El
oscuro corazón central del III Reich (2/2)
Juan Ramón González Ortiz

Aunque los acontecimientos que se relatan, transcurrieron
hace relativamente poco tiempo, es increíble la poca información
que poseemos acerca de qué pasaba de veras en Wewelsburg. Sorprende
hoy en día las pocas fotografías que poseemos de su
interior. La explicación es muy sencilla: simplemente, estaba
prohibido fotografiar en el interior. Las escasas fotos conservadas
hasta hoy son fotos de detalles arquitectónicos o decorativos
para mostrar a Himmler.
Desde luego, el lugar más impresionante del Castillo era la
cripta.

En el centro arde permanentemente un pozo de fuego, en el techo de
la bóveda, un respiradero en forma de esvástica que
debía ir ornada por un lazo de oro. El conjunto representa
el eje cósmico en torno al cual giraría el Reich.
La cripta era conocida como “Oberguppenfúhrersaal”, o, “Sala
de los líderes”. Eran doce pilares y doce nichos. No era una
especie de Valhalla, lo digo porque por ahí se dice que las
cenizas de los doce generales que había en la SS habían
de llevarse a este sitio. Desde luego podía ser así,
pero esas cenizas o esas urnas serían usadas como un anclaje
mágico de los cuerpos mental inferior, de deseo y de vitalidad.
Estos nichos estaban preparados para recibir o al menos relacionarse
con deidades inimaginables por nosotros. Sabemos, porque en 1977,
un ex SS, así lo confesó, allí tuvieron lugar
sacrificios humanos. Por ejemplo hubo decapitaciones y la sangre obtenida
de esas cabezas degolladas era bebida, dentro del marco de un determinado
ritual. Para Himmler, el castillo era un punto de encuentro entre
el “aquí” y el “más allá”.

Se desconoce todo de esta bóveda, su función, cuáles
eran los ritos neognósticos, los ritos mágicos de la
ariosofía,…
Durante estos años, el poderoso ocultista Karl Maria Wiligut,
era una figura omnipresente en todo el universo de las SS. Continuó
sirviendo como el asesor místico del Reichsführer SS,
e incluso fue convocado para diseñar el oficial SS Ehrenring
(anillo de honor de las SS) para los Caballeros Negros. Conocido como
el Totenkopfring debido a la calavera que se colocaba en el centro,
inicialmente fue concebido por Himmler como un medio para reconocer
a los miembros fundadores de su orden de guerreros oscuros, pero eventualmente
se otorgó a la mayoría de los líderes más
altos de las SS.

FOTO: La runa Sig en el Totenkopfring
En
el anillo, la cabeza de la muerte estaba flanqueada por runas Sig.
Los "rayos" de las SS aparecían en la parte de atrás,
frente a la cabeza de la muerte, flanqueados por una runa que era
una combinación de las runas Tyr y Os del alfabeto Futharkh
Armanen de Guido von List. La iconografía se completaba con
una esvástica en un lado y en el otro lado la runa Hagal, que
simboliza el espíritu de orgullo y el honor de pertenecer al
más escogido cuerpo de élite
Aproximadamente 14,5% de los anillos fueron fabricados por la joyería
Gahr en Múnich entre 1938 y octubre de 1944, cuando la producción
se detuvo debido a las dificultades económicas de la Segunda
Guerra Mundial. Cada anillo llevaba grabado el nombre de la persona
a quien se le entregaba y la fecha en que se emitía. Himmler
posteriormente decretó que los Totenkopfringe de los hombres
de la SS fallecidos debían ser devueltos a Wewelsburg, donde
serían consagrados como un símbolo de la membresía
eterna de sus dueños en la orden de la SS.
El
plan a largo plazo de Heinrich Himmler para el Castillo de Wewelsburg
consistía en que se convirtiera en el centro de un vasto complejo
que debía llamarse el Zentrum der Neuen Welt (Centro del Nuevo
Mundo) en la década de 1960.
El Zentrum nunca se construyó, aunque todavía existen
planos y modelos arquitectónicos que muestran la magnitud monumental
de este proyecto. La torre norte iba a ser el núcleo de un
gran complejo semicircular de media milla de diámetro, rodeado
por muros de piedra de dieciocho metros de altura y con dieciocho
torres. Se suponía que sería el Stonehenge, el Vaticano
y el Potala nazi.

Dentro del complejo habría grandes edificios austeros, incluyendo
el Haal des Hohen Gerichtes der SS (Sala del Alto Tribunal de la SS).
Vista desde el aire, estas paredes radiales formarían una punta
de flecha o lanza gigante, con la torre norte como su punta. Un bulevar,
que llevaba a Kassel, estaba alineado de tal manera que formaba visualmente
el eje que se conectaba con la punta de la lanza. Esta lanza, por
supuesto, apuntaba hacia el norte, hacia los orígenes míticos
de la raza germánica en la imaginaria tierra de Thule.
¿Qué pasó al final?
El
31 de marzo, aproximadamente a 100 millas al este del Rin y 100 millas
al noreste del puente de Remagen, el SS Sturmbannführer Heinz
Macher estaba siguiendo órdenes: Heinrich Himmler le había
ordenado personalmente a Macher hacer lo impensable: destruir el santuario
más sagrado de Alemania y de la SS. Macher y su equipo de demolición
de quince hombres habían llegado esa mañana a Wewelsburg
con un camión parcialmente cargado de explosivos, tanto como
habían podido conseguir en tan poco tiempo.
El Castillo tuvo un final ignominioso. La garita de vigilancia y la
torre sureste fueron sacudidas por explosiones. Pero aguantaron. El
equipo se quedó sin explosivos antes de poder terminar el trabajo,
así que recurrieron al fuego.
Se amontonaron archivos, tal vez libros, preciosos libros, en las
hogueras y pronto el edificio mismo quedó envuelto en llamas.
Algunos de los aproximadamente 9,000 anillos entregados, el famoso
SS Ehrenring (Anillo de Honor de la SS), estaban depositados en Wewelsburg.
Esa mañana, Macher fue al lugar donde se guardaban los anillos.
Los llevó al bosque de Niederhagen y los enterró. Y
ahí siguen….

Cuando dos días más tarde, elementos de avanzadilla
de la Tercera División de Infantería americana llegaron,
ya se encontraron el edificio totalmente saqueado por las gentes del
lugar que, paradójicamente sofocaron el incendio. Todo estaba
envuelto en humo y vacío. Eso fue todo.
Juan Ramón González Ortiz