Yama y Niyama: Preceptos y mandamientos
Por Juan Ramón González Ortiz
Gonzalezortiz2001@gmail.com

revista nivel 2
Qué cierto es que, a la hora de iniciar un camino espiritual, todos, de entrada, deseamos entablar contacto con el Ángel solar, o dejarnos flotar por el plano astral como quien se recrea dando una vuelta por un jardín florido, o tal vez alcanzar la cuarta iniciación, o curar cualquier enfermedad simplemente proyectando la energía de nuestra Alma….Pero ¡Dios mío!, ¿cómo podemos ser tan arrogantes y tan necios?
Preferimos un curso sobre “Empoderamiento del útero” a otro sobre ética y normas de vida.
Nos olvidamos de que, si el primer peldaño no está bien cimentado, todo, absolutamente todo, es mentira.
¿Por qué pensamos de nosotros mismos que estamos en el nivel más alto y excelso que cabe imaginar? ¿No hemos perdido tiempo analizando nuestras obras y nuestros intereses para ver quiénes somos de veras?
¿Por qué no admitimos que somos aspirantes, y nada más que eso, y, casi siempre, ni siquiera llegamos a eso sino que solamente somos gente interesada por lo espiritual?
Todo fracaso en las vías de desarrollo espiritual se debe a que no hemos completado el primer peldaño de la escalera, de la santa escalera. Como consecuencia, todo lo demás no solo ha sido inútil, y falso, sino tal vez perjudicial.
Cuando no está afianzado el primer nivel, ¿qué sentido tiene intentar ascender? No vale de nada. No es sino muestra de orgullo humano y de arrogancia.
No nos entra en la cabeza que los preceptos y mandamientos han sido hechos para favorecernos a nosotros y que, además, también forman parte de la vida espiritual, pues son la puerta de entrada en la vida del discipulado.
Los preceptos y mandamientos se dirigen a los aspirantes, como somos muchos de nosotros. Yo mismo no soy sino un vulgar y común aspirante. Esos preceptos y mandamientos son la palanca que proyectan al aspirantehacia el sendero del discipulado, ya comprometido de veras con la vida espiritual. El discípulo tiene un grado de integración cuerpo mente espíritu que no tiene el aspirante. Y el aspirante se transforma en discípulo por el cumplimiento de las reglas y preceptos.
He escuchado a mi alrededor decir que esos mandamientos no crean sino esclavos, que sojuzgan y que esclavizan. He discutido largamente con seguidores de Krishnamurti (yo mismo lo soy) sobre la supuesta inutilidad de esas reglas. Existe un gran consenso de que K. hablaba contra cualquier tipo de disciplina.
K. nunca dijo que hiciéramos lo que quisiéramos. Lo que sí que dijo fue que no hay nadie más esclavo que el que cree sentirse libre, cuando no ha hecho nada por liberarse de sus condicionamientos mentales. Kant también se expresó en parecidos términos.
Krishnamurti invitaba a reflexionar acerca de para qué quiero yo disciplinarme yseguir unos preceptos y mandamientos. “Evidentemente”, podríamos contestar,“hago esto para realizar a Dios”. Ahora bien, ¿por qué quiero realizar a Dios?, ¿qué busco yo realizando a Dios en mi Alma? ¿Por qué me he programado ese fin para mi vida, que además es el máximo fin alcanzableen la vida? ¿Tal vez sea soberbia, la máxima soberbia? ¿Tal vez, seguridad?, ¿poderes?, ¿tal vez la certeza de que siempre estaré protegido y a salvo de todo?
Esta reflexión acerca de la disciplina era la que quería promover K.
Krishnamurti habló para un ser humano nuevo, valeroso, audaz, capaz de despojarse en un segundo del pasado y del futuro, capaz de surgir brillante y luminoso en medio del silencio sagrado de su mente. Un ser humano triunfante que no pertenece en nada este mundo y que no está apegado a ninguna realidad mundana. Un ser humano de una calidad semejante al oro, un verdadero argonauta del espíritu.
Es cierto que nosotros podemos ser ahora mismo ese ser humano nuevo. Es cierto.
Podríamos ser libres del todo en este preciso instante.
Pero no lo vamos a ser.
No nos engañemos.
Somos torpes, acomodaticios, egoístas, nos gusta el autoengaño, y sobre todo no queremos romper con la concepción dual de nuestra vida, no queremos renunciar a las bajadas ni a las subidas. Por eso necesitamos las reglas y mandamientos.
No queremos romper.
Para eso existen los preceptos y mandamientos, para llevarnos de la oscuridad a la luz.
El ser humano que alcanza la condición de discípulo, la ha conseguido porque se ha tomado en serio ese primer peldaño. Ha realizado el esfuerzo de llegar hasta lo más adentro de sí mismo y localizar los impulsos egoístas, el primitivismo y el poder absoluto de las emociones y de las pasiones, cuyas agitadas aguas nos traen y nos llevan como si nuestra razón fuera una pobre barquita entregada al estado del mar, sea el que sea.
Si el discípulo acepta el tremendo desafío que se le abre, y que prosigue por la vía de la disciplina, se abrirá ante él el sendero de la probación.
Generalmente, todos ponemos un pie en el sendero espiritual motivados por una lectura que nos afecta profundamente. O tal vez una experiencia de exaltación interior de soledad, muy personal. A una exaltación inicial, sucede una etapa de turbación y desaliento, a esta crisis se suman las críticas y desprecios de la sociedad en la que estamos insertados.
Poco a poco, vamos aprendiendo que no hay otra alternativa posible que la de alejarse de la gente, concebida como masa, siempre pasiva y siempre moldeada por el poder de turno.
Llegados a este punto, es fundamental verse de veras, tal y cómo uno es. Sin fantasías o sin las ideas bellas y románticas que atesoramos acerca de nosotros mismos.
Hay que ser consciente de dos cosas: de nuestras limitaciones, y de que nosotros somos los responsables absolutos de nuestra vida. Que nadie tiene la culpa de lo que nos pasa, que nosotros somos los que remamos en nuestra canoa y que somos nosotros los que dirigimos nuestra vida, con más o menos acierto. Nadie tiene la culpa de nuestro sexo, ni de nuestra nacionalidad, ni de nuestra familia o de nuestra herencia biológica. Sin embargo, somos nosotros los que tejemos y destejemos la trama de nuestro destino, teniendo en cuenta que a las equivocaciones y a la ceguera el ser humano le suele llamar mal karma, o destino adverso. Pero no es tal. Mejor sería llamarlo, liso y llanamente, estupidez.
Hechas estas reflexiones, ya podemos emprender el trabajo relativo a las normas y a los preceptos.
Cumplir las reglas y los mandamientos exige una perseverancia a prueba de bomba. Tengamos además en cuenta que muchos de nosotros arrastramos de vidas anteriores hábitos muy negativos de vagancia y de comodidad.

Empecemos por YAMA o Mandamientos.
Los mandamientos son cinco y tienen que ver con la relación entre el aspirante y el mundo exterior:
1. AHIMSA o Inocuidad
Equivale a decir “no violencia” porque todas las vidas son de Dios y realizan una faceta de Dios. La inocuidad es también no decir nada que pueda herir o molestar a alguien, ni siquiera que pueda ser malinterpretado. La no violencia surge de la percepción de que la vida es una.
2. SATHYA o Verdad
Decir la verdad es no engañar, no inducir a error, respetar al prójimo y amarlo. La menor mentira aumenta la fuerza del ego. Cuando se miente a los demás, se oscurece la energía divina del Yo. El Alma es Verdad, verdad pura.
3. ASTEYA o Abstención de robar
Creo que era Clint Eastwood el que comentaba en una película que todos los pecados con respecto al prójimo se reducen a robar, incluido el crimen, pues lo que se roba entonces es la vida de otro. A veces robar tiene que ver con adquirir honores o distinciones que sabemos que no merecemos. Además, robar obliga permanentemente a mentir, pues quien roba ha de mentir siempre. Con lo cual se vulnera este mandamiento y el relativo a la verdad.
Robar muestra que hay sed de posesiones y de objetos materiales, es decir, no hay entrega al Alma ni absoluta confianza en el poder de Dios.
4. BRAHMACHARIA o Abstinencia sexual
Los maestros han aconsejado este mandamiento, pero solo para el discípulo avanzado Evidentemente, no se le puede pedir al aspirante que cese en su sexualidad. De todas maneras, al aspirante le basta consaber que la atracción sexual cae dentro de las influencias de los sentidos. A medida que vaya surgiendo la visión del otro mundo, el placer de los sentidos irá aflojando su poder.
Naturalmente, no se le puede exigir o solicitar a un aspirante que sea casto, por supuesto que no. De hecho, es muy peligroso inhibir la sexualidad. El aspirante habrá de esforzarse, dentro de sus posibilidades, en controlar esta necesidad.
5. APARIGRAHA o Ausencia de interés por los objetos
La avidez y la compulsión de los objetos muestra que el aspirante no tiene ningún contacto interior con las fuerzas del Alma.
En nuestra moderna sociedad de consumo, la esclavitud hacia los objetos y las posesiones es total. La avidez y la posesividad son los verdaderos motores de nuestra sociedad. Y como consecuencia el miedo, la glotonería, la envidia, la codicia, la sexualidad inferior, la comodidad y la vagancia, … imperan por encima de cualquier otro valor.
También somos responsables de haber lanzado a nuestros hijos, desde su más tierna infancia, a esta locura posesiva. Los objetos, la codicia, los honores en el mundo material y social, la influencia social y poseer amistades importantes condicionan nuestra vida y nuestros deseos van muy frecuentemente en esa dirección.
Por si no nos habíamos dado cuenta, todas estas normas desarrollan intensamente el aspecto amor y además unifican toda nuestra vida, de normal dispersa en mil y un retazos de interés.
Cada uno debe adaptar estas leyes con inteligencia, sin fanatismos, ni intransigencias, siendo consciente de su situación: soltero, jubilado, casado con hijos, … Pero la adaptación de estos principios no puede generar tolerancias excesivamente anchas, pues entonces lo que estamos haciendo es servir a nuestros propios deseos y a nuestra vagancia.
Solo los discípulos más avanzados se comprometen con la vía de la renuncia o del celibato, pues para ellos ya ha perdido todo interés la vida común de los deseos inferiores.
Todos los demás, habremos de transformar y adaptar forzosamente estas reglas.
NIYAMA o Reglas
Son cuatro y tienen que ver con la relación del aspirante consigo mismo, es decir, su actitud y su personalidad.
1. SHAUCHA o Pureza
Tiene que ver con la limpieza del cuerpo físico y la purificación de emociones y pensamientos. Se trata de sustituir la materia más pesada, o tamásica, y excitante, o rajásica, por otra de más finura, o sátvica, que equivale a decir, equilibrada.
En este apartado entra la necesidad de ingerir un alimento sencillo y energético. No se trata de alimentar a los sentidos, sino también a la mente. No olvidemos que los devas y elementales construyen nuestros alimentos con su vibración particular. Con la vitalidad que le es propia.
2.SANTOSHA o Contentamiento
Significa conservar la paz en toda circunstancia y ocasión. Venga lo que venga, pase lo que pase. Implica comprender que lo que nos viene responde a la ley del karma, por tanto, no queda más remedio que soportar las pruebas o trabajos que vayan surgiendo, aquí y allá.
3.TAPAS o Austeridad
Es fundamental. Sin austeridad no se puede lograr nada. Sin austeridad pertenecemos al mundo y estamos en manos del mundo. Austeridad no significa vivir en una cueva en el Himalaya. No. El auténtico tapas es vivir según una disciplina que nace de la sinceridad, eliminando todo lo que nos distrae, nos molesta y nos atonta, de cara a realizar la unidad de vida.
4. SVADHAYAYA o Lectura espiritual
Es muy importante elegir bien las lecturas. Y no se trata solo de leer, sino que además hay que meditar lo leído e integrarlo en el corazón.
La única lectura verdaderamente útil es la que nos orienta hacia la realización de nuestra Alma. Todo lo demás sobra.
5. ISHVARA PRANIDHANA o Abandono total en Dios
Esta es la regla que lleva en derechura al samadhi. Esta es la actitud interior que debería de tener cualquier aspirante con respecto a su conciencia interior.
Esta norma significa la extinción de la propia voluntad y la fusión absoluta con la voluntad y la verdad del Alma.
Para llegar a este estado ha de haber una continua y constante adoración a la divinidad elegida, que ha de transformarse en el punto focal de toda su vida. El aspirante ha de adorar a esa divinidad elegida sabiendo que es la esencia de Dios y que esa esencia pervive en todas las vidas, en todas las formas y en todos los corazones humanos. Así, poco a poco, la vida del aspirante se transforma en aspiración y finalmente llega a ser realidad la fusión con la forma elegida.

ANTES de ACABAR
Se lee mucho sobre los peligros de la meditación.
Incluso hay obras escritas sobre este tema. De acuerdo, eso es cierto. Meditar sin ton ni son puede llegar a ser una actividad muy muy peligrosa y no es recomendable.
Sin embargo, el peligro viene de que no se ha perdido tiempo en desarrollar los preceptos y mandamientos, Yama y Niyama.
Si se hubieran consolidado totalmente estos dos peldaños, y si se hubiera proseguido después con una vía espiritual verdadera, o tradicional nada hubiera pasado.
Así pues, el principal peligro viene de no haber cumplido del todo con los preceptos y mandamientos.
Juan Ramón González Ortiz

 

 

 

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