La
teoría de las crisis (II)
por Juan Ramón González Ortiz

Conmociones zodiacales y astronómicas
El Sol cambia de constelación zodiacal cada veintiocho días.
En cada una de esas constelaciones, el Sol irradia la energía
que les es propia a cada signo zodiacal; es decir, que el Sol transmite
las características y la personalidad de cada una de esas constelaciones.
Esta transmisión de energías también es causante
de una crisis, una crisis cambiante, entre los humanos.
Durante el período de Luna llena, que en total son cinco días
(dos días antes, el día de la plenitud, y dos días
después), se abre un canal directo de comunicación Signo
zodiacal Sol Tierra. Entonces muchos centros etéricos de gran
cantidad de gente, reciben tal aflujo de energía que no pueden
controlar ni distribuir ese ascenso de energía, originando
un estado de verdadero desequilibrio. Esta energía, por tanto,
crea una auténtica conmoción, ante la cual solo hay
dos posibles salidas: la respuesta, que se basa en relegar los antiguos
apegos emocionales y mentales. Y la reacción, que es justo
lo contrario.
La reacción es la causante de que en los días de Luna
llena las estadísticas de asesinatos, suicidios, ebriedad,
accidentes, divorcios y delitos se centupliquen. La crisis astronómica
afecta tanto físicamente como emocional o mentalmente.
Por otra parte, quienes sean capaces de responder armoniosamente,
en la medida que puedan, claro está, a esta situación
en el plenilunio experimentarán cómo se acrecienta en
ellos la energía interior y, evidentemente, la creatividad.
Por ese motivo, la gente dice, sin saber por qué, que la Luna
llena es amiga de los poetas, de los artistas y de todos los que buscan
inspiración. Puesto que la Luna llena es una ocasión
especial, pues la particular constelación zodiacal emite una
poderosísima energía, los maestros han aconsejado al
ser humano que pasen este período de cinco días intentando
purificar y unificar todos sus vehículos.
• El primer día ha de ser el día de la confianza.
• El segundo día, el día de la aspiración.
• El tercer día, el día del contacto. En este día
conviene hacer ayuno y pasarlo en aislamiento, si se puede.
• El cuarto día será el día en el que renovamos
nuestro campo de servicio.
• El quinto día irradiamos hacia la humanidad todas las energías
que hemos recibido.
Cada uno de los doce signos zodiacales además de irradiar un
tipo particular de energía, irradia también la energía
de uno de los Siete Rayos. Cada uno de los Rayos utiliza para su irradiación
a tres signos zodiacales, a nuestro Sol y a ciertos planetas. Cuando
se suman, o se alinean, la conmoción del latido del Corazón
de la Galaxia con la energía del Rayo particular, se crea una
crisis especial, una especie de ajuste cósmico. Cuando nuestro
Sol se alinea cada mes con la energía de determinado signo
zodiacal, se produce un aumento de la tensión en el campo específico
de ese signo zodiacal, con el resultado de que se eleva la presión
y el estímulo creado apremia a actuar, a desarrollar obras
positivas o negativas.
Esto también funciona en el campo de las naciones, de las guerras
entre ellas, de las revoluciones, etc.
Desdichadamente, día a día veo que la ciencia, la política,
la economía y sobre todo la educación avanzan solo
en el terreno de lo material. Nada, absolutamente nada han hecho
los gobiernos o las autoridades educativas y científicas para
profundizar en la realidad espiritual del ser humano. Al contrario.
La educación está absolutamente prostituida, con
la complacencia de los padres y de muchos profesores, y solo
sirve para el adoctrinamiento y la degeneración.
Crisis y pensamientos
Según los maestros, el alma ha de atravesar siete crisis, que
en la antigua Sabiduría se llamaban:
Crisis de la Encarnación.
Crisis de la Orientación.
Crisis de la Iniciación.
Crisis de la Renunciación.
Crisis del Campo de Batalla.
Crisis del Suelo Natal.
Crisis del Ser Grande.
Uno
de los factores que crea más resistencias y más fricción
a las energías que entran es la acumulación de pensamientos
negativos, pensamientos teñidos de odio, celos, brutalidad,
egoísmo, codicia y venganza, así como las imágenes
asociadas a todos estos delitos.
Todas estas potencias negativas frenan y absorben las energías
entrantes. Incluso puede suceder que esta absorción alimente
y precipite, aún más, sobre el mundo esas fuerzas de
venganza y odio creando un ciclo histórico de destrucción,
muerte y crimen.
Parece que la gente no acaba de creerse el terrible poder de nuestros
pensamientos, pero es así: los pensamientos son verdaderas
armas. Para estas personas los pensamientos carecen de cualquier
energía y una vez formulados no van a ningún sitio
y no tienden a nada. Sin embargo, los pensamientos de odio introducen
en el mundo una endiablada espiral de codicia y terror de la que
no podremos escapar a no ser que las mentes particulares, de cada
uno de nosotros, se reformen. No podemos pretender que se
acaben las guerras y que las naciones acuerden principios de cooperación
y de respeto entre ellas si no cambiamos primero y del todo la nota
característica de nuestros pensamientos
¡Pero cómo vamos a ser causa de paz y de abundancia en
el mundo cuando nuestros verdaderos pensamientos son separar a una
región del conjunto de su nación o que alguien asesine
a determinado presidente o a determinada personalidad política!
Si en vez de pensamientos de venganza, de separatismo, de destrucción
y de conflicto, introdujéramos en el mundo pensamientos de
humanitarismo, de benevolencia y de luz todo cambiaría en
muy poco tiempo. Si la Tierra estuviera rodeada por una corona de
pensamientos espirituales y constructivos, las energías
entrantes zodiacales, o solares, o galácticas, estimularían
y fortalecerían la marcha de una humanidad volcada en responder
a la crisis y unirse a ella, y no en reaccionar frente a ella.
Los microbios patógenos y los virus son condensaciones de fuerzas
o de energías de tipo electromagnéticas, fuerzas que
se coagulan y que se concretan en un microrganismo. Estas fuerzas
existen en diferentes frecuencias. Esto quiere decir, que las energías
del espacio están a nuestra disposición para que aumente
la salud, la felicidad o el dolor y la enfermedad. En consecuencia,
los pensamientos y las relaciones humanas, que son también
energías electromagnéticas, son las que forjan nuestro
futuro, y según sean esas relaciones, constructivas o destructivas,
así será nuestro porvenir. Por eso decía Krishnamurti
que en la actual vida social humana no hay sino pasado, sin presente
y aún menos sin futuro. Porque, en todo caso, el futuro no
es sino la prolongación lineal del pasado, lo cual acaba demostrando
que, efectivamente, solo existe el pasado.
Cuando las gentes hablan alegremente de que “hay que vivir el presente”,
o de que “solo nos ha de importar el presente”, no saben lo que
están diciendo. Vivir en el presente es privilegio de los iluminados
o de los discípulos, y de nadie más. Vivir en el presente
sin el atroz peso del pasado supone una transformación radical,
una mente nueva. Una metanoia. Un segundo nacimiento. No cualquiera
es capaz de vivir en el presente. Hasta que uno no haya roto
totalmente con su dependencia del pasado, con la ensoñación
de las memorias guardadas, con la placenta psicológica del
pasado, no podrá expresarse en términos de “vivir el
presente”. Verdaderamente, todo cuanto ocurre por medio del esfuerzo
humano en la Tierra, tanto constructiva como negativamente, no
son sino respuestas o reacciones a crisis. Es decir, que todo
avance o período de estancamiento se efectúa a través
de las crisis.
No acabamos de creernos que la polución, o la infección,
o la enfermedad de una parte del cuerpo social es una enfermedad
de todo el cuerpo. Cuando nos cortamos en un dedo y entra al torrente
sanguíneo miles de patógenos, es el cuerpo entero el
que se implica en la recuperación y en la salvación
de esa parte. Cuando un país decide hacer un experimento nuclear,
o cuando otro decide usurpar las riquezas de otro más débil,
o cuando una serie de líderes deciden romper una nación,
todo esto trastorna y afecta a miles de millones de seres humanos
además de que se altera totalmente la corriente de energía
del Sistema Solar. Puede ser que la obcecación y el envenenamiento
moral y mental sean tan grandes que la Jerarquía decida abandonar
ese planeta y, simplemente, la vida se extinga ahí.
La parte útil será mantenida en pralaya, o transferida
a otras esferas de expresión, y ya está. No sería
la primera vez que haya pasado esto. Incluso desaparecen
grandes galaxias, liberando, por cierto, al espacio
su energía propia que puede afectar durante eones a los demás
sistemas de galaxias y al sistema solar, y bloquear el curso
natural de las energías cósmicas.
El miedo
El miedo es el principal factor que causa la fricción contra
la energía de la crisis. Una vez que el temor se adueña
de una mente, esa persona está paralizada. Esta fricción
entre la energía de la conmoción y la persona, a través
del terror, destruye por completo al ser humano, tanto psíquica
como físicamente.
La reacción a la crisis causa hostilidad y promueve el separatismo
y la destrucción.
En el campo de la educación, la reacción se manifiesta
en la transformación de la educación en simple y burda
manipulación.
La creación de un sistema cada vez más totalitario,
basado en los grandes avances en el terreno de las comunicaciones,
es fruto de este temor, de este miedo absoluto, que ha perturbado
la respuesta armoniosa a las energías de la crisis.
Aún ha sido peor lo sucedido en el campo de lo religioso. Si
la respuesta hubiera prevalecido, la religión se habría
transformado en la senda para efectuar el contacto con el Alma, o
con el Ángel Solar. Pero no ha sido así. La religión
ha devenido en un sistema basado en el miedo, y en la reacción,
y muy cercano a cualquier otro sistema plagado de supersticiones.
La economía, actualmente, sigue gobernada por el miedo y el
egoísmo. La posesividad del dinero es lo único que guía
las mentes y los corazones de los humanos.
Todos los reinos de la naturaleza reciben el impacto de las crisis,
aunque varía la calidad de su impacto según su realidad
y su necesidad. Ahora bien, cuanto más abajo estemos en el
nivel del desarrollo mental y espiritual, menos posibilidades tendremos
de responder armoniosamente, y más cerca estaremos de la reacción
negativa. Como consecuencia, recibiremos dolor y nada más
que dolor. La energía de la crisis devastará la
naturaleza y, entonces, tal vez empecemos a actuar alocadamente, defendiendo
nuestra última parcela de tierra cultivable.
No olvidemos que la inmunidad a las enfermedades depende también
de la energía psíquica y de la energía del Alma,
por tanto, la meditación, la oración pura, el servicio
a la humanidad, el aumento de la sensibilidad espiritual a través
del silencio, de la música y del arte, fortalecen toda nuestra
energía interior.
El Núcleo Central y las crisis
La
energía de la crisis, o“la conmoción”, tal y como la
estamos llamando, brota de un núcleo oculto. Cuando esta energía
es lanzada, da igual en qué lugar o desde qué nivel,
uno de los designios de ese Núcleo es sincronizar entre sí
a todos los planos y a todas las partes de la naturaleza, pues la
onda de la conmoción recorre todos los planos y todos los
reinos. Ese Núcleo Central es el que ha cambiado numerosas
veces el destino de la humanidad. La voluntad de ese Núcleo
es la única razón de ser de la Tierra. Ese Núcleo
Central es lo que místicamente se llama la Torre de Marfil.
El ser humano tiene su propia Torre de Marfil dentro de él,
pero también el planeta Tierra, y también el corazón
del Sol, también la galaxia, y también el Cosmos, …
Es todo un sistema en el que todo se va multiplicando en vibración
y en intensidad al pasar de una octava menor a otra octava superior.
El Núcleo Central, la Torre, en el ser humano es su Yo Superior,
el Ego, el Alma. El Núcleo Central de la raza humana y de las
naciones en nuestro planeta Tierra es la Jerarquía espiritual.
El Núcleo central de nuestra Tierra es el Logos Terrestre,
en el centro espiritual de Shamballa. En el Sol, es el Logos Solar.
Cada célula e incluso cada átomo tienen también
su propia y particular Torre de Marfil. E igualmente las naciones
que forman el mundo. Y los continentes.
Todos los acontecimientos decisivos que han ocurrido en nuestro planeta
no han sido sino respuestas a la energía de la conmoción
lanzada desde algún Núcleo Central. Sin embargo, si
la cantidad de seres humanos que secundan la reacción aumenta,
entonces, esa energía súper poderosa estimula a esa
parte de la humanidad y la reacción acabará en un verdadero
desastre y en un océano de crímenes. Así acabó
el mayor de los desastres que ha visto nuestro presente mundo: la
Atlántida.
Dicho de otra manera, para que todo vaya bien, en un planteamiento
global, han de predominar los elementos positivos, es decir, los
que secundan la respuesta.
Que la energía de la crisis recorra todos los planos y todos
los niveles, quiere decir en todas partes se está librando
la misma batalla, la batalla cósmica, y que esta se plantea
desde los niveles atómicos hasta los gigantescos cúmulos
de galaxias, y hasta en los diversos universos que pueda haber.
Todo ser humano es un guerrero. Todo es una pelea al más alto
nivel. No hay reposo ni entretenimiento posible. El ser humano ha
de unir su voluntad a la voluntad del Núcleo Cósmico.
No olvidemos que la humanidad es un puente entre el planeta Tierra
y el Sistema Solar. La creatividad consiste, precisamente, en unir
nuestra voluntad a la voluntad del Logos Central, pues eso permite
la revelación y la apertura de una serie de energías
que manifiestan mil y una respuestas del todo desconocidas por nosotros.
O sea, que la creatividad no depende del libre albedrío, como
dice la gente cuando habla y filosofa, sino de unirse a la Voluntad
del Logos y de ser uno con él.
La humildad es la percepción de nuestro puesto, de nuestro
ínfimo puesto en esta cadena de Logos y de espirales, pues
toda forma atómica, molecular, celular, animal, humana, planetaria
y solar es una diminuta vuelta en la espiral del Cosmos infinito.
Siempre en toda crisis, la clave es la autotrascendencia, es decir,
superar la energía que la crisis ha puesto en marcha. Para
nosotros, torpes seres individuales, incapaces de salir de nuestro
pequeñísimo cascarón, una crisis es:
• Un accidente, que nos obliga a pararnos y a reflexionar.
• La pérdida de alguien amado.
• Una visión.
• Una enfermedad.
• La separación de alguien muy cercano.
• La percepción inequívoca de cómo somos en realidad.
• La pérdida de nuestras posesiones.
• Un súbito rayo de luz que sin saber por qué ni
cómo nos aclara la mente.
La
crisis nos obliga a una actuación. A favor o en contra de esa
energía. A favor, y evolucionaremos hacia seres humanos
despiertos. En contra, y saldremos de la crisis convertidos en simples
máquinas.
Crisis y grupos esotéricos
Ciertos
grupos, existentes entre la humanidad, tienen la importantísima
misión de absorber la energía promovida en las diversas
conmociones. Si no fuera así, el planeta saltaría de
catástrofe en catástrofe y tal vez, al final, acabase
roto en mil pedazos.
Sin embargo, si la energía de las crisis incidiese directamente
en la humanidad, esta saldría considerablemente vitalizada
y renovada. Pero a día de hoy es imposible.
A pesar de que hablamos y hablamos sin parar de los principios superiores,
y de que nuestra vida debe de estar regida por el deseo de avance
social, por la justicia y la belleza, todo es falso: una cosa es hablar
y hablar, y otra, creer de veras en lo que decimos.
¿Qué factores bloquean la necesidad de que la energía
pura de la conmoción llegue a nosotros?:
•
El odio. Es el principal factor, el número uno. El odio lo
impulsan todas las organizaciones políticas y nacionalistas.
La política se alimenta del odio.
• El miedo.
• La ira, que, además, representa una grave amenaza para la
salud, pues la ira degenera todas las células del cuerpo.
• Los celos.
• La venganza, que es un elemento fundamental en el separatismo.
• La vanidad.
Si
no existiesen esos grupos esotéricos vinculados a la Jerarquía
planetaria, haría tiempo ya que habríamos dejado de
existir. La propia Jerarquía también tiene como una
de sus misiones aminorar el impacto de estas energías, permitiendo
que a la humanidad le llegue la cantidad segura de ellas. No solo
las energías que vienen de fuera son controladas por la Jerarquía,
sino también la propia energía que irradia el centro
espiritual supremo de Shamballa.
La Jerarquía es, por tanto, el verdadero, el único,
muro salvador que tiene la humanidad. Es nuestra defensa contra el
Mal Cósmico.
Parece ser que tarde o temprano, la energía de una conmoción
golpeará directamente la humanidad sin que ese impacto sea
filtrado previamente por la Jerarquía. Si la humanidad supera
esa prueba, está asegurada una era de iluminación y
felicidad. Pero si no, ….
Desconozco si actualmente la crisis del COVID 19 forma parte de esa
onda de choque que golpeará la humanidad.
Aunque esto pueda parecer duro, incluso cruel, repetimos que
es en las crisis cuando los grandes Maestros liberan en el plano
mental impresiones subjetivas suyas, para iluminar a quien esté
atento, es en las crisis cuando se conquista la maestría
y cuando se experimenta la fuerza de la transfiguración
y de la posterior resurrección.
Juan Ramón González Ortiz