y se van a los extremos.
Lucifer atrae a los espíritus humanos hacia su plano
espiritual-psíquico-luminoso.
Ahrimán hacia un plano endurecido, mecanizado y animalizado.
Pero
el misterio profundo es que el mal sirve al bien.
Cristo es el que está en el centro de la balanza, entre estos
dos extremos.
Sorat también utiliza a Lucifer y a Ahrimán, pero como
espíritus de seducción para enmascarar su verdadera
intención de absoluta destrucción.

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Sorat se manifiesta en las guerras, los genocidios, los asesinatos
en masa, en el terrorismo de todo signo, incluso religioso. En el
cuerpo humano, se manifiesta en enfermedades degenerativas como el
SIDA.
Steiner dejó claro que a principios del S. XXI encarnaría
una entidad ahrimánica, o, quizá, el propio Ahrimán.
La encarnación de Sorat vendrá mucho más tarde.
Fue Sorat el que quiso encarnar en Siria en el año 666 y estuvo
a punto de dar al traste con toda la Humanidad.
La Humanidad se salvó gracias a la llegada del último
profeta mensajero, Mahoma, con quien nació el Islam.
El Islam frustró el plan de Sorat, no sin grandes esfuerzos
y luchas.
En lo relativo al ordenador, Steiner concibió maquinas
habitadas por espíritus ahrimánicos capaces de encarnar
en sistemas de circuitos. Estas máquinas artificiales manejarían
luz sin sol y palabras sin lógica entrelazadas.
No debemos de olvidar que Ahrimán trabaja "con las palabras,
pero contra las palabras".
Recordemos aquella famosa frase de San Juan, tan sabia, "de la
abundancia de corazón hablará la boca.
La mayoría de estas ideas están desarrolladas, para
los que quieran ampliarlo, en los libros de Steiner: "Relaciones
kármicas", "El movimiento oculto en el S. XIX"
y "Tres corrientes en la evolución".
Steiner también tiene sobre este tema "La decepción
ahrimánica" y "Las influencias de Lucifer y Ahrimán".
Steiner explica claramente los mecanismos del mal: Las actuaciones
de Lucifer y Ahrimán, y cómo Cristo los equilibra y
Sorat, que es el nombre que él da al diablo, los desequilibra.
Tanto lo luciferino, como lo ahrimánico, están muy introducidos
en nuestra cultura.
Steiner analiza la concepción de lo divino que hay en Europa
y descubre que son valores por completo luciferinos, sin embargo,
la concepción de los mundos superiores que hay en América
son totalmente ahrimánicos.
La sangre es luciferina, siempre quiere salir de sus propios circuitos
y proyectarse más allá, es inmaterial y transporta la
esencia del espíritu. Sin embargo, los huesos son ahrimánicos,
y cuando preponderan, se desarrollan las esclerosis.
La cabeza también es totalmente luciferina.

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Después
de esta magnífica descripción, de Juan Ramón
González Ortiz, sobre las fuerzas que actúan sobre la
Humanidad, tenemos que volver a la estructura en la que la Evolución
también nos mueve.
Para ello retomamos las Razas.
En los albores de la Raza, sobre los 18,5 millones de años,
grandes Iniciados de Venus, se hicieron cargo del planeta Tierra,
con el fin de acelerar su proceso evolutivo. Para ello implantaron
el mismo sistema de exámenes que tenían en Venus, lo
que conocemos como Iniciaciones.
Previamente, y a lo largo de millones de años, 72 Razas de
Entidades del planeta, pertenecientes a los 5 elementos, siendo el
5º elemento el metal, de tanta importancia para la esencia de
la Medicina tradicional Oriental, prepararon el planeta, para recibir
y albergar al Cuarto Reino de la Naturaleza, el Reino Humano.
El objetivo era colocar en él, a una Humanidad que, habiendo
comenzado su andadura en el planeta, que conocemos como la Luna, planeta
muerto y que se encuentra en lenta descomposición, que hoy
es nuestro satélite. Humanidad que pudiera proseguir el proceso
evolutivo.
El hecho de que la luna sea un planeta muerto, se constata por su
falta de rotación sobre su propio eje, lo que implica que siempre
nos da la misma cara.
De este planeta se habla con precisión escueta en el Tratado
sobre Fuego Cósmico.
Según
se dice, había fracasado por diferentes causas, entre ellas
por la actividad de su Humanidad. Llegó a un punto en el que
la evolución superior ya no era posible para su raza humana.
El Señor del Planeta “decidió” abandonarlo, y desde
entonces es un planeta muerto, en lenta descomposición.
Su lenta descomposición tiene una influencia negativa sobre
la Tierra, y esa influencia es contrapesada por la luz del Sol que,
en las fases de luna llena, las anula en cierta medida.

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La Humanidad lunar, después de un largo periodo de descanso,
necesitaba un lugar adecuado para seguir su proceso evolutivo y el
lugar elegido fue la Tierra, que por entonces se encontraba en un
proceso de materialización hacia el plano físico denso.
Una vez alcanzada la estructura material adecuada para albergar vida
humana, fue cuando los Grandes Iniciados de Venus decidieron sentar
su base de operaciones, en la Tierra, con el fin de hacer reencarnar
el Reino Humano, de enseñarle todas las habilidades necesarias
para su evolución, y vigilar todo el lento y progresivo proceso,
de perfección.
Todo ello llevaba implícitos muchos planes, siendo el primero
de ellos la instauración del Reino Humano, el 4º Reino
de la Naturaleza, en el planeta Tierra.
Este hecho, de suprema importancia en el largo proceso evolutivo del
planeta, dará como resultado la recepción de la 4ª
Iniciación Cósmica del Planeta Tierra, de su Logos,
convirtiéndose entonces en un Planeta Sagrado dentro del Sistema
Solar.
La Humanidad, siendo el 4º Reino del planeta, dentro de un sistema
septenario, está siendo el eje central de este supremo proceso,
siendo la Humanidad como un todo, y, de forma muy importante, todas
las unidades más avanzadas de Reino Humano, las que decidirán
finalmente el salto cósmico del planeta a ser un planeta sagrado.
Por esta razón, las fuerzas que se oponen a este sublime evento
cósmico, están trabajando activamente sobre la Humanidad,
procurando su anulación como un todo y persiguiendo a todos
aquellos que suponen para ellos un mayor riesgo de potenciar su fracaso.
Fracaso que, por otra parte, está sentenciado de antemano y
plasmado en múltiples profecías pasadas y actuales.

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Según se indica en Tratado sobre Fuego Cósmico,
el Sol, Logos Solar, es una entidad de segundo Rayo, Amor-Sabiduría
cósmica, y en última instancia, los Señores de
la Oscuridad no tienen nada que hacer en nuestro sistema Solar en
su conjunto, si bien pueden llegar a ocasionar problemas en ciertas
partes de nuestro sistema solar.
Por lo tanto, en estos momentos, podemos asegurar que el Señor
del Planeta Tierra, tiene en su haber evolutivo la 3ª Iniciación
Cósmica y se encuentra envuelto en la profunda crisis, que
preludia la 4ª Iniciación Cósmica, la iniciación
del Arath.
Cuando esto ocurra, pasará a ser un Planeta Sagrado,
oficialmente, si bien internamente ya tiene tal consideración.
Sin lugar a dudas, existen muchos más aspectos de los que todavía
no podemos llegar a tener conocimiento, pero estos datos nos pueden
dar una ligera idea de la importancia que la Humanidad tiene en este
proceso, a pesar de estar tan perdida, en particular en estos momentos
críticos de nuestra historia.
Al menos sabemos qué objetivo podríamos tener por delante,
y la importancia de nuestra existencia como el Reino central, en un
proceso evolutivo de un Ser Celestial, en el que vivimos y tenemos
nuestro ser miles de millones de seres humanos.
Volviendo a la historia, recordemos que las dos Razas Raíces
iniciales no tenían nuestra actual apariencia.
Según se dice en los libros que hablan de la Doctrina Sagrada,
la primera, denominada Polar o Etérea, y la segunda, Hiperbórea,
eran razas cuyos cuerpos estaban estructurados con materia etérica,
y se fueron densificando lentamente a lo largo de millones de años,
pasando por unos niveles ectoplasmáticos, tal y como se dice
en estos textos.
Según se narra, se reproducían por escisión,
tal como lo hacen las células de nuestro cuerpo.
En los antiguos textos de la Doctrina Sagrada, se dice que fue a partir
de la 3ª Raza Raíz en la 3º Subraza, la Raza Lemuriana,
cuando se decidió la separación de sexos, con un claro
fin de agilizar el proceso evolutivo.
Este hecho supuso un punto de inflexión determinante en la
evolución, al dotar a cada uno de los dos sexos de diferentes
características energéticas y fisiológicas, y
de esta forma tener que unirse en un proceso de colaboración
mutua, muy estrecho, para poder concebir a un nuevo ser.
Ese paso tan crucial, desde el punto de vista evolutivo, establecía
de forma firme, por primera vez en la Humanidad, una sociedad entre
dos seres humanos que se unían sólidamente para defender
y promover su descendencia y, por tanto, la continuidad de la raza.
“Esta unidad es la Familia”. Actualmente, de forma desesperada por
parte de los que se oponen a la evolución, se está atacando
por muchos flancos la institución familiar, puesto que es el
núcleo principal, y vertebrador de cualquier sociedad y cultura.
Ellos conocen la importancia de su unidad, por otra parte, indisoluble,
y hagan lo que hagan para acabar con ella, jamás podrán
conseguirlo, ya que forma parte de la Obra del Gran Creador y de su
Plan Evolutivo.
Para conseguir que aquellos primitivos humanos se relacionaran entre
sí, la Jerarquía Planetaria tuvo que enseñar
a aquella Humanidad primitiva la forma de relacionarse entre los sexos
opuestos, con el fin de conseguir la reproducción de la Raza.
Para ello estableció el placer en las relaciones sexuales,
como medio de promocionar y hacer atractivas aquellas relaciones,
tan novedosas e inusuales hasta la fecha.
No sin dificultades, aquellas unidades humanas fueron aprendiendo
el nuevo método de reproducción.
Con el tiempo, al descubrir el placer que aquellas relaciones tenían,
y, como es habitual en la Humanidad, comenzaron los abusos.
De aquellos abusos nacieron todas las enfermedades sexuales, que desgraciadamente
siguen tan en boga en nuestros días, muy a pesar de los medios
que, a día de hoy, la Humanidad tiene para evitarlas.
Sin duda, estas enfermedades se encuentran muy fuertemente arraigadas
en el karma racial, manifestándose reiteradamente, muy a pesar
de los supuestos avances de la medicina.
A lo largo de estos 18,5 millones de años, se han vuelto a
abrir las puertas de acceso a la Humanidad, desde el Reino Animal,
en varias ocasiones.
Esto ha traído al conjunto humano, serias dificultades, a su
vez que grandes ventajas.
Hoy en día, estas diferencias evolutivas generan problemas
de diferente índole, al mismo tiempo que los más modernos
aprenden con mayor rapidez de los más antiguos. Es lo mismo
que ocurre en una familia donde los hermanos pequeños se espabilan
más rápidamente gracias al ejemplo de sus hermanos mayores.
La diferencia de experiencia se puede ver en la Humanidad con cierta
claridad. Estas diferencias evolutivas no tienen nada que ver con
las clases sociales, de poder, o incluso culturales. Estamos todos
mezclados en todas las sociedades y razas del planeta, con muy diferentes
niveles de conciencia.
La Humanidad, como todos los reinos de la naturaleza, se nutre siempre
de los reinos inferiores.
Es decir, un reino se alimenta de los inferiores, no de su propio
reino.
También se enriquece con la entrada de savia nueva, procedente
de los reinos inferiores próximos.
Es decir, el Reino Mineral alimenta al Reino Vegetal, así como
el Reino Vegetal alimenta al Reino Animal, y éste al Reino
Humano.
Lo mismo ocurre con el Reino Animal, que cuando hay un número
determinado de unidades de conciencia, preparados para ascender de
categoría, se abren las puertas del Reino Humano, para dar
la oportunidad de pertenecer a éste, en un proceso de perfección
de la naturaleza.
En este último caso, el proceso es algo más complejo,
puesto que el paso al Reino Humano va implícito de una ceremonia
individual, para todos y cada uno de los seres procedentes del Reino
Animal que pasan al Reino Humano.

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En esta ceremonia, un excelso Ángel procedente del Corazón
del Sol central, en cuyo seno vive, se juramenta con esa unidad animal,
que está preparada para entrar al Reino Humano, y lo hace para
largos periodos de tiempo.
A esa ceremonia se le llama la Iniciación de “la Individualización”.
Ese nombre se da, debido a que, en el Reino Animal, las almas son
grupales y en esta iniciación se individualizan partes de esa
alma grupal, en un alma humana, que se asocia a un Ángel Solar.
Un Ángel que, según se dice, es un Maestro de todos
los grados iniciáticos.
El proceso que sigue, es un largo proceso de miles de vidas, en las
que el Ángel Solar, también llamado en otras culturas
los Dianes de Fuego y otros muchos nombres más, va induciendo
el Principio Mental en la nueva alma humana.
Se puede entender que el proceso de desarrollo de la nueva alma humana,
es un proceso muy lento, mediante el cual, el ser humano va absorbiendo
el principio mental y lo va integrando en su equipo evolutivo, vida
tras vida.
Tampoco es difícil entender que, habiéndose abierto
la puerta de entrada en el Reino humano, en diferentes etapas evolutivas,
en el seno de la Humanidad coexistimos diferentes capas de evolución,
diferenciadas por la experiencia que marca la antigüedad de entrada.
Evidentemente, a más antigüedad más experiencia
y por lo tanto mayor capacitación mental y de iluminación.
Se supone que, a su vez, esa capacitación mental tiene que
proveer un mayor desarrollo espiritual o iluminación.
En términos generales esta regla se cumple, pero también
hay excepciones, en las que personas con un gran desarrollo intelectual,
algunos incluso, personas avanzadas evolutivamente, iniciados de 2ª
iniciación planetaria, retroceden por haberse desviado de las
amplísimas sendas que la evolución nos abre ante nosotros.
Lo hacen mediante un desarrollo indebido de la mente, motivados
por muchos factores, pero uno de ellos es la avaricia.
Si estas personas persisten en el error, vida tras vida, se van alejando
lentamente del proceso natural de la evolución, salen del Reino
Humano, y entran en una esfera irreal y autodestructiva, a la que
se le denomina la Octava Esfera o Avitchi.
Mientras que aquellos, que son la inmensa mayoría,
siguen los caminos adecuados que los llevan por las sendas evolutivas
naturales, llegan finalmente a la liberación del Reino Humano,
entrando en el Reino de las Almas Liberadas.
Este es el destino de la Humanidad, y, una vez allí, se abren
diferentes caminos evolutivos, sobre los que se puede elegir según
las tendencias personales que cada uno haya ido desarrollando a lo
largo de la etapa humana.
Los caminos para acceder a este sagrado destino, son infinitos, aunque
se pueden sintetizar en siete. Estos caminos están delineados
por los llamados Siete Rayos.
Sobre la historia de la Humanidad, se ha escrito mucho, incluso sobre
el enfoque esotérico, a pesar de que sigue siendo todavía
en muchos sitios, una verdadera incógnita, e incluso en muchas
áreas, como un tabú.
Por otra parte sorprende que a pesar de que existan, desde tiempos
inmemoriales, estas historias-leyendas, la ciencia y la arqueología,
hacen caso omiso de tales informaciones.
Desde que tengo uso de razón, he considerado que cualquier
investigación debe de buscar en todas las fuentes posibles
y disponibles para esclarecer la verdad.
Sin embargo, he podido observar con gran asombro, cómo se ha
obviado cualquier información posible, verídica, o no,
y la Humanidad se empeña en la búsqueda de sus orígenes,
desde la ceguera inicial, a una búsqueda basada en los descubrimientos
tanto de arquitectura como de yacimientos de residuos óseos
antiguos. No parece erróneo este método, pero pudiendo
tener a su alcance otras referencias, en las que se podrían
investigar, y que éstas no se utilicen e incluso se desprecien,
me parece como mínimo muy atrasado.
Sobre estos descubrimientos, elaborando teorías sobre sus descubrimientos,
la ciencia y la arqueología han cimentado su estructura.
Tengo el convencimiento de que en el futuro, no muy lejano, estas
bases de investigación, cambiarán drásticamente,
buscando la verdad, en todo aquello que sea susceptible de poder abrir
puertas que iluminen nuestra historia con la verdad, y no con los
intereses sectarios o materiales de unos pocos.
Javier
Antolínez/Juan Ramón González