El fuego en el Zoroastrismo
Por Juan Ramón González Ortiz

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Cuando hablamos de fuego, siempre entendemos el fuego en el plano físico. Nos es imposible concebir fuego bajo otro tipo de forma o de aspecto. Es normal y natural que sea así, pues no tenemos consciencia en los demás niveles por encima del nivel físico. Los maestros de la Teosofía afirman que, en los planos superiores el fuego, lo embebe y lo empapa todo, e insisten en que no se trata del fuego que nosotros conocemos. Estas afirmaciones son sorprendentes y nos sumen en un mar de perplejidades, ¿verdad?, porque imaginar que pueda existir otro tipo de fuego, diferente al comúnmente visto por nosotros, nos sumerge en un abismo de misterio. De hecho, el fuego que arde en nuestro plano físico concreto no es sino un reflejo inferior, hasta cierto punto desnaturalizado, del verdadero fuego, del fuego más elevado.
El zoroastrismo trabajaba con el fuego de ese nivel. Llamémosle, el Fuego del Logos. O, mejor dicho, con los fuegos del Logos. Con los tres tipos diferentes de Fuegos. En su conjunto, podemos decir que esta religión plantea un verdadero Yoga del Fuego. Imaginémonos el esfuerzo mental y espiritual necesario para ascender hasta estos conceptos tan alejados de las capacidades de la mente común.
Leadbeater nos cuenta que Zaratustra, el primer Zaratustra, o Zoroastro (que fue la traducción de su nombre al griego), y sus discípulos, eran capaces de preparar una especie de fuego fluido, que ardía sin combustible y que no quemaba. Ese fuego era el símbolo sagrado de su religión, y no, al contrario de lo que creemos todos, incluidos muchos historiadores de las religiones, el fuego generado con hogueras o antorchas o velas. Este fuego mágico era semejante al que ardía permanentemente, en una solución alquímica de oro líquido, sin consumirse jamás y que iluminaba templos y tumbas de la antigüedad en lo que se ha llamado “las lámparas eternas”.
Annie Besant nos dice que Gautama, quien después sería el Buda, fue el primer y mayor Zoroastro, el fundador del Zoroastrismo (a veces llamado también Mazdeísmo, aunque esta denominación no es del todo exacta). Esa misma personalidad, antes fue Hermes, fundador de los Misterios de Egipto, y antes incluso fue un Gran Instructor en las primeras subrazas de la quinta raza; y después fue Orfeo, el fundador de los Misterios griegos. El ahora conocido como Kuthumi (o KH) también encarnó en Persia, como auxiliar del último Zaratustra, ayudándole a dar la forma definitiva a la religión del Zoroastrismo. Actualmente, en Occidente de esta vía espiritual lo desconocemos casi todo. Porque el Fuego es también un sendero espiritual. Evidentemente, esta Vía requiere la presencia y el auxilio de grandes devas, responsables de los diversos tipos de Fuegos. Este trabajo con los devas, responsables de ese fenomenal poder, exigiría a sus practicantes un refinamiento y una ascesis profundísima. Nadie que no estuviera mínimamente divinizado podría emprender este sendero. Es de suponer que los discípulos que seguían a Zoroastro eran capaces de avanzar en este sendero sin que sus cuerpos (tercera subraza de la actual raza) quedasen destruidos. Tal vez hoy, en la quinta subraza de la quinta raza, no sucediese lo mismo, y nuestros cuerpos físicos no pusiesen soportar el contacto con esas energías tan intensas.
Juan Ramón González Ortiz

 

 

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