El
día del juicio
a la luz de la Teosofía
Juan
Ramón González Ortiz

Más que tratar del “día del juicio” deberíamos
referirnos a “los días del juicio”, en plural, pues son varios
los momentos en los que, a lo largo de un período de evolución,
se separa y criba a la humanidad en virtud de sus logros conseguidos.
En todas las religiones y en todas las creencias está expresada
la existencia de un juicio final. Lamentablemente, el temor, el resentimiento
y las ganas de ajustar las cuentas a los disidentes o a los díscolos
han deformado esta verdad. Año tras año en todos los
niveles de la enseñanza académica hay pruebas. Estas
se desarrollan sin cesar, continuamente se sucede un examen tras otro
examen. Además, hay tareas y múltiples ejercicios “controlados”.
Finalmente, para muchos, hay un examen final.
Naturalmente, algunos alumnos están más capacitados;
otros, por las razones que sean, muy pronto se van quedando atrás.
Más o menos, hacia la mitad del curso, el profesor, con total
seguridad, ya puede vaticinar los resultados finales de sus alumnos.
Incluso podría suceder que esos alumnos que ya definitivamente
se han descolgado de la marcha normal del curso sean una verdadera
molestia para el rendimiento del resto del grupo. A veces, el profesor,
les propone que afiancen por su cuenta las lecciones preliminares
y que dejen de asistir o bien que retornen al nivel académico
anterior y empiecen de veras, esforzadamente, consolidándolo
todo mejor. Esta comparación con el sistema educativo es lo
que sucedió en nuestra cuarta ronda con los animales.
Si
los animales hubiesen entrado en la mitad de la cuarta ronda,
les hubiera sido de todo punto imposible situarse en el mismo nivel
de una humanidad ya bastante avanzada con relación a
ellos. Tal vez, además, hubiesen desordenado en extremo
todos los avances conseguidos. A la mitad de nuestra próxima
ronda, que será la quinta, tendrá lugar una selección
aún mayor: todas las mónadas humanas que no hayan certificado
su avance serán retiradas y puestas en estado de dormición.
Una siguiente cadena les proporcionará las situaciones necesarias
para una ulterior evolución. Este es el que llamamos “juicio
final”. Esos seres humanos que han sido apartados y retirados
del proceso evolutivo, posteriormente podrán ser perfectamente
la punta de lanza de la evolución en el sistema que se les
asigne. Igual sucede, muchas veces, con un alumno que ha de repetir
su curso, ya sea por culpa de su desinterés o porque no ha
podido remontar las dificultades, o porque enfermó, o
porque se incorporó a mitad de curso, o por lo que sea. Al
curso siguiente, ese alumno, más veterano que todos los demás,
no solo puede ser un alumno avanzado, sino que además puede
guiar al resto de sus compañeros.
Quien fracasa porque se incorporó al curso demasiado tardíamente,
o porque no tuvo la formación o la experiencia suficiente,
no tiene culpa de nada. Pero sí que la tienen quienes suspendieron
por desidia, porque no quisieron hacer esfuerzo necesario, engañándose
a sí mismos con aquella frase del tipo de “nada de lo que
se enseña aquí me interesa y nada de esto sirve para
algo provechoso”. Junto con los anteriores serán retirados
de la evolución, pero, a diferencia de los primeros, estos
portarán consigo un karma muy pesado.
Cristo es muy severo con este tipo de “alumnos”. Blavatsky habla de
ellos en términos aún más duros: “zánganos
ociosos, que no quieren colaborar con la Naturaleza, y que desaparecen
por millones durante el ciclo del manvantara”.
Actualmente, las oportunidades espirituales crecen de manera tan
acelerada (y, naturalmente, aún lo serán más
en la ronda venidera) que hasta el ser más inculto tendrá,
relativamente en poco tiempo, al alcance de la mano, los elementos
necesarios para su ascenso espiritual. Cuando advenga el día
del juicio, en la futura quinta ronda, dos quintas partes de los seres
humanos de entonces serán retirados. Tras esta gran separación,
el progreso para los seres evolucionados será muy veloz. Esas
nuevas circunstancias serían muy adversas para los egos
indisciplinados o que aún sientan la necesidad de vibraciones
groseras o cuyos cuerpos astrales se sientan atraídos por las
sacudidas de las pasiones. A este tipo de gente de nada le valdría
vivir bajo el influjo de las más poderosas vibraciones. Estas
solo excitarán sus naturalezas más primitivas. Con lo
cual, ni ellas ganarían nada para su particular evolución,
ni el resto de la humanidad ganaría nada en su progreso. En
la futura quinta ronda, los Adeptos y los devas entrarán en
contacto muy íntimo y cercano con la Humanidad, en mucha mayor
medida de lo que ahora ocurre. Esto exigirá un estado de mente
altamente expectante y una permanente impresionabilidad. Lo cual sería
imposible si una parte de la Humanidad fuese agresiva o se dedicase
a la violencia.
Desde luego no tenemos ni idea acerca de cómo prosigue la evolución
en los estados de pralaya, o de dormición, pero se puede suponer
que, de alguna forma desconocida o incomprensible por nosotros, continúa
el avance interior. Esos dos quintos que han tenido que ser retirados
entrarán en la próxima cadena, que será la quinta.
No retornarán en sus primeras etapas evolutivas. Tal vez aparezcan
en su punto central. Sin embargo, se enfrentarán a una situación
muy difícil pues en la quinta cadena el nivel que se exige
es aún más elevado que el nuestro, que es la iniciación
Asheka, o sea, la quinta iniciación. En las primeras etapas
de la siguiente cadena evolutiva, todas estas almas retornarán
y es casi seguro que allí formen los primeros líderes
o guías de la primera humanidad que se origine. Pero no pensemos
que atravesar el punto crítico de la quinta ronda ya equivale
a “estar salvado”. No ni mucho menos. Solo un tercio de estos, o sea
un quinto del total, llegarán, al término de la cadena,
al final esperado.
¿Cómo quedarán situadas las mónadas al
final de nuestra cadena, que es la cuarta?:
• Los que, verdaderos Prometeos y verdaderos Argonautas del espíritu,
lleguen al nivel de Adeptos antes de que finalice la séptima
y final ronda. Estos aún llegarán a otras iniciaciones
posteriores para la época en la que termine la cadena.
• Los que alcancen esa meta, el adeptado, en la séptima
y última ronda.
• Los que llegan al nivel de Arhat en la séptima ronda.
• Los que llegan a la Tercera, a la Segunda o a la Primera iniciación.
• Los que fracasan en el punto medio central de la quinta ronda.
• El gran conjunto de los animales, que no alcanzarán el estado
humano sino al final de la séptima ronda, y que formarán,
por tanto, la humanidad de la quinta cadena.
Es decir:
• Una quinta parte alcanzará el nivel Asheka (algunos incluso
más).
• Otra quinta parte habrá llegado al nivel de Arhat.
• Otra quinta parte estará en niveles más bajos del
sendero (1ª, 2ª, 3ª iniciaciones).
• Dos quintos serán suprimidos.
Los animales también tienen su día del juicio. Esto
ya pasó a mitad de la cuarta ronda de nuestra actual cadena
(cuarta ronda, cuarta cadena: el punto central de toda la evolución
de la cadena) cuando se cerró la puerta del acceso al estado
humano para los animales. Tras este cierre de la puerta, salvo
casos muy particulares, ya no pueden ingresar nuevas mónadas
animales en el reino humano. La puerta se cerró cuando todos
los seres humanos ya habían ingresado en el Sendero y no quedaba
ninguno más a la vista. En esto fue decisivo el inmenso impulso
que nos dieron los Señores de la Llama. El gran conjunto de
animales alcanzará la individualización al final de
la séptimaronda de nuestra actual cuarta cadena.
También hay separaciones menores, de segundo, tercer y cuarto
orden, en cada una de las porciones de ciclos menores de nuestra evolución.
Es decir, existe un día del juicio a mitad del quinto
globo, sustrayendo a los ineptos para todo el resto de la ronda. Esta
es una separación de segundo orden. Los segregados se reintegrarán
en la siguiente ronda.
• En la quinta subraza de la quinta raza, existe otra separación,
de tercer orden, que aparta a los ineptos para el resto del globo.
Retomando la evolución al siguiente globo.
• Y, finalmente, ocurre un juicio en la quinta subraza de todas las
razas raíces. Esta es una separación de cuarto orden.
Los segregados quedarán separados para el resto de la raza
raíz.
Annie Besant y Leadbeater se preguntaban si la Guerra Mundial (ninguno
de ambos pudo ver la Segunda Guerra Mundial) fue un juicio de tercer
orden para la quinta raza.
En el siguiente dibujo se representa lo que es un juicio, o separación,
de cuarto orden. Se representa una raza raíz cualquiera con
sus siete subrazas. En la quinta subraza se ha suprimido la parte
inferior de la extensión de la franja equivalente a la
quinta subraza. Se trata de los elementos atrasados que son inútiles
de cara a la evolución. Sería un juicio, o una separación,
de cuarto orden:
A
continuación, se muestran los efectos del juicio de tercer
orden. Es decir, el que sobreviene en la quinta subraza de la quinta
raza (que, por cierto, es nuestra situación actual). En el
dibujo, las otras razas raíces anteriores y posteriores sufren
el juicio de cuarto orden, es decir, la separación que tiene
lugar siempre en la quinta subraza, pero la quinta raza sufre, además,
un juicio especial superponiéndose el juicio de la quinta
raza al de la quinta subraza. Los ineptos son rechazados para lo
que queda de globo. Como vemos, la intensidad de la separación
es aún mayor que en el anterior juicio:
En el próximo esquema se puede analizar el efecto de un día
del juicio de segundo orden:
Vemos que aquí los ineptos son rechazados para lo que queda
de ronda. Este juicio sobreviene en el quinto globo de todas las rondas,
superponiéndose al de la quinta raza y la quinta subraza.
Pero el juicio definitivo tiene lugar en la quinta ronda de la cadena.
El juicio de primer nivel ocurre en la quinta ronda. En este juicio
se superpone además el resultado del juicio de quinto globo,
de la quinta raza y de la quinta subraza. Este es el juicio de
primer orden. Este es el verdadero juicio final.
En total, si sumamos todos los días del juicio de primer, segundo,
tercer y cuarto orden obtendremos que en una cadena se producen 400
juicios. Todas las medidas temporales de la evolución tienen
su juicio: hay días del juicio para las subrazas, las razas,
los globos, las rondas y las cadenas.
Los días del juicio equivaldrían, más o menos,
a las diferentes formas que tiene una universidad de élite
de meter presión a los estudiantes y de seleccionar al alumnado
a travésde exámenes, pruebas y controles. Pero en nuestro
caso se trata de algo muchísimo más largo y difícil
que cualquier estudio universitario por muy avanzado que este parezca
ser. No todos los que se matriculan en el primer nivel acaban. Así
pasa en la carrera celestial: tampoco todos acaban. Muchos inician
la primera cadena, pero no todos la culminarán.
En el juicio de la quinta ronda, que es el juicio de primer nivel,
la humanidad se reduce de cien a sesenta. Y, posteriormente, a los
restantes, se les aplicará las reducciones de segundo, tercer
y cuarto orden.
El día del juicio de la cadena lunar ocurrió en la sexta
ronda y en su cuarto globo, el globo lunar. Y no en la quinta ronda.
Es decir, puede haber excepcionalidades que justifiquen replantear
todo de manera diferente, y que el día del juicio para la cadena
se adelante o se atrase. Annie Besant y Leadbeater mantienen que el
día del juicio para una cadena (o sea, el juicio de la quinta
ronda) se extiende a lo largo de un tiempo considerable y afirman,
por ejemplo, que fueron las guerras y las catástrofes mantenidas
durante mucho tiempo las que redujeron radicalmente la población
del globo lunar. Los que “se salvaron” inmediatamente empezaron a
prepararse para su próxima morada, el globo terrestre.
Estos dos mismos autores afirman también la existencia de otra
irregularidad: en la séptima ronda de la cadena lunar
(la ronda final) hubo un juicio en cada uno de los globos que retiró
a los individuos no capacitados para los globos siguientes que se
iban a formar en la nueva cadena, la terrestre. Estos seres quedaron
en dormición hasta que la siguiente cadena ya estuviese
dispuesta.
Juan
Ramón González Ortiz