| SECCIÓN
PSICOLOGÍA ESPIRITUAL Y TRANSPERSONAL
Josep Gonzalbo Gómez

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Basta
de excusas espirituales
Muchas veces creemos que estamos en el camino correcto. Que buscamos con
sinceridad una vida con sentido, que aspiramos a una verdad más
profunda. Pero en medio de esa búsqueda espiritual, sucede algo
sutil y muy humano: evitamos lo que realmente nos transforma.
Rehuimos esa conversación incómoda. Postergamos ese encuentro
que nos in¬comoda. Giramos la cara ante esa persona que hemos etiquetado
como “tóxica”, “pesada”, “conflictiva”
o “perdida”. Y lo hacemos creyendo que estamos cuidando nuestro
bienestar, nuestro equilibrio, nuestra “energía”. Pero,
sin darnos cuenta, evitamos justo aquello que la vida, con precisión,
nos está poniendo delante. Lo evitamos en nombre de la calma, del
autocuidado, realmente del “trabajo inte¬rior a realizar”.
Y así, disfrazada de buena intención, la evasión
se convierte en nues¬tra forma más sutil de desconexión.
El ego, que sabe disfrazarse de espiritualidad, encuentra mil formas
de esquivar lo esencial: un exceso de trabajo, una dedicación
extrema a actividades deportivas, relaciones superficiales, el abandono
ciego a la TV o redes sociales, una entrega desmedida a una mascota, la
búsqueda constante de estímulos. Todas esas cosas, por sí
solas, no son dañinas. Pero cuando se convierten en refugios para
no sentir lo que debemos sentir, para no mirar lo que debemos mirar, entonces
nos alejan de nuestro verdadero camino.
La pregunta es sencilla pero desafiante: ¿Desde dónde estamos
viviendo nuestras decisiones? ¿Desde la conciencia, o desde el
miedo disfrazado de bienestar?
Aquí tienes tres prácticas muy concretas para dejar de
evitar lo que tu alma ha venido a afrontar:
1. Práctica de sinceridad diaria: Antes de dormir, revisa el día
y pregúntate con humildad: ¿Qué he evitado hoy?
¿Qué encuentro, qué conver¬sación, qué
verdad? Solo con reco¬nocerlo, ya estás abriendo espacio a
una transformación real.
2. Escucha activa con quien evitas: Elige a una persona de tu entorno
a la que sueles esquivar, juzgar o evi¬tar. Acércate sin expectativas.
Escúchala sin corregir, sin interrumpir, sin querer tener razón.
A veces, lo único que esa alma necesitaba era ser mirada con presencia.
3. Desactiva un escape: Elige conscien¬temente una actividad que
usas como vía de escape (puede ser una pantalla, una conversación
repetitiva, una tarea compulsiva) y sustitúyela por un momento
de silencio, de observación o de contacto con alguien que lo
necesite.
No se trata de cargar con el mundo. Se trata de dejar de huir.
La vida no necesita que seas perfecta o perfecto, sino presente. Porque
detrás de cada persona que evitas, hay un reflejo que puede revelarte
algo. Y detrás de cada evasión, hay una oportunidad de abrir
el corazón.
No hacen falta grandes gestos. A veces, lo único que alguien espera
de ti es que le escuches sin cerrarte. Eso, que parece tan simple, puede
ser el acto más profundo de amor. Y ahí, justo ahí,
empezarás a vivir de verdad.
https://youtu.be/ap8_CE36wHQ
Tu
cáliz ya se está renovando
Hay momentos en los que la vida nos coloca ante decisiones que parecen
determinantes. A veces se trata de situaciones pequeñas, otras
veces de verdaderas encrucijadas. Y, con frecuencia, creemos que la mejor
forma de decidir es analizar, hacer listas de pros y contras, repasar
escenarios posibles, calcular riesgos y beneficios. Todo eso parece
sensato. Pero… ¿realmente es desde ahí donde nace
la decisión correcta?
La mente analiza, pero no puede ver la totalidad. Ve desde su marco limitado,
condicionado por miedos, deseos, historias pasadas. Solo hay un lugar
desde el que puede percibirse la verdad que corresponde a cada alma en
su momento: el corazón.
Pero no hablamos del corazón emocional. Hablamos del corazón
como un cáliz consciente, un centro de discernimiento silencioso,
que solo recibe la verdad que estamos preparadas y preparados para sostener.
Cuanto más limpio y amplio está el cáliz, más
verdad puede contener. Si aún está lleno de ruido, de juicios,
de vie¬jas ideas, no podrá recibir el “vino nuevo”
del alma.
Esto no solo ocurre a nivel individual. También como humanidad
compartimos un gran cáliz colectivo, que se transforma a medida
que evolucionamos. Y en estos tiempos estamos justamente viviendo una
renovación de ese cáliz común. Las verdades que
están emergiendo ahora, en tantos corazones, son señales
claras de ese cambio. No es algo repentino, pero sí constante.
Cada nuevo acto de conciencia individual alimenta esa transformación
colectiva.
Y aquí surge una gran pregunta:
¿Cuál es tu papel como ser consciente en medio de este cambio?
No se trata de luchar contra la inconsciencia social. Esa es una trampa
más del ego. Tu papel no es “combatir”, sino sostener
y fortalecer lo que nace nuevo: la belleza, la bondad, el amor, la verdad.
Ahí está tu fuerza.
Aquí tienes tres prácticas concretas para alinearte con
este nuevo nivel de discernimiento:
1. Pausa antes de decidir: Cuando sien¬tas que debes tomar una decisión,
respira, detente, y pregúntate: ¿Esto nace del miedo, del
deseo… o de algo más profundo? Deja que el corazón
responda, no la prisa.
2. Revisa el estado de tu cáliz: ¿Qué es¬tás
albergando en tu interior? ¿Viejas heridas, resentimientos, ideas
fijas? Cada día, dedica un momento a soltar lo que ya no sirve.
Un cáliz limpio recibe luz nueva.
3. Elige siempre a favor de lo que cons¬truye: En cada gesto, en cada
respuesta, en cada relación… elige alimentar lo que eleva.
No te distraigas luchando contra lo viejo. Sostén lo nuevo.
Recuerda: la vida no te pide que entiendas todo, solo que decidas desde
el lugar correcto. Tu corazón, cuando está despierto, es
el órgano más afinado para sentir la verdad. Y esa verdad
te mostrará, aquí y ahora, qué es lo más amoroso,
lo más coherente, lo más verdadero… en cada paso.
Y así, estarás ayudando a construir una nueva humanidad.
https://youtu.be/cpRHsyZwkM
Con
consciencia, el mar social no determina tu rumbo
La
vida, a veces, parece una navegación en mar abierto. Y no siempre
navegamos con calma. A menudo, el oleaje se intensifica, las corrientes
nos desvían y, sin darnos cuenta, acabamos arrastradas, arrastrados
por fuerzas que no nacen de nuestro corazón, sino del ruido colectivo
que lo inunda todo.
Vivimos rodeadas y rodeados por un mar social que condiciona nuestras
emociones, nuestros pensamientos y nuestras decisiones. A diario, recibimos
el impacto de mensajes contradictorios, ideologías enfrentadas,
discursos llenos de miedo y separación. Lo vemos en redes, en la
televisión, en las conversaciones en la calle. Y sí, muchas
veces, terminamos repitiendo lo que escuchamos, defendiendo lo que no
hemos sentido y reaccionando desde lo que ni siquiera hemos elegido.
Pero aquí está la verdad que no cambia: no podemos controlar
el oleaje del mundo, pero sí desde dónde lo atravesamos.
Estamos en un tiempo nuevo. Una era donde la transformación no
vendrá de grandes masas ni de discursos exaltados. Vendrá
desde ti, desde mí, desde cada persona que elige vivir conscientemente.
Una revolución silenciosa, sin banderas, sin etiquetas, sin necesidad
de imponer nada. Una revolución que no nace del enfrentamiento,
sino de la coherencia interior.
Esa revolución ya ha comenzado. Y tú, sin saberlo, tal vez
ya formas parte de ella.
Por eso, en medio de este mar agitado, necesitas un centro firme. No para
aislarte, sino para mantener tu rumbo con claridad, sin dejarte arrastrar.
Aquí tienes tres prácticas que pueden ayudarte a sostener
ese rumbo:
1. Minuto de ancla diaria: elige varios momentos del día, siempre
los mismos. Un solo minuto en el que te detienes, respiras y recuerdas:
Estoy aquí para vivir desde la verdad, no desde el ruido. Ese minuto
transforma todo.
2. Se consciente antes de actuar: antes de compartir una opinión,
reaccionar a una noticia o sumarte a una corriente colectiva, hazte esta
sencilla pregunta: ¿Esto que voy a decir o hacer contribuye a la
unidad o a la división? Si no suma, suéltalo.
3. Afirma tu compromiso con lo real: cada mañana, al levantarte,
declara en voz baja o en tu interior: Hoy elijo vivir con coherencia.
Hoy elijo ser parte del cambio desde el amor. Esas palabras, repetidas
con intención, se convierten en actos.
No estás sola. No estás solo. El mar puede rugir, pero dentro
de ti hay un faro que sabe iluminar incluso en medio de la tormenta.
Y esa luz que ya has encendido —aunque sea tenue— es parte
de algo mucho más grande que tú y que yo: el nacimiento
de una humanidad más despierta, más libre, más viva.
Sigue navegando. Pero hazlo desde el alma.
https://youtu.be/mkYD3bW20_4
En
tiempos de guerra, elige la paz
Vivimos tiempos convulsos, donde la barbarie, la violencia y el dolor
colectivo emergen una vez más en el escenario de la humanidad.
Vemos, leemos y sentimos cómo se derraman lágrimas y sangre
en múltiples rincones del planeta.
Asistimos impotentes, desde nuestras casas, al horror de guerras, genocidios,
persecuciones y abusos que destrozan la vida de personas inocentes. Y
una parte de nosotras, de nosotros, se estremece. Pero otra parte…
también se desconecta.
Y es que cuesta mirar de frente tanto sufrimiento. Cuesta sostener el
alma ante la brutalidad. Pero si de algo estamos llamadas y llamados como
seres conscientes, es a no mirar hacia otro lado, sino a mirar desde otro
lugar.
Desde una visión espiritual profunda, sabemos que cada acto de
violencia, de dominación o destrucción lleva en sí
misma una energía oscura que no se pierde: se transforma y regresa.
Tarde o temprano, toda sombra busca ser iluminada. Toda fuerza destructiva
acaba enfrentándose con su propio eco. Y aunque no siempre lo veamos,
todo acto humano se inscribe en un tejido más amplio de consecuencias
kármi¬cas, individuales y colectivas. Y sí, aunque parezca
lejano, también tenemos parte de responsabilidad. Por acción
o por omisión. Por permanecer indiferentes, por alimentar en lo
pequeño, relativo a nuestra vida, lo mismo que criticamos en lo
grande. Por ig¬norar nuestra capacidad de contribuir, aun¬que
sea desde lo invisible. Porque como bien sabes, la violencia no comienza
con una bomba: comienza con una palabra. Con una intención. Con
una elección.
Desde una visión espiritual no se trata de luchar contra la oscuridad,
sino de activar más luz. No de oponerse con rabia, sino de comprometerse
con la paz.
¿Cómo podemos contribuir en medio de tanto dolor?
1. Elige con qué te comprometes a diario. Escoge una causa, una
acción, un gesto que construya. Puede ser apoyar con tu tiempo
o recursos una organización humanitaria, o bien sostener en tu
oración o meditación a quienes sufren. Pero hazlo desde
el corazón, no desde la culpa. Tu energía cuenta.
2. Cuida tus propias guerras internas. Observa cuántas veces al
día entras en conflicto contigo, con otras personas o con la vida
misma. Y cambia la reacción por comprensión. Sé el
espacio donde se desactiva la violencia. Ese espacio comienza en ti.
3. Haz de la palabra un instrumento de paz. Exprésate con verdad,
pero sin herir. Habla desde el alma, no desde el ego. Recuerda que cada
conversación puede ser una semilla: de dolor… o de compasión.
El mundo necesita menos reacciones instintivas y más respuestas
conscientes. Menos rabia, y más presencia. No podemos detener todos
los conflictos, pero sí podemos dejar de ser parte de la inercia
que los alimenta. Y esa decisión, aunque parezca pequeña,
cambia el campo energético del planeta. Sé una voz para
la vida. Una acción para la unidad. Un canal de paz, incluso cuando
todo alrededor parezca temblar. No estás sola, no estás
solo. Somos muchas, muchos, quienes elegimos vivir de forma distinta.
Y ese compromiso silencioso es la verdadera revolución.
https://youtu.be/3oxAQPcetYY
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