El
oscuro corazón central del
III Reich (I)
Juan Ramón González Ortiz

Todos hemos visto películas sobre siniestras hermandades o,
al contrario, sobre muy santas y muy nobles órdenes de caballería
¿No es así? En todas aparece un castillo, con una amplia
sala circular para celebrar las reuniones a la movediza luz de las
antorchas. No fue, ni mucho menos, Tolkien quien inventó esta
situación. En realidad, fue un poeta ciego, como Homero, del
S. XII, el primero que empezó a cantar la existencia de unos
caballeros que se sentaban en la así llamada Mesa Redonda.

Himmler también le daba vueltas en su cabecita al arquetipo
del castillo, de un Camelot. Pero la exaltada imaginación de
Himmler iba mucho más allá: en primer lugar, él
quería un Camelot dedicado a las artes negras y que fuese sede
de la Orden Negra, la SS. De la cual él era, nada más
y nada menos, Reichführer.
(La segunda cosa que él quería, te la explicaré
más adelante. En estas mismas páginas).

La idea le atormentaba desde años atrás, se imaginaba
todo esto, y más, cada vez que veía el castillo medieval
de Burg Trausnitz.
El importantísimo erudito y judeófobo, Jörg Lanz
von Liebenfels, al cual casi se le podría llamar “El Precursor”,
místico de profesión y de palabrería, fundador
y propietario de la revista “Ostara”, dedicada a divulgar la ariosofía,
llegó a comprar, en torno a 1900, el castillo de Burg Werfenstein
como sede mística de su movimiento. Este castillo fue el primer
sitio en Alemania en el que ondeó una esvástica en el
centro de una bandera.
Desde 1932, ya había algunas escuelas especiales para futuros
oficiales de la SS en centros históricos, castillos y lugares
de interés. La más famosa era la escuela de liderazgo
(Junkerschule) de Bad Tólz, el balneario alpino de Baviera

FOTO: Junkerschule de Bad Tölz, en realidad
un
campamento secundario de Dachau.
Pero no, Himmler tenía otra cosa en mente. No quería
tener un mero lugar en el que simplemente “dar clase”. Quería
más que eso. Quería un castillo. “Su” castillo, bueno,
suyo y de sus caballeros oscuros.
En noviembre de 1933 por fin encuentra lo que estaba buscando: WEWELSBURG.

FOTO: Castillo de Wewelsburg.
Estaba en un sitio mágico: en las cercanías de Paderborn
y también y cerca del posible lugar de la Batalla del Bosque
de Teotoburgo, en el año 9 a. C.
En cuanto al castillo, no era la construcción original. La
primera construcción era de la época de Enrique I, el
cazador de pájaros, del cual, Himmler se consideraba una moderna
reencarnación. Del primer edificio no quedaba nada. El castillo
que tanto gustó a Himmler era la residencia campestre de los
obispos príncipes de Paderborn, dueños de la propiedad
desde principios de 1300. De hecho en 1609, el obispo Dietrich von
Fürstenberg le dio su aspecto actual, incluyendo la planta triangular.
Que tanto fascinó a Himmler.
El castillo estaba hecho una ruina y, salvo una parte, que era usada
como rectoría, era totalmente inhabitable.
Himmler entró en negociaciones con el gobierno local de Paderborn:
firmó un contrato de alquiler del castillo por cien años
al precio de un reichsmark al año.
La reconstrucción empezó en 1934. Hubo que contratar
mucho obrero especializado, decoradores y muchos artesanos. Se recaudaron
fondos, se creó una fundación… Aunque oficialmente se
llamó “Escuela de la SS”, un nombre incluso apreciado popularmente,
Himmler no tenía la más mínima intención
de que así fuese.
Él quería a toda costa que fuese SU “Camelot negro”.
Y ahora viene lo que no te expliqué en su momento.
Verás: los nazis pensaban a lo grande. Su pensamiento y el
nuestro, es de dimensiones incomparables. Recuerda que en el tema
de la bomba atómica te explico que los nazis iban desde el
principio a por la bomba de hidrógeno. En realidad, no sabemos
a por qué arma iban, pero debía ser “lo más de
lo más”. Otro ejemplo: cuando debate la gente en qué
lugar de EE.UU iban a soltar los nazis su bomba atómica, se
dicen mil y un lugares. En realidad, los nazis querían hacer
explotar el planeta Tierra entero, al faltar de súbito uno
de los elementos básicos que equilibran el Sistema Solar, el
caos se apoderaría del Sol y del resto de órbitas, precipitando
así su choque mutuo de un nivel inimaginable… Y esa situación
de caos llegaría de inmediato al escalón siguiente ….

Bueno, pues lo que Himmler quería hacer no era un Camelot negro.
No. Eso solo vale para devorar jabalíes a la luz de las antorchas
como hacen todos en la irreductible aldea de galos. Lo que quería
Himmler era establecer en Wewelsburg EL CORAZÓN MÍSTICO
DEL TERCER REICH.
Te lo diré otra vez, haciendo bocina con las manos, para que
te enteres bien: lo que Himmler quería era que Wewelsburg fuese
el corazón místico de Alemania y por extensión
de todo el Reich.
FOTO.
Algunos jerarcas nazis en Wewelsburg en 1941.
Podemos distinguir al Burghauptmann Siegfried Taubert
(el único con la gorra puesta) y a Reinhard Heydrich, a la
izquierda del todo.
La persona civil de la derecha es la encargada
de
mantenimiento y limpieza Elfriede Wippermann.
¿Entiendes
las implicaciones de esto? El corazón místico de un
país está donde residen los iniciados de ese país,
es decir, su ashram, más el maestro al cargo o varios maestros,
en contacto pleno con Maestros aún superiores ¿Te imaginas
lo que podría haber pasado si las entidades más siniestras
que puedan imaginarse tuviesen un punto de anclaje, o sea, un ashram
con sus meditadores entrenados, sus maestros y sus conexiones
con el más allá del Sol Negro? ¿Te imaginas cuánta
energía maléfica?, ¿te imaginas cuánto
poder?, ¿te imaginas la vibración, la nota musical
correspondiente a Alemania y resto de territorios?

FOTO:
desarrollo de 1944 que muestra al castillo
de Wewelsburg
como una punta de lanza incrustada
en el
corazón del Reich.
Exactamente
igual que la lanza de Longinos
clavada
en el corazón místico de Cristo.
Juan Ramón González Ortiz