Los dos diagramas de Assagioli:
el huevo y la estrella

Juan Ramón González Ortiz

 

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Roberto Assagioli fue un gran pensador y psiquiatra italiano. Nació en 1888 y murió en 1974. Inició en Italia una corriente psicológica y terapéutica, la Psicosíntesis, que buscaba implicar todas las capacidades del ser humano en el proceso de búsqueda y de curación.

Fue un auténtico genio donde los haya, y, por supuesto, un verdadero y desesperante niño prodigio. Al final de su vida hablaba con total soltura once idiomas, entre ellos el sánscrito.
Estudió con un psiquiatra canadiense, Richard Maurice Bucke (1837 1902) que fue amigo personal del gran poeta Walt Whitman.
La vida del doctor Bucke era normal, diríamos común, hasta que un día, mientras tranquilamente volvía a su casa, conduciendo uno de esos coches de antiguos, esas tartanas que tanta hilaridad nos despiertan, porque se arrancaban a fuerza de brazo y porque sus bocinas eran algo así como el graznido de un pato, experimentó, de súbito, una beatitud infinita y una inimaginable apertura intelectual, al tiempo que la realidad que le rodeaba se cubría con el brillante manto de una resplandeciente niebla. Aquello duró un instante, cronológicamente hablando. El doctor Bucke dijo después que en esa “breve” experiencia había aprendido más sobre la vida y sobre el Universo que en todos sus años de áridos estudios personales, o en universidades con afamados sabios.
Bucke llamó a la conciencia que en ese momento experimentó “conciencia cósmica”.
La característica principal de aquel estado interior era una profundísima toma de conciencia de la vida y del orden del universo. Junto con esa toma de conciencia, se produjo una gigantesca iluminación intelectual, la cual coloca a cualquier individuo que la experimente en un nuevo plano de existencia, por completo fuera y muy lejos de la existencia común, basada en la búsqueda de diversiones y en actividades egoístas. A esto había que añadir un estado absoluto de exaltación, de gozo. Estos sentimientos le provocaron a Bucke la creencia firme e incontestable en la propia inmortalidad, llamémosle “el conocimiento experimental de la eternidad” y de que esta es algo que ya se posee, y que por tanto no es algo que haya que ir a buscar, o algo que se conocerá más tarde, tras la muerte.
Tras esta experiencia, Bucke, se dedicó a estudiar ese estado y a documentarlo en diversos personajes históricos. Fruto de todo esto fue su libro Consciencia cósmica, publicado en 1901, cuando ya le quedaba poco tiempo de vida.
Hay que decir que Bucke no fue un estudioso o un investigador entregado a su mundo mental, intelectual y abstracto, tal y como esperaríamos de cualquier académico especialista. No. Él tuvo una vida aventurera. Entre otras cosas, fue buscador de oro y plata en las montañas de California, y de resultas de una congelación, durante un extremado invierno, tuvo que sufrir la amputación completa de un pie y la pérdida de varios de dedos en el otro.
Assagioli eligió perfectamente el maestro adecuado cuando marchó a estudiar con Bucke.
Nuestro psiquiatra italiano, se centró en estudiar la iluminación religiosa, pero desde el punto de vista psicológico. Para Assagioli la experiencia religiosa es el conocimiento más transformador que hay y el único reparador, porque es capaz de curar las heridas emocionales más profundas y deformantes, los crímenes, la miseria sexual, el horror más impenetrable y oscuro. Es decir, la iluminación que proporciona la realización de la propia dimensión espiritual es la suprema experiencia psicológica en la vida, y la única fuente de la cual puede provenir la verdadera curación interior.
Assagioli toma, además, muchos elementos de Jung, y de la Sociedad teosófica, pues su propia madre era miembro de esta asociación. La fundadora de la Sociedad Teosófica, Madame Blavatsky, escribió numerosas páginas relativas a la influencia de alma en el campo psicológico interior, y cómo y de qué manera el cuerpo físico y el conjunto de emociones y pensamientos, lo que se denomina el cuerpo emocional, recogen la actividad de alma. Posteriormente, Alice Ann Bailey, que empezó siendo seguidora de Madame Blavatsky, escribió un libro, al dictado del maestro tibetano Djwhal Khul, llamado Psicología esotérica, en el que analiza la psicología de alma a partir de siete arquetipos espirituales que rigen toda las manifestaciones de la vida y de la energía en nuestro Sistema Solar.
Del estudio de estas dos maestras espirituales, sacó Assagioli la certidumbre de que es necesario dar enorme importancia a la meditación y a la propia fuerza de voluntad. Para Assagioli, la voluntad es un poder supremo y una fuerza irresistible. Junto con la energía del amor y la potencia de la inteligencia, la voluntad es uno de los pilares de todo cuanto existe. Se trata de una fuerza poderosísima, ninguneada por el estamento médico, y negligida por el ochenta por ciento de la población, que vive en la pasividad.
En una época en la que todo era cientifismo y materialismo, Assagioli, se situó decididamente a favor de la energía transformadora que proviene del espíritu. Además, aclaró que esta opción suya no estaba reñida con el estudio científico y con la experimentación.
En 1906, Assagioli, ya licenciado en medicina, con veintidós años, acude a Zurich para especializarse en Psiquiatría.
Mientras Freud se centra en el “sórdido trastero” de la psique humana y Jung se centra en la visión grandiosa del ser humano como un dios perdido en una selva simbólica, Assagioli emprende la búsqueda del átomo personal, último y definitivo del ser humano.
¿Cuál es el punto último del ser humano, cuál es el último límite, el último lucero que nos ilumina? ¿Qué es lo que hace que seamos humanos?, ¿qué es lo que genera la totalidad de nuestros valores? ¿ de dónde han brotado la literatura, la música, la audacia, la entrega, el sacrificio, el amor al silencio?
Assagioli nos explica cómo ir en busca de ese átomo último, lo cual es, al mismo tiempo, el camino que nos lleva a la divinidad.
En Suiza, Assagioli conoció a Freud, y aunque se cartearon frecuentemente, nunca hablaron cara a cara. Con él, aprendió todas las complicadas sutilezas del psicoanálisis freudiano. Freud tuvo grandes esperanzas en que fuera Assagioli el que difundiese el psicoanálisis en Italia. Pero muy pronto nuestro hombre se convirtió en un “hereje”, según sus propias palabras.
También trató a Jung, y estudió y trabajó muy estrechamente con él. Tuvo una relación muy cordial con él a lo largo de los años. Reconoció que Jung fue el psiquiatra que estuvo más cerca de su propia teoría, la Psicosíntesis.
Assagioli le reprochó a Freud que este solo estaba interesado en “los sótanos” del ser humano. Para Assagioli había que extender el interés a todo el edificio, para lo cual había que construir un ascensor que nos permitiese subir a cada nivel de la personalidad, hasta llegar a la azotea. Después de todo, un sótano es muy limitado y pequeño comparado con el resto del edificio.
En lugar de centrarse en los aspectos patológicos, Assagioli, busca los aspectos positivos del paciente, así como su potencial intrínseco, casi siempre totalmente olvidado, con vistas a conseguir el desarrollo de las cualidades latentes. Por eso podemos considerar a Assagioli una luz nueva en el campo de la dolorosa praxis psiquiátrica. Para los pacientes que se habían desesperado con interminables y despiadados tratamientos psicoanalíticos, Assagioli fue algo así como un salvador. Actualmente, se le considera el precursor de la actual psicología humanista y transpersonal.
Él mismo escribía,
“El edificio de nuestra psique no está formado solamente por un subsuelo deteriorado que es preciso restaurar. También existen otros niveles, todos más altos, cada vez más altos y, sobre todo, también existe un ático espacioso y soleado en el que se reciben los rayos, llenos de energía, del Sol, y en el que, por la noche, se pueden contemplar las estrellas”.

 

El interés de Assagioli estaba en conocer todos los niveles y estratos de la personalidad. Nunca estuvo en contra del psicoanálisis, pero insistió en que en la práctica psicoanalítica era necesario que el terapeuta tuviese en la mente valores de tipo superior, digamos, valores espirituales.
Contemplar el edificio en su totalidad supone huir de la fragmentación. El propio Assagioli nos dice que propone “la unificación en una síntesis armónica de todos los aspectos de la personalidad humana (físico, emotivo, mental y espiritual)”.
La Psicosíntesis plantea un camino de autorrealización basado en la responsabilidad personal: nuestra vida está en nuestras manos y sin embargo no asumimos su control, hemos de aceptar el presente como conclusión inevitable del pasado, siendo conscientes, además, de que estamos preparando nuestro futuro.
Para Assagioli, una vez que se inicia el camino de búsqueda interior se abre, de forma inevitable, el sendero de la realización del Ser y posteriormente la dimensión transpersonal, que supera la propia individualidad y que abre nuestra pequeña vida personal a una dimensión superior e inimaginable de comunicación y de conexión con el todo.

El huevo de Assagioli
La Psiconsíntesis emplea fundamentalmente dos esquemas, geométricos y bien estructurados, del tipo mandala, que nos ofrecen un visión instantánea de todos su planteamientos.
Tanto el huevo como la estrella son dos mapas que proporcionan una representación del punto de partida, o sea, el momento presente, y del punto de llegada, el futuro, así como de todo lo que hay en medio.
El diagrama del huevo es importantísimo y ha sido muy usado desde que Assagioli lo presentase.
En primer lugar, hay que hacer notar que todas las líneas de este diagrama están dibujadas con trazos discontinuos para dar a entender que ninguno de estos compartimientos es tan estanco y rígido como para impedir estar conectado a los demás. Todos los niveles son permeables entre sí, unos con otros.
1 – Es el inconsciente inferior. Es nuestro pasado psicológico, los complejos reprimidos, los recuerdos sepultados. Es preciso investigar en esta parte pues, pues hay muchísima energía retenida ahí. Hasta que no despejemos esta área interior no podremos decir que somos verdaderamente libres.
2 – Es el inconsciente medio. Corresponde a todos los estados de mente, o datos, o experiencias, que podemos hacer pasar voluntariamente del inconsciente a nuestro campo de consciencia actual, recuperando esas informaciones y extrayendo elementos mediante la memoria, sin ninguna dificultad. En este nivel intermedio, normalmente, no somos conscientes de las motivaciones internas que subyacen a todos esos materiales que la memoria nos ayuda a actualizar. Suelen ser contenidos inconscientes, del nivel 1, que pasan al nivel consciente.
3 – Es el inconsciente superior, o nivel superconsciente. Es la mente superior a la cual accedemos algunas veces en nuestra vida. Es la fuente de todas
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las inspiraciones filosóficas, religiosas, artísticas o científicas. De aquí surgen los poderosos imperativos éticos, los actos heroicos, las acciones humanitarias, y también la iluminación espiritual y el éxtasis. Investigar esta área es una de las ineludibles tareas que emprende la Psicosíntesis.

La diferencia entre inconsciente inferior, medio y superior radica en el nivel de evolución personal, y no en categorías éticas o morales. El inconsciente inferior no es malo, simplemente es antiguo, lo más antiguo que hay en nosotros. Y el superconsciente no es sino lo que podemos definir como el punto a alcanzar en nuestra evolución de conciencia. En los niveles superiores del superconsciente se abre la puerta a la dimensión transpersonal, realidad viva y existente que debemos alcanzar
4 – Es nuestro limitado y pequeño campo de consciencia. Es como un huevo dentro del huevo. Es el área pequeña y cerrada donde transcurre la casi totalidad de nuestras monótonas vidas. Además, es el centro en el que se produce el conocimiento consciente y objetivo, casi siempre de tipo práctico y cotidiano. En su interior, suelen entrar contenidos del nivel 2.
5 – Es el ser personal, es el yo individual actual, lo que ahora mismo somos. Es un simple y exiguo reflejo del Yo transpersonal
6 – Es el Yo transpersonal. Es la apertura a lo que nos rodea y está fuera de nuestra psique. Algo que está más allá de nuestra identidad, de nuestro cascarón y de nuestra propia personalidad. El Yo transpersonal se halla en el límite de nuestra personalidad y es lo más alejado de nuestro yo individual. A su vez, el Yo transpersonal es el inicio de la universalidad.
7 Toda la psique se baña en el mar del inconsciente colectivo, que nos une a todos como el agua une a todos los peces de mundo. Es la energía que existe en el entorno y que es global para todos, la cual recibimos y emitimos constantemente sin ser conscientes de ello. Todas las mentes particulares se individualizan a partir del inconsciente colectivo, igual que todas las olas surgen de mar, que las contiene a todas.
El viaje que hemos de emprender en nuestra vida es ir desde 5 hasta 6.
Ese es el camino recto.
O sea, desde el yo individual hasta el Yo transpersonal.
Se trata de pasar de la individualidad a otra condición psicológica marcada por la superación de la identificación con la propia personalidad. Desde el núcleo central hasta al membrana más exterior de todas… Salir del huevo, renacer… Metanoia, metanoia, …
Pero para esto es una condición inexcusable el propio conocimiento interior. Pues tenemos que tener presente y conocer todos nuestros condicionamientos.
La apertura al Yo transpersonal puede ser una experiencia súbita y repentina, como le pasó al doctor Bucke, cuando conducía su coche, o puede ser el resultado de docenas de años de preparación. En definitiva, es lo que los hindúes describen como Sat Chit Ananda, o Ser Consciencia Felicidad.
El Yo transpersonal se halla fuera del huevo personal, al filo de la universalidad, en el reino donde la individualidad no existe y donde todo es totalidad.
Este esquema o dibujo explica todas nuestras funciones psicológicas en relación con el yo interior y con la fuerza de Voluntad.
Es muy importante este diagrama pues nos muestra el tipo de trabajo que tenemos que realizar, lo que somos y en lo que hemos de convertirnos. Este diagrama nos muestra el paso de la inconsciencia a la consciencia plena por medio de la fuerza de Voluntad.
La clave de todo es la Voluntad, que está casi en el centro de todo, muy cerca del YO (en italiano IO).
La SENSACIÓN, es el inicio de todo, psicológicamente hablando, y se capta por los sentidos físicos, pero cada sentido tiene una contraparte interna. Existe un tacto espiritual que nos permite percibir la vibración interior de todo lo que entra en contacto con nosotros, y nos permite captar si esa vibración es alta, baja o consonante con la vibración de nuestra alma. Existe también un oído sutil, interior, que nos permite oír el sufrimiento, o el gozo, la sabiduría, o el sentido oculto de las palabras que escuchamos, … También existe una visión interior, … Hemos de esforzarnos en desarrollar esos sentidos internos.
La EMOCIÓN – SENTIMIENTO (provocados por la sensación), y que puede ser inconsciente y ciega o, al contario, corresponderse con sentimientos conscientes, dirigidos y seleccionados en todo momento por nuestro YO interior.
La IMAGINACIÓN (desatada tras la sensación, ya sea como recuerdo de la emoción subsiguiente o como evocación, o como expectativa), y que puede ser mecánica, dispuesta a asociaciones libres, más o menos caóticas, o bien disciplinada y dirigida a la construcción de imágenes ejemplares que sean sustento y fuerza de ese yo que busca ser el real YO interior, señor de todo nuestro aparato psicológico.
La INTUICIÓN, que interpreta sensaciones del propio organismo, y del entorno, a través de una percepción de tipo físico. Sin embargo, existe una intuición de tipo superior, sensible a percepciones y a impresiones de tipo sutil.
El PENSAMIENTO, que puede ser alocado, entrecortado, caótico, primario, y disociativo, o puede estar sometido al control de una voluntad que busca enforcarlo, dirigirlo y concentrarlo.
El IMPULSO – DESEO, que puede ser automático, y simplemente guiado por el emoción y el deseo, o bien, que puede estar gobernado por el YO interior que en todo momento mantiene su autoridad sobre el deseo y no consiente en su desenfreno o en que este prevalezca.

El desarrollo de todos estos aspectos superiores depende exclusivamente de la Voluntad, considerada como capacidad que permite concentrar y mantener la focalización en un elemento elegido previamente por nosotros.
A través y por medio de la Voluntad, el YO personal puede gobernar todas las funciones psicológicas sin ser en ningún momento arrastrado por ellas, más bien al contrario, manteniendo siempre y en todo lugar su autonomía y su control sobre ellas.

Conclusión
Assagioli nos propone una transformación total, como muy pocas veces alguien nos había propuesto. Se trata de partir de la condición actual de desinterés y de inconsciencia, en los cuales vivimos, para convertirnos en súper humanos. Es una transformación aún más radical que la de Nietzsche pues aquí estamos hablando de ser maestros de felicidad, de salir de nuestro yo personal a una realidad transpersonal inimaginable, otorgando un impulso nuevo a esta descolorida sociedad que ignora la dimensión superior del ser humano y que solo se conforma con una aceptable normalidad, que no afecte a lo laboral.
Antes de acabar, quiero volver a repetir que todo el proceso de iluminación y de apertura a lo que está por encima de nosotros, rompiendo nuestro huevo interior, va pilotado por el yo interior y por la Voluntad.
Sin Voluntad no hay vida ni resurrección, sino tan solo un dejarse vivir.
La Voluntad no solo consagra los cambios que queremos en el terreno de las ambiciones mundanas, sino que también abre el camino al proceso de desentrañar las emociones, y de desenmarañar la horrible madeja de sentimientos, complejos y reacciones psicológicas que anidan en nuestro interior.
La voluntad es la llama que arde en la noche.
Juan Ramón González Ortiz

 

 

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