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Reencuentro
de seminaristas 50 años después
Antonio Callén Mora y Quintín García
Muñoz

El 17 de
Octubre de 2025 hacía aproximadamente 52 años que algunos
de los asistentes a este encuentro no nos habíamos visto.
Resultó
ser un día extraordinario.

Varios
ex seminaristas y sus esposas, nos habíamos desplazado desde distintos
lugares de Aragón hasta Barbastro. El motivo: En esta ciudad altoaragonesa,
ejerce su labor pastoral como obispo de la diócesis homónima
uno de aquellos niños que entramos en el año 1966 en el
Seminario de Zaragoza. De hecho, fue él y la labor diocesana que
está realizando, de la cual se han hecho eco los medios de comunicación,
lo que motivó nuestro encuentro. En efecto, varios de los compañeros
de nuestra promoción que nos hemos puesto en contacto gracias a
los medios electrónicos, quisimos acudir a su diócesis para
atestiguarle nuestro apoyo moral en su labor.
El día resultó ser especialmente emotivo palpándose
una gran alegría entre los asistentes. De cien aspirantes que habíamos
asistido al cursillo inicial en 1966, tan sólo cuatro de los allí
presentes habían llegado a sacerdotes, y uno de ellos a obispo.
A pesar de nuestra apariencia de personas que rondamos los 70 años,
se puede decir que, en espíritu, nos reencontrábamos aquellos
jóvenes (¿chavales?) que dejamos el Seminario a principios
o mediados de los años 70.

El vicario de la diócesis nos estuvo enseñando el estupendo
museo y la impresionante catedral de Barbastro. El citado museo tiene
el valor añadido de que en él se exhiben las obras recuperadas
por la diócesis, que estaban en Cataluña, gracias al empeño
y labor del obispo asistente al encuentro, Ángel Pérez Pueyo.
Luego, fuimos a comer a un estupendo restaurante de la ciudad, y allí
tuvimos la ocasión de escuchar los problemas de Don Ángel
Pérez referentes a la ermita de Torreciudad, dedicada a la Virgen
de los Ángeles, cuya historia se remonta al siglo XI. En las inmediaciones
de dicha ermita, por impulso de San Josemaría Escrivá de
Balaguer, fundador de la prelatura del Opus Dei y oriundo de Barbastro,
se construyó un templo mariano, en colaboración con la diócesis
de Barbastro, entre 1966 y 1975. De modo que en el conjunto de Torreciudad
se incluyó la antigua ermita restaurada y el nuevo templo. Según
fuentes del propio Opus Dei: Tras nueve años de intenso trabajo,
en 1975 san Josemaría consagró el altar mayor y se inauguró
el nuevo templo construido y financiado gracias a la generosidad de numerosas
personas e instituciones. El Opus Dei se hizo también cargo de
la atención pastoral y del sostenimiento del santuario.
Según explica El Debate Cinco claves del caso Torreciudad: la disputa
entre el obispo y el Opus Dei en la que ha intervenido el Papa: En julio
de 2023, Barbastro anunció el nombramiento de un sacerdote diocesano
como nuevo rector de Torreciudad. Hasta entonces, había sido la
Obra la que se había encargado tanto de la rectoría como
de los equipos de sacerdotes que atendían a los peregrinos. Todo
lo cual ha generado un conflicto entre estas dos instituciones que, por
parte de la diócesis de Barbastro, conlleva la implicación
del citado obispo, un luchador incansable por defender los derechos de
su diócesis, como ya quedó puesto de manifiesto en el conflicto
con Cataluña por las obras de arte de La Franja trasladadas a esa
comunidad autónoma.
La sensación al escuchar al obispo, que verdaderamente ama a sus
fieles, no podía ser otra que la admiración y respeto. En
la actualidad, una de sus mayores preocupaciones es la lucha por mantener
la actividad y el servicio de la Iglesia a pesar de la escasez de sacerdotes,
que está siendo sustituida por la participación de fieles
voluntarios. Lo cual contrasta con épocas anteriores.

En efecto,
nada tiene que ver con el excesivo poder que detentaba la Iglesia en la
edad Media. Allí había verdaderos sacerdotes y cristianos
con una gran fe, según palabras del propio pastor.

Al final de la comida, aprovechamos para recordar momentos de nuestras
estancia en el internado, de modo que varios de nosotros estuvimos contando
algunas de las anécdotas de nuestros años de estudiantes
en el Seminario Metropolitano de Zaragoza.
Simplemente un día maravilloso, perfecto…

Antonio y Quintín
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