La
caída de los ángeles
Juan
Ramón González Ortiz

Este tema nos lleva nada más y nada menos que a los tiempos
de la raza lémur.
Los lemurianos pueden clasificarse en tres tipos según su modo
de reproducción:
La
primera subraza estaba sobre todo compuesta de los que aún
se reproducían mediante la exudación de una especie
de bolsa en el exterior de sus cuerpos. A este tipo pertenece la primera
subraza andrógina latente, y la segunda subraza, definitivamente
andrógina.
En el segundo tipo, el embrión se desarrollaba en una concha
y salía completamente formado . Este proceso afectó
sobre todo a elementos de la tercera subraza que ya eran hermafroditas.
En la cuarta subraza uno de los sexos empezó a predominar
sobre el otro. Al concluir esta subraza la separación de sexos
ya estaba claramente definida.
El
tercer tipo lemuriano comprendía los elementos de la 5ª,
6ª y 7ª subrazas. A partir de la 5ª subraza el hijo
nacía siempre en una bolsa o en un huevo, pero esta vez en
el interior del vientre de su madre. Esta trasformación marcó
el punto en el que la reproducción sexual empezó a
funcionar como en nuestros días, y así continuó
en las siguientes subrazas, la 6ª y la 7ª.
La separación de los sexos, efectuada bajo la influencia de
Marte, no fue el único acontecimiento excepcional de aquella
época en la historia de la humanidad. En efecto, después
de que las jerarquías creadoras (los Elohim, o Prajapati, o
Manasaputras o Sephirot, según la religión) construyeran
físicamente al ser humano, una jerarquía divina creadora
encarnó en la Tierra. En la India a estas entidades se les
llama los Kumaras.
Sanat
Kumara, el Señor del la Tierra. Hay muchas pinturas sobre Él,
pero probablemente estarán todas ellas muy alejadas de la realidad.
Venus
El planeta Venus es con respecto a la Tierra lo mismo que el Ser
con respecto al ego inferior. Venus es un planeta sagrado mientras
que la Tierra está comenzando a serlo. La afirmación
inicial implica un profundo misterio relativo a la naturaleza de
la relación entre los dos planetas y entre los dos principios
que se relacionan. La enseñanza oculta nos dice que la luz
nos llega desde Venus, que recibe una triple distribución
y que da un tercio a la Tierra. Por esto a los dos planetas se les
llama hermanos gemelos, pues Venus es el alter ego de la Tierra, su
prototipo espiritual. En numerosas tradiciones se afirma que el Logos
planetario de Venus amaba de tal manera a la Tierra que encarnó
en ella y le dio leyes perfectas, que por cierto fueron despreciadas
y negligidas. También existe un lazo psíquico entre
el Logos de Venus y el de la Tierra. El origen de este lazo se originó
en la polaridad de estos dos planetas: Venus es de polaridad negativa
mientras que la Tierra es positiva. Todo esto formó una alianza
planetaria que se concretó en la venida de entidades venusianas
a nuestro pequeño planeta azul.
Venus es un planeta mucho más antiguo que la Tierra. Es el
más oculto, el más poderoso y el más misterioso
de todos los planetas de nuestro sistema solar. El sol Sirio es la
fuente supramental (la inteligencia divina), y Venus es la causa de
la venida de esta mente a nuestra tierra a través de la mediación
de un grupo de grandes señores, llamados en la India los Kumaravatar.
El Maestro Tibetano narró de la siguiente manera el descenso
de estos avatares cósmicos:
“Algunos acontecimientos ya han sido captados y realizados por el
estudiante de ocultismo, que ha examinado esta enseñanza con
cuidado y atención. Un estudiante así es consciente
de la asociación del Espíritu materia con la mente
o manas. Esta asociación se realizó durante la tercera
raza raíz y, de hecho, a partir de ese acontecimiento la familia
humana se consideró presente ya en la Tierra. El estudiante
sabe que esto se debió a la venida de grandes Entidades corporalmente
establecidas. Ha aprendido que estas Entidades provenían de
la cadena venusina y que operaron en el momento preciso la necesaria
unión. Emprendieron el gobierno del planeta y fundaron la Jerarquía
oculta. Estas Entidades retornaron a la fuente de la cual provenían,
aunque algunas de ellas hayan permanecido en nuestra cadena.” (A.A.B.
Astrología Esotérica)
En el seno de las escuelas de misterios al planeta Venus, desde hace
miles de años, se le considera un planeta misterioso y por
eso era mantenido oculto. En consecuencia, no figuraba en multitud
de mapas astronómicos. Estaba presente, por supuesto, pero
velado por otra figura. Este descenso fue evocado por el profeta
Isaías cuando dijo:
“¡Oh, Lucifer, hijo de la aurora, has descendido de los cielos!”
En una gran parte de los mitos de la Antigüedad cuando hay que
jurar se jura por Venus. La serpiente que Moisés transformó
en símbolo también se relaciona con Venus. Los judíos
adoraban a la Estrella de la Mañana. La Venus Isis egipcia,
la VenusIshtar babilonia y la VenusAtenea de los griegos tenían
serpientes o dragones junto a ellas en sus representaciones. Entre
los toltecas Venus se representaba por una serpiente con plumas (¡y
voladora!). Es la nube serpiente” de los inicia¬dos de Méjico,
que sabían que algo de ese planeta había descendido
a la Tierra. En los Vedas frecuentemente se compara a Venus con un
toro, y fenicios y sirios llamaban a Venus “Astarté, la cornuda”.
Contrariamente a la creencia de algunos arqueólogos, la Astarté
de los fenicios no es la Luna. Es Venus. El sacrificio del toro,
cuyos vestigios perviven en las corridas de toros, era una forma
de rendir culto a Venus. Fueron los etíopes negros los que
llevaron este culto a Egipto. Posteriormente, el culto de Apis fue
extendiéndose como festividad en tiempos de los hicsos hasta
llegar a la Creta de Minos y la Grecia micénica
Sin entrar en demasiados detalles metafísicos, hay que decir
que el Señor del Mundo, el Sanat Kumara de los hindúes,
o el Melquisedec bíblico, es considerado en sí mismo,
y antes que nada, como “El gran sacrificio”, igual que sucede con
cualquier avatar encarcelado en esta estrecha Tierra con el único
fin mejorar la Humanidad.
Lo que equivocadamente fue llamado “caída de los ángeles”,
y que nosotros llamamos “el sacrificio libremente consentido de las
sublimes jerarquías espirituales”, tenía como finalidad
despertar la consciencia mental y la inteligencia de los mejores elementos
de la raza lemuriana. Estos tipos eran los que antes hemos llamado
“los hermafroditas” y fueron, literalmente, adumbrados por estas
entidades espirituales y llegaron a ser los héroes gigantescos
y los semidioses de los mitos antiguos.
Este acontecimiento permitió la aparición de una extraordinaria
raza de grandes reyes divinos que, no solamente influenciaron positivamente
con su presencia sino que también despertaron de manera muy
rápida la inteligencia de sus discípulos iluminándolos
desde el interior e instruyéndolos desde afuera en las maravillosas
leyes de la Naturaleza.
Llegaron a ser, por tanto, los primeros grandes instructores de la
Humanidad y los verdaderos creadores de muchas civilizaciones. Los
lemurianos de las 6ª y de la 7ª subrazas (llamados “los
Davanas”) han dejado algunos vestigios de su paso por la Tierra en
forma de los restos de construcciones ciclópeas, todavía
visibles hoy en día.
Estos instructores, o héroes semidivinos, tenían como
deber, además de elevar a la humanidad de esa época
imponiéndole una potente estimulación mental, instruir
a esos lemurianos aún no adumbrados en los misterios de la
existencia. Dos aspectos fundamentales de esta enseñanza eran,
por un lado, la necesidad de efectuar el contacto sexual según
ciertas reglas y, por otro lado, la exigencia no tener jamás
ninguna relación sexual con los tipos lemurianos primitivos,
desprovistos por tanto de cualquier chispa mental.
Hanuman, el héroe lemuriano
Hanuman, el dios mono, no es simplemente un héroe. También
es bondadoso, y además es un gigante. Fue el que salvó
a Sita, la esposa de Rama. Posee en sí mismo todas las características
del tipo lemuriano. Este héroe es uno de los más populares
dioses de la India. Fue hijo de Pavana (el dios del viento, o Vayu)
y de Anjani, esposa de un monstruo llamado Kesari. Hanuman representa
el tipo lemuriano superior que, debido a su continuado esfuerzo,
ha logrado separarse de la primitiva raza lemuriana, por esta razón
fue inspirado por un gran ser (aspecto padre), aunque por su aspecto
físico (o aspecto madre) pareciese un gigante de tan simiesca
apariencia que en el propio Ramayana se le denonima “mono”.
Hanuman es un Vanara, igual que todos sus hermanos que, arriesgando
sus vidas, ayudaron al señor Rama. En el Ramayana se nos dice
que “son los émulos de los Daitya y de los Davana” . Davana
es el nombre dado a los lemurianos de las 6ª y 7ª subrazas,
mientras que Daitya son las primeras subrazas atlanteanas.
Los lemuroatlanteanos de la época de Rama eran todavía
terribles gigantes dotados de grandes poderes físicos y psíquicos.
Algunos eran buenos, pero otros eran malvados. Existía un tercer
grupo, un temible tercer grupo, constituido por los lemurianos degenerados.
Se trata de los Raksashas, machos y hembras. Surgieron como consecuencia
de los cruces prohibidos entre los lemurianos mentalizados y los
lemurianos aún desprovistos de mente.
En el Ramayana se nos muestra, entre los que combatían a Rama
y a su hermano, a un significativo especimen de este tipo. Era un
cíclope terrorífico y antropófago, llamado “El
valeroso de los Davana”, y que no deja ninguna duda con respecto
a su identidad.
Juan Ramón González Ortiz