El
Hombre y su Conexión Angélica
Octavio
Casas Rustarazo

Todo cuanto
existe en el mundo manifestado tiene su correspondiente relación
con el mundo dévico. El axioma de “el hombre piensa y el ángel
construye” o el de “la energía sigue al pensamiento”, resume
en sí la mutua interdependencia de estos dos reinos. Así,
la evolución del hombre y el mundo dévico van de la
mano, son interdependientes o paralelas en este Universo en el que
somos, nos movemos y tenemos el ser.
En el
actual proceso evolutivo de nuestra Humanidad, esta verdad no es menor,
y ya de entrada –como muy bien sabe el esoterista– tres grandes elementales
dévicos, bien llamados Elementales Constructores, conforman
los tres campos manifestados que sirven de expresión a su parte
física, emocional y mental. Estos llamados Elementales Constructores
comandan miríadas de devas menores que realizan su misión
particular, y siempre en orden a su particular y jerárquica
escala evolutiva. El hombre, poco a poco, llega a familiarizarse y
a conocer dicha interdependencia, el iniciado ejerce sobre la misma
un control o manejo con maestría absoluta.
Cabe preguntarse
si esta interdependencia puede llegar a limitar el uso del libre albedrío
en el ser humano o pueda ejercer sobre el mismo alguna influencia
que llegue incluso a coartar sus propósitos individuales o
incluso de apoderarse de su propia voluntad. Existe, sin duda, una
gran sutilidad en la creación y asimismo unas leyes fundamentales
que comandan la perfección en el mundo creado. Cuando en el
ser humano aparece el libre albedrío, la voluntad, o aquella
capacidad de decisión que le hace un ser unipersonal, piensa
que todo está bajo su control y, sin embargo, posteriormente
el autoconocimiento o el conocimiento superior, le harán ver
que definitivamente está conformado por un conjunto de energías
a descubrir y que ha de aprender a manejar correctamente, energías
que le sirven temporalmente como campo de expresión, pero,
que después ha de proseguir en otros tareas diferentes, dejará
atrás viejas ataduras inservibles o caducas para pasar a su
próxima etapa evolitiva. Es la ley fundamental de la evolución,
pero, es, en esa capacidad de poder decidir dónde está
en cierta manera la posibilidad de variar o acelerar el rumbo para
el cual está predestinado, y, teniendo en cuenta que para conseguir
sus metas o libres propósitos, deberá primero conocer
y respetar siempre las sagradas leyes que constituyen el equilibrio
o la perfección de los mundos manifestados, de lo contrario
contraviene aquella sagrada ley evolutiva que definitivamente le hará
retrotraerse para corregir viejos errores.
Constitución
Septenaria del Ser Humano y su actual proceso Evolutivo. Los Ángeles
Solares.
El siguiente
esquema refleja de manera precisa la verdadera constitución
del ser humano. Así

vemos dos partes bien diferencias dentro de su campo evolutivo, la
que hace relación al mundo de una personalidad que transmigra
vida tras vida, y aquella parte más autoconsciente que finalmente
le acerca a su verdadero Yo o Atman, aquella parte inalterable o mónada
espiritual.
La evolución se produce de forma conjunta entre los diferentes
reinos en manifestación, los que vemos y aquella parte oculta
que no está al alcance de nuestros cinco sentidos. Para llegar
hasta aquí han hecho falta muchos millones de años,
y el paso por las diferentes Eras, Razas y Yogas: Era Polar, Hiperbórea,
Lemúrica, Atlante, y la actual Aria, y todo con el desarrollo
de los diferentes Yogas: Hatha Yoga o físico, Bakti Yoga o
emocional, Raja Yoga o desarrollo mental, Agni Yoga o yoga del fuego,
actual, y acercándonos al Devi Yoga o yoga dévico. Y
todo ello en relación a otros Esquemas Planetarios que de una
manera u otra se relacionan al nuestro y son partícipes del
mismo proceso evolutivo.
Dentro
de esta vasta complejidad se pueden producir oportunidades en las
que es posible un cierto grado de aceleración en la evolución
de determinados reinos, y es aquí donde hacemos mención
al misterio de la venida de los Ángeles Solares, cuando el
ser humano era mitad animal, mitad hombre, en este período
evolutivo nace el llamado misterio de la individualización,
y es así como se hace posible gracias a la intercesión
de aquellas indescriptibles Entidades cósmicas llamadas esotéricamente
los Dyanes del Fuego o Ángeles Solares, que se produce una
aceleración o crecimiento del ser humano, que en definitiva
es el actual o de nuestros días. Ello significa que dichos
seres se comprometen a someterse a un ser humano para su progreso,
y cada ser humano dispone de su propio Ángel Solar, y que una
vez cumplida su misión retornará a su fuente de origen.
Cuando en la Biblia se nos habla del Pentecostés, refleja precisamente
la venida y bendición que recibe el ser humano y que viene
a significar el anterior comentario. Es asimismo la Leyenda de Prometeo,
en palabras de Vicente Beltrán: “…también se dice que
se operó un prodigio en el reino animal, y todas aquellas entidades
del mundo animal que estaban ya invocando la fuerza del espíritu
accedieron por obra y gracia de Sanat Kumara al proceso de individualización.
Se trajeron del Cosmos, del gran quinto principio cósmico,
del quinto plano del Sistema Solar la luz, aquello que se llama el
Prometeo cósmico que roba a los dioses, el fuego de los espacios
siderales, y unas entidades pertenecientes asimismo al Corazón
místico del Logos Solar, que se llaman los Ángeles Solares,
cogieron el fuego de manas y lo transportaron al cerebro incipiente
de la raza de los hombres, y desde entonces el hombre accedió,
por obra y gracia del Espíritu Santo, tal como místicamente
se dice, a la gloria de la mente. Desde entonces, una serie indeterminada
de unidades monádicas que operaban en el reino animal accedió
al reino humano, y desde entonces existió el 4º Reino
de la Naturaleza o Reino Humano”.

Los Ángeles en el proceso del Nacimiento y Muerte del
Ser Humano
Tampoco
sería posible entender en la vida del hombre, y en su paso
por la Tierra, los hechos fundamentales de su existencia sin la imprescindible
colaboración del mundo angélico. Así, el nacimiento
lo rige el llamado Ángel de la Liberación; cuando sobreviene
la enfermedad la rige el llamado Ángel de la Justicia; la vejez
está regida por el Ángel del Tiempo o de los Archivos
Akásicos, y finalmente la muerte está presidida por
el Ángel Exterminador o el Destructor de la Forma.
Estos
grandes seres angélicos realizan sus diferentes labores, pero,
con el mutuo conocimiento y colaboración entre sí, realizan
de forma precisa aquella labor conjunta y armoniosa que es del todo
importante para no dejarse nada en el camino, nada pendiente en la
elaboración y estudio de los diferentes ciclos que tocan pasar
a cada ser humano según su karma y condiciones particulares.

El Contacto consciente con el mundo Angélico
Existirá
un momento en la vida del aspirante espiritual que le llevará
a plantearse de cómo llegar a un contacto más íntimo,
más, digamos, personal, con aquellas fuerzas de la Naturaleza
que de alguna manera ya llega a percibir, bien sea de forma intuitiva,
por su grado de sensibilidad o por algún tipo de experiencia
que se le presente, bien sea a través de hechos concretos o
experiencias de tipo psíquico que se le van presentando en
el diario vivir. Si dicho aspirante posee una mente lo suficientemente
analítica, equilibrada y busca dicho contacto con toda la naturalidad
que la propia magia de la vida nos presenta, si además no busca
dicho contacto para ningún beneficio personal, ni para un cierto
grado de aprovechamiento, ahí posiblemente pueda empezar una
nueva vida donde el contacto angélico sea un hecho más
consciente en su existencia o se convierta en algo de naturaleza más
familiar.
A este
respecto es muy interesante leer, como ejemplo real vivido, la experiencia
narrada por Vicente Beltrán Anglada, en el siguiente párrafo
extraído de su libro “Los Ángeles en la Vida Social
Humana”.

Las Condiciones Íntimas del Contacto Angélico
Puede que Uds. se hayan interrogado alguna vez acerca de cuáles
deberían ser los requisitos mediante los cuales un ser humano
podría establecer contacto con los Devas y con todas las fuerzas
ocultas de la Naturaleza. Bien, esta interrogante podría ser
contestada desde un ángulo puramente científico y psicológico,
por ejemplo: “... tratando de ser conscientes de las mismas.” Esta
respuesta, que aparentemente no dice nada, lo está diciendo
todo, habida cuenta que el contacto dévico o angélico
ha existido siempre, en todas las fases de la vida evolutiva de la
humanidad y en todos los niveles dentro de la inmensa complejidad
y magnificencia del mundo oculto que nos rodea y compenetra. El sentido
intimo de la civilización, de la cultura y de las tradiciones
de todos los tiempos, revela siempre el contacto del hombre con las
fuerzas subjetivas e invisibles de la Naturaleza. Los Ángeles,
en su multiplicidad de jerarquías y funciones, han constituido
perennemente el centro de todos los mitos sagrados, leyendas misteriosas
y narraciones simbólicas del mundo. Desde los poderosos Arcángeles
o Mahadevas, Señores de la espiritual revelación, hasta
los humildes devas elementales que cuidan de la construcción
de los átomos químicos, pasando por los Devas familiares,
Genios o Daymons que inspiraron las obras de los grandes filósofos
y artistas del pasado, todo es CONTACTO, REVELACIÓN e INSPIRACIÓN.
Sólo hay que abrir los ojos e intentar percibir esta infinita
prodigalidad dévica. El segundo paso corresponde al esfuerzo
por desarrollar conciencia dévica en nuestra vida de aspirantes
espirituales y evocar respuesta de los éteres inmortales. Para
ello deberemos adquirir un tipo de sensibilidad espiritual con respecto
al entero contexto ambiental que nos envuelve. El término comprensión,
que es la antesala del amor humano, define muy claramente ese tipo
de sensibilidad, que permitirá modificar sensiblemente la conciencia
psicológica hasta el punto de suprimir todas las reacciones
de tipo personal, corrientemente de carácter antagónico
y, como consecuencia, provocar una reacción psíquica
de carácter dévico que creará un impacto en nuestra
conciencia y llenará de luz algún hueco de nuestro cerebro,
permitiendo cierta liberación de energía espiritual
y desarrollando algún definido y cualificado grupo de células.
El proceso parece sencillo; sin embargo está lleno de dificultades
y los hábitos egoístas de la personalidad crearán,
a no dudarlo, zonas de gran resistencia a las buenas intenciones del
alma. Pero, habrá que perseverar en el intento y hacer frente
a todas las dificultades, sabiendo de antemano que el contacto dévico
nos hará conscientes de ocultos e ignorados niveles de armonía
dentro del propio ser y que los resultados obtenidos, ya en un buen
principio de los intentos de acercamiento dévico, mantendrá
nuestro ánimo muy sereno, animoso y expectante y la voluntad
muy firme y dispuesta a enfrentar los incidentes psicológicos
de la búsqueda.
Las primeras experiencias de contacto dévico afectarán
quizás el sentido del olfato en forma de vagos o penetrantes
perfumes. También podrá percibirse auditivamente las
notas de una música tenue, suave y lejana o bien será
posible registrar en los éteres ambientales una serie de luces
de varios colores que surgen inopinadamente dentro del campo subjetivo
de nuestras percepciones internas, para desaparecer asimismo raudamente,
aunque deparándonos una sensación psicológica
de paz y de bienestar. Más adelante, las tomas de contacto
serán más concretas y objetivas, desde la vaga impresión
de que Alguien está a nuestro lado ayudándonos con su
presencia, singularmente en momentos de grandes problemas y dificultades,
hasta la visión concreta y objetiva de los pequeños
devas y espíritus elementales de la Naturaleza. Finalmente,
se abrirá por completo el campo de nuestras percepciones sutiles
en el éter y seremos capaces de percibir a los Devas familiares,
quienes, con infinita cordialidad, nos introducirán en el extenso
y dilatado campo de las relaciones dévicas. En esta fase nos
será posible, sin duda, establecer contacto y entablar amistad
con algún Deva superior, el cual nos hará conscientes,
si a ello estamos realmente dispuestos, de los misterios del Reino
Dévico, con sus profundas enseñanzas místicas
sobre las leyes ocultas de la Naturaleza y los íntimos secretos
y sagrados misterios que preceden a la iniciación espiritual
del ser humano.
El proceso de sensibilización psicológica que precede
al contacto dévico deberla iniciarse con un voluntario silencio
de palabras, ya que según expresión de los propios Ángeles
el silencio contiene espíritu y las palabras suelen contener
aspectos materiales. Sea como sea, el silencio ha sido adoptado como
norma de desarrollo espiritual por todas las escuelas esotéricas
y místicas del mundo y el contacto angélico, que es
una expresión del desarrollo espiritual del ser humano, no
podía escapar de la regla. El silencio de palabras atrae por
simpatía el silencio de deseos y pensamientos y, según
mi propia experiencia, la quietud mental ha sido una norma natural
para establecer contacto con los Devas. Así, resulta conveniente
un saludable ejercicio de silenciación de palabras cuando nada
importante tengamos que decir, o suspenderlas en un acto meritorio
de silencio cuando las condiciones ambientales así lo exigiesen,
aunque teniendo en cuenta en todos los casos que el permanecer íntimamente
silenciosos no debe implicar nunca desconsideración o falta
de cortesía hacia los demás, sino una sincera y confiada
deferencia hacia el Ser interno, Quien nos revelará intuitivamente
cuando hay que hablar o cuando es necesario callar...
Como Uds. habrán podido constatar, estoy refiriéndome
a ciertas experiencias de carácter íntimo aunque de
efectos ambientales, pero cuya culminación en el orden oculto
ha de ser el establecimiento de unas relaciones conscientes con el
mundo dévico. Quizás Uds. habrán tenido alguna
vez experiencias de ese tipo, en la niñez o en el devenir de
ciertas etapas de sus vidas cuya trascendencia motivó profundos
cambios en sus conciencias. La manera imprevista como tal proceso
culminó en una solución correcta cuando ya todo parecía
perdido, podría indicar quizás que en el desarrollo
de la misma intervinieron factores ocultos que llevaron a cabo por
procedimientos supranormales aquello que seguramente se hallaba más
allá del alcance de nuestras fuerzas o posibilidades. Podríamos
decir al respecto que muchas de las soluciones atribuidas a la acción
humana nada o muy poco tienen que ver con la utilización de
la voluntad o del libre albedrío... El libre albedrío
expresa frecuentemente una incapacidad manifiesta para solucionar
ciertos problemas vitales en el devenir de la existencia humana, debiendo
ser aceptada entonces la presencia oculta de una voluntad oculta completamente
independiente de la del hombre, que realiza por arte mágico
-si es que podemos decirlo así- cuanto éste es incapaz
de realizar. Sólo así es posible que se cumpla normal
y adecuadamente el karma del ser humano y el de la propia humanidad.
Y, naturalmente, dentro de los límites de esta comprensión
habrá que aceptarse asimismo como lógica la idea de
que una infinita legión de entidades ocultas, llámeselas
ángeles, devas o simplemente energía divina, está
cumpliendo el propósito de la Vida de Dios en la Naturaleza
con una total abstracción de los deseos y las voluntades de
los hombres. De ahí también que la perfección
humana, que nace del augusto cumplimiento del destino kármico,
no sea sino un resultado de la compenetración inteligente del
hombre con la actividad de los Devas, que desde los niveles ocultos
cuidan del cumplimiento de la Voluntad de Dios.

Octavio Casas Rustarazo