La
teoría de las crisis (III)
por Juan Ramón González Ortiz
Crisis derivadas del karma

Una
crisis derivada del karma es la conmoción que estalla cuando
nuestro karma, tal vez por influjo de una onda de energía cósmica,
hace impacto en nosotros mismos, y sobre todo en el nivel en el que
más trasgredimos la Ley del Karma.
Estas crisis kármicas están plenamente sincronizadas
con las crisis estelares, o cósmicas.
La crisis kármica no es sino la respuesta, o el resultado,
a todo nuestro atropello de la Ley del Karma, a todo nuestro separatismo,
nuestro egoísmo, nuestra violencia, y nuestro continuo escarnecer
la Sabiduría.
A veces estas crisis son breves, momentáneas y se zanjan en
muy poco tiempo, y a veces duran mucho tiempo, y transcurren con suma
lentitud.
Los accidentes forman parte de estas crisis kármicas. El accidente
es el resultado último que nace de haber aumentado la cadena
de acciones negativas. Nadie que no tenga la necesidad kármica
sufre un accidente.
A veces ese accidente crea una tremenda devastación en los
vehículos físicos y en la personalidad.
Exactamente lo mismo sucede, en una octava superior, con el planeta
Tierra. Primero los trastornos se originan en el plano mental del
planeta Tierra, después afectan a su plano astral, después
a su plano etérico y finalmente llegan al plano físico.Muchos
trastornos planetarios, como epidemias (quién sabe si la actual
epidemia del COVID 19), violencia, delincuencia, enfermedades mentales,
enfermedades venéreas, cáncer, etc. son una forma de
reacción de nuestro planeta a las conmociones cósmicas.También
es muy posible que los diversos centros sutiles del planeta se sobreestimulen
hasta tal punto que muchas formas de vida no puedan soportarlo.
Entonces, llegados a ese punto, tal vez solo sobrevivan aquellos que
puedanunirse a las corrientes de energía, asimilándose
a ellas y avanzando.Puede suceder que la presión gigantesca,
vehementísima, originada en las mentes individuales, de todo
el material subconsciente, que ahí hierve sin control,
se una magnéticamente a otras mentes de iguales características,
con pensamientos semejantes. Entonces, esa suma de presiones forma
una cadena terrible. Cuando el pensamiento dominante es la sexualidad
se forman cadenas de pensamiento basadas en la sexualidad, en el
miedo, en los delitos, en la drogadicción, en la posesión
de bienes y dinero,en las sugestiones hipnóticas, y también
den elseparatismo. Todas estas cadenas son como ríos de lava
ardiente que resquebrajan el cuerpo mental y el cuerpo astral. Puede
ser que, un día, este torrente estalle y se lleve por delante
nuestra propia vida, destruyendo todo cuanto podamos de tener de valioso
en ella.
Salir de una crisis semejante es difícil, sin embargo, hay
quien tras una conmoción de este tipo ha resurgido totalmente
renovado. Limpio, puro y renacido.
El karma humano
La
humanidad recibe las energías, y las rechaza o se adhiere a
ellas. Esta elección también se refleja en los mundos
inferiores. Por consiguiente, la responsabilidad humana con respecto
a estos mundos inferiores es absoluta.
Las energías que las formas de vida por debajo de la humana
reciben, están filtradas y coloreadas por la consciencia humana.
Estas energías pueden significar un nuevo esfuerzo y una nueva
oportunidad para las formas inferiores.
El género humano ha de servir adecuadamente a los reinos inferiores,
introduciéndolos en niveles más elevados de consciencia.
Exactamente lo mismo hacen los devas con respecto a nosotros. Desdichadamente,
muchos devas han tenido que abandonar el mundo de los humanos debido
al insoportable ambiente de degradación moral.
La humanidad llevando una vida únicamente centrada en el dinero
y en el disfrute, y en nada más, ha creado un oscuro ejército
de hijos que obstruye y cierra el paso al progreso y a la apertura
de la conciencia.
Estos hijos nuestros son pensamientos y emociones, que se sitúan
en el plano mental y en el plano astral, y que desde allí cargan
la atmósfera de la vida humana con la mala intención,
los deseos más materialistas posibles, el separatismo, y el
odio.
No hay otra solución que la inofensividad, el espíritu
inclusivo (contra el separatismo que nos destruye), la generosidad,
y el amor.
No olvidemos que nunca sabemos si la crisis a la que nos enfrentamos
es la crisis total y definitiva, es decir, la crisis planteada en
términos de “ser o no ser”, una crisis de la cual o salimos
mejores o definitivamente desaparecemos.
Debemos empeñarnos en marchar enpos de lo más elevado
que hay. Es la única manera de resolver nuestros problemas,
pues estando sumidos en ellos nunca encontraremos la salida; sin embargo,
si logramos despegarnos de ellos, aunque sea algo, tenemos asegurada
la salida.Tampoco olvidemos que las crisis se solapan una sobre
otra. Nos enfrentamos como personas individuales a crisis
familiares o de relaciones personales, a la vez que nos enfrentamos
a crisis nacionales, a crisis globales, a crisis mentales
y a crisis espirituales. Puede suceder que la crisis precipite
cambios en nosotros y que nuestro entorno, con sus propios intereses,
luche y combata para que esos cambios no se sostengan. Entonces,
lucharemos contra dos frentes: el interno, y el de los “buenos
amigos” y familiares que intentarán que todo siga como
antes. Algunos sumarán a esta lista de crisis, la crisis de
la Iniciación. Por eso,ante tanta crisis, tenemos la percepción
de que todo se agrieta y de todose hunde bajo nuestros pies.Vencer
la crisis supone conocernos muy bien. De nada vale tomar carrerilla
para después caer reventados. Esto lo hemos experimentado todos
cuando nos hemos auto impuesto metas muy altas, inalcanzables para
nuestras potencias.Ni siquiera éramos conscientes de que esas
elecciones suponían una soberbia y un orgullodesmedidos.Actuar
así aún crea más karma negativo y demora la evolución
personal, pues tras esos esfuerzos desmedidos lo que aguarda es la
total apatía.
Muchas veces, bienintencionadamente, hemos emprendido la lucha contra
nuestra naturaleza inferior pensando que es posible su derrota en
un lapso muy breve. Esa lucha a muerte contra nuestra parte inferior
aún nos hará más y más desgraciados.
Es infinitamente mejor concentrarse en nuestra parte buena, angelical,
divina y superior.
También, de tiempo en tiempo, el núcleo íntimo
de la raza humana, eso que antes hemos llamado “La Jerarquía”
y “Shamballa”, emiten su propia onda de conmoción. Esas ondas
buscan causar en la humanidad el despertar, súbito, o al menos
gradual. Estas ondas ponen en circulación una energía
desconocida, que afecta plenamente al cerebro, y a la mente.Las ondas
llegan hasta el fondo del organismo de todos los hombres. Y, a veces,
si la persona estaba ya en el borde de dar un vuelco en su vida, le
deciden bruscamente a alinearse del todo con esa energía.
La verdad es que creamos una crisis cada vez que intentamos disciplinarnos
y cada vez que sometemos a juicio nuestra propia conducta.
La vida es crisis constante.
Las tres crisis mayores
El
Maestro Tibetano nos habla de tres crisis,tres crisis mayores, a cuyo
lado todas las demás son como las pequeñas olas en
la playa comparadas con un tsunami:
La Crisis de la Individualización.
La Crisis de la Reorientación.
La Crisis de la Iniciación.
La
crisis de la Individualización tiene dos fases. La primera
parte se cumplió ya en la raza lemuriana. A lo largo de un
período que duró cuatro mil años, los benditos
Ángeles Solares penetraron el aura humana y bajo su influencia
el ser humano animal se transformó en definitivamente humano.
La mayoría de las formas humanas se resistieron a este impacto,
y el resultado fue negativo. Una pequeña parte de aquella humanidad
aceptó este descenso de energía y se convirtieron, muy
posteriormente, en los líderes del resto de la humanidad.
La segunda fase de la individualización es el proceso en el
cual una persona intenta ser alma y no cuerpo, o emociones, o mente.
Es decir, intenta ser consciencia y no ser un mero juguete teledirigido
por alguno de nuestros mecanismos.
Parece ser que este proceso de individualización necesita
de 21 encarnaciones y 21 crisis: siete crisis físicas, siete
crisis emocionales y siete crisis mentales.
Las crisis físicas son:
• La Crisis del nacimiento.
• La Crisis del crecimiento.
• La Crisis del dolor y de la enfermedad.
• Las Crisis del alimento.
• La Crisis de la pareja (y la crisis del mal uso del sexo).
• La Crisis de la posesión y del rechazo.
• La Crisis de la muerte.
Las crisis emocionales son:
• Crisis del odio, la ira, el temor, los celos y la codicia.
• Crisis de la separación y del apego.
• Crisis de la relación.
• Crisis de la aspiración.
• Crisis de la pérdida, del fracaso y del triunfo.
• Crisis del equilibrio.
• Crisis de la oposición y de los enemigos.
Las
crisis de tipo mental son:
• Crisis de la vanidad.
• Crisis del ego.
• Crisis del separatismo.
• Crisis del fanatismo.
• Crisis de la ignorancia.
• Crisis del apego y de la codicia.
• Crisis de imponer nuestra voluntad.
Si atravesamos satisfactoriamente estas 21 crisis, entraremos en
la segunda crisis mayor: la Crisis de la Reorientación.Esta
crisis se relaciona con tres momentos dramáticos de nuestra
existencia:
Discriminar.
Despertar.
Elegir un nuevo camino.
Es durante esta segunda crisis que el ser humano efectúa el
contacto con el Ángel Solar. Ese contacto es el que provoca
el renacimiento de la persona.
Si el discípulo pasa por en medio de estas crisis y las supera,
llega a la Crisis de la Iniciación, que es la tercera crisis
mayor.
La Crisis de la Iniciación es la que conduce a la Tercera Iniciación,
la Transfiguración.
Las crisis y las fuerzas
La
crisis no solamente es creada por el ser humano o por los logos cósmicos
que existen por encima de nosotros. También hay fuerzas más
allá y que nos afectan:
• El Mal Cósmico.
• Las perturbaciones causadas por las inimaginables explosiones de
estrellas o de galaxias enteras.
• Tormentas eléctricas, y magnéticas, en el espacio.
• La contaminación que rodea nuestro planeta.
Ya
hemos dicho que La Jerarquía y sus discípulos absorben
mucha de la energía catastrófica que llega a nuestra
Tierra. Muchas veces esa energía son terribles formas malignas
que viajan por el espacio.
Si la humanidad se hallase espiritualmente más evolucionada,
esa energía maligna y hostil sería rechazada por el
propio planeta.
Aunque no es una fuerza, la aparición de avatares, mayores
o menores, también es un factor poderoso de crisis. Lo mismo
que la aparición de seres humanos geniales en cualquier campo
del esfuerzo humano: Virgilio, Cervantes, Miguel Ángel, Beethoven,
Einstein…
La
energía de Shamballa es otra fuerza que afecta a la totalidad
de reinos del planeta. Esta energía actúa periódicamente
sobre la Tierra. La energía de Shamballa purifica, destruye
y reorganiza.
Jaime Lorente interpretando al Cid Campeador. Serie Amazón
Prime Video.
En resumen, hemos intentado crear un cuadro mínimamente detallado
de lo que se entiende por crisis espiritual. También hemos
intentado dejar claro que ante ella solo hay dos elecciones posibles:
la respuesta y la reacción.
Sabemos que no se puede escapar a la crisis, y, acomodaticios como
somos, tememos la aparición de las crisis sin percibir la gigantesca
oportunidad que suponen para el espíritu.
Al
espíritu le es indiferente nuestro dinero, nuestra cuenta bancaria,
nuestras casas, los proyectos de futuro que hemos diseñado
o el provenir de nuestros hijos. La energía del espíritu
calcina todo lo que es secundario. La inercia frente a las crisis
nos llena de espanto y de temor, y hace que el héroe que llevamos
dentro se retraiga bajo el peso de la rutina en la que vivimos.
Dejemos vivir a ese argonauta dele espíritu que llevamos dentro,
que cuando suene la hora del destino todos nos arrojemos con valor
adonde nos lleve la energía de nuestras almas.
“Muramos y arrojémonos al combate”.
Una crisis en el momento en el que necesitamos poner sobre la mesa
de juego más fichas de las que tenemos.
Una crisis es el momento en el que recibimos más de lo que
podemos aguantar.
Una crisis es el momento el que sentimos que no estamos preparados
para lo que se espera de nosotros.
Una
crisis es el momento en el que percibimos que hay que romper definitivamente
con el pasado para que este deje de controlar toda nuestra vida.