EL BARDO THODOL
El libro de los muertos tibetano
Juan Ramón González

revista nivel 2
Todos los que hemos realizado alguna lectura acerca de “los libros de la muerte” hemos encontrado refe rencias a uno de los máximos libros sobre la muerte, tal vez el manual de la muerte por excelencia, y este es el Bardo Thodol, o Libro de los Bardos. Un bardo es el intervalo de tiempo comprendido entre dos puntos tem porales precisos y concretos. Por ejemplo, una clase en una institución académica concreta es un bardo. Unas vacaciones son un bardo. Asistir a la proyección de una película en una sala es otro bardo. Como vemos la vida está llena de bardos. El budismo tibetano ha tipificado seis bardos como los bardos más importantes. Tres ocurren en vida mientras que los otros tres pertenecen a la muerte:
1. El bardo que va desde el nacimiento hasta la muerte.
2. El bardo que va desde que nos dormimos hasta que nos despertamos.
3. El bardo que va desde que en una sesión empezamos a meditar hasta que finalizamos la meditación.
4. El bardo que va desde que empieza el proceso de la muerte hasta la última espiración.
5. El bardo que va desde la muerte hasta que aparecen las deidades.
6. El bardo que va desde que finaliza el bardo de las deidades hasta que reencarnamos y nacemos.
De los tres bardos de la vida se ocupan numerosas enseñanzas espi rituales. Prácticamente todas las reli giones resuelven las preguntas sobre estos tres bardos.
Los seis bardos se proyectan fuera de nuestra mente pero es nuestra mente la que los expe rimenta y la que discierne su naturaleza. Evidentemente, una persona volcada en lo espiritual aun cuando nunca haya oído hablar de los bardos post mortem estará en muchísima mejor situación que otra muy docta y avanzada mental y culturalmente pero que no haya penetrado en la realidad espiritual de nuestra mundo.
Los bardos se perciben como experiencias mentales. Es decir, es la mente la que los percibe como algo de naturaleza verdadera o falsa. Cuando un piel roja decía que el más allá existían “las llanuras eternas de caza” decía lo que, efectivamente, ellos percibían como real y verdadero. Los bardos no existen con inde pendencia de nosotros, o sea, existen fuera de nuestra mente, pero es nuestra mente la que los reconoce. También podríamos decir que existen en nuestra mente pero se manifiestan fuera de nuestra mente. Por tanto, podemos decir que expe rimentar los bardos depende de la calidad de mente que hayamos forjado a lo largo de toda una vida.

Sin lugar a dudas podríamos decir que nosotros somos los seis bardos, y tal y como somos será nuestra vivencia y la expresión de una realidad que filtramos según el desarrollo que tenga nuestra parte espiritual. Las mentes normales y comunes, centradas en la materia, en lo social y en el entretenimiento, dis torsionan la realidad y solo ven el sufrimiento que llevan dentro. Una mente inspirada y clara no repara en la fealdad: no hay nada que la perturbe. Es la naturaleza de la mente la que da sentido a las experiencias del bardo.
También tengo que decir que el Bardo Thodol es un libro escrito por iniciados, y siendo, también, una guía para iniciados no puede ser comprendida por no iniciados. Y tampoco puede ser puesta en un lenguaje comprensible para estos últimos. Eso sería rebajar la enseñanza. Hacerla vulgar. Somos nosotros los que tenemos que ir a la cima. La cima nunca podrá venir hasta nosotros. Así pues, solo puede ser un iniciado el que sepa interpretar correctamente esta obra. Este pequeño artículo es una aproximación literal a la obra y no hay en él ningún tipo de interpretación. Creo que deberíamos desconfiar de todas las obras que versen sobre el Bardo Thodol a menos que su autor sea un verdadero y correcto iniciado. Todo lo que no sea así o es mentira o es una simple recensión o copia de un comentario o de una interpretación de algún autor anterior. Leer un análisis sobre el Bardo Thodol escrito por un no iniciado o por un falso iniciado sería como leer una historia de la pintura y del arte escrita por un ciego de nacimiento.
Los lamas declaran que la finalidad del Bardo Thodol es aprovechar el instante privilegiado de la muerte para que el difunto consiga realizar la naturaleza del vacío. Realizar la vacuidad es el fin último de la experiencia espiritual y consiste en comprender la verdadera realidad de todo, percibiendo que materia y espíritu no son sino meras apariencias. Realizar el vacío es experimentar que el dualismo en el que vivimos estancados es algo inexistente. Esta experiencia tiene unas implicaciones inimaginables para nosotros, pues supone trascender el concepto tiempo, el concepto forma y el concepto espacio. Esto es algo inconcebible para nosotros.
• Las etapas del bardo
El Bardo del momento de la muerte es el Chikkai Bardo, consiste en la sucesiva reabsorción o fusión de todos los principios constitutivos del ser humano en el principio inmediato superior. “Ser absorbido” significa que ese elemento deja de vitalizar y es incorporado a la energía siguiente. Primero, el elemento tierra (que vuelve funcionales a los huesos, a los músculos, a la piel y a todas las partes sólidas) se absorbe en el elemento agua. Este, a su vez, que vitaliza la sangre, la linfa y todos los demás fluidos, se absorbe en el elemento fuego. El fuego, que es el responsable de toda la temperatura interior, se absorbe en el elemento aire. En este momento, el moribundo se torna frío al menos en sus extremidades y tiene la visión, interna, de chispas o luciérnagas que brotan en el aire. Finalmente, el elemento aire (que equivale a la respiración) se incorpora a la conciencia individual. En ese instante la respiración cesa, y la persona contempla vacilantes llamas, como la luz que despiden pequeñas velas. Este es el momento clínico de la muerte. Entonces empieza una nueva fase. Es la llamada fase de apariencia, aumento y logro.
En la apariencia, la esencia blanca, o principio vital masculino, desciende desde la parte superior de la cabeza hasta el corazón. Entonces se percibe un cielo puro, iluminado por la Luna. En la fase de aumento la esencia vital roja, femenina, asciende desde la base de la columna hasta el corazón. Entonces se percibe un sol rojo que brilla en un cielo puro. Cuando las esencias blanca y roja se unen en el corazón se llega a la fase de logro: se tiene una visión negra, de un cielo vacío y envuelto en la tiniebla. Desde el punto de vista oculto este es el definitivo momento de la muerte. Es el instante supremo en el que se percibe por fin la vacuidad. Este es el punto en el que hay que profundizar porque en este momento el engaño y la ignorancia llegan a su fin. Los tibetanos dicen que en este momento amanece la luminosidad fundamental. Esta es la oportunidad que tenemos de penetrar en el corazón de los misterios sagrados.
El Bardo Thodol advierte que llegados a este punto la mente se angustia. Pero el que reconoce la clara luz del vacío se convierte “en el cuerpo absoluto del Buda”. O también “es liberado como un Buda en el primer bardo”. Pero si no reconocemos la luz clara primordial, caemos en la inconsciencia, que en tiempo terrestre, generalmente perdura a lo largo de tres días y medio. La enseñanza budista nos informa de que a menos que uno se haya esforzado hasta el límite para realizar la vacuidad en vida, es muy difícil que cuando llegue el momento identifique la clara luz primordial.
El Chikkai Bardo desde que se inicia con el proceso de reabsorción de los principios vitales hasta que cesa, dura entre tres y cuatro días. Reconocer la luz clara significa vivir en la verdadera naturaleza de la mente y permanecer en su esencia sin salir de ella. Esta es la experiencia que se obtiene en vida por medio de la meditación. Identificar la clara luz del vacío es según el Budismo igual al encuentro de una madre con su hija.
Después de esos tres días, más o menos, de inconsciencia, comienza el segundo bardo, el Bardo de Dharmata, o Chonyid Bardo, que se inicia con la sensación de salir de un sueño profundo. Durante esta fase se nos manifiestan las cinco familias de los budas. Si la persona que está viendo estas realidades no identifica las luces ni las deidades, optará por separarse de ellas siguiendo otras realidades más conocidas por él y que se corres ponden con mundos divinos pero de un nivel inferior. Se nos van revelando sucesivamente la sabiduría del espacio que todo lo abarca, después la sabiduría semejante a un espejo, después la sabiduría igualadora, después la sabiduría del discernimiento y finalmente la sabiduría que todo lo logra. Permanecer enteramente conscientes en estos estados nos conduce a una realidad superior, pero por otra parte otras luces más tenues y familiares nos atraen sacándonos de la realidad de los Budas y atrayéndonos hacia un renacimiento en mundos menos elevados.
El Chonyid Bardo se refiere a lo que la gran mayoría de personas refieren de su paso por el mundo astral. Todas estas manifestaciones duran en tiempo humano unas tres semanas. Este bardo acaba absorbiéndose en el tercer bardo, el Sippai Bardo, el Bardo del Devenir. Este bardo empieza por la experiencia triste que tiene el difunto de su existencia. Es consciente de que ha muerto y desea volver a vivir.


Desea reanudar sus acti vidades frecuentes y volver a relacionarse con sus cercanos. En muchos casos el muerto se acerca a ellos, pero ellos no son conscientes de nada y el fallecido sufre por eso. La mente se siente confusa y agobiada en su situación y escucha sonidos aterrorizadores, como por ejemplo el estruendo insoportable de una montaña desplomándose, y también ve luces siniestras. Se trata de los condicionamientos mentales que fuerzan la realidad a su manera buscando una nueva vida. En ese momento, la persona se siente impelida hacia un nuevo rena cimiento. Ve a sus futuros padres.
Existe todavía un camino para liberarse del tercer bardo: si esa mente fuese capaz de entrar en meditación aún podría evitar ingresar en una matriz humana y seguir un camino superior. Si la persona, por ejemplo, ha centrado toda su vida en un buda específico, su mente obtendrá un renacimiento en ese nivel peculiar, siempre y cuando alcance a ponerse con toda la fortaleza de que sea capaz en esa sintonía mental.
Pero si eso no sucede, ya no hay libertad para nada. La corriente impetuosa de nuestro karma nos arrastra. Aún entonces podemos hacer algo por nosotros si con toda nuestra decisión deseamos un nacimiento venturoso que nos permita practicar el servicio a los demás y cultivar el Dharma.
Este tercer bardo tiene una duración equivalente a veinticuatro días terrestres.

La suma de los tres bardos es de cuarenta y nueve días en total. Pero hay muchas variaciones.
• La función del lama en el Bardo Thodol
El Bardo Thodol entre otras cosas contiene multitud de plegarias y oraciones así como de advertencias e indicaciones acerca de las vivencias por las que está atravesando el moribundo o el ya desencarnado. Si el difunto no ha vivido para desentrañar el secreto de la muerte o bien si no está iniciado en este tipo de yoga, es muy difícil que pueda liberarse a sí mismo. En este caso, que es el más frecuente, será un lama quien lea clara y perfectamente el texto. Tradicionalmente se dice que ha se der leído junto al oído del difunto, evitando sobre todo tocarlo. Si el cuerpo está ausente, ha de ser el lama quien traiga ante sí el espíritu del muerto. El lama ha de ser un iniciado clarividente porque solo así podrá saber cómo se está desa rrollando el proceso. El lama ha de contar con la ayuda de un astrólogo, que levantará la carta astrológica del momento de la muerte, gracias a la cual establecerá el momento más adecuado para la ceremonia fúnebre.
En el primer bardo, cuando la fuerza vital se ha unificado en el corazón, el lama tiene que actuar en ese preciso instante, antes de que la fuerza vital alcance el nadi izquierdo, el ida. Entonces el lama ha de realizar invocaciones especiales para influir en el espíritu del difunto y así que este transfiera su conciencia hacia la luz.



Cuando la respiración está a punto de cesar, es el lama el que vuelve el cuerpo hacia el lado derecho, porque esta posición ayuda a la separación del sutratma del átomo permanente físico. El lama también tiene que evitar en el moribundo la pérdida de conciencia y el sueño. Adormilarse supone que la conciencia no se mantiene lúcida, y entonces la conciencia saldrá por el corazón (pingala) o por el vientre (ida). Mientras que si sale por el cráneo se puede superar la ilusión del plano astral. El Maestro Tibetano afirma que el 90% de las personas se mantienen conscientes de este proceso.
Cuando la muerte ya está al borde de sobrevenir, el lama entona al oído del moribundo ciertas exhortaciones y ciertos consejos. Y en el instante de la última exhalación, el lama presiona con firmeza cierto nervio pronun ciando con intensidad unas palabras cuya misión es que el moribundo cobre conciencia del estado en el que está ahora. Los consejos que el lama proporciona son sobre todo útiles para el difunto que ha desarrollado en vida el estudio de los tantras budistas. Se intenta que el difunto viva en el estado del no ego, de tal manera que pueda ascender inmediatamente a los planos celes tiales o devachánicos. Y para eso el difunto ha tenido que ser en vida un lama o una persona volcada por completo en la meditación.
Durante el segundo bardo, las oraciones y las instrucciones del lama tiene como finalidad iluminar al espíritu del difunto acerca de la realidad engañosa e ilusoria del espacio en el que se halla preso, pues está en el mundo de las formas pensamientos del plano astral.
En el tercer bardo, cuando el principio de la conciencia es evocado fuera del cuerpo, aún existe una posibilidad para la actuación del lama que puede dar consejos e instruc ciones.
• Interpretación del Bardo Thodol

Vuelvo a decir que el Bardo Thodol es un libro hecho por y para iniciados. Este artículo ha sido escrito a partir de los estudios que han dejado otros autores, de cuya inspiración nunca he dudado. El doctor Evans Wentz, en su introducción al Bardo Thodol, pu blicado por la editorial Kier, afirma muy claramente que este libro solo puede ser interpretado con la ayuda de unos códigos que solo conocen los iniciados. Intentar analizar este libro sin poseer las experiencias que se requieren es ridículo, sería como meter la totalidad de los mares con su contenido en una sola gota de agua de mar.

Bibliografía.
El libro de los muertos tibetano, edición a cargo de Evans Wentz, edit. Kier, Argentina, 2009 Bokar Rimpoché, La muerte y el arte de morir, Clear Point Press, USA, 2001.
Maestro Tibetano Djwahal Khul, Una gran aventura: la muerte, edit. Sirio, Málaga, 1989.
Michel Coquet, Conocimiento de la otra vida, EDAF, Madrid, 1993.
Sogyal Rimpoché

 

 

Juan Ramón González Ortiz

 

 

 

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