La
moderna sociedad occidental
Por Juan Ramón González Ortiz

Tras
muchos años de mi vida, bastante más de la mitad, por
supuesto, pasados en contacto con la juventud, y después de
deambular por múltiple instituciones educativas, las cuales
reunían en su quehacer a padres, familias y estudiantes, he
querido resumir lo que para mí es la situación actual
de la sociedad occidental, moderna y ultradesarrollada.
En primer lugar, quiero decir que se trata de una sociedad enferma,
profundamente enferma, violenta, inarmónica, que adora la corrupción
y el dinero (las dos cosas suelen ir juntas) y que fomenta desde las
edades más infantiles todo tipo de trastornos en el alma y
en la mente.
Es en el seno de las familias donde se educa en la cultura del “enchufismo”,
es decir, la recomendación, el favoritismo, las preferencias
sin tener presentes los méritos ni las necesidades. Es también
en las familias donde se rinde culto de adoración al dinero,
único motor social. También son las familias las culpables
del hedonismo y de la permisividad.
En fin, puesto que el Estado no es más que una familia de familias,
viendo cómo es nuestro actual estado, débil, violento,
inculto, compulsivo comprendemos que forzosamente así han de
ser las familias que, en una gran medida, lo componen.
A mi entender, las principales características de la sociedad
moderna ultradesarrollada occidental son:
1.
Materialismo absoluto. El dinero es el único norte.
2. Negación y destrucción de cualquier valor de tipo
espiritual.
3. Consumismo por encima de cualquier medida.
4. Sustitución de los padres como educadores por los padres
como proveedores.
5. Ausencia intencionada de educación en la familia, en la
escuela, en los institutos y en la universidad. La familia se reduce
a ser una institución de tipo asistencial, y nada más.
6. Transformación del hogar en múltiples cabinas informáticas
plagadas de trastos electrónicos.
7. Absoluto desprecio por los valores humanos en la sociedad, en la
cultura, en el arte y en la mente de los niños y de los jovencitos.
Como
vemos, a este estado de cosas se llega de muchas maneras. Para comprender
la postración actual tal vez, haya que destacar como el factor
más importante la destrucción y el abandono de las
familias. La familia como primer ladrillo de la sociedad ha sido blanco
de un intento de destrucción organizado, esto ha conducido
a la pérdida de su autonomía, a una incapacidad real
de educar de veras, pues se ha exacerbado el individualismo de los
hijos, al conflicto y las situaciones tensas que se crean (y que yo
he vivido) cuando lo que dice la familia entra en contradicción
con los mandamientos del hedonismo que propugna la moderna sociedad
occidental.
Características psicológicas actuales del individuo
occidental
• Narcisismo: el individuo, sobre todo si es joven, se siente el centro
del universo y piensa que todos los mecanismos del Estado debende
estar pendientes de él y de satisfacer prestamente hasta su
más mínima demanda.
• Insensibilidad: incapacidad de experimentar cercanía o dolor
moral hacia las personas que no pertenecen a su círculo y
a su ideología, es decir, indiferencia hacia los que no entran
dentro de su “pequeña humanidad”, formada fundamentalmente
por amigos.
• Codicia: necesidad exagerada, ilimitada, de poseer objetos, títulos
académicos, viajecitos, etc.
• Individualismo: la persona se percibe a sí misma como el
centro de toda la sociedad, y de todo el universo. Una visión
así de la propia personalidad crea una intolerancia absoluta
hacia cualquier situación que restrinja la autonomía
del individuo. Yo he escuchado frases del tipo de “Soy mujer, tengo
derecho a todo”, o “Pertenezco al siglo XXI, nadie puede cortar mis
alas”.
Características psicológicas actuales de la familia
occidental
• Inarmonía: existe la percepción de que en la vida
en familia todo son dificultades y malentendidos, como si transitáramos
de puntillas por un delgado cable sobre un precipicio pavoroso. Hay
que medir las palabras, los hechos, se ha perdido la gracia de la
armonía. En general, no se llega a un ambiente de caos (que
también frecuentemente existe) pero sí que se experimenta
la imposibilidad de llegar a una situación de comodidad natural,
únicamente guiada por el amor.
• Desaparición del papel tradicional formador de la familia:
actualmente el moderno Estado tiránico solo permite que la
familia desarrolle el papel de célula de asistencial. Recordemos
que, ese mismo Estado tiránico, más de una vez se ha
expresado con asertos del tipo de “los hijos no pertenecen solo a
los padres”, haciendo ver que el Estado tiene un poder despótico
muy superior a la familia y que pude disponer lo que quiera con respecto
a los hijos de todos. La familia ya no puede educar, ni contravenir
a los hijos a partir de ciertas edades, ni formar espiritualmente;
ya no puede dirigir a los hijos por el camino de la vida. No. La familia
es simplemente una célula asistencial. Su única función
es proveer de dinero, viajes, vacaciones, cursos de inglés,
ropa, … A una misión profundamente espiritual le ha sustituido
una vocación exclusivamente materialista. Presionada por el
Estado, que considera que los hijos le pertenecen, la familia ha
abandonado su propia esencia y su entraña.
• Frivolidad: muchas familias modernas conceden importancia excesiva
a todo lo que es exterior, estúpido, ridículo. Esto
es muy grave pues poco a poco va desapareciendo la capacidad de profundidad
y de entrar en lo que está oculto.
• Hay que saber qué es lo aparente, lo superficial y cómo
entrar en la corazón de las cosas. He visto familias que acordaron
hablar entre ellos en inglés (a pesar de que su nivel en esa
lengua era muy malo). He visto familias que acordaron vivir en los
viajes permanentes, pasando continuamente de un país a otro,
sin otro fin que estar por encima de la gente que no viaja o que viaja
poco. He visto familias, en las que lo era todo el culto a la belleza,
cuerpos de culturistas para los varones y cuerpos de actrices de Hollywood
para las chicas. He visto familias que vivían solo para el
deporte y la aventura,…
• Padres: los padres viven agobiados y, sobre todo, agotados ante
el reto de la gran disponibilidad de dinero que precisa una moderna
familia que quiera equipararse con las demás. Hace falta mucho
dinero para clases de piano, clubes deportivos, vestuario, alimentación,
ocio,… Los padres solo pueden criar y proveer de bienes, y nada más.
Ni formar ni educar. Otros educan: niñeras, abuelos,… Muchos
chicos me han confesado que Internet ha sido su verdadero maestro,
su padre y su madre. Otros me han confesado que ya desde los seis
años accedían a páginas de crímenes, o
de peleas, o de filmaciones de accidentes, o de materiales repugnantes
para la sensibilidad.
Características
psicológicas actuales de la sociedad occidental
• Materialismo brutal y descarnado: ausencia absoluta, e incluso oposición
frontal, hacia cualquier valor espiritual o religioso. La burla y
el descrédito de lo espiritual frecuentemente se retransmite
por la televisión.
• Anomia: no hay fin claro en la vida. No hay meta alguna fuera del
éxito social, al cual muy pocos llegan y a un precio muy alto,
además. No hay un objetivo permanente en la vida. No hay un
destino, un fin, una norma clara y limpia para seguir durante toda
la vida, más allá de las edades o de las circunstancias.
• Culto a los antivalores: ¿alguien recuerda el famoso discurso
que el personaje de Gordon Gekko (Michael Douglas) pronuncia en la
película titulada “Wall Street”? El susodicho discurso empezaba:
“Greed is Good”, o sea, “La codicia es buena…” Una frase así
equivale a decir, “El egoísmo es bueno”, o “La brutalidad
es buena”. Yo he escuchado cómo se les recomendaba a muchos
jóvenes que pusieran en práctica la frase del señor
Gekko, y otras parecidas, del tipo del refrán de “al enemigo
ni agua ni pan”. La sociedad moderna pone en circulación valores
monstruosos que no son sino antivalores. Defiende la lujuria, como
una simple y bondadosa manifestación del espíritu lúdico
de los seres humanos; defiende el odio, diciendo que muchas veces
es un sentimiento revolucionario y equilibrador; defiende la envidia,
como motor de los ascensos sociales; defiende el éxito fácil,
conquistado a base de mentir, o de trampear tesis doctorales, o de
inventarse currículos académicos, ya que previamente
te advierten: “Mientras no te pillen, esto es válido”.
• Adicción social masiva a Internet: la sociedad toda ella
se ha convertido en adicta a la conectividad. He tenido en las aulas
chicos jóvenes que asistían a clase con camisetas que
tenían un dispositivo que se iluminaba cuando en los alrededores
había conectividad gratis. En el autobús, en al tranvía,
en la sala de espera de cualquier centro de salud, en las estaciones,
¿cuánta gente aguanta, sentada o de pie, sin enfocar
su vista y su atención en los malditos trastos electrónicos?
Los coches particulares han de tener conectividad dentro de su habitáculo,
las playas y lugares de ocio también, y los bares y restaurantes,
y los paseos y avenidas importantes,…. Existe también una
demencial adicción social a los ansiolíticos, el más
barato de los cuales, el más admitido y tolerado es el alcohol.
• Violencia: existe una violencia en la cual, a veces sin sospecharlo
siquiera, se involucra gran parte de la sociedad entera. Por ejemplo,
en el actual desprecio, violencia psíquica y minusvaloración
hacia la figura del varón. Gran parte de la sociedad entera,
autoridades y organizaciones públicas y privadas viven de esto.
También quiero decir que sigue existiendo una auténtica,
demencial e insoportable violencia física contra la mujer.
Pero al menos, en este caso, la sociedad no se involucra en esta forma
de violencia. Al contrario. Mi impresión es que el moderno
Estado actual no tiene ninguna intención de acabar con estas
dos formas de violencia.
• Cultura tanática: existe un verdadero culto y un interés
incomprensible hacia el crimen, hacia la investigación criminal,
hacia los procedimientos forenses, hacia la muerte, el asesinato,
los accidentes extraños, etc. Todo esto lleva hacia la banalización
de la muerte y del asesinato. Los psicópatas llenan las pantallas
de televisión. Los asesinos en serie, los sicarios y los grandes
señores de la droga se acercan familiarmente a nosotros en
las series y en las películas. Vemos su osadía, su voluntad
de hierro, e incluso a veces percibimos que en sus crímenes
hay algo grandioso. ¿Cómo es posible que hayamos desarrollado
tanto interés por esas gentes brutales y bestiales a cuyo lado
hasta las hienas son más humanas que ellos? Que conste que
la TV no ofrece nada que no entre en nuestro ámbito de preferencia,
pues la TV, como dijo Stendhal de la novela, no es sino “un espejo
paseado a lo largo del camino”. Es decir, algo dentro de nosotros
nos empuja a contemplar estas historias y a vibrar con ellas, y,
a su vez, la TV no hace sino reforzar esta tendencia que hay en nuestro
interior hacia estas temáticas.
• Inseguridad: pánico extendido por doquier ante la posibilidad
de un ataque violento. Incluso modernamente muchos chicos jóvenes
han llegado a una verdadera cima de perversión y practican
el asalto y el robo con violencia. Evidentemente, muchos de ellos
han sido inducidos a la drogadicción por otros adultos. En
muchas sociedades ya existen sicarios juveniles, e incluso infantiles.
• Corrupción: de este tema casi sería mejor no hablar,
pues la corrupción es la esencia misma de nuestra sociedad.
Existe la corrupción en la política, en las empresas,
en las organizaciones sociales y sin ánimo de lucro, existe
la corrupción en las organizaciones deportivas, sindicales,
religiosas, … Todo está podrido absolutamente podrido.
Características psicológicas actuales de los Gobierno
y de los Estados occidentales
• Concepción mafiosa del poder: los gobiernos se comportan
como mafias: compran voluntades y se comportan como padrinos con
los deudores que les son fieles, y como terribles e intimidantes
enemigos con quienes no lo son.
• Narcoestados: creo que no descubro nada si afirmo que los principales
agentes relacionados en la cadena de transporte, producción
y comercialización de las drogas son los propios estados.
Esto ya lo demostró, en EE UU, Gary Webb en su apasionante
libro Dark Alliance. A raíz de esta obra, este investigador
sufrió un atentado en el cual murió. En definitiva,
todos los poderes de todas las mafias están infiltrados por
el Estado, que obtiene beneficios considerables de todas ellas.
El que el Estado organice su vida como un narcoestado, quiere decir
que también promueve y se involucra en el narcoterrorismo.
Es decir, que participa en la alianza del narcotráfico con
organizaciones terroristas. Así el Estado protege a las organizaciones
terroristas, las cuales son las encargadas de la distribución
de las drogas. El Estado juega a la interdicción, pero no
pasa de ser una teatral apariencia.
• Promoción del hedonismo al más alto nivel: los estados
y gobiernos fomentan el desenfreno, la lujuria, y la sensualidad
más exagerada y sin freno. No solo se trata de la permisividad
con el alcohol y con la marihuana en las fiestas del fin de semana,
sino que aún es peor con una educación que constantemente
insiste en que el hedonismo, y el goce apresurado y sin medida, han
de ser uno de los nortes en las vidas de los jóvenes.
• Promoción del desenfreno sexual: he visto a numerosos grupos
de expertos en salud sexual recorrer los centros educativos dirigiéndose
lo chicos, y aún más a las chicas, para hacerles ver
que la práctica de las actividades sexuales son ilimitadas,
bienvenidas, no hacen daño a nadie y que son divertidas. Mi
propia experiencia es que el sexo sin amor entristece y va minando
la parte más divina del ser humano.
• Control férreo de todo lo que es mediático: el moderno
Estado ejerce un control tiránico y bestial sobre la información
que reparten las cadenas televisivas. La censura es absoluta, como
corresponde a un poder mafioso. El Estado privilegia las noticias
de actualidad que son “mediáticas” y prescinde de las que no
lo son. De hecho, cuando la noticia es mediática lo importante
no es la noticia sino la parte “excitante” o “morbosa”, o “insana”
ligada a esa noticia. Por eso el moderno Estado occidental difunde
los programas de telebasura, que promueven la gresca, el odio, el
enfrentamiento y el escándalo.
• Y, lo que es peor, esto se exhibe como una pública mostración
de valores democráticos. Lo mismo hay que decir de los “reality
shows”, en los que, sin ningún tipo de sanción, ni de
norma, ni de cortapisa por parte de nadie se intenta enseñar
a los televidentes “lo que es la vida”, tal y como dijo en cierta
ocasión uno de los promotores de estos programas. También
habría que situar aquí el fenómeno de las series
de televisión, que han desplazado a la exhibición de
películas. Es natural que sea así. Porque las series
permiten, semana tras semana, el permanente y tópicodespliegue
de todos los elementos de la moderna cultura tanática: forenses,
mafiosos, criminales, fiscales, jueces corruptos, policías
corruptos, cárceles sórdidas, mujeres despechadas,
venganzas y clanes de asesinos, justicieros urbanos, religiosos estúpidos,
asesinatos machistas,… Es decir, los ingredientes de siempre, casi
sin novedad. No puede haber novedad. Es imposible. Solo hay fanatismo
y la continua exaltación de la violencia, incluso cuando esa
violencia la ejercen “lo buenos”, pues en esas series la brutalidad
y la violencia de los buenos siempre encuentra justificación.
¿Qué hacer?
• Lo primero y más importante: salga al balcón de su
casa o abra la ventana y asegúrese de que nadie circula por
la calle, justo de bajo de su vivienda. A continuación, arranque
su televisor y láncelo al vacío…. Se acabó recibir
las noticias manipuladas y seleccionadas previamente, se acabó
recibir el diario aluvión de datos sobre le COVID 19,…. Se
acabó.
• Todos nuestros males provienen de habernos desentendido de que ser
humano ha de tener vida interior. La vida no es solo la vida del cuerpo,
del estómago y de los órganos genitales. No. Existe
una mente superior y existe el Alma.
• Hay que priorizar el desarrollo humanista por encima del desarrollo
tecnológico o cientifista.
• Hay que recuperar la necesidad y el gusto por la lectura. Hay que
leer libros. Y no ver y ver vídeos de You Tube.
• Hay que revitalizar a ese héroe que todos llevamos dentro.
Ese héroe que ama el combate, ese héroe que no teme
la incomodidad, ese héroe que no se amilana si tiene que marchar
de frente, hacia la tormenta, con la nieve entre los dientes y las
manos en los bolsillos.
• Hay que forzar al estado a que se rehumanice. Y digo forzar, porque
el Estado por sí mismo no lo va a hacer.
• Hay que educar a los chicos y los jóvenes en el culto a
la vida interior, en los valores del alma y en la ética, en
el servicio desinteresado, en la paciencia, la fortaleza, el sacrificio
y el heroísmo.
• Hay que dejar muy claro que, en este mundo, y en cualquier sociedad,
el amor lo es todo.
• Los padres han de ser los verdaderos guías de la vida de
un niño.