El
ángel solar a la luz de la obra de Vicente Beltrán Anglada
(III)
Juan Ramón González Ortiz

Por razones que desconocemos, el Logos de nuestro universo decidió
acelerar el movimiento evolutivo espiritual. En consecuencia, descendió
sobre la Tierra una poderosísima entidad procedente de Venus:
SANAT KUMARA. Junto con Él, acudieron los Señores de
la Llama que, como posteriormente harían los Ángeles
Solares, se precipitaron hacia la Tierra.
Se nos dice que los Señores de la Llama vinieron del esquema
de Venus “dentro de una nube de fuego”. Los investigadores del tema
de los OVNIS nos dicen que los Señores de Venus usaron un objeto
de tipo mecánico, que volase a la velocidad de la luz.
Y, aunque nosotros creemos que la máxima velocidad posible
en el universo es la velocidad de la luz, la verdad es que no es así.
Fuera de las tres dimensiones kármicas de la materia densa,
existe una “ultravelocidad”, si se me permite este término,
inimaginable por nosotros. Cabe suponer que los Señores de
la Llama, para venir a nuestro astro, crearon una especie de enorme
MAYAVIRUPA que, a una velocidad muy superior a la de la luz, les permitió
atravesar la distancia entre Venus y la Tierra.
Los Señores de la Llama, ya lo sabemos, desembarcaron en la
Isla Blanca, en el mar de Gobi. Y allí crearon una especie
de colonia de tipo espiritual, donde surgió la Gran Fraternidad
Blanca. Las 105 entidades venusinas que vinieron se dividieron en
tres grupos de 35 unidades, y a su vez estos se dividieron en cinco
subgrupos de siete unidades. Siete es el número del Sistema
Solar, y cinco es el número de Venus (quinta ronda, quinta
cadena,...). Mientras que el número distintivo de la Tierra
es el cuatro. Cada uno de los tres grupos de 35 señores constituyó
un grupo de poder espiritual, cada uno con una particular misión.
Se usó el mismo esquema que operaba en la Gran Logia Blanca
de Sirio y, por analogía, en la Gran Logia Blanca del Sistema
Solar, encarnando los tres principios creadores: VOLUNTAD (PADRE)SABIDURÍA
(HIJO) ACTIVIDAD (ESPÍRITU SANTO).
El primer grupo, constituido por Sanat Kumara junto con un discípulo
de su propia línea de Rayo, más los otros treinta y
tres señores, constituyó el aspecto VOLUNTAD, o Shiva,
siendo el poder más grande en la Tierra.
Por tanto Sanat Kumara se ocupó del gobierno de la Tierra,
en calidad de Rey y Señor. Su gran discípulo, “El Primer
Kumara”, encarnó la misión de introducir parte de las
energías ígneas en la vida mineral, preparando los materiales
que después serían usados para fabricar cuerpos humanos.
Por este motivo se le llamó “El señor de las razas”.
Esa introducción de energía en el mundo mineral provocó
que muchos minerales se volvieran radiactivos, lo que es la cima de
la evolución del reino mineral, con lo cual entraron muchas
unidades de conciencia en el siguiente nivel: el reino vegetal. Con
el tiempo, este gran señor dejó su cargo a un ser espiritual
surgido de la misma Tierra: el MANÚ.
El segundo grupo de 35 señores, tenía a su cargo preparar
la conciencia astral del humano primitivo y dotar de sensibilidad
al reino vegetal. El Segundo Kumara vinculó su vida con el
Ángel del reino vegetal, este acontecimiento provocó
un enorme cambio químico en el mundo vegetal, que permitió
que muchas unidades de vida vegetal pasaran al reino animal. El Segundo
Kumara creó un misterioso y maravilloso puente de luz entre
este reino y el plano astral terrestre. Esta unión generó
los elementos necesarios para que pudieran construirse los vehículos
astrales de los Hijos de los Hombres. En este departamento se contemplaron
nuevas necesidades. Ya no bastaba con dotar de sensibilidad. Surgió
la conveniencia de crear una sección encargada de la enseñanza
espiritual. Como pasó en el caso anterior, este Kumara dejó
sus atribuciones en manos de un hijo de nuestro propio planeta: el
CRISTO, o el BODHISATVA.
El tercer grupo tenía como misión preparar el campo
de evolución de los seres humanos en la Tierra. Que conste
que los seres humanos ya tenían cuerpo físico y astral.
El siguiente nivel fue infundir las energías ígneas
(de Shamballa) en el reino animal. En ese reino, el primitivo cerebro
residía en el plexo solar. Con la intervención del Tercer
Kumara, se creó una línea de luz que unió este
punto con otro en la cabeza. En consecuencia, se enderezó la
columna vertebral, y Kundalini desarrolló su cuarto pétalo,
que permitía que el ser humano se irguiese, mientras que en
los animales kundalini tiene solo tres pétalos, y por tanto
tienen que ir doblegados hacia el suelo.La actividad del Tercer Kumara
produjo una gigantesca reacción eléctrica. Esta gigantesca
reacción atrajo la atención de la quinta jerarquía
creadora.
Entonces vino la gran decisión del Logos Solar que determinó
la venida a nuestro planeta de un ingente número de entidades,
los Agnishvattas, con la misión de dotar de mente a aquellos
humanos animales. Esos fueron los Hijos de la Mente, los Ángeles
Solares.
Como ya hemos dicho, el Ángel Solar formó el Yo superior
en el interior de los seres humanos. Estos ángeles unieron
su luz con la minúscula luz que ardía en el cerebro
humano animal. Esta fue la iniciación humana. Hay que decir
que la venida de los Ángeles Solares produjo una enorme tempestad
eléctrica que desencadenó una época de caos y
destrucción. La fuerza de la vibración de sus celestiales
cuerpos provocó de inmediato la muerte de la forma animal.
Por lo cual, aquellos novísimos cuerpos causales tuvieron que
tomar formas físicas nuevas. Podríamos decir que el
ser humano es lo que es por la intervención angélica
y que él mismo es un proceso de vida angélica. Cuando
el ser humano recibió la luz de la mente, el Tercer Kumara
definió como campo de manifestación del ser humano el
concepto de civilización. Entonces, transfirió su esfera
de gobierno a un iniciado que había surgido del seno de la
Tierra y de la humanidad: el MAHACHOHAN. Así fue, en resumen,
cómo vinieron los Ángeles Solares.
Antes de acabar este breve artículo, repitamos una vez más
que el Àngel Solar fue la respuesta a la imprecación
potente y clara que emitieron, dentro de sus almas grupales, las almas
de los animales humanos, o de los humanos animales, de hace 18 millones
de años. Desde las más remotas edades, los Ángeles
Solares aguardaban esta poderosa y lejana llamada.
Juan
Ramón González Ortiz