La constitución oculta del ser humano y el esfuerzo espiritual
Juan Ramón González Ortiz

revista nivel 2
Hay un antiguo dicho ocultista que dice, más o menos, que hablar del yo verdadero referido tan solo a la parte externa y material del ser humano es como decir que es la casa es más importante que el morador. Y sin embargo, esto es lo que hace la ciencia, la cual, en muchos campos, ni siquiera ha llegado del todo a comprender y dominar del todo el aspecto materia, a cuyo estudio se entrega. Y ya no digamos el aspecto energía, que sigue siendo un misterio insondable para la ciencia. A continuación vamos a repasar rápidamente la constitución oculta del ser humano en sus diferentes cuerpos, para centrarnos en lo más importante: el esfuerzo de la voluntad espiritual.
Según afirma la Teosofía, la Mónada, incapaz de actuar en los planos inferiores de la existencia, se reviste a sí misma de diversas “vestiduras” para poder ejercer su actividad en los niveles más alejados a ella. Cada una de esas vestiduras pertenece a cada una de las regiones del universo que la Mónada, incandescente y vívida, ha de atravesar en su camino hacia los mundos más densos. Por tanto, el mismo camino que la Mónada emprende para venir hacia nosotros, es el que tenemos que emprender nosotros para llegar a su propio nivel.
Cuando la Mónada desciende de su plano, se manifiesta en tres aspectos: Atma, Budi y Manas. Es decir: Espíritu; Intuición en el ser humano, o Sabiduría en su corazón; e Inteligencia humana. Atma permanece siempre en su propio plano; Budi se manifiesta en el plano búdico y al mismo tiempo en la Intuición humana; y Manas se manifiesta en el plano mental superior, y en la Inteligencia humana. Esta triple manifestación forma el Ego superior, muy diferente del ego inferior, del que ya hablaremos. Al Ego también se le llama Individualidad. A su vez, este Ego se reviste de un cuerpo propio, es el llamado cuerpo causal, formado de la materia del plano mental superior. Este cuerpo causal es el concepto equivalente a lo que también se denomina alma.
Así pues, el ser humano es una Mónada que se manifiesta como Ego en el mundo mental superior por medio de un cuerpo causal. El Ego siente nuevamente el impulso de descender al mundo físico, pero para eso tiene que atravesar los mundos mental inferior y astral. Al hacerlo, se reviste de esas materias, envolviéndose en esos velos que se van a transformar en sus cuerpos mental y astral. Tras haber asumido todas esas sustancias intermedias, ya puede establecer contacto con el humano incipiente que se aglomera y se forma en el interior del vientre de una madre. Es necesario que el Ego se recubra de todos estos cuerpos para ponerse en contacto con el mundo físico.


Al final de la vida, cuando el cuerpo físico ya está gastado, el proceso se invierte y uno a uno todos los cuerpos se van desechando a partir del punto en el que finalizó el descendimiento del Ego: cuerpo físico (y energético), astral y mental.
El Ego crece y vive pero sin las alteraciones de los planos en los que mora. No le afecta nada de lo que sucede a su alrededor. Ni la muerte ni los nacimientos. Su finalidad es retornar a la divinidad. Puesto que mora en un cuerpo permanente, el cuerpo causal, atesora allí la memoria de las experiencias de todas las personalidades por las que ha ido desfilando.
La constitución exacta del ser humano es ser una Mónada. El Ego expresa parcialmente esa Mónada, y el ego inferior (que es el cuerpo físico, junto con el cuerpo astral y el cuerpo mental inferior), o personalidad, expresa también parcialmente ese Ego. La personalidad de cualquier ser humano no deja de ser el resplandor, o la proyección más bien, de su propio Ego superior. Sin embargo, el ego no es sino un mínimo fragmento del Ego, con el cual está en relación. Creer que a partir de la personalidad podemos conocer o inferir el Ego de alguien equivale a decir que conociendo la nariz, o un solo dedo de una mano, podemos conocer la totalidad de los rasgos físicos de una persona cualquiera. Por tanto, lo que usualmente creemos que es una persona, no es sino una minúscula y reducidísima parte de lo que es la persona verdadera.
La personalidad, o ego inferior, es también un elemento necesario para cumplir un trabajo en el plano físico. La Individualidad ha de usar la personalidad. Y así, encarnación tras encarnación. La relación entre Ego superior y ego inferior, o personalidad, es semejante a la relación que mantienen las cuentas de un rosario y el hilo interior, que las une y les da sentido. Las cuentas se suceden, y son necesarias para el rezo. Pero apenas la oración ha sido pronunciada, la cuenta cae en oscuración hasta la ronda siguiente, en que volverá a despertar para jugar su pequeño e importante papel. Cada uno de estos cuerpos (mental, astral y físico) posee su vida propia y su conciencia propia, que no tiene nada que ver con la vida y la conciencia del individuo que usa esos cuerpos. La conciencia que el cuerpo tiene de sí mismo se llama “elemental físico”. La conciencia del cuerpo astral, “elemental astral”. Y la conciencia del cuerpo mental se llama “elemental mental”.
La materia de estos tres cuerpos no es materia inerte, ladrillos o lodo. No. Es una materia vivificada por el Tercer Aspecto del Logos. No solo es una materia viva sino que también tiene su propia alma, es decir, su propia conciencia, originada también a partir del Segundo Aspecto del Logos. Se trata de la llamada “esencia elemental” o “esencia monádica”. La vida penetra todos estos cuerpos y, sin tener inteligencia, sí que tienen un fuerte instinto de lo que es ventajoso o adecuado para ellos. Esta primaria mentalidad, o instinto, se manifiesta en una continua y constante presión para que se siga la línea que a ellos los favorece.
Así como el Ego no se siente afectado por todo cuanto gira a su alrededor, las esencias elementales de estos tres cuerpos, por el contrario, sí que responden a los estímulos que le llegan del exterior.

Buscan crecer y necesitan un tipo determinado de vibración, de sacudidas, que les permita ese crecimiento. Para estos tres cuerpos, evolucionar y crecer es profundizar más y más en sus propias materias, y sentir cada vez más el impacto de las materias que les son propias, descendiendo más hacia formas de materia más densas. Pero para el ser humano que está en la vía del progreso hacia el Ego, sucede justo todo lo contrario: lo que busca es elevarse desde la materia hacia lo espiritual, reaccionando solo a los impactos más sutiles, delicados y bellos. Con este conflicto de cuerpos y de intereses, ya tenemos planteada la guerra que desgasta a todo ser humano en el tránsito del desconocimiento al conocimiento. Uno tiende hacia lo alto, y el otro busca lo bajo.
El elemental mental tiene como esencia propia vagabundear, es decir, la permanente búsqueda de las vibraciones más variadas, por eso de ninguna manera acepta que la voluntad lo subyugue o lo fuerce a mantenerse focalizado sobre algo determinado tiempo. Cualquiera que haya intentado, en cualquier ocasión, dedicarse al estudio o a la meditación sabe que es una verdadera y desalentadora pelea.
El elemental astral requiere el impacto del deseo, pues es su materia, y aún mejor si se trata del impacto de las pasiones o de emociones intensas. Para el elemental astral, las vibraciones del deseo que sean fuertes y que sean de bajo nivel son extraordinarias, pues ese tipo de vibración son las que mejor le permite evolucionar.
El elemental físico atrae la atención del individuo cuando necesita alimento, bebida, descanso, o más calor, o refrescarse. Pero también tiene una conciencia interna que le hace defenderse de ataques exteriores o interiores, como las infecciones, protegiéndose a sí mismo con un ejército de células y de mecanismos defensivos. También ejerce su conciencia cuando dormimos. Naturalmente, va en su esencia resistir a cualquier tipo de trabajo, aduciendo que está cansado, o que está débil, o que es ese trabajo es inútil o peligroso.
Como ya hemos dicho, no sería correcto decir que estos tres cuerpos poseen inteligencia. No. La inteligencia que pueda poseer una forma mineral es superior a la de estos tres cuerpos. Lo que tienen es una capacidad grandísima para adaptarse infatigablemente a los ambientes y buscar lo que su esencia les reclama. Las moléculas o corpúsculos que forman el cuerpo mental, el cuerpo astral, el cuerpo físico, los tres, tienen una percepción de sí mismos como si fueran un todo completo. Y no saben que están inscritos en una estructura mayor, llamada cuerpo mental, o cuerpo astral, o cuerpo físico. Con las células del cuerpo es perfectamente comprensible: una célula aislada de un rincón cualquiera del cuerpo lo desconoce todo del sistema al que pertenece, y ya no digamos de la persona a la que inconscientemente sirve. Sin embargo, estas sustancias perciben perfectamente que en sus “humanas” condiciones (adheridas al cuerpo astral, o mental o físico de un ser humano) reciben muchos más impactos, y más intensos, que los que podrían recibir formando parte, en su plano, del reservorio general de materia astral, mental o física. Ello es natural, pues aliados al ser humano reciben oleadas y oleadas de su propia esencia en su más alta intensidad.


Los tres cuerpos inferiores, como vemos, se comportan como verdaderas entidades, pues tienen su propia percepción de que son una individualidad, la cual, en consecuencia, se comporta en su propio provecho.
El elemental del deseo, percibe que hay una sustancia más fina que la suya, la del cuerpo mental, y por tanto anhela envolver e inundar a esas partículas de materia mental, anegándolas en las ondulaciones de su propia materia. El cuerpo astral no va a cejar en este intento pues comprende que así puede dominarnos por el pensamiento, de tal manera que la mente pensará solo en lo que sea más deleitable para el cuerpo astral. Y así ejerce una continua, e imparable, presión sobre la mente del ser humano, induciéndole, condicionándole, una especie de sed por tal sensación o tal deseo: la cólera, la sexualidad, la necesidad de beber alcohol, el sentimiento de superioridad…
Esta presión es totalmente natural, e incluso inocente, para ese cuerpo determinado porque esta tendencia ya está puesta en su naturaleza. Pero no es así para el humano, que es el dueño de todos sus vehículos. De ahí la necesidad de aguantar y resistir. Además, es verdaderamente vergonzoso para un humano ser esclavizado y utilizado por un elemento que ni siquiera llega a la categoría de mineral. El alma sigue un camino diametralmente opuesto: surge así la perpetua lucha y la atroz desazón que persigue a todo ser humano empeñado en el camino de perfección.
Si logramos resistir, negando la satisfacción a ese cuerpo, poco a poco va alterándose su esencia elemental, construyéndose una entidad totalmente nueva, totalmente distinta. Porque las partículas que conforman esta entidad son sustituidas, o vivificadas, por otras más elevadas cuya vibración está más de acuerdo con los objetos, emociones o deseos que habitualmente el ser humano introduce dentro de su campo astral. Si así hacemos, cuando acabemos nuestra período de encarnación devolveremos un tipo de esencia elemental superior, mucho más refinada que la que trajimos en el momento de nuestra venida a este mundo. Además, la calidad del elemental astral es algo importantísimo en la vida que se inicia tras la muerte.
Si sucumbimos a la “tentación”, los cuerpos inferiores acrecentarán su fuerza hasta el punto de que el humano, literalmente, no pueda resistirse, identificándose con sus objetos de deseo.
Tras haber leído estas páginas, ya podemos entender el porqué de la tentación, y así mismo ese grito desesperado de san Pablo cuando escribía que hay en él dos personas: una que tiende al bien y a lo sublime, pero también hay otra, a la que él llama “cuerpo de pecado”, que busca frustrar todos esos intentos y envolverlos en la materialidad y en el egoísmo: “la ley de la mente pelea contra la ley de los miembros”. Luchemos con fiereza y resistamos las pulsiones de nuestros pobres cuerpos inferiores, que no hacen sino lo que deben hacer. Si tal hacemos, algún día alguien podrá decir de nosotros que fuimos Argonautas del Espíritu….

Juan Ramón González Ortiz

 

 

 

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