La cadena terrestre a la luz de la Teosofía (I)
Juan Ramón González Ortiz

revista nivel 1

 

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el número completo NIVEL 2 NÚM. 21)


Los estudiantes de esoterismo hemos de tener muy claros los conceptos de globo, ronda, cadena y esquema, pues son conceptos básicos que nos pueden cerrar la puerta a la comprensión de muchas verdades. Fue precisamente Blavatsky la primera autora que usó estos términos. Ella misma, también, nos aclara que, por ahora, solo se nos puede revelar una muy pequeña parte de este diseño. Y, aun así, esa pequeña parte que ella nos entregó es de muy difícil comprensión. No hay duda de que el designio completo de todo el esquema de desarrollo y de evolución nos superaría mentalmente por completo. Tampoco podemos perder de vista que nosotros evolucionamos dentro de un Logos solar, al cual pertenecemos. Nosotros también somos expresiones de un Logos planetario, el cual, a su vez, es expresión de un Logos cósmico, o Solar. De hecho, nuestra evolución se realiza dentro de su cuerpo. El Logos solar se manifiesta en siete planos, o formas, o aspectos. Estos siete planos tienen cada uno sus formas inferiores, intermedias y superiores que son los subplanos, es decir, que cada plano tiene siete subplanos. Pero esos subplanos son lo que nosotros, en nuestras dimensiones, llamamos planos. De modo que un plano de nuestra realidad no es sino un subplano de determinado plano solar. Nuestro Logos evoluciona aún y la tarea que tiene por delante es la de unificar, fundir y coordinar todos sus vehículos. Una vez conseguido esto, la fuerza circulará libremente por todos los centros y el globo resplandecerá. Las células dévicas y humanas de su inmenso cuerpo planetario brillarán con perfecta gloria, y entonces el siguiente paso será la iniciación mayor.

Los átomos, o células, del Logos están constituidos por el agregado de unidades humanas y dévicas mantenido en un todo coherente y animado por Su voluntad de ser, vibrando todas esas unidades según la evolución particular alcanzada por el Logos.

Llamaremos a la Tierra globo físico, porque en él y alrededor de él se encuentran seis globos sutiles. Al presente, la humanidad ya ha vivido en tres de estos globos y, actualmente, se encuentra en el cuarto: la Tierra.
En cada globo la humanidad que habita ha de experimentar siete razas raíces, y cada raza siete subrazas, y cada subraza siete ramas.

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El paso de un globo a otro globo, o del estado de consciencia de un globo al estado de consciencia del siguiente globo, invariablemente, está marcado por un ciclo de sueño. Un pralaya.

Antes de alcanzar la cima de su ciclo de evolución la raza humana todavía deberá recorrer los tres últimos globos. El conjunto de siete veces los siete globos se llama cadena. Siete cadenas forman un esquema. Diez esquemas forman un sistema solar. Siete sistemas solares forman el cuerpo de un Logos Cósmico. Y así hasta el infinito …


Tenemos que ser muy observantes a la hora de usar todos estos conceptos, y usarlos en su sentido recto. No con la negligencia con que habitualmente se manejan estos términos. Unos emplean el término de ronda para denominar a las cadenas, otros empleancadenas para las rondas, y prefieren usar la palabra planeta para lo que es globo, otros llaman a las cadenas períodos, y a los períodos esquemas, y así cada cual emplea estos términos como les da la gana convirtiendo a la Sabiduría en un galimatías impenetrable. Y eso no puede ser. No son conceptos tan difíciles de comprender. La confusión en estos términos se debe a que los estudiantes y escritores no se han tomado el tiempo necesario de estudiarlos en profundidad. Vamos a recapitular lo dicho.
Todo parte del concepto de siete razas. Siete razas forman un globo (o periodo global). Siete globos continuados sucesivamente, uno tras otro (pasando del globo A al G), forman una ronda.
Esa ronda (que son siete globos sucesivos) se tiene que repetir siete veces, entonces ya tenemos una cadena. Así de fácil. Por tanto, en un esquema tenemos siete cadenas. Cada una con siete rondas. No olvidemos que una ronda es el paso de la oleada de vida del globo A al globo G repetido siete veces completas.

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Un globo físico, o período global, en una cadena, por ejemplo, la Tierra, equivale a una encarnación física en el estado humano. Los globos, los cuarenta y nueve globos que existen en una cadena, en realidad, no están separados. Les ocurre lo mismo que sucede con las muñecas rusas: un elemento está encerrado dentro de otro. Igual pasa, por cierto, con los principios de configuran al ser humano único.



La ronda es un giro completo de rueda, la cual está compuesta de siete globos, del globo A al globo G, pero resulta que hay siete ruedas. Es decir, que siete giros completos (cada giro es una ronda) forman una cadena, porque una cadena consta de siete rondas, o, como ya hemos dicho, siete veces siete globos. Actualmente, vivimos en el globo D, físico y denso, de la cuarta ronda, usando un vehículo terrestre. Solo percibimos la parte material de nuestro universo.



En el esquema anterior, se ve que estamos en la cuarta ronda, falta imaginarse ahora que cada una de esas cuatro rondas ha de repetirse siete veces. Repetirnos que una ronda repetida sucesivamente siete veces pasa a ser una cadena. Y siete cadenas es un esquema planetario o, simplemente, un esquema. Como ya hemos dicho, actualmente, habitamos en un globo físico, por lo tanto, es natural que con nuestros ojos carnales no podamos percibir los globos sutiles y etéricos. Por eso cuando miramos con el telescopio al planeta Marte no vemos otra cosa que su esfera material, y sus otros seis globos permanecen para nosotros completamente invisibles. Blavatsky nos dice en La doctrina secreta, vol., I. “Con nuestros ojos simplemente podemos ver los cuerpos siderales que comparten la esencia de nuestro plano y de nuestra sustancia terrestre. Exactamente igual sucede con los respectivos habitantes de otros planetas, los jupiterinos, los marcianos y otros: ellos pueden percibir nuestro pequeño mundo, porque nuestros planos de consciencia solo se diferencian en grado. Y, siendo idénticos en especie, están sobre la misma capa de materia diferenciada”.
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Durante una ronda, en el paso de un globo a otro globo, hay siete pralayas terrestres provocados por modificaciones en la inclinación del eje de rotación de la Tierra.


En el esquema anterior, el dibujante no ha plasmado exactamente la dimensión del pralaya solar pues éste tiene la misma duración que un manvantara, o Día de Brama, es decir, 4 320 000 000 años de vida mortal, pero según Sinnet la duración de un pralaya es, como poco, de seis veces la duración del tiempo de la actividad.
Pralaya significa el período de oscuridad en el cual se abstraen todas las semillas de vida y se las transfiere de una esfera a otra.
El Manú simiente (el equivalente al Noé bíblico) de un globo reúne en sí mismo todas las fuerzas de vida, tal y como lo hace el Logos al fin de un sistema, o de una cadena, y las mantiene en reposo dentro de su consciencia

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Nuestra cadena actual, la llamada cadena terrestre, sería, por consiguiente, esta:


Como vemos, cada cadena desciende un escalón hacia la materia física. La cadena III tiene ya un globo físico, que resultó ser la Luna. Solo las cadenas I y VII tienen globos puramente átmicos. Si nos fijamos atentamente, el plano mental (superior e inferior) es el punto medio de todos los demás planos, y todas las cadenas tienen globos en el plano mental. Por tanto, el plano mental es el más importante de todo el sistema, pues la mente es lo que junta lo de abajo con lo de arriba. En las tres primeras cadenas, el Espíritu desciende hacia la materia. En la cuarta cadena Espíritu y Materia se entrelazan y tejen innumerables y profundas relaciones. En las últimas tres cadenas el espíritu retorna hacia el Logos de la cadena.

En nuestra cadena, la cuarta, sabemos que el globo anterior al nuestro, el globo C, es Marte, que es físico y que el siguiente al nuestro, el E, es Mercurio.
En la tercera cadena, el globo D, el globo físico, fue la Luna, que actualmente no es sino un planeta muerto y un resto de un globo que fue muchísimo más grande.
En la séptima cadena, la Luna se desintegrará definitivamente. Blavatsky afirma de forma muy tajante que Marte y Mercurio NO pertenecen a la cadena terrestre. Sin embargo, Annie Besant y Leadbeater afirman lo contrario. Hoy en día casi todo el movimiento teosófico (incluido Jinarajadasa, que fue el último presidente de la ST que conoció a Blavatsky) admite que estos planetas sí pertenecen a la cadena terrestre. En resumen, este es nuestro esquema planetario:
En esta actual etapa, nuestro Sistema solar consta de diez esquemas evolutivos, separados y diferentes:
• Esquema de Vulcano.
• Esquema de Venus (que está en su 5ªcadena, y que es el esquema más avanzado).
• Esquema de la Tierra.
• Esquema de Júpiter.
• Esquema de Saturno.
• Esquema de Urano.
• Esquema de Neptuno.
• Tres esquemas desconocidos (puede que uno sea el de los Asteroides).

Juego de Tronos:
Daenerys



Primera ronda
En esta primera ronda, el Manú transfiriere todos los arquetipos para la totalidad de la cadena. Porque todos los gérmenes, sin excepción, aun cuando no todos se desarrollen en las primeras etapas, son ya introducidos en la primera ronda.
Para cada reino de la naturaleza, el Manú escogió una serie de formas. Estas formas en proyecto fueron transmitidas a los Señores de la Luna, que fueron los que iniciaron todas las actividades de la Primera Ronda. Ellos construyeron todas las formas arquetípicas en cada uno de los siete globos. La primera fase en nuestra cuarta cadena fue, por lo tanto, la venida a nuestro globo A, en la primera ronda, de unos avanzados Pitris Barhishad o Señores de la Luna, que supervisaron muy detalladamente la labor encargada por el Manú. Realmente, estos Pitris no tomaron parte en el proceso de creación. Estos Barhishads muy avanzados provenían del globo A, B y C de la cadena anterior, la lunar. Fueron los Bahrishad del globo G de la cadena lunar los que crearon las formas originales en el primer globo de la primera de las rondas de la cadena terrestre, dando sus “chayyas” o sombras para la construcción de las formas. Posteriormente, llegarían las entidades y ocuparían las formas así creadas. Una vez acabada esta tarea, esas formas fueron ocupadas por los humanosanimales de la Luna, pues las formas rezagadas son las que entran primero en un nuevo globo. Estos humanosanimales condensaron estas formas y las usaron de tal manera que generaron otras y otras formas que pudieran ser usadas por los animales lunares, aún más atrasados que los humanosanimales.
Desde el principio de los siete globos, los humanosanimales comenzaron desde su nivel más bajo. Empezaron por el segundo y tercer reino elemental, mineral, vegetal, animal, hasta alcanzar la forma humana en el séptimo globo, el G, de esta primera ronda de la cadena. A partir de ese momento, entre ronda y ronda, descansaron en el pralaya. En la segunda ronda, serían ya humanos desde el principio. Los globos A y G (primero y últimos) estaban formados con materia mental inferior, por eso estaban faltos de consistencia y estabilidad. Los globos B y F estaban compuestos de materia astral. Nuestro planeta, el globo D, tenía una gran parte de materia sólida, pero el calor era tan insoportable que hubiera impedido la existencia de cualquier cuerpo semejante al nuestro. Era un planeta ardiente y torturado por explosiones, con lagos de metal fundido e incandescente y lluvias de fuego. Por eso usaban cuerpos fabricados en sustancia etérica. En el pralaya que medió entre la primera ronda y la segunda, los globos fueron reacondicionados de tal manera que sus materias se hiciesen iguales que la de los vehículos de sus moradores.
Es muy difícil imaginarse las condiciones de estos globos, sobre todo las condiciones del globo A, pues supone vivir existencias mentales. Las formas mentales allí existentes serían las modeladas por el poder del Manú, y no las formas mentales equivalentes a nuestros conceptos. No olvidemos, que todo objeto o ser existente en el plano físico tiene también su manifestación en todos los planos que están por encima del plano físico. La transferencia de energías mentales que fluyen desde un plano mental muy superior al nuestro, la mente del Manú, tal vez en el plano cósmico, y que se anclan en el subplano mental material, es algo incomprensible para nosotros.

Cuando la vida llegó al globo D, se formó el cuerpo etérico del mineral. Después, a cada ronda, se irán activando más y más juegos de espirillas. Incluso en nuestra actual ronda, aún faltan espiriillas por entrar en actividad. Al llegar a la séptima ronda, por fin, el átomo estará del todo despierto y funcional, y equivaldrá el modelo que el Manú tenía en su mente.
El ser humano del globo A apenas merecería ese nombre. Sería algo así como un feto de las primeras semanas en relación con un adulto. Ese ser humano era un pensamiento, un embrión del futuro cuerpo mental.
Tras el globo A, la evolución transcurrió en el globo B, de materia astral. En el globo C, que era el planeta Marte, se inició ya la materia etérica. Los seres humanos tenían cuerpos que estaban ya formados, pero eran aún imperfectos pues no se podía disponer de materia de la totalidad de subplanos. Por ejemplo, solo se pudo añadir una escasa cantidad de materia etérica.
En el globo D, el propiamente material, los humanos tenían cuerpos flotantes y amorfos, parecidos a nubes. El calor era intensísimo. Hacia el final del período se comenzó a adherir a sus cuerpos algo de materia gaseosa.
En aquella época, la duración de un globo (siete razas) era muchísimo más larga que la de ahora mismo. Los seres humanos de entonces también pasaron por siete transformaciones, o siete razas, análogas a las razas raíces que todos conocemos de nuestra cuarta ronda.
Al terminar este período global (o sea, este globo D) la temperatura había descendido desde los 500ºC de media (aunque en algunas zonas hacía muchísimo más calor) hasta los 100ºC., y también empezaban ya a reaccionar y a agruparse los elementos químicos.
El globo E, que correspondía a nuestro planeta Mercurio, ya estaba compuesto en materia etérica de los tres estados superiores. La humanidad había avanzado hasta el estado, más o menos, de las amebas. Los humanos iban adquiriendo una conciencia más extendida y además se iban fortaleciendo sus vehículos inferiores.
En los globos F y G ya se produjeron los primeros elementos retardatarios. Al concluir el globo F, empezaron a aparecer egos que no habían podido alcanzar el estado que de ellos se esperaba, por tanto, no eran capaces de pasar el globo G con la masa de los egos considerados aptos. Estos, o algunos de estos, posteriormente, pasarían a ese globo G, en donde coincidieron con los remanentes del propio globo G que no habían podido llevar a término su evolución.
Pero este fenómeno no tiene nada que ver con la llamada “ronda interior”.
La ronda interior consiste en un fenómeno que asegura que cuando la oleada de vida retorne a ese globo no se tengan que crear de nuevo, desde el principio, todas las formas de vida. En cada globo van quedando unos cuantos representantes de cada reino, mónadas muy evolucionadas de ese globo, con el propósito de servir de inicio para cuando la oleada de vida retorne de nuevo a ese globo. Con este procedimiento, en cada globo se deja parte de su población para cuando sea necesario crear cuerpos para la ronda siguiente.


Cuando la oleada de vida pasa a otro globo, todo declina y se extingue, pero no del todo. Permanece una pequeña población de egos humanos, animales y vegetales, que se mantiene constante e número, hasta que, a la vuelta de muchos miles y millones de años, cuando retorne la atención del Logos a ese globo, sea necesario fabricar vehículos físicos aptos para la nueva humanidad. Entonces cambian las condiciones de vida en ese globo y los nuevos vehículos evolucionan rápidamente.
Esta es la llamada ronda interna.
En el gráfico anterior, vemos cómo el Logos ha retirado su mirada de todos los globos y la concentra en el globo D, que es el que posee en ese momento la oleada de vida y de actividad. Los otros seis globos están en oscuración y reciben un minúsculo rayo de su radiación. Pero esa oscuración no es completa: queda en todos ellos un núcleo de representantes de las formas de vida de todos los reinos.
Otra de las funciones de esta ronda anterior es servir como campo evolutivo para las entidades que han quedado retrasadas con respecto a sus compañeros de evolución en el globo.
Por ejemplo, cuando dejemos la Tierra para proseguir nuestro camino en Mercurio, los primeros egos que vayan allá obtendrán nuevos cuerpos físicos en vehículos proporcionados por la ronda interior que permaneció en Mercurio.
Estos vehículos, por supuesto, serán de calidad inferior, pero las primeras mónadas no los necesitarán porque las mónadas que alcanzan el nivel superior nunca encarnan en las primeras razas. Estas mónadas entrarán en encarnación cuando esos primeros individuos ya hayan llegado a su propio nivel evolutivo, o cuando anden muy cerca de él, y así les puedan proporcionar formas adecuadas.
En el caso de la ronda lunar (cuando la Luna era el globo D), en la anterior cadena, los egos más adelantados de ahí, generalmente, se incorporaron a la ronda terrestre hacia el cuarto globo. Como ya hemos visto, en la primera ronda de la cadena terrestre, los primeros seres lunares que aparecieron fueron los humanos animales lunares.

Juan Ramón González Ortiz

 

 

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