El plano astral
Juan Ramón González
revista nivel 2

El plano astral es uno de los elementos del esoterismo en torno al cual más se ha escrito y se ha discutido, tal vez porque es un plano relativamente asequible a nuestro intento de comprensión, y porque además es un mundo misterioso y fascinante, un mundo en el que todo, absolutamente todo, es posible.
Del plano astral se han dicho tantas cosas que, ciertamente, a la hora de escribir sobre él, uno no sabe ni por dónde empezar. Tal vez lo más correcto sea decir que es un plano necesario, intermedio entre el plano físico y el plano de las ideas. Por tanto, es un plano absolutamente necesario, sin el cual la creación no solo sería imperfecta sino que además hubiera sido imposible.
En el proceso de descenso de la divinidad desde los planos más altos e incomprensibles, la energía se va descendiendo y multiplicando sus escenarios de actuación, así todos los planos son necesarios e imprescindibles pues son generados por la misma fuerza: la Tercera Manifestación del Logos, identificada como Espíritu Santo. La energía divina va creando planos vibratorios, cada uno de los cuales se encarga del plano siguiente, multiplicándose más y más.
Llegados al plano de las ideas, constatamos que es necesaria la existencia de un plano intermedio entre el plano de la mente y el plano físico, un plano que salve este inmenso abismo, un plano que sea la matriz plástica de todo lo creado aquí abajo. Si no existiese el plano astral, las ideas y los arquetipos no tendrían forma de llegar hasta su realización en el plano de la materia.
Las ideaciones residen en su propio plano pero para su realización es necesario un plano muy cercano al físico, en el cual esas ideas puedan revestirse de una sustancia plástica que manifieste las propiedades de esas ideaciones. Los artistas siempre han destacado la idoneidad de este plano, pues en ese plano ellos conciben la grandeza de sus obras en niveles elevados y después tienen que convertirlas en formas sensibles susceptibles de ser revestidas con el manto de la materia física. Todos los grandes músicos, pintores, arquitectos, escritores nos han descrito el frustrante proceso de llevar al plano físico estas ideaciones, que han diseñado, o imaginado, con la energía del deseo, en el nivel astral con vívidos colores, formas resplandecientes nunca vistas, y escenas tan bellas que al pintarlas temblaron los pinceles. En este sentido, el artista, al decir de Baudelaire, es un médium entre los dos planos de la creación.
Por eso decimos que la sustancia astral es una sustancia plástica y modelable, en cierta forma obediente. Es muy semejante a la arcilla en cuanto a su comportamiento, no en cuanto a su densidad.
El plano astral es la materia idónea para acercarse a la creación en el plano físico: nos muestra la forma ya terminada y encarnada, con una forma aproximada que no siempre es posible ajustar a las exigencias tiránicas de la materia densa. La realidad del plano astral y la plasticidad de su materia están simbolizadas en el agua. Porque al igual que el agua adopta la forma del recipiente que la encierra, así es la materia astral: carece de forma en sí misma y toma la forma que la idea primero y la voluntad, después, deciden. Esa “agua” astral es la sustancia capacitada para llevar a cabo la creación.
Esta agua astral está ligada a la figura enigmática, a veces calmada, y a veces tenebrosa, de la Luna, que se refleja en ella y que representa la fuerza de la ideación que se ha concebido, en un nivel superior, el mental, y que busca saltar a las aguas del océano astral. Esa Luna a veces agita las aguas, y a veces las transforma en una superficie solemne y bella de gran paz.
La fuerza del deseo aliada al poder de la inteligencia creadora y todo ello mantenido y alimentado por el aliento de la voluntad, forjan un conjunto de una decisión indestructible. Quien aúna estas tres vertientes, ya sea para el mal o para el bien, no se detendrá ante los obstáculos más infranqueables.
Cuando decimos que el plano astral es la matriz de la forma queremos decir precisamente eso: que es la contraparte, digamos, el negativo fotográfico de la forma material, que es el positivo revelado.
Antes de llegar al plano astral, cualquier obra humana es simplemente una ideación en la mente del escritor, o del inventor, o del escultor. Por eso toda creación en el plano de la materia física proviene, necesariamente, de una forma anterior modelada en materia astral.
Con todo lo que hemos dicho hasta aquí, habrá quedado claro que el plano astral se desenvuelve por completo en el mundo del psiquismo. Cuando decimos “psiquismo” entendemos un universo interior animado por pensamientos y sentimientos, de mayor o menor intensidad. Por eso lo importante es saber convivir con el plano astral y saber disponer de él cuando y como corresponda pero sin vivir mediatizado por sus oleajes. Y esa la principal y permanente atracción que reside en ese plano: vivir focalizado en el mundo astral. El placer de revolver esos océanos astrales agitados por la fuerza de nuestros deseos o de nuestra inteligencia….
La atracción de los humanos por el plano astral es tanta que gran parte de nuestras vidas conscientes trascurre sumergida en cuerpo y alma en las decoraciones y en las fantasías que alimentamos sin cesar en esos niveles.
La Odisea nos ilustra la relación correcta con el mundo astral: Odiseo navega junto a los espantosos acantilados donde moran las sirenas. Escucha su canto y se siente atraído por él, pero no cede y su disciplina, simbolizada en las ataduras que le ligan al mástil de su buque, evita el desastre. Una persona cualquiera, sin exigencias interiores y complaciente en la ilusión, caería una y mil veces, muy gustosamente, en las islas de las sirenas.


Ulises y el canto de las sirenas
William Etty, 17871849

Las consultas de los psiquiatras, de los psicólogos, de los consejeros,… se nutren de personas que han naufragado en el psiquismo y que, por tanto, no quieren conocer la realidad tal y como es. Antes bien, cada vez la filtran más y más según la urdimbre de su mundo interior. Una vez que uno ya ha se ha entregado al mundo de las sirenas, es muy difícil que pueda escuchar la voz del alma.
Que quede claro que el plano astral no es un laberinto por el que circula un enloquecido Minotauro a nuestro acecho. El plano astral es neutro. No contiene ninguna escritura previa. Y, como ya hemos dicho, es un plano que media entre el plano físico y el mundo mental. Y es un plano necesario para la creación, puesto que el ser humano no puede evitar la creación pues está llamado a ser, al término de su cadena, una jerarquía creadora.
El plano astral se activa con la energía voluntad, o, mejor dicho, en la mayoría de los casos con la energía del deseo, y después con la intelección creativa. No solo un gran artista, un escritor o un Inventor usa de esta manera la sustancia astral, también los magos, ya sean brujos o no, la usan de esta manera.
Los magos negros pueden forzar a la sustancia astral para crear larvas astrales y entidades siniestras. Pues el plano astral se pliega a todos nuestros deseos. Como las alimañas en una desconocida selva, estas entidades pululan hambrientas y furiosas por el plano astral dispuestas a capturar a cualquier curioso que, estúpidamente, se haya inmiscuido en esos niveles inferiores, que son en los que se mueven los brujos. Por eso está absolutamente prohibido deambular por esas regiones sin el concurso de un guía experto y firme, exactamente igual que pasaría si nos fuéramos de viaje a una región remota en la que existen habitantes amenazadores.
Cuando decimos que han sido los magos negros, que son humanos, quienes han forzado la materia astral para crear estas entidades, estamos diciendo que no han sido los seres divinos y celestiales quienes han formado a estas criaturas.
Por otra parte, existe también un nivel superior en el plano astral, un nivel al que los grandes artistas se han remontado buscando inspiración. Allí contemplan formas, músicas, brillos y vibraciones que se escapan a la materia común. De ahí que el proceso de creación sea tan desalentador y tan incapacitante para un gran artista.
Tras esta alta zona, existe una zona intermedia, muy parecida a la vida común y después, por debajo de esta, se sitúa la zona del bajo astral, donde tienen su asiento las larvas astrales y las vibraciones más brutales que uno se pueda imaginar. Pensemos que durante millones y millones de años, a lo largo de muchas razas y subrazas, la humanidad en su conjunto ha imaginado atroces formas de relación, de maltrato, de crimen, de esclavitud, de perversiones, de someter a los semejantes, y sentimientos de egoísmo, de venganza, de exaltación de la riqueza y de exaltación del dolor del prójimo han sido vertidos en ese nivel. Todas esas gigantescas formas creadas por la imaginación humana han acabado coagulándose bajo el aspecto de entidades reales, psicológicas, autónomas y existentes, las cuales son alimentadas una y otra vez, sin cesar, por las mentes malvadas, indolentes o desequilibradas de una gran parte de la humanidad.
Digamos que la entidad llamada el “Guardián del Umbral” es una criatura especular con respecto a nosotros pues sería la suma histórica del dolor, del egoísmo y del sadismo que la humanidad ha generado en su deambular desde los orígenes de nuestra raza. Es esa la terrorífica entidad que tanto apasionaba a Lovecraft. Cuando en la novela de Zanoni, Glyndon intenta penetrar en la cámara secreta, encuentra al terrible Guardián del Umbral, y así nos lo describe: “La puerta se oscureció con un objeto, a simple vista indistinguible, pero que bastó para cambiar el goce que antes había experimentado por un terror indecible. Ese objeto se mostró por grados ante su vista. Era una cabeza humana, cubierta con un velo oscuro, a través del cual ardían con infernal brillo unos terribles ojos oscuros que helaban hasta la médula en sus huesos. Esos demoníacos ojos eran indescriptibles y eran prácticamente lo único que podía ver. Aquel ser parecía arrastrarse como un enorme reptil deforme. (…) Sujetándose contra la muralla, en estado casi agónico, Glyndon, con los ojos desencajados y los pelos de punta, contempló la aterrorizadora visión. Entonces, ese ser le habló, y él comprendió sus palabras con el alma antes que con los oídos: “Has entrado en la Región sin Límites. Yo soy el Espectro del Umbral.”
Gracias a Dios que la capacidad creativa del ser humano aún no está muy desarrollada y por eso casi ninguna de esas entidades, que se mueven en niveles psicológicos, alcanzan el plano físico material pues, de lo contrario, la humanidad habría lanzado contra sí misma a millones y millones de demoníacas entidades.
Gran parte de las enfermedades que nos afectan se deben a estas entidades astrales. Frecuentemente pululan por barrios desolados y por zonas siniestras, allí donde las emanaciones de los humanos reclaman la presencia de estas larvas.
Pero esas entidades han sido creadas por nosotros. Que quede claro. No son creaciones de Dios. Existen y actúan porque nosotros lo hemos querido. Y antes o después tendremos que enfrentarnos a todas esas creaturas, puesto que son producto nuestro. Parece ser que eso sucede al final de cada ciclo. Algunos autores mencionan que cuando llega un nuevo avatar, un avatar completo, o purnavatar, o al menos un gran maestro, se inicia una auténtica limpieza de esas creaciones nefastas. Seguramente, tal vez eso quiera decir la frase “perdónanos nuestros pecados”. La humanidad, de esta manera, queda libre de la terrible influencia de esas formas y puede alcanzar de golpe altísimas cimas en su realización espiritual. Imaginemos la expansión de conciencia que podríamos experimentar súbitamente si un gran iniciado, por sí mismo, calcinase o disolviese todas esas masas de vibraciones y las entidades astrales que nos asaltan a cada paso que damos. Recordemos de paso que todas esas gigantescas masas de dolor, materialismo extremo, egoísmo y malas tendencias que condicionan los comportamientos de gran parte de la sociedad en esoterismo se denominan “egrégores”. Tal vez aplacar o extinguir estas masas de maldad y aniquilar a todas esas creaciones astrales exija a cambio algún tipo de sacrificio por parte de esos grandes maestros y bienhechores del planeta Tierra.


Gustave Dore, Romanticismo18321883
La Divina Comedia

Con todo esto que estamos diciendo queremos que quede muy clara la idea de que el universo es energía, y nada más. Nosotros, sin creer en ello, o sin quererlo, manejamos y transformamos energías de diversas naturalezas, y, apoyándonos unos en otros, creamos nuevas formas de energía que, a su vez, vuelven sobre nosotros requeridas por una vibración simpática.
La conclusión de todo cuanto hemos escrito hasta aquí es que el plano astral es un nivel neutro y necesario para el proceso de creación en el plano físico. De la misma manera que en los sueños unas personas ascienden a lugares de paradisíaca belleza y otras descienden a escenas de bajas vibraciones, así es el plano astral: cada persona crea su propia función dramática, su propio mundo personal.
El único trabajo que tenemos que hacer para pasar por el plano astral sin temer trampas ni sombras malignas es tener muy altas intenciones, sabiendo, por último, que este plano simplemente contiene la sustancia adecuada para la creación y la construcción previa a su descenso al plano físico.
Elevación, vivir una vida de elevación. Alto, alto, cada vez más alto, como un ave sagrada del color cambiante de las espumas del mar:

“¡Esparce mis marchitos pensamientos por el universo
como si fueran hojas caídas para así dar paso a una vida nueva!
¡Y siembra por el espacio, desde el vértigo de estos versos,
cenizas y pavesas, como las de un fuego aún no apagado,
mi palabra para los pueblos y los hombres!
¡Sé, tú, por mis labios, para la adormecida tierra,
la trompeta de una profecía!”

 

 

 

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