TODO
ASCIENDE HACIA LA LUZ
Josep
Gonzalbo Gómez

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Una buena nueva siempre está
ante ti, aunque no siempre la reconozcas. Porque el amor de Dios no
llega de vez en cuando: está en todo cuanto existe, circula,
vibra y respira. No hay rincón de la vida que no esté
impregnado, en alguna medida, de esa presencia silenciosa y amorosa.
Todo, absolutamente todo, tiene un aspecto espiritual que lo atraviesa
y que nunca se pierde.
La materia y el espíritu no son opuestos enfrentados. Son,
en realidad, dos estados de una misma energía, que vibra con
distintos grados de consciencia. Una más densa, otra más
sutil. Una más dormida, otra más despierta. Esto no
solo se ve fuera, sino en ti: en tu cuerpo, en tus emociones, en tu
mente, en tus silencios, en tus decisiones. Hay días en los
abandonas el cuidado de tu energía interior por buscar gratificaciones
emocionales inmediatas.
Otras veces, te vuelcas en lo físico, cultivas la imagen o
la fuerza, olvidando el alma. Otras veces sucede al revés:
te sumerges en tu mente pero desconectas del cuerpo o de la emoción.
La paz interior no sobreviene en partes separadas, sino cuando esas
partes comienzan a integrarse.
Esto no solo nos pasa a nosotros como seres humanos. También
ocurre en todos los reinos de la vida. Desde el mineral más
denso hasta el ser humano consciente y servidor de la luz, todo está
atravesado por una tendencia ascendente, inevitable, hacia la consciencia.
Desde las rocas profundas del centro de la Tierra, donde el fuego
del espíritu ya arde en su interior, hasta quienes hoy habitan
grandes crisis físicas, emocionales o existenciales, todos
—de algún modo— estamos siendo impulsados a despertar.
La historia nos ha mostrado muchas veces cómo quienes han perfeccionado
un solo aspecto de sí mismos (riqueza, cuerpo, mente) han terminado
por sentir un gran vacío.
Porque la verdadera plenitud no nace de la perfección parcial,
sino del equilibrio: ese punto intermedio donde el alma puede dirigir,
con sabiduría amorosa, a todas las partes de nuestro ser.
Este es el verdadero sendero, angosto sí, pero luminoso. Un
puente que integra en lugar de dividir. Que abraza en lugar de elegir.
Que ve en cada parte de ti, y del mundo, una chispa en evolución
hacia la luz.
Ejercicios prácticos
1. Escucha tus extremos. Observa hoy qué parte
de ti está más desarrollada y cuál más
descuidada (cuerpo, emoción, mente, energía). Escríbelo
con honestidad y sin juicio.
2. Ritual de equilibrio. Dedica 5 minutos al día
a nutrir justo aquello que más ignoras. Si es el cuerpo, muévete.
Si es la emoción, nómbrala. Si es el alma, respira en
silencio.
3. Elige integrar. Ante una decisión hoy,
pregúntate: ¿Qué elegiría mi corazón
para equilibrar todas mis partes, no solo la que más grita?
Responde desde ahí.
La buena nueva es esta: todo asciende, todo tiende hacia la luz, incluso
tú. Incluso cuando te pierdes, cuando te caes, cuando parece
que retrocedes, la vida sigue empujando suavemente hacia arriba.
Y esa es la voluntad de Dios latiendo dentro de ti, guiándote
sin prisa, sin presión, con infinito amor.
Vídeo:
https://youtu.be/VQaakKVDozE
Enhorabuena,
Josep, por un libro tan extraordinario.
