Las causas ocultas de la actual crisis
por Juan Ramón González Ortiz
(gonzalezortiz2001@gmail.com)

revista nivel 2

Platón nos hace reflexionar sobre nuestra naturaleza cuando nos dice que si hubiéramos nacido junto a una catarata y que si hubiéramos vivido en sus inmediaciones durante toda nuestra vida, no percibiríamos en ningún momento el estruendo del agua. Y si algún día viniera un caminante y nos preguntara por el ruido ensordecedor, seguramente responderíamos que de qué ruido nos estaba hablando.
Pues bien, yo creo que lo mismo sucede con la crisis. De hecho vivimos bajo una tremenda crisis desde el año dos mil, pero estamos ya tan habituados a las tensiones de la crisis que no reparamos en ella.
Nos hemos acostumbrado a vivir en la normalidad de la crisis tanto como a vivir en la inseguridad o en el milagro. La consecuencia de todo esto es que estamos embrutecidos y que somos de todo punto incapaces de conocer la realidad.
De pronto, la crisis sanitaria ha sido una vuelta de tuerca más, con la que no contábamos, y que estaba fuera de nuestras imaginaciones. Incapaces de entender la situación, nuestra mente en un último asomo de racionalidad intenta comprender lo que pasa por la vía de las conspiraciones y de las tramas ocultas que se desarrollan en el interior de nuestro planeta. Para mí todo esto es pueril y, sin ser mentira, es una verdad muy inferior ¿Qué sentido puede tener discutir si el patógeno del COVID 19 fue creado ex profeso, y si lo crearon los americanos o los chinos con el fin de acabar con el contrario? Insisto, para mí esto es infantil por la sencilla razón de que no va al corazón esotérico del problema. Y esa es la verdad: el corazón esotérico.
Muchos estudiosos opinan que la causa de toda esta crisis compete exclusivamente al ser humano, y a nadie más. Pero esto no puede ser así. Los estudiantes de esoterismo no podemos hacer afirmaciones de este tipo. Y si lo hacemos es que no creemos de veras en lo que decimos que creemos. Más nos valdría, entonces, coger la bufanda de nuestro equipo y una bubucela e ir a gritar a un estadio de fútbol.
El ser humano no es ni mucho menos el centro del universo, ni siquiera es el regente del planeta Tierra. Es cierto que se su comportamiento es egoísta y que es responsable del maltrato a los animales y a las plantas como si estos fueran sus enemigos. Esto es así: el ser humano es muy culpable. Pero también es cierto que no somos más que un pequeño anillo dentro de un inimaginable conjunto de anillos, mayores, iguales y menores, unidos todos unos a otros.
Precisamente, de lo que sí que somos responsables únicos es de la imparable, la desbordante entrada de almas en nuestro planeta, y esto es debido a nuestro hedonismo y a nuestra nula capacidad de control de la energía sexual.
Lo que sí que es cierto es que el ser humano, con su necedad y su egocentrismo ha intensificado una serie de factores que están fuera de su alcance.
La ambición por la riqueza o por los éxitos intelectuales o sociales han sido un factor desencadenante de verdaderas catástrofes a pequeño nivel, pero de las cuales nadie se duele y por las cuales nadie llora.


La educación sectaria y absolutamente materialista ha desgraciado y podrido muchísimas mentes infantiles. Añadamos a esto una sociedad que solo se toma en serio los entretenimientos, los viajes y el culto al dinero.
Los científicos tampoco pueden aceptar que haya nada que quede fuera de la capacidad del ser humano. Ni siquiera son capaces de admitir que el cambio climático (que se manifiesta en calentamiento enfriamiento), ha sido puesto en marcha por la actividad solar, por deseo del propio Logos solar, y no por la actividad humana.
Los grandes y cíclicos movimientos cósmicos no preguntan nada al ser humano, pues este no es sino una célula de un organismo muchísimo más amplio y desconocido. Son fenómenos tan amplios, tan vastos, tan inconmensurables que nada se puede decir de ellos pues trascienden la pequeñez de nuestra medida.

• Primera causa
Tal vez esta primera causa sea una de la más intensas de todas, y tiene que ver con las oscilaciones y los cambios magnéticos que se están sucediendo en el eje de la Tierra. Nuestro globo está sometido a siete cambios periódicos y completos, uno para cada raza. La doctrina secreta nos dice que durante esta ronda debe haber siete Pralayas provocados por modificaciones en el eje terrestre. Esta es una ley fija, y no un producto del azar o de la ceguera mecánica de la física cósmica, tal y como dirían los científicos.
El cambio en la alineación del eje por parte de nuestro planeta tiene su sentido, pues se trata de una necesaria reorientación cósmica. Es decir, nuestra Tierra ha de ponerse en una línea más armónica con otra u otras fuentes de energía provenientes del exterior. Este movimiento significa una toma de iniciación por parte de nuestro Logos planetario. Por supuesto, una iniciación mayor o menor de nuestro Logos arrastra con él a todas las pequeñas células planetarias que somos nosotros, ya que todo el universo evoluciona en su conjunto, desde los seres más gigantescos, de la talla de un Cristo cósmico, hasta las unidades más minúsculas.
El Maestro Tibetano, en Astrología esotérica, nos dice:
“Algunos cambios fundamentales en la orientación del eje de la Tierra tienen lugar en este momento, y esos cambios traerán mucha confusión a los cálculos de los astrólogos. Estos cambios continuarán lentamente y progresivamente, según la ley cósmica. La precisión en los cálculos y en las deducciones es imposible. Cuando la orientación y la dirección determinada del polo de la Tierra se hayan estabilizado, existirán nuevas fórmulas matemáticas fundamentales.
Quiero recordarles que varias veces durante el gran ciclo de vida de la Tierra ya han sucedido cambios de este tipo, y que ya ha habido cambios en las estrellas polares. Nuestra Estrella Polar actual no ha ocupado siempre su actual posición. Hasta la ciencia lo reconoce.”
También nos dice que este cambio está provocado por la influencia de un astro magnético de grandísima potencia cuya energía provoca una disminución en la velocidad de giro del planeta.
El Maestro Morya en “Cartas de los Mahatmas” ya se refiere a este planeta al que le llama el Sol Raja, por su gigantesco tamaño y su poderosa actividad.

Según nos dice, es unas diez mil veces mayor que Júpiter, y aunque su lejanía le hace ser totalmente desconocido su influencia sobre nuestro planeta es fortísima. Nos dice también que la gran mancha roja sobre la superficie de Júpiter se debe a una enorme perturbación que crea este gigantesco sol. Modernamente se ha sugerido que una influencia así podría ser la responsable del ensanchamiento del agujero en la capa de ozono de nuestra Tierra.
Acercarnos al momento en el cual todo esto va a suceder ha creado un foco de angustia interior, y mucha inquietud, pues la humanidad presiente el magno y gigantesco acontecimiento. Los sabios nos dicen, además, que cuando estos desplazamientos terrestres tengan lugar, surgirá una pequeña parte del antiguo continente de la Atlántida. Como única respuesta la humanidad retorna desesperadamente al pasado, y a la historia, sin percibir que ahora habrá que dar respuestas nuevas y totalmente frescas a la situación actual.
La humanidad no podrá hacer nada por evitar esta convulsión, salvo naturalmente, percibir que no es ninguna una tragedia. Recordemos que estos acontecimientos no dependen de nuestras voluntades ni siquiera de nuestro karma, sino que afectan a todo el Cosmos y al Universo entero concebido como un todo.
Aún estamos a tiempo de reaccionar con Sabiduría y esto implica volvernos hacia el Alma.
• Segunda causa
Esta causa es de tipo puramente astrológica. Y tiene que ver con el aumento en la energía magnética por parte de Sirio, que también influye en nuestro sistema y en nuestro planeta. Sirio influencia nuestro planeta con polaridad positiva, a diferencia del Sol que lo influencia con polaridad negativa.
En realidad, Sirio es el responsable de regir todo el karma planetario, a pesar de que en nuestro sistema haya cuatro entidades relacionadas con el Karma de nuestro planeta.
Esta causa revela que hay una relación directa entre Sirio y el karma de nuestra Tierra.
• Tercera causa
Esta causa tiene que ver con la actual salida del Sol del signo de Piscis hacia el de Acuario. La primera etapa de este tránsito abarca un periodo de transición 500 años, caracterizado por inestabilidad y por la encarnizada lucha entre lo antiguo, y ya muerto, con las nuevas semillas de la era de Acuario.
• Cuarta causa
Es una causa muy misteriosa y que me va ser imposible explicar bien, pues tiene que ver con la astrología esotérica y con sus complicadísimos cálculos de los ritmos y los ciclos cósmicos. Estos ritmos nos son completamente desconocidos a los simples estudiantes e interesados.
Esta causa tiene que ver con la existencia de un ciclo de cinco mil años una vez que el Sol ha hecho su periplo completo alrededor del Zodíaco. En esta ronda el Sol invierte 25000 años. Cuando el Sol entró en Piscis hace 2000 años, acabó este magno ciclo, entonces se abre un período de transición de cinco mil años (de los que solo nos restan tres mil) antes de que el Sol inicie otra ronda. Por tanto, los tres mil años que nos aguardan son una época de intranquilidad y desasosiego.


• Quinta causa
Gran parte de la miseria sexual y de la inquietud mental de nuestra época actual era se relaciona con la actividad lunar o, mejor dicho, con la presencia lunar. Pues la Luna es un cadáver que emponzoña y contamina la mente de toda la humanidad. La Luna es cuerpo que se deshace rápidamente pero cuya cercanía a la Tierra hace que sus emanaciones maléficas le alcancen de pleno, tal como haría cualquier cadáver. Esta influencia nociva ha existido siempre, pero ahora es mucho más intensa que en otras épocas por la sencilla razón de que está más avanzado su proceso de descomposición.
La Luna influencia los centros inferiores del hombre, los que se extienden del diafragma hacia abajo. Digamos que son los centros que se activarían especialmente con la fase descendente de la Luna, la que va hacia la Luna nueva. Seguramente más de media humanidad vive bajo el control de estos centros inferiores y por tanto están totalmente sometidos a las influencias negativas y emocionales de la Luna. Los que por sus aspiraciones o por su elevación no pertenecen a este tipo de humanidad también experimentan el impacto de esta energía, pero intentan sobreponerse a ella y escapar de su control, pues han establecido su centro en la luz del Alma.
• Sexta causa
Está muy relacionada con la anterior y viene del hecho de que el ser humano está saliendo ya, digamos, apenas por milímetros, del ciclo de materialismo y densificación que ha seguido durante miles de años. De hecho, cierto impulso espiritual ya es visible y se puede notar en muchos rincones de la sociedad, pero sobre todo en nuestra propia conciencia.
Paralelamente a este ímpetu por ascender, de nuevo, la tremenda fuerza de la involución, lucha denodadamente por frustrar cualquier avance, cualquier remontada, y permanecer en el más absoluto materialismo.
El ser humano, crucificado entre la fuerza de la involución y el impulso hacia el cielo se debate desesperadamente. Es necesario, por tanto, liberar en la humanidad, de una vez por todas, la atracción por el espíritu y la divina fuerza evolutiva.

• Séptima causa
Esta causa tiene que ver con la necesidad de que todo el mal ha de aflorar para que este pueda ser definitivamente desarraigado. Efectivamente, ciertas energías provenientes del centro de Shamballa inundan hoy la Tierra y tienen como misión alimentar y desarrollar tanto las buenas como las malas predisposiciones ¿Cuándo el mal y la oscuridad han sido más extensas que ahora? Es cierto que el mal siempre ha existido en la Tierra pero nunca ha estado tan expandido por todo el planeta, pues la inmoralidad y la corrupción ya han llegado a los desiertos de Australia o a esas bahías vacías y somnolientas de la Patagonia.

Nunca el mal ha sido tan general y en tan alto grado. Apenas uno abre los ojos y contempla la situación del mundo, podría estar tentado de decir que ya no existe la inocencia ni el consuelo ni el bien. Esta energía desarrolla y estimula tanto las energías que llevan a los portales de las iniciaciones místicas, como el camino que lleva al desenfreno, al materialismo, al satanismo o a la absoluta indiferencia.

Juan Ramón González Ortiz




 

 

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