El
ángel solar a la luz de la obra de Vicente Beltrán Anglada
(II)
Juan Ramón González Ortiz

La figura del Ángel Solar es tan decisiva que si no fuera por
él, tal vez ahora no seríamos más que seres humanos
infantiles, recién nacidos al mundo de la racionalidad. El
Ángel Solar es el Ser que ilumina nuestras vidas. Es el Yo
Superior. En el momento solemne del nacimiento y de la muerte, así
como en el abismo amargo de la más honda aflicción,
el Ángel Solar nos arropa y nos consuela con su presencia.
Y es que el Ángel Solar es un Maestro, un Maestro de Sabiduría
y de Compasión.
La esencia del Ángel Solar está en que nos vincula con
la Mónada, la cual esotéricamente se llama “Nuestro
Padre que está en los cielos”. Su tarea es vincula¬tiva.
Esta tarea vinculativa impone un proceso de integración constante,
cuerpo tras cuerpo, plano tras plano: cuerpo físico, cuerpo
etérico, después cuerpo astral, después mental
inferior,…. Todo este proceso de integración lo coordina el
Ángel Solar desde sus planos causales. Es, en resumen, el gran
intermediario cósmico, “El que une Tierra y Cielo”. En esta
nueva Era, la presión de Acuario ha aumentado sobre el aura
de la Tierra favoreciendo por parte del ser humano la toma de conciencia
de la realidad del Ángel Solar.
Hay que tener en cuenta, además, que existe una conexión
kármica en¬tre el Logos de nuestro universo y el Ser que
rige la constelación de Acua¬rio.
Por eso mismo la propia actividad acuariana favorece la comprensión
del Ángel Solar. La tendencia hacia la unificación mundial,
el desarrollo de la conciencia social y el surgimiento de las múltiples
tendencias religiosas y místicas actuales son obra del Ángel
Solar.
Tiene que quedar claro que estamos enlazados con nuestro Ángel
Solar desde las edades más lejanas, desde hace millones y millones
de años.
Es al Ángel So¬lar a quien inconscientemente nos di¬rigimos
cuando el infortunio o la so¬ledad nos golpean. Por parte de todo
aspirante es necesario el contacto con el Ángel Solar. Es el
“grito lejano”, que ha rasgado los éteres y las edades desde
siempre. Es nuestro primer y único maestro. Es el oído
vuelto hacia adentro, es el silencio en el silencio.
Al final del proceso mágico de la evolución humana,
conseguida la cuarta iniciación, el Ángel Solar podrá
por fin retornar al corazón místico del Sol, de donde
salió, y reposar ahí. Entonces, por fin, se clausurará
el juramento solemne que el Ángel Solar realizó ante
Los cuatro señores del Karma.
La figura del Ángel Solar va indisolublemente unida a la creación
del cuarto reino, o reino de la raza humana. Esta fue la obra cumbre
de nuestro Logos Planetario. Para esta magna obra, se había
ido preparando desde lejanísimas edades.
Sanat Kumara tenía la intención de anclar en la Tierra
las energías cósmicas de la mente del Logos Solar para
que pudieran manifestarse las Mónadas huma¬nas.
Esto fue favorecido por una irrepetible coincidencia cíclica
entre el Logos Planetario y el Logos Solar: ambos estaban en su cuarta
ronda. En el caso del Logos Planetario, este atravesaba su cuarta
cadena y estaba en su cuarto globo. El Logos Solar, además,
manifes¬taba un universo de cuarto orden, o sea físico.
Este conjunto de semejanzas y alineamientos favorecía la proyección
de las energías de uno sobre otro. En consecuencia, una tremenda,
inimaginable, fuerza cósmica fue proyectada en el esquema terrestre.
Fue así cómo se produjo la individualización,
pues este gigantesco torrente de energía cósmica, personalizada
en los Agnishvattas, simplemente fue la respuesta al clamor invocativo
de los humanosanimales de entonces.
En la individualización también intervino SANAT KUMARA,
como representante de los “Hijos de Dios”. “Los hijos de la mente”,
o Ángeles Solares, formaban la quinta jerarquía creadora
del universo anterior. También se les llama “Hijos de Brahma”.
La actual cuarta jerarquía actualmente está formada
por mónadas humanas, que es la cuarta, en este universo, o
la novena contando desde el principio del primer universo. Puesto
que la quinta jerarquía se fundió con la cuarta jerarquía,
unificándose ambas, nació el número nueve, que
es el número clave del ser humano. La Cuarta jerarquía
actual, la de las mónadas humanas, se llama esotéricamente
“Los hijos de los hombres”.
Fruto de la unificación de las dos jerarquías surgió
la raza de los hombres.
Los Ángeles Solares fueron los sintetizadores de la evolución
del primer universo, y son “los guardianes de la llave que ha de abrir
la puerta mística del Tercer Universo”. La jerarquía
creadora de “Los hijos de los hombres” será la que sintetice
la obra de las tres jerarquías anteriores, en este segundo
universo. En el tercer universo, la jerarquía número
doce, la última, sintetizará la obra de todas las jerarquías
anteriores.
Recapitulemos: en el Primer Universo estuvieron activas cinco jerarquías
(de doce que, en total, están previstas). En su conjunto estas
cinco jerarquías desarrollaron la Inteligencia Cósmica.
Las cuatro primeras de esas jerarquías (“El cuaternario cósmico”)
entraron en el Nirvana.
La quinta renunció al Nirvana y se recogió en el plano
mental cósmico, esperando el momento de la oportunidad cósmica.
Esa jerarquía es la de “Los hijos de la mente”, y su misión
iba a ser la creación de la raza de los hombres.
De no haber sido por el acercamiento de la quinta jerarquía,
la individualización del ser humano, por la vía de la
evolución natural, hubiera tardado millones y millones de años.
Fue el Logos Solar el que impuso la aceleración con respecto
al esquema de la Tierra.
Esotéricamente se nos dice que “hay siete estirpes de Ángeles
Solares”. Cada una pertenece a un subrayo del Tercer Rayo, el Rayo
de la Inteligencia Activa, o “Fuego de Brahma”.
También se nos dice que “los Ánge¬les Solares vinieron
a la Tierra en siete carros de fuego”. Cada uno llevaba el signo de
su poder en forma de sonido, luz y forma geométrica.
Cada estirpe de Ángeles Solares tenía un trabajo especial
para realizar.
En los espacios de la mente planetaria, en la región del “fuego
húmedo”, crearon “siete ciudades unidas por siete puertas”.
El “fuego húmedo” es la representación de la conciencia
unida al deseo y a la mente concreta (plano kama manásico)
por parte del Logos Planetario. “Los hijos de la mente” caldearon
esa región. Y de cada una de esas siete ciudades brotaron infinidad
de chispas de fuego y luz (cada una de ellas coloreada por sus atributos).
Y cada una de esas chispas encarnó en la mente primitiva de
un humano animal.
Este fue el fruto y el resultado de:
• La voluntad del Señor del Mundo.
• El clamor invocativo de los humanosanimales.
• La voluntad de sacrificio de los Ángeles Solares.
El
Ángel Solar fue la pieza definitiva y necesaria, así
como el punto de unión entre las mónadas (que formaban
la cuarta jerarquía creadora) y la personali¬dad humana.
Los grupos egoicos humanos dependen de cada una de las siete ciudades
construidas por los Ángeles Solares, en esa húmeda región
que se acabó transformando en el plano causal de la mente
planetaria. No olvidemos que cada ciudad causal, o grupo egoico, está
dividida en otros siete grupos o sectores.
El clarividente determina la pertenencia a uno u otro grupo egoico
por el color o las radiaciones propias, que son las que determinan
el hogar de procedencia. Descubrir el grupo egoico al cual uno pertenece
es la clave del sendero de trabajo espiritual. Este trabajo se sigue
personalmente y también en grupo en el ashrama.
Los maestros nos avisan de que descubrir el grupo egoico, y dentro
de este, al sector propio, es una tarea dificilísima.
El grupo egoico es la verdadera fraternidad. Esa es la verdadera
amistad espiritual. Discípulos y aspirantes deben permanecer
en su grupo, no así los maestros e iniciados, que pueden elegir
a voluntad un grupo egoico determinado.
Así pues, la labor de un aspirante es:
•
Primero identificar el grupo egoico.
• Después descubrir cuál es el área de servicio.
• Finalmente: liberar al Ángel Solar de su voto inquebrantable.
Y
a partir de aquí, el proceso ya deja de ser individual…