Una sesión en los misterios de Eleusis
por Juan Ramón González Ortiz
(gonzalezortiz2001@gmail.com)

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Nos dice Sófocles que
“triplemente felices son los mortales que, después de haber contemplado los Misterios, descienden a los mundos de Hades. Solo ellos poseerán ahí la vida verdadera. Para los demás no habrá otra cosa que sufrimientos”.
Y Cicerón (en Sobre las leyes 2.45.16) dice que
“los misterios nos han llevado del salvajismo y crueldad de la vida primitiva a la moderación y a la actual civilización. Somos humanos porque los misterios nos han hecho humanos, sustrayéndonos a la vida animal. Los misterios nos han dado las iniciaciones que, en realidad, son los principios de la vida. Y estas pautas que hemos recibido nos solo nos ofrecen alegría para esta vida sino también esperanza para morir mejor”.
Sin lugar a dudas, los misterios no solo están en la entraña misma de toda la civilización griega, sino que también, al ser uno de los marcos que estructuran la mentalidad griega, forman parte de los elementos constitutivos de esa entidad llamada Europa.
Antaño la esfera mediterránea informaba culturalmente al mundo occidental y era el andamiaje cultural y social de Occidente. Los valores humanistas, la concepción del derecho, la concepción del arte, la travesía de la vida, los valores culturales, …, todo bebía en las fuentes de latinos y de helenos, un pueblo solo. Pero eso ya se acabó. Ahora, fiel a su naturaleza violenta, la angloesfera ha desembarcado brutalmente. Y lo primero que ha hecho ha sido imponernos tiránicamente su idioma. Y después su modo de existir, su concepto del arte y de la vida, su necesidad de transacciones, su compulsión de saquear la vida y de exprimirla hasta la última gota, su desprecio de esa aseada pobreza frente al mar con la que soñaban hasta los grandes emperadores.
El mismísimo Homero ya nos abre la puerta a los cultos mistéricos, y no solo por la composición de su poema “Himno a Deméter”, que seguro que no es de Homero. En la Odisea, el relato de cuando Ulises y sus compañeros van a ver a Tiresias es típicamente una narración mistérica. En efecto, en primer lugar, tienen que navegar hasta el fin de todos los mares, hasta el mismísimo límite del mundo de los vivos. Una vez allí llegados, tiene lugar un rito de paso, en el que Ulises es guiado por Tiresias. Ulises habla con el adivino Tiresias, habla con Anticlea y también habla con Aquiles, que le reconoce que no estaba preparado para la vida del más allá y que continúa añorando la vida humana y que de buena gana volvería a ella aun siendo un campesino al servicio de otro campesino.
Esa es la diferencia fundamental entre un iniciado en los misterios y otro que no lo ha sido: los iniciados saben qué hay al otro lado y, por tanto, se preparan para ese final y para la continuación de la vida al otro lado de la muerte.
Aquiles, el pelida, a pesar de ser el primero entre los mortales en valentía y audacia, cuando muere no deja de ser un hombre común. Pero para los que no querían verse relegados a la triste situación de Aquiles, lejos de la llanura Elisia, vagando deprimidos y echando de menos la vida humana, estaban los misterios.

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Fundamentalmente, el más allá era el campo de estudio de los misterios. El “Himno a Deméter” nos dice que “la muerte es un mundo de luz”. Y también no dice que será “feliz aquel que haya visto estas cosas en la tierra, entre los hombres”.
La religión social, la que era multitudinaria, simplemente establecía el marco que ordenaba la vida, el nacimiento y la muerte, y el desenvolvimiento de la sociedad. La religión era la norma estructuradora de la vida en el campo y en las ciudades. Exactamente igual como pasó en Occidente con el cristianismo hasta la reforma protestante.
La religión era la ley, y estaba creada para las masas. Colmaba sus necesidades y alimentaba sus conciencias. Pero el que quisiese buscar más y más profundamente, siempre a título individual, el que era de naturaleza mística, debía de dirigirse a los misterios.
Hay que decir que muchos griegos y romanos percibían que la mitología de su religión era un caos de mitos en lo que los dioses tenían las mismas, y aun peores pasiones, que los humanos más indecentes. Toda la gente culta y pensadora estudiaba diversos sistemas filosóficos y religiosos y, como culminación de su estudio, llegaban finalmente a los misterios. Esta era suverdadera religión. Entonces lograban entender alguno de los inexplicables mitos de la religión oficial.
Antes de nada, hay que aclarar que hay muchas cosas que no conocemos de los misterios, o de los cultos mistagógicos. A la hora de la verdad, no sabemos muy bien qué pasaba ahí adentro. En el “Himno a Deméter” ya se nos dice que es obligatorio guardar silencio absoluto. De hecho, “misterio” viene de un antiguo verbo griego que significa “cerrar”, sobre todo “cerrar” los ojos o la boca. De ese antiguo verbo griego deriva la actual palabra “miope”: ‘el que cierra los ojos’. Sabemos de un caso en el que se dictó pena de muerte a dos no iniciados que fueron descubiertos durante la celebración de los Misterios en el recinto sagrado.
Por eso hay tantas interpretaciones. Robert Graves en Los dos nacimientos de Dioniso proclama la importancia fundamental que, según él, debieron de tener en estos cultos la ingestión sagrada y ritual, en una especie de eucaristía, de algún tipo de hongo alucinógeno. Por tanto, se tratarían de cultos visionarios y psicopómpicos ligados siempre al más allá y a “la otra realidad”. Sin negar esta posibilidad, que los libros de Castaneda y algunos libros de Huxley han divulgado sobre manera, tenemos que tener en cuenta que dentro de los misterios había diversos niveles, diversos tipos de aspirantes y diversos tipos de funciones y clases. Por ejemplo, existían también los “pequeños misterios”, de los cuales sabemos algo más.
Recordemos, de pasada que, en los misterios de Mitra, los cuales pertenecían a los misterios caldeos ya existía la eucaristía con pan y con vino. Los esenios heredan este rito de la eucaristía mitraica.

 

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Clemente de Alejandría, que nos proporciona una asombrosa cantidad de datos acerca de estos cultos (por ejemplo, nos dice cuál era la frase de paso, para entrar en el grupo de misterios), no habla de la ingestión de hongos, sino que nos dice que los misterios giraban en torno a una estatuilla, que él identifica como una representación de los órganos genitales.

Tal vez, Clemente nos hable de algún talismán, vivificado por alguna fuerza espiritual (talismanes de este tipo también existen en el cristianismo), o acaso nos hable de algún cetro de poder.
Modernamente, tenemos el estupendo libro de José Ordóñez, centrado exclusivamenteen el orfismo, que también aporta muchas teorías propias. El orfismo es importantísimo pues se supone que Orfeo fue el fundador de los misterios griegos. Orfeo enseñó que el sonido es inmanente en todas las cosas, y que si ser humano está en armonía consigo mismo, entonces la Armonía Celestial se manifiesta a través suyo. La escuela pitagórica fue un producto simultáneo del orfismo y de las escuelas de misterios. Tal vez fue su más precioso fruto.
Un resto de la importancia de Orfeo en los misterios radica en el hecho de que el sacerdote de los Misterios de Eleusis había de pertenecer siempre a la familia de los Eumólpidas, descendientes del mítico Eumolpo, cuyo nombre quiere decir “dulce cantante”.
Cada dios tenía sus misterios propios, existían los misterios de Dionisio, de Afrodita, … Y cada ciudad de Grecia también tenía sus misterios. Samotracia, por ejemplo, tenía los suyos, Pérgamo, la poseedora del altar de Zeus, también, Corinto, etc. Pero, por encima de todos, destacaban los misterios de Eleusis, dedicados a Deméter y fundados por la propia diosa. Dada la cercanía de esta localidad con Atenas, lo misterios de Eleusis eran oficialmente los misterios de Atenas. Y Atenas siempre fue la ciudad más prestigiosa de toda Grecia, incluso bajo los macedónicos. Aún hoy en día sigue existiendo la misma “vía sagrada” que desde el siglo séptimo a. C. unía a estas dos ciudades.
Roma tomó bajo su protección la localidad de Eleusis y continuó custodiando el lugar y manteniendo sus templos. Todo, finalmente fue destruido, en el siglo cuarto d. C., con la invasión de los Godos de Alarico.

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Eleusis está junto al golfo de Salamina, que fue el escenario de aquella gigantesca batalla naval entre Temístocles y Jerjes I.
También el cristianismo, inicialmente, se organizó según la realidad de los cultos mistéricos. Muchas personas bien intencionadas hoy en día afirman con total seguridad que en el cristianismo nunca hubo nada oculto. Puede ser que actualmente sea así, puesto que ni siquiera los altos jefes de la Iglesia Católica, Protestante, Anglicana, Ortodoxa, da igual, saben de qué se habla cuando se menciona al Espíritu Santo, por citar un ejemplo. Es decir, no hay nada oculto ahora porque se desconoce todo o casi todo. Pero no hay nada más equivocado que afirmar que en el primitivo cristianismo no había una enseñanza selectiva. El cristianismo tenía, tiene, varios niveles de enseñanza, desde el nivel más elemental, para gentes con poca o ninguna formación hasta para espíritus muy avanzados. El propio Maestro nos lo dijo muy claramente, sin la menor sombra de duda:
• “Y con muchas parábolas como estas les hablaba la Palabra, conforme a lo que podían oír. Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo” (Marcos 4: 33, 34).
• Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: “¿Por qué les hablas con parábolas?”Él respondiendo, les dijo: “Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les ha sido dado” (Mateo 13: 10, 11).

Además, el propio san Pablo, en su primera epístola a los Corintios, nos habla muy claramente de que existe una “sabiduría oculta”.
El mayor obstáculo que tenemos a la hora de estudiar los misterios es la falta de información. Es natural que sea así. Eran misterios. El único libro que nos ha llegado sobre los misterios es el de Jámblico, creador de los misterios platónicos, y que vivió bajo el emperador Constantino, cuando los misterios ya estaban casi a punto de desaparecer.
El control de los Misterios de Eleusis estaba en las manos de dos familias: los Eumólpidas (los descendientes de Eumolpo) y los Keryces (o heraldos), estos últimos también se encargaban de la adoración de Apolo Pitio en Delfos. También había funcionarios civiles nombrados por el gobierno ateniense que se encargaban de las ceremonias públicas y de las finanzas. El sumo sacerdote era elegido por sorteo, para toda la vida, de entre la familia de los Eumólpidas. Quien le seguía a este en el escalafón, era el Dadukós, o portador de la doble antorcha, elegido de la misma manera, de por vida, entre la familia de los Keryces. El tercer miembro era el Hieroceryx, o heraldo sagrado, de la familia de los Keryces.
También había dos mujeres hierofantes, dedicadas al culto de las diosas de los misterios: Deméter y su hija Cora, o Perséfone. La sacerdotisa consagrada a Deméter provenía no solo de las iniciaciones que se concedían en el interior de los misterios de Eleusis, sino también de muy desconocidas escuelas de misterios exclusivamente femeninas (por ejemplo, las Tesmoforias, absolutamente femeninas y de las cuales no se conservó nada escrito, a no ser un ligero comentario que hace Luciano, y en el cual nos dice que entre otras cosas, estas mujeres, durante las festividades de Deméter, “tras desenterrar los restos de los cerdos muertos en el año anterior, mezclan con semillas estos nauseabundos restos y a continuación los plantan”). Además, sabemos que existió una orden enclaustrada de sacerdotisas, dedicadas plenamente a la vida espiritual y que hacían voto de celibato. Seguramente son estas las “abejas” de las que nos habla Porfirio.
Es preciso decir que, en los Misterios de Eleusis, no había ninguna discriminación en lo que se refiere al sexo. Tan solo existía la distinción que hemos indicado en la adjudicación de los puestos.
La realidad de los misterios menores estaba muy difundida y todo el mundo conocía, más o menos, lo que sucedía ahí, por ejemplo, el rito de la entronización, aunque es muy posible que se guardara silencio sobre ciertas enseñanzas. Estos misterios estaban tan abiertos al público que un autor nos dice que a veces se llegaron a citar en ellos hasta treinta mil personas en una misma localidad. Puesto que los misterios estaban abiertos a todo el mundo, es de suponer que muy pronto se incorporarían los romanos a estas multitudes. El problema venía de que la gente conocía quiénes pertenecían a los misterios mayores y los menores. Y poco a poco, guiados por la curiosidad y el interés, acosaban a estos buscando saber qué ocurría ahí dentro.
Los propios emperadores, que no siempre tenían el carácter que debe de tener un ser superior, estaban iniciados en los misterios menores. Imaginemos que un emperador, quisiese entrar en el templo de los misterios mayores y asistir a las iniciaciones ¿Quién habría podido decir que no?

Razón por la cual, hubo un tercer nivel que eran los misterios secretos.
Este tercer grado de los misterios no era revelado a nadie que no se considerase digno. Gracias a esta discreción, casi nadie llegó a saber de la existencia de estos grupos. Por supuesto de este nivel no vamos a hablar. Nos ceñiremos a los dos niveles arquetípicos que eran los misterios mayores y los menores.
En la escuela pitagórica también había tres niveles de enseñanza: akustikoi, mathematikoi, y phisikoi. Estos últimos, eran los que estudiaban la verdadera realidad del ser humano y de nuestro planeta, el sistema solar y los planos entre nosotros y el Logos Supremo.

Los misterios menores se celebraban en marzo y tenían lugar en el templo de Deméter y Cora en la propia Atenas.
En la enseñanzas de estos misterios, se difundían máximas y pensamientosque podían ser muy provechosas, por ejemplo, frases formativas del tipo: “El que busque la riqueza, la perderá”, o, por ejemplo, “Te entristeces cuando las cosas no suceden como quieres, sin embargos deberías alegrarte de que las cosas suceden como suceden”.
Una de las enseñanzas más importantes que se impartía era la explicación de cómo el alma descendió desde sus niveles inmateriales hasta su nivel actual muy cercano al mundo de la materia.
También se explicaba la teoría de la reencarnación, en la cual no insistía mucho la religión griega y romana.
Seguramente, gracias a la figura del Minotauro, se explicaría la realidad del cuaternario inferior que constituye el primer nivel de la conciencia humana. Teseo sería el Yo superior, el Ego, y el hilo de Ariadna la intuición divina, la voz del Alma.
Durante los misterios menores, los iniciados vestían un traje especial, de piel de gamuza, o de cervatillo (“nebris”), muy simbólico de las incontroladas y animales fuerzas psicológicas en cuyo dominio se iniciaban los aspirantes. De la misma manera, los yoguis de la India portaban, antaño, también una piel de tigre o de antílope con el mismo significado.
Tengamos en cuenta que en los misterios menores se hacía un gran hincapié en la purificación en general y sobre todo de los sentimientos y en el control de cualquier impulso.
Podríamos decir que el campo de enseñanza de los misterios menores era el psiquismo humano.
En el estudio de este nivel también entraba el uso de dramatizaciones para mostrar de qué manera la energía de los sentimientos se prolongaba en el más allá, y de qué manera el avaro, el lujurioso, el pusilánime, el malhumorado, etc. se enfrentaban a la atmósfera del plano astral después de morir.
En los primeros tiempos de los misterios, cuando los iniciados eran verdaderas personalidades transfiguradas por el fuego del Espíritu estas representaciones serían exclusivamente inmateriales, y aun así serían vívidas y tremendamente eficaces. Sin ninguna duda, con la fuerza de su mente iluminada, el iniciado, o mejor, su Alma, materializaría, proyectaría, ante los ojos asombrados de los espectadores, esa sustancia psíquica en formas animadas y en cuadros vivientes.
Al correr de los siglos, los posteriores instructores no tuvieron más remedio que celebrar sus explicaciones por medio de autos sacramentales o de dramas religiosos. Las obras de Calderón de la Barca, aunque también Lope de Vega y muchos otros escribieron autos, derivan de estas obras dramáticas representadas en el seno de los antiguos misterios.
También, durante los misterios menores, se ofrecerían al aspirante diversos conocimientos de la historia oculta del mundo, pongamos, por ejemplo, cómo surgió el Sistema Solar, con sus actuales globos.
Evidentemente, se expondrían explicaciones esotéricas de muchos mitos. Sobre todo, los más educativos para la vida común, por ejemplo, el castigo de Ixión, o de las Danaides, o el del sátiro Marsias, … Se trataba de enseñar al discípulo los resultados producidos en el mundo astral por las conductas seguidas durante la vida.
Hay que advertir que en los misterios menores también había una “zona reservada” a la cual serían derivados los alumnos que manifestaban buenas cualidades para el desarrollo psíquico. Ahí eran instruidos personalmente y además eran vigilados muy atentamente. A estos alumnos especiales, seguramente, se les aplicarían severas pruebas para convertirlos en activos trabajadores de los mundos psíquicos y de los mundos superiores.

Pocas cosas sabemos de los misterios mayores.
Los misterios mayores se celebraban inicialmente en el Eleusión, durante el mes de septiembre al pie de la Acrópolis de Atenas. Concretamente, los misterios empezaban el día 13 de Boedromon, o septiembre. Había procesiones solemnes y ceremonias de purificación. En conexión con esta celebración, toda Grecia entraba en fiestas.
El día quince de ese mismo mes, día de luna llena, los discípulos, o mistas, entraban en el templo donde se les iba a instruir en los misterios mayores. Ningún no iniciado o nadie que no estuviese autorizado podía entrar en el interior del Eleusión, que estaba protegido por un alto muro. Allí quedaban recluidos los mistas.
El día 19, los mistas, los oficiales, sacerdotes, y gran parte del pueblo de Atenas, que incluso llevaban consigo camas y víveres, partían de Atenascon destino a Eleusis, distante unos veinte kilómetros. Durante dos días más los aspirantes y los iniciados permanecían encerrados dentro de los altos muros del templo de Deméter, en Eleusis.
Al acabar las ceremonias, la multitud que esperaba afuera preparaba una festiva celebración, acabada la cual se daban por terminados los misterios y todos retornaban a sus casas.
Los iniciados eran llamados “apoptae”. El emblema mágico de los misterios mayores era el vellocino de oro, pues este es el símbolo, ya no de la naturaleza psíquica humana, sino de su naturaleza mental.
En estos misterios la enseñanza se centraba en explicar la evolución del sistema terrestre y del ser humano. También se insistía en las consecuencias en los planos divinos de nuestras aspiraciones, de nuestro amor al estudio y de nuestro régimen de vida mundano.

En los misterios mayores se ofrecían instrucciones absolutamente personales y privadas sobre la manera de desarrollar el cuerpo mental como vehículo de expresión.
Los famosos tesoros que se custodiaban en el santuario de Eleusis y que nadie, a no ser los oficiales e iniciados, podía ni siquiera mirar, no hablemos ya de tocar, bajo pena de muerte, casi con toda seguridad serían objetos o talismanes magnetizados por la altísima energía espiritual de los Misterios y que se habían transmitido de generación en generación. Estos objetos estaban depositados en la capilla secreta dentro del pasillo de iniciación, o Telesterión. Uno de estos objetos sería el caduceo. Su significado era muy parecido al del tirso, que era otro de esos objetos, el cual era una vara que culminaba en una piña. El tirso, como el caduceo, representa la columna vertebral con el fuego espiritual que asciende por su interior. La piña era el símbolo de la glándula pineal, en la que reside una gran energía espiritual.
También otro objeto del tesoro sería el krater o copa, asociada a Dioniso y símbolo del cuerpo del Alma.
Parece ser que también había una lira, que se decía que perteneció al mismísimo Orfeo.
También estaban los famosos juguetes del dios Baco. Estos eran los juguetes con los que el dios estaba jugando cuando fue sorprendido por los titanes. Estos juguetes son los dados, que representan los cinco sólidos platónicos, y la peonza, símbolo del torbellino.

 

 

 

Juan Ramón González Ortiz

 

 

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