El misterio del sueño a la luz de la Teosofía
por Juan Ramón González Ortiz

revista nivel 2


Lo que la ciencia sabe del sueño es prácticamente nada. En resumidas cuentas esto es todo lo que sabe fisiología y la investigación acerca de la realidad del sueño:
• Un ciclo de sueño completo comienza con un sueño ligero y progresa hasta un sueño profundo, luego regresa de un sueño profundo a un sueño ligero antes de ingresar al sueño REM. Recorre cada una de estas etapas de cuatro a cinco veces durante la noche, y este ciclo es de gran importancia, tanto biológica como psicológicamente.
• Etapa 1: Esta es la etapa más ligera que en ocasiones se denomina como etapa de sueño somnoliento. Durante esta etapa es posible sentir que está cayendo a medida que sus músculos se relajan y su cerebro se ralentiza. En ocasiones se experimentarán espasmos musculares que pueden despertarlo de manera temporal.
• Etapa 2: Durante esta etapa del sueño NREM (sueño lento o sueño “no rem”), las ondas cerebrales continúan disminuyendo y la temperatura corporal y la frecuencia cardíaca disminuyen.
• Etapa 3: Este es un sueño NREM profundo y es la etapa más reparadora. Despertar durante esta etapa es inusual y es cuando ocurren la mayoría del sonambulismo y hablar dormido.
• REM: Esto se conoce como la etapa del sueño cuando existe un movimiento rápido de los ojos de un lado al otro (de ahí sus siglas en inglés). Es posible despertarse más fácilmente durante el sueño REM, pero generará una sensación de desorientación.
• Por lo general, el cuerpo pasa de tres a cinco ciclos de sueño REM durante la noche y termina con uno justo antes de despertarse. Si se despierta antes de completar un ciclo REM, entra en un período de inercia del sueño que puede durar varias horas.
Pero la ciencia desconoce por completo la causa real del sueño e incluso el porqué de la necesidad del sueño.
La Teosofía nos proporciona una extraordinaria interpretación del sueño a cuya luz todo cobra sentido: es el cuerpo físico el único que duerme.
Los otros cuerpos se mantienen tan vivos y activos como en el estado de vigilia. Y además hay otro hecho fundamental: los tres cuerpos, el físico, el astral y el mental, necesitan disociarse unos de otros para vivir en su plena y particular conciencia.
Pensamiento, sentimiento y actuación, que forman una unidad más o menos completa en la vida diurna, requieren volver a su esencia, pues para el cuerpo astral y el mental actuar en un medio tan denso y tan material como el nivel físico les es irritante y “agotador”, por eso necesitan estar al margen del cuerpo físico durante unas horas.
El cuerpo astral, por ejemplo, una vez que recupera su plenitud, en su propio plano, no experimenta cansancio ni fastidio. Tengamos en cuenta que las emociones prolongadas y las descargas emotivas agotan a cualquier ser humano, pero no así al cuerpo astral. Es el cuerpo físico el que experimenta fatiga al expresar las emociones y los sentimientos.
Exactamente igual sucede con el cuerpo mental. Es el cerebro físico el que se fatiga, no la mente, que es infatigable.
Al entregarse al sueño, el cuerpo astral inmediatamente se libera. Solo duerme el cuerpo físico. Tengamos en cuenta que en ese momento el cuerpo físico queda abandonado, aunque el Ego superior, sumido en su propio plano, siempre se mantiene en conexión con ese cuerpo. Esta es una de las razones por las que antaño antes de dormir las personas se encomendaban a una deidad protectora o bien una y otra vez repetían alguna breve oración o un versículo particularmente inspirador: si el ambiente no es positivo ese cuerpo dormido puede verse cercado por malas influencias provenientes de ese mismo plano astral, pues el verdadero cuerpo astral del durmiente está ausente. Incluso esas influencias podrían prolongarse más allá del momento en el que el cuerpo astral de su dueño retornase. Podría pasar hasta que una entidad, encarnada o desencarnada, se apoderase de ese cuerpo dormido para algún propósito. Esto solo podría suceder en personas cuya constitución fuese de tipo mediúmnico. En las demás personas, el Ego superior acudiría inmediatamente a expulsar a esa entidad.
En un ser humano muy primitivo, muy poco evolucionado, el cuerpo astral puede que esté tan dormido y tan inerte como el propio cuerpo físico. Esto es así porque no hay la más mínima conciencia en el cuerpo astral. Por eso, este, siempre permanece en las inmediaciones del cuerpo físico.
En una persona de tipo medio, el cuerpo astral está menos adormilado. Ese cuerpo astral reconoce a otros y tiene experiencias de muchos tipos, agradables y desagradables, a pesar de todo, estas experiencias pueden ser muy confusas, y muchas veces se viven o se recuerdan como acontecimientos extraños e incomprensibles.
En un ser más evolucionado, todo cambia. Fundamentalmente, porque ese ser no está inconsciente en el cuerpo astral. Además la sensibilidad de su cuerpo astral es mayor. Digamos que está tan despierto en ese nivel como cuando habita el cuerpo físico: puede llevar a cabo tareas que exigen atención, moverse a un determinado lugar,… Y todo esto sin provocar ninguna reacción en el cuerpo físico. Puede juntarse con otros seres como él y mantener una conversación o escuchar consejos que le guíen, o realizar actos de servicio desinteresado,… Incluso podría ponerse en contacto con seres que no fuesen humanos.También podría ser que experimentase alguna presencia aterrorizadora.
Un investigador, un filósofo, un estudioso puede contactar con otros como él. Y recibir alguna instrucción particular que le ayudase a desarrollar una investigación o una teoría. Igualmente, alguien que se dedicase a la sanación podría acudir junto al enfermo, y tratarle de otra manera que no podría en el mundo físico. Puesto que el mundo astral es el mundo de la materia que conforma los sentimientos, las emociones y las pasiones, estos afectos se sienten allí con muchísima más fuerza.
El amor, el sufrimiento, la plenitud se experimentan en ese nivel con una fuerza inimaginable por nosotros. No olvidemos que el plano físico, nuestro cuerpo, absorbe muchísimo dolor y también muchísima alegría, y esta energía se pierde. Si suprimimos el cuerpo y dejamos las emociones en toda su intensidad, su poder es increíble.


Sin embargo, todo lo que sucede o se desencadena en el plano astral está bajo nuestro absoluto y total poder. Controlar el plano físico es muy difícil, por ejemplo, controlar el dolor físico puede llegar a ser imposible. Pero en el nivel astral, cualquier persona con un acto de voluntad puede extinguir el dolor causado por una fuerte emoción. La mente y la voluntad están siempre por encima de la agitación del plano astral.
Lograr la conciencia plena en el plano astral es dificilísimo. Todos vivimos con la brecha del sueño. En nuestra vida hay una total discontinuidad. Por un lado hay conciencia física, y por otro conciencia astral y en medio nada. Una vez que se alcanza la continuidad de conciencia la muerte deja de existir, pues ni siquiera en ese trance se pierde la conciencia plena.
La principal dificultad en lograr esta continuidad de conciencia viene del hecho de que durante toda nuestra vida, y la humanidad a lo largo de miles y miles de años, hemos actuado tan solo en el nivel físico, de manera que no percibimos nada del siguiente nivel pues nuestra conciencia solo está focalizada en el nivel más inmediato. Es decir, estamos como muertos, o como adormilados a la realidad del otro plano. Sin embargo, realmente, estamos inmersos en el mundo astral, pero no somos conscientes de ello.
Antes de proseguir tenemos que dejar muy claro que una cosa es la conciencia de nuestro cuerpo astral, y otra muy distinta es el recuerdo que pueda tener nuestro cerebro físico de nuestro paso por el nivel astral. Lo más frecuente es que no haya ni el más mínimo recuerdo de nuestra estancia en el plano astral.
Esto deriva del hecho que ya hemos comentado antes: la continuidad de conciencia entre el plano físico y el astral está rota. Hace falta construir un puente de materia etérica entre los dos niveles que comunique estas dos realidades. Solo así se podrá vencer la inconsciencia que nos invade al dormir.
Para recordar los sucesos de la vida astral es preciso tener activos algunos chakras situados en el cuerpo etérico, y por supuesto tener un cuerpo astral bien desarrollado.
Es frecuente la sensación que, a veces, tenemos al despertar, de que hemos vivido algo en otro nivel, pero no logramos recordar nada. Esa intuición que tenemos nos garantiza que hay cierta consciencia de nuestro cuerpo astral, pero nuestro cerebro físico es incapaz de grabar esos hechos. Otras veces tenemos un recuerdo muy intenso, pues esa experiencia se ha imprimido fuertemente en el cuerpo etérico y a continuación en el cuerpo físico.
A veces despertamos de nuestro sueño y poseemos un recuerdo muy vívido, pero apenas han pasado unos momentos se borra y no hay manera de recuperarlo.
También es cierto que a veces, en el sueño, se puede recibir una profunda inspiración, la solución de un problema o la adquisición de algún conocimiento.
Como vemos, el cuerpo astral tiene una existencia autónoma y plena, al margen del cuerpo.
Es más, ese cuerpo no acepta gustosamente retornar al cuerpo físico. Más o menos es la misma situación que experimenta quien se despierta de un sueño feliz y reparador para volver a la rutina del diario trabajo.

Q. G. M.



Con el paso del tiempo, a base de la meditación y del estudio, se va elaborando la red etérica entre los mundos astral y físico. Una vez que este puente se ha afianzado, el olvido desaparece. Entonces la vida ya no es una sucesión de días y noches, con sus hiatos, y sus espacios en blanco. Para una persona así, la vida es una continuidad total de la conciencia.
Es muy importante que entendamos que la vida astral puede modificar poderosamente la vida física, pues todo impulso mental con destino al cerebro físico ha de pasar por el nivel astral.
Tengamos en cuenta que el impulso mental atraviesa, primeramente, el plano astral y allí la materia astral responde a ese impacto, y acto seguido esa vibración mental llega al plano físico. La respuesta del plano astral al impulso mental es siempre mucho más vigorosa que cuando alcanza el plano físico que, forzosamente, es un nivel mucho más denso y pesado. En consecuencia, un cambio en la materia astral (debido a un cambio en el nivel mental) arrastra siempre un cambio en la vida física. El cerebro, por lo tanto, ha de ser una herramienta fiel y obediente a los dictados de los planos que están por encima, principalmente del plano mental. Cuanto más obediente es el cerebro a la vida mental (principalmente esto se logra a través de la concentración), más vívido será el recuerdo del sueño, pues el plano astral, que es el intermedio, también responderá a la vibración de la mente.
Es natural que, en los momentos previos a dormirse, fijar el pensamiento en cosas nobles y espirituales atraerá en el momento del sueño influencias puras y elevadas. Y al contrario.
Fundamentalmente, los sueños están generados por
• El cerebro físico,
• El cerebro etérico, o sea, la contraparte etérica del cerebro,
• El cuerpo astral,
• El Ego superior, o cuerpo causal, generalmente, el Ego superior, durante el sueño, aún se introvierte más en sí mismo y deja muy libres a los otros cuerpos que están por debajo de él.
Estos tres cuerpos inferiores poseen una cierta autonomía, ya que tienen una cierta conciencia propia, y además, al dormir, responden más profundamente que de normal a los impactos e impresiones que les llegan desde afuera.
• Sueños generados por el cerebro físico: el cerebro físico actúa mezclando, conectando e interpolando de forma más o menos caótica, desordenada, diversos cuadros sin sentido. Siempre son sueños calificados como “confusos”. Recordemos que el cerebro físico posee una cierta autonomía que le es propia. Y además el cerebro no está del todo sujeto a la conciencia general del cuerpo. Las alteraciones físicas golpean profundamente al cerebro físico, y, debido a esto, puede tejer escenas o imágenes. De tal manera que el cerebro físico puede mezclar confusamente imágenes que no comparten otra cosa salvo que han sucedido en un tiempo pasado. A veces, el cerebro deforma y exagera estas imágenes.

• Sueños generados por el cerebro etérico: la parte etérica del cerebro es mucho más sensible que su contraparte física. Apenas uno se queda dormido todo el flujo de pensamientos tenidos durante el día, más los pensamientos de muchas otras personas que flotan en el ambiente, afectan a la parte etérica del cerebro, que toma estos pensamientos y construye con ellos un verdadero y caótico tren de ideas.

Dado el estado actual del mundo y las corrientes mentales que llenan las ciudades, lo normal es que el cerebro etérico construya sueños bajos o groseros. En una persona ordinaria, el cerebro es pasivo y espontáneamente se pone en contacto con estos flujos de pensamiento. Debemos cortar con estas corrientes en la vigilia para apartarnos, en los mundos del sueño, de estos cuadros siniestros inspirados generalmente por recuerdos del pasado.
• Sueños generados por el cuerpo astral: la energía poderosa y ondulante del deseo, incitada por las corrientes astrales del ambiente, hace que el cuerpo astral cree confusos cuadros o escenas. Estas escenas después son recordadas, en parte, al menos, por el cerebro físico. Recordemos que el cuerpo astral es muy sensible a cualquier corriente, emoción o pensamiento teñidos por el color del deseo. Estas impresiones, tarde o temprano, provocarán alguna reacción o respuesta en ese cuerpo. También es muy influenciable a las corrientes de pensamientodeseo que vagan por el ambiente. Estos estímulos de afuera impactan en el cuerpo astral que siempre responde a ellos. Durante la vida en vigilia el cuerpo astral está sometido al control de la mente y de la voluntad, pero al llegar el sueño, ese mismo cuerpo queda bastante libre de la supervisión del Ego superior, entonces, si ese cuerpo astral no estaba de veras disciplinado frente a las influencias externas que no cesan de llegar, responderá de la manera acostumbrada, que es desarrollando esos estímulos. Y esto lo que hace es aumentar el hábito erróneo, que poco a poco, para mal, se va robusteciendo. De ahí la necesidad de dominar la naturaleza emocional en la consciencia en vigilia.
• Sueños generados por el Ego: cuando dormimos, el Ego afloja su lazo como controlador supremo, aun así es posible que alguna idea de su propio plano llegue al cerebro etérico, porque es casi imposible que el cerebro físico pueda grabar una tal impresión. El Ego es capaz de prever los acontecimientos si no se toman las medidas para prevenir o evitar el curso de los acontecimientos. A estos sueños les llamamos sueños proféticos. El Ego siempre se expresa en símbolos. Un símbolo equivale a muchas palabras, o a toda una secuencia de pensamientos encadenados. La mente usa palabras, avanzando poco a poco con ellas. El Ego usa símbolos. Cuando la mente inferior despierta recuerda el sueño, pero no percibe que los elementos de su contenido son símbólicos, por eso siente una profunda confusión y extrañeza. Evidentemente, hay símbolos universales, pero lo más frecuente es que cada persona tenga su propio sistema de símbolos. La interpretación de los sueños, tal y como hace José con los sueños del faraón, radica en conocer perfectamente la psicología del alma de una determinada persona para deducir, después, qué sentido tienen los símbolos que afloran en los sueños.
Antes de acabar, queremos referirnos a los cuatro tipos de conciencia que existen según la filosofía del hinduismo:
• Jagrat, es la conciencia de la vigilia, cuando se actúa en el plano físico.
• Svapna, es la conciencia del sueño, cuando se actúa el nivel astral.
• Sushupti, es la conciencia cuando se actúa en el nivel mental.
• Turiya, es la conciencia actuando en el plano búdico.Es una experiencia tan sublime que no se puede trasponer al mundo de las experiencias humanas usando las palabras normales. Es algo inconcebible.
No olvidemos lo importante que es alimentar un pensamiento sublime y elevado antes de dormirse. Este es el primer peldaño para controlar el complicado mundo de los sueños.


Alpes suizos, G. G. G.


Sección
Muy interesante
Juan Ramón González Ortiz




Yatanasharira:
una experiencia muy frecuente después de la muerte


En todos los libros sobre la muerte, tanto tradicionales como actuales, se considera que el período fundamental de la vida post mortem es el paso por el nivel astral. Personalmente, creo, sin embargo, que la experiencia suprema de nuestro viaje a través de la muerte es la permanencia, más o menos dilatada, en el llamado cuerpo causal. Esta estancia es el momento supremo de toda nuestra vida. Y con ella, concluye la experiencia de la encarnación. Concluido el período en los planos celestiales, se empieza a preparar la nueva encarnación.

Acaso nuestro paso por el plano astral sea lo más inmediato, y lo más dramático, pero no deja de ser un nivel que hay que dejar atrás para seguir el camino de purificación que nos lleva a los planos superiores.

La muerte no es otra cosa que tornar hacia dentro de uno mismo, volver hacia nuestro núcleo, introvertirse al máximo, y, al mismo tiempo, desprenderse de envolturas y cuerpos. La muerte es un proceso de ascender en el interior de uno mismo:
“Tras un amoroso lance,
Y de esperanza no falto,
Volé tan alto, tan alto,
Que le di a la caza alcance;
Volé tan alto, tan alto,
Que le di a la caza alcance”.
En este último sentido, podemos decir que hay muchas muertes: primero el cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral, etc.….
Lo normal cuando un ser humano muere es que su consciencia caiga en una especie de adormilamiento. Es una sensación inefable, dulcísima, de paz y descanso. Esta dormición puede durar unos instantes, minutos, horas, días o semanas.

Tras la muerte, y la disolución del cuerpo etérico, la conciencia se centra en el nivel siguiente. El cuerpo astral ofrece el mismo aspecto que el cuerpo físico del difunto, hasta el punto de que un clarividente puede ver al ver al muerto en su cuerpo astral tal y como era cuando vivía.

Pero al poco tiempo de morir, ocurre un fenómeno importantísimo. Una transformación que es el origen de este artículo.

Esta transformación está dirigida por el Elemental del deseo que es la entidad que mantiene la conciencia y la actividad del cuerpo astral. Este elemental es una entidad viva y con una cierta inteligencia, que le lleva únicamente a satisfacer sus deseos, lo cual es el designio de su propia conciencia. Continua y constantemente, busca realizar sus apetencias y continuar su evolución, que exige descender todo lo posible hacia el mundo físico y sentir las intensas sacudidas de la materia y de lo que llamamos “concupiscencia”. Es una entidad autónoma, que desconoce todo tanto del Ego superior como del cuerpo en el que está insertado. Su naturaleza no es diabólica. Tan solo obedece a su instinto de realización.

Conoce la existencia de otro principio muy cercano llamado mente inferior, y sabe que, influyendo en ella, o, mejor dicho, dominándola, puede colmar sus deseos y colmar todas sus sensaciones e impresiones.


Es más, cuanto más sojuzgue a la mente mejor será para ese elemental. Pues identificando mente y conciencia astral está garantizado el logro de sus inclinaciones.

El Elemental del deseo tiene una conciencia separativa y ciega.Y, vamos a ver, a continuación, que este mismo comportamiento que tiene en la vida física lo va a tener también, exactamente el mismo, en la vida astral, apenas iniciado el viaje post mortem.

Por tanto, este elemental, se une a la mente y la mente se identifica con ella. Al apoderarse de la mente inferior, la esencia elemental ha conseguido asegurar su preponderancia, pero el retraso y el daño que ha causado al Ego superior ha sido notable. Tenemos que repetir, de nuevo, que la esencia elemental desconoce la existencia del cuerpo causal, de alma y de la evolución superior. Tan solo conoce la realidad de su plano y de su conciencia. Y es inconsciente de todo los demás. Y nosotros debemos tener la misma percepción hacia el Elemental del deseo que él tiene de nosotros: somos una entidad distinta de él. Tenemos que decirnos una y otra vez: “Yo no soy eso”.

Después del momento de la muerte física, el hombre común, a quien nunca interesaron estas cosas, despierta en el mundo astral y, más o menos, se siente confuso, o, extrañado. Percibe una realidad incomprensible, con nuevas leyes y formas. Esto dura hasta que se adapta a esas novedosas condiciones de vida. El Elemental del deseo, entonces, se aterroriza porque sabe que tras la muerte física vendrá, con más o menos rapidez, pero inevitablemente, la astral, perdiendo definitivamentesus intensas necesidades de gozar y su sed de sensaciones, pues esto es su vida. En consecuencia, intenta con toda su fuerza y determinación detener o al menos retardar la desintegración del cuerpo astral, y como conoce las condiciones físicas de la materia astral y sabe que la más grosera perdura más y resiste mejor al desgaste, dispone las capas del cuerpo astral de modo que la más densa o grosera quede en la superficie. Al obrar así actúa según su inteligencia interna, que solo busca su propia supervivencia: durante la vida física las partículas del cuerpo astral se agitan sin cesar como si fueran líquido o más bien un líquido hirviente, pero en la vida astral post mortem esta materia queda ordenada en estratos según su densidad, de tal manera que esas moléculas ya no están mezcladas entre sí como pasaba durante la vida física...
El Elemental del deseo coloca en el exterior a la materia astral más densa y grosera, no solo porque es la que mejor cohesiona y encierra a todas las que están detrás de ella sino también porque es la más resistente a cualquier fricción exterior. En el cuerpo astral, se siente, se ve, se oye y se percibe en toda la superficie de ese cuerpo; pero sólo se perciben las vibraciones del subplano astral cuya materia es de la misma calidad que la de la superficie del cuerpo astral, ya que cada uno de los subplanos tiene diferente nivel vibratorio de materia. Es decir, que en el ser humano ordinario y común, el elemental encerrará a la conciencia en una especie de cáscara de materia astral, y solo le permitirá recibir las bajas y vulgares vibraciones de los últimos subplanos astrales. Por lo tanto, ese ser humano solo podrá responder a las vibraciones que recibe a través de la capa más externa de su cuerpo astral. Todo esto significa que la conciencia queda literalmente atrapada en una caja de materia astral, y que solo se pueden percibir las realidades que coinciden con la capa más externa de ese cuerpo.Y esa capa externa suele ser muy baja y grosera.

Si esa alma viviera en un mundo de bellas influencias y elevadas formas, no le aprovecharía de nada pues sería totalmente ciego y sordo a esas realidades, porque las moléculas de materia astral que conforman su nuevo cuerpo no responden a esas vibraciones. Pero además resulta que solo podrá percibir la materia más bestial y densa de todas las personas con las que entre en contacto. Por eso, doquiera mire, solo verá formas y aspectos bajos y groseros, como si habitara entre monstruos. De ahí que temporalmente creerá que está en el infierno.

Y si a su propia conciencia le pudiese extrañaresta reclusión, el elemental le transmitirá un sentimiento de terror y el pensamiento que,de no aferrarse a esa materia inferior, de no tener un cuerpo organizado, se disolvería en la nada cósmica.

Pero si esta misma conciencia afirma su voluntad de no admitir la presión del Elemental del deseo, si protesta y si se rebela contra su propio encierro, entonces, las partículas del cuerpo astral dejarán de formar capas superpuestas por orden de densidad, y entremezclándose unas con otras como durante la vida física, podrá percibir las vibraciones de todos los subplanos del mundo astral. Si resistimos la tendencia del Elemental del deseo, las partículas de nuestro cuerpo astral se mantendrán mezcladas, tal y como estaban en vida, y, en consecuencia, en vez de quedar confinados en un único subplano, estaremos libres para movernos por todos los subplanos. Este cuerpo astral así reorganizado, redistribuido, se llama Yatanasharira, o cuerpo de sufrimiento.

En el Bardo Thodol, o Libro tibetano de los muertos, continuamente advierte al muerto de que rompa esta identificación con la conciencia astral y que, si ya se ha producido, salga de ella, aferrándose a su voluntad de realización espiritual y volviendo su mente a los mundos más elevados y divinos que pueda concebir.

En el libro tercero del Bhagavata Purana, los Yamadutas (los mensajeros de Yama, dios de la muerte) sacan el alma junto con el cuerpo sutil y lo visten con otro cuerpo, elYatanasharira , o cuerpo destinado a repartir el sufrimiento por los actos pecaminosos en el infierno. Atan a la persona con cables aéreos y la arrastran como un esclavo a la tierra de Yama.

Démonos cuenta, como bien dice este Purana, de que el Yatanasharira es un cuerpo destinado a hacernos sufrir.

Sin embargo, también esta forma astral acabará desintegrándose por mucho que haga por sobrevivir. Al irse deshaciendo la capa más exterior, y luego la siguiente, la persona se va dando cuenta de que percibe unas nuevas vibraciones mucho más refinadas. Así, va ascendiendo plano tras plano hasta el cuerpo mental.

La redistribución del cuerpo astral es un fenómeno que debemos conocer, y del cual, como ya se ha dicho, el Bardo Thodol nos avisa, pues demorar la entrada en los mundos superiores o, aún peor, perderse en esos mundos inferiores es algo que hay que evitar. La mayoría de la gente, sencillamente, no puede hacer nada, pero todos aquellos que ya conocen la mecánica del Elemental del deseo pueden oponer firmemente su voluntad a los deseos de este ser. Aunque no se le puede reputar de ser inteligente, el Elemental del deseo sí que está dotado de un fortísimo instinto de conservación que le lleva a resistir con todas sus fuerzas la disolución que le amenaza.

En el hombre común triunfa el elemental porque las potencias mentales estuvieron durante la vida física colocadas al servicio del deseo y subordinadas a su mando: el deseo ahogó hasta tal punto la mente inferior, que le es totalmente imposible liberarse durante el período astral. En sonsecuencia, el resultado es que aun después de pasar el Ego al mundo celeste, queda en el cascarón astral algo de materia mental que lo puede animar todavía. Estas formas vitalizadas de esta manera pueden pervivir durante muchos años y ocasionar fenómenos poltergeist.



Es muy importante formarse de antemano, o comentar con nuestros conocidos, si merece la pena, que hay que vivir en la conciencia interior, y no en la conciencia que solo responde a los objetos externos o al movimiento de las pasiones o sentimientos. Vivimos totalmente volcados en la superficie de las cosas. Toda la vida actual se basa tan solo en la conciencia de lo exterior, y cuando se apela a lo interior es simplemente para generar ideas comunes o malos sentimientos, sentimientos de odio y de separatismo, sentimientos tribales, sentimientos negativos, de superioridad o de desprecio. La vida política es el caldo óptimo en el que se aderezan los peores sentimientos que pueden mover al ser humano.

No responder ciegamente a las vibraciones inferiores es la mejor manera de refinar la materia de nuestros cuerpos interiores. A la hora de la muerte nuestro escenario y nuestras vivencias serán totalmente diferentes de lo que hasta aquí se ha descrito.


Juan Ramón González Ortiz

 

 

 

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