Arunachala
y Ramana Maharshi
Juan
Ramón González Ortiz

La colina de Arunachala, en el sur de la India, junto a Tiruvannamalai,
representa el Adi lingam, es decir, la forma primordial de Shiva,
el Ser absoluto. Según Ramana Maharshi Arunachala no es otra
cosa que Shiva en Sí mismo.
La tradición considera que este lugar es el centro cardíaco
de la Tierra. Esta colina es un verdadero mándala, con su eje,
la columna de fuego, en la que se encuentra Shiva, centro divino y
punto de integración total.
Sri Ramana Maharshi ha afirmado multitud de veces que la montaña
está hueca.
La Jerarquía ha afirmado que ninguna enseñanza específica
sobre Agartha ha sido públicamente revelada. Sin embargo, bajo
la cubierta de alusiones más o menos veladas, los sabios sí
que nos han transmitido algunas indicaciones, algunas confirmaciones,
muy escasas. Estos fragmentos de información son semillas que
hay que desarrollar por medio de la meditación. Esto es necesario
porque algunas revelaciones solo pueden llegar por el canal de la
intuición.
Un día, cerca de Arunachala, la colina en la que vivía
Sri Ramana Maharshi, dos personas vieron sobre la mitad superior de
la montaña una brillante luz que se desplazaba lenta y tranquilamente
de norte a sur. Preguntaron al sabio, que dijo: “La tradición
de los antiguos considera que esta colina es la manifestación
visible de la Sabiduría”. En otras palabras: se trata de la
Sabiduría manifestada por los sabios encarnados. Paul Brunton
con su espíritu occidental y sus muchos conocimientos esotéricos
no ignoraba la teoría de la tierra hueca, los ovnis y otros
temas ocultos.

Cierto día le preguntó a Ramana: “¿Está
hueca la colina de Arunachala?”. Y el sabio le respondió: “Los
Puranas lo afirman. Se dice que el corazón es una cavidad y
cuando se penetra en él se tiene la experiencia de una expansión
de luz. Pues lo mismo ocurre con la colina sagrada, que es luz. Las
grutas que allí se encuentran están inundadas en esta
luz”. Paul Brunton preguntó a continuación si de veras
había grutas en su interior, y Ramana le contestó: “En
visiones he visto grutas y ciudades enteras, con sus calles, e incluso
todo un mundo”. Aún le preguntó una vez más si
allí vivían los siddhas (adeptos dotados de grandes
poderes o siddhis), y el sabio le respondió: “Se dice que todos
los siddhas están allí”. El occidental insistió:
“¿Solamente siddhas o también hay, igualmente, otro
tipos de personas?”. Y la respuesta fue muy clara: “Ocurre lo mismo
que en nuestro mundo”.
Arunachala, la montaña roja, es un lingam de fuego y también
es uno de los lugares santos más antiguos de toda la India.
El Skanda Purana nos dice: “¡Ved aquí al Muy Santo! De
todos los lugares santos, Arunachala es el más sagrado”. A
menudo, Sri Ramana Maharshi ha confirmado que allí, en el corazón
de la montaña, moraban invisibles siddhas y que por la noche
aparecían con sus cuerpos de luz. En los Puranas se dice que
en la vertiente septentrional de Arunachala, cerca de la cima, un
Siddha Purusha, llamado Aruna- giri Yogi, está sentado bajo
un baniano, en un lugar inaccesible y que ahí enseña
en silencio. Los accesos al corazón de la montaña son
inviolables. En 1 906, mientras Ramana seguía el lecho del
torrente seco que discurre por la pendiente norte de la colina, vio
una enorme hoja de baniano. Conocía la leyenda puránica
y pensó que debía de provenir de algún lugar
mucho más alto. Así que se decidió a subir para
descubrir ese árbol particular. Escaló el lecho del
torrente y, con penosos esfuerzos, alcanzó un lugar desde el
cual podía divisar una gran roca plana. Sobre esa roca vio
el famoso baniano, que describió como un árbol enorme
de hojas verde oscuras. El Maharshi comenzó a andar hacia él
pero desgraciadamente topó con un nido de avispas que le atacaron
cruelmente en una pierna. Considerando que este incidente era una
señal, el sabio recibió con ecuanimidad la obra del
karma y retornó a su gruta. Tras este día fueron muchos
los discípulos que, en vano, intentaron descubrir lo que se
consideró como la entrada secreta al corazón de la montaña.
Otro día el sabio encontró a una mujer, paria, que lo
insultó y que le reprochó su vagabundeo por las laderas
de la colina sagrada. Desde ese día ya no quiso aventurarse
más allá de su gruta. Reconoció que bajo ese
disfraz de mujer hablaba una voluntad superior que le sugería,
de nuevo, que no intentase penetrar (físicamente) en el secreto
de la colina. Muchos pensaron que esta mujer no era otra que el guardián
de la montaña, Aruna- giri Yogi.
Existe un ritual consistente en rodear la colina caminando en el sentido
de las agujas del reloj. Este ritual de circunvalación se llama
Pradakshina. Tiene alrededor de 13 km. y lo normal es hacerlo descalzo.
En ese camino, en la estación número sesenta, está
el santuario de Adi Annamalai que contiene un lingam que fue el primero
en ser consagrado por el Dios Brama. Ramana tenía la costumbre
de detenerse ahí e incluso de pasar la noche en ese santuario.
Pues bien, un día contó que allí escuchó
cantos celestiales y a los Gandarvas salmodiando el Sama Veda.
En la revista Mountain Path de mayo- junio de 1 990, editada por el
ashram del Maharishi, encontramos una cita muy interesante sobre el
reino subterráneo, con respecto al cual parece ser que Arunachala
es una entrada especial:
“Uno de los fieles se dirigió a Bhagavan: “Un día nos
dijisteis que habíais visto templos y jardines en esta colina.
¿Hablabais de la época en la que ya vivíais en
esta colina?”
Bhagavan: “Sí. Eso debió de pasar cuando yo vivía
en la gruta de Virupaksha. Cerré los ojos y me sentí
caminando sobre la colina, en dirección norte- este. En un
lugar vi un bello jardín de flores, un gran templo, un bello
recinto y una gran Nandi (montura de Shiva, esculpida en piedra).
Brillaba una extraña luz. Era sumamente agradable. Yo estaba
mirando todo eso cuando llegó la hora de la puja. De golpe
sonó la campana y abrí los ojos inmediatamente”.
Fiel: “Bhagavan también nos dijo que había una gruta”.
Bhagavan: “Sí, sí. Eso también me pasó
cuando vivía sobre la colina. Un día paseaba sin rumbo
fijo y de repente encontré una gruta. Cuando entré vi
cascadas, bellos jardines con estanques en su interior, senderos muy
bien trazados y todo bellamente iluminado. Todo era extraordinariamente
placentero. Siguiendo el camino vi un siddha purusha (un sabio realizado),
sentado igual que Dakshinamurti bajo un árbol que estaba a
la orilla de una laguna. Alrededor de él se sentaban los Munis
(sabios). Estos le planteaban preguntas y él se las respondía.
Ese lugar me era muy familiar. Eso fue todo. Posteriormente, después
de algún tiempo, cuando vi el Arunachala Purana en sánscrito
encontré en él unas slokas que describían esa
gruta y a ese siddha purusha. Me asombró constatar que la visión
que tuve en estado de trance ya estaba descrita en ese libro. Hice
la traducción al tamil. Y este es el significado de esas líneas:
“Aunque tengas la forma del fuego te has alejado del fuego y has tomado
la forma de una colina, fundamentalmente, para derramar tus bendiciones
sobre la gente. Constantemente vives aquí, bajo la forma de
un siddha. La gruta que se me apareció está en ti y
tiene todos los lujos del mundo”
“Recientemente (en 1 949), cuando se estaba renovando el templo de
Adi Annamalai se halló un gran túnel precisamente en
el lugar correspondiente al santo de los santos. Cuando quisieron
averiguar adónde llevaba el túnel se comprobó
que conducía hasta el centro de la montaña. Pensando
que no se podía ir más lejos, los investigadores retornaron.
En consecuencia, yo pensé que lo que me había pasado
era cierto y que lo que estaba escrito en el Purana era verdad y que
el túnel descubierto era el camino que llevaba al lugar que
yo había visto. Se dice que los siddhas purushas acuden desde
la gruta interior hasta el templo, todas las noches, usando ese túnel
y, después de haber adorado a Ishawara retornan al interior.
¿Por qué tan lejos? Recientemente, algo parecido a lo
que cuento ha sido visto aquí mismo. Yo me dirigía,
como de costumbre, hacia la montaña cuando al aproximarme a
las escalones para llegar hasta aquí una gran ciudad surgió
ante mí. Tenía enormes construcciones de diferentes
tipos, vías de comunicación muy bien dispuestas, buena
iluminación, en fin, me pareció que era una gran ciudad.
En un lugar había una reunión. Chadwick estaba conmigo.
Incluso me decía: “Bhagavan, todo esto es tan evidente. ¿Quién
podría creer que todo esto es un sueño”? Todo se nos
aparecía como realmente existente… ”
Juan
Ramón González Ortiz