¿Qué
estamos haciendo con las energías y las fuerzas?
por Juan Ramón González Ortiz
(gonzalezortiz2001@mail.com

Torkom
Saraydarian
Las
energías y las fuerzas que nos llegan desde el cosmos, por
ejemplo, la energía de cualquier Luna llena, ¿se convierten
dentro de nosotros en un auxiliar, en una fuerza espiritual?, ¿o
más bien son obstáculos que dificultan y frenan nuestro
progreso?
Siguiendo con el ejemplo de la Luna, los centros inferiores en nuestro
cuerpo se abren muy naturalmente a las energías lunares. No
así los centros superiores, que necesitan un esfuerzo
prolongado y una toma de conciencia.
Considerar cómo actúan las energías en nosotros
es un primer paso en el proceso de autoconocimiento. Que es uno de
nuestros objetivos en esta vida. Más adelante hay un segundo
paso: distinguir energías benéficas de las que no lo
son.
Nuestro desarrollo en una grandísima medida es tributario de
las energías que nos llegan desde nuestro exterior. Entre esas
energías también hemos de incluir no solo las fuerzas
eléctricas, solares o magnéticas del universo, o la
fuerza contenida en las emociones, o la propia energía del
alma, sino también la energía contenida en los pensamientos
y en las imágenes de esos pensamientos.
Como podemos sospechar, nos alcanzan energías de muy diferentes
calidades: energías positivas y energías negativas.
Esto hace que nuestra vida sea una lucha constante, una interminable
guerra entre lo que nos eleva y lo que nos lleva a ras del suelo.
Cualquier persona con un mínimo de capacidad de observarse
a sí mismo es capaz de darse cuenta de que su conciencia es
campo de batalla entre dos energías: unas le proporcionan paz,
plenitud, serenidad y bienestar espiritual. Son los momentos de elevación,
desapego y misticismo que todos sentimos ante un bello paisaje en
primavera, o ante una noche serena. Mientras que otras energías
alimentan nuestro aspecto más corporal, físico, y, o
bien nos causan desasosiego, o bien nos lanzan a cualquier tipo
de acción ciega e irreflexiva.
La recepción de las energías y fuerzas, cómo
manejarlas y cómo usar de ellas, o cómo cerrarse a ellas,
es una de las más importantes destrezas en la vida de cualquier
persona que quiera transitar por sendero que lleva al descubrimiento
del Ser.
En realidad, las energías que nos llegan son uno de los mayores
problemas de la humanidad.
Por ejemplo, el separatismo en Cataluña no es sino una energía
sobreestimulada hasta límites patológicos.
Las energías, entre otras cosas, crean una tendencia hacia
algo. Provocan un impulso. Ponen algo en marcha. Esa tendencia que
crean puede ser hacia el mejoramiento y hacia la cooperación.
O hacia el individualismo y el egoísmo más destructor,
como en el caso del separatismo.
Si se opta por el trabajo en positivo, hay que desarrollar además
una dificilísima estrategia: sincronizar, equilibrar y armonizar
todas las fuerzas y energías que inciden sobre uno. Este trabajo
está ausente si optamos por el camino del egoísmo: basta
con que sigamos ciegamente una única fuerza, y ya está.
Aunque al finalsea esta fuerza la que nos destruya.
La finalidad del trabajo espiritual nos es otra que manifestar el
Propósito, y después el Plan. Y las energías
son nuestros auxiliares necesarios en este camino. Evolucionar no
es otra cosa que sincronizarse con el Propósito.
Esa progresiva sincronización supone ser capaz de colaborar,
consciente o inconscientemente, con el Propósito, y con el
Plan. Este es el mayor triunfo en la vida.Pero este logro no tiene
nada que ver con el triunfo mundano, ni con la creatividad mundana.
Ni el éxito ni el liderazgo forman parte de nuestra esencia.
Me entristezco sobremanera cuando leodeclaraciones de instituciones
educativas que afirman que su misión es “crear líderes”,
o cuando los movimientos feministasinsisten en que “hay que educar
a las mujeres como líderes”.
El progreso espiritual va abriendo la puerta de un nuevo tipo de sensibilidad
y, así, se registran impactos de energías que antes
se desconocían.
La salud también tiene que ver con el flujo de las energías:
una zona sobreestimulada se cargará de fuerza y esa energía
mantenida ahí durante años y años desarrollará
un rudimento de órgano nuevo que quiere crecer: un cáncer.
De la misma manera, una zona a la que no llegue la energía
se desvitalizará y degenerará, originando también
un cáncer.
En fin, todos sabemos que exponernos a corrientes de codicia,
temor, odio, celos, egoísmo desmedido, venganza, etc. es algo
destructor para nuestra alma.
Y,
al contrario: entrar en contacto con la energía de la amistad,
la bondad, la cercanía, la comprensión, el silencio,
la altura espiritual, es algo que nos proporciona un deleite
inexplicable, que sana instantáneamente todas nuestras heridas
del alma.
Muy frecuentemente esas energías, tanto las positivas como
las que no lo son, nos han llevado a realizar cosas increíbles
para nosotros, cosas que nunca hubiéramos podido pensar que
un día haríamos.
• El cuerpo físico tiene su energía física.
• El cuerpo emocional, o astral, tiene la energía de las emociones.
• El cuerpo mental tiene la energía de la mente.
Y hay energías mucho más sutiles que estas que aquí
hemos designado, que no son sino las más inmediatas para nosotros.
En primer lugar, para aprovecharse de todas las poderosas energías
a nuestra disposición hay que tener un fin en la vida.
De lo contrario, nada sirve para nada. La energía no es sino
un auxiliar.
Tener una meta es importantísimo. Es vital. Es el círculo
interior de la diana adonde acuden las flechas de la energía.
La diana, siempre colocada ante nosotros, inconscientemente atrae
nuestro tiro. No tener diana es desperdiciar la vida. Para que haya
dinamismo tiene que haber diana, meta en la vida.
La diana se comporta como un imán que todo lo atrae hacia sí.
Atrae energía, sueños, cavilaciones, deseos, … Atrae
a la subjetividad. Atrae también toda la creatividad liberándola
de su dependencia de factores como la moda, el gusto o la imitación.
En fin, que para que las energías funcionen tiene que haber
una meta.
Dejando a un lado las energías propiamente nuestras, y que
antes he referido, existen unas poderosísimas energías
que colorean sistemas enteros y queprovienen del llamado zodíaco
mayor. Es decir:
• La Osa Mayor.
• Las Pléyades.
• Sirio.
• Orión.
Pero también hay energías que provienen de los doce
signos zodiacales. Y también del Sol. Y también de cada
uno de los planetas. Y también, finalmente, de los centros
energéticos que se encuentran en cada uno de los siete subplanos
del plano físico cósmico.
Todas estas energías tienen sus ciclos cósmicos. La
astrología esotérica se ocupa en una gran medida de
estos flujos y de sus ciclos. Todas las energís siguen un ciclo.
Algunas de estas energías tienen ciclos de más de 200.000
años de duración. Otras, tienen ciclos de 25.000 años.
Otras, de 777 años. Otras de 7 años, otras de 7 días,
…
Cuando una serie de centros se sincronizan, entonces se libera esa
energía. Es lo mismo que pasa con la configuración de
nuestro ordenador. Cuando todos sus elementos están alineados,
el ordenador trabaja a pleno rendimiento. Sin embargo, si algún
componente, o si algún programa, o parte de un programa,
tienen una distorsión, empiezan los problemas, que, con el
tiempo, irán en aumento.
Durante ciertos ciclos mayores, se ponen en marcha otros ciclos menores.
Es decir, una configuración diseña otra nueva configuración
menor. Estos momentos de ciclo en un ciclo son, simultáneamente,
oportunidades cósmicas y a la vez momentos de grandes crisis.
Actualmente, estamos pasando por un ciclo de estos.
Si en la crisis hay una meta o un norte que nos guíe y si esa
crisis se maneja con atención, desapego y deseo de servicio
a la humanidad, se saldrá en muy buenas condiciones. Pero si
no es así, no hay nada que hacer. Las energías movilizadas
alimentarán las fuerzas de la disolución.
Las energías pueden originar estados positivos o, al contrario:
todo depende de cómo sea el tipo de mente que las use. Pueden
establecer condiciones beneficiosas para la construcción o
pueden ahondar más en la degradación de la raza humana.
La extensión del separatismo, o del consumo de drogas (que
en muchos países es visto como un derecho inalienable), la
miseria sexual, la violencia, el odio del que se alimenta el neo feminismo,
etc. demuestran que la gente no es capaz de manejar las corrientes
energéticas que están entrando en el mundo y que están
exacerbando y sobreestimulando sus centros físicos, emocionales
(sobre todo) y mentales.
No hay cura para estos problemas si la gente no se interesa por entender
estas poderosísimas energías. Una manera correcta
para lograr esto sería trabajar para el bien de la humanidad,
expandiendo la idea de que somos una sola familia y una sola humanidad.
El poder del servicio y del sacrificio siempre se ha señalado
como la mejor curación contra la fricción que crea el
ego humano al recibir las energías de tipo espiritual.
La energía que promueve el avance de la humanidad es una energía
fortísima, pues proviene directamente del corazón del
Bodishatva. Esta energía no solo es inspiradora, sino que nos
permite disponer en nuestro corazón, en nuestra intuición,
de una visión interior, de un modelo de la sociedad hacia el
que vamos. Una vez que percibimos este modelo interior, aunque sea
vagamente, hemos de esforzarnos en llevarlo a la práctica.
Otra potentísima energía emana directamente de Shamballa.
Es la energía del Poder o de la Voluntad, y es una energía
superior a la que afecta a los planos físicos, emocionales
o mentales. Esta energía establece las directivas planetarias
Otra energía que nos alcanza es la del Rayo, o la de los rayos,
que ahora mismo están en manifestación. Sabemos que
el Sexto Rayo se está retirando, y que el Cuarto aún
no se ha manifestado. En el momento presente, hay un Rayo que está
entrando de forma muy intensa: el Séptimo Rayo.
La energía del Séptimo Rayo es la energía que
afecta a:
• La organización.
• El ordenamiento de la energía y de los medios para producir
una forma.
• Las normas.
• El orden.
• La unión entre energía y sustancias en la actividad
grupal.
También afecta de forma muy importante al sexo. Uno de los
mayores problemas que hay hoy el día en el mundo. Un problema
tan agravado actualmente que cuesta pensar que algún día
se pueda resolver.
No solo las energías que provienen del exterior nos condicionan,
también las energías provenientes de nuestros espacios
interiores: las emociones y los pensamientos. La energía de
los pensamientos es la energía contenida en las ideas y en
la extensión de estas. Los grandes maestros, los seres altamente
espirituales, influyen sobre la humanidad desde los planos mentales
superiores, en los que moran. Esos planos son el reservorio de toda
inspiración artística, científica, técnica
y filosófica. Cada vez que producimos una ideación o
un pensamiento, ponemos en marcha una energía que afecta a
cualquiera que sea sensible a la vibración de esa idea.
Hay dos tipos de ideas. Las que son generadas por inspiraciones que
provienen de los planos superiores, es decir, los planos intuitivos.
Y las ideas que provienen de nuestros impulsos egoístas y separativos.
Estas ideaciones, cuando se transforman en pensamientos llevan en
sí la vibración destructiva e innoble de nuestros bajos
deseos, e inmediatamente se armonizarán con los que tengan
una misma o parecida o frecuencia vibratoria.
A su vez, estos pensamientos captan las energías de tipo inferior,
por ejemplo, las que se generan durante la fase de Luna llena,
energías que excitan los centros inferiores, y si no resistimos
su influjo crecerán dentro de nuestro interior contaminándonos
con su carácter destructivo.
La energía que contienen las ideas y los pensamientos, por
tanto, nos esclaviza y nos condiciona de una forma que ni siquiera
sospechamos. Los pensamientos atraen otros pensamientos del mismo
tipo y desequilibran y distorsionan la realidad del alma. Quien se
pierda en la selva de los pensamientos y de las ideas mundanas, o
egoístas, o materialistas, o placenteras tal vez quede atrapado
en su laberinto.
Tras la energía del pensamiento, hay una tremenda y poderosísima
energía en juego: es la energía que se genera en las
descargas emocionales. Llamémosla energía astral. Es
la contagiosísima energía que se produce en cualquier
liberación de terror, odio, celos, codicia, sexo, ira…. Estas
fuerzas se desencadenan por medio la palabra, o del pensamiento, o
en la imagen, en la música… Se encauzan en la televisión,
en los libros, en el cine, en los espectáculos deportivos,
en la publicidad, en las fiestas, en las manifestaciones sociales
o políticas, en los locales o espacios de ocio abarrotados,
en los sentimientos que promueven los partidos políticos….
La energía de las emociones, la energía astral, es capaz
de dominar y de anular a miles y millones de personas simultáneamente.
De hecho, las tres cuartas partes de la humanidad están bajo
su poder. También es el origen de múltiples enfermedades.
La mayoría de las enfermedades que padecemos modernamente,
tienen su origen en los efectos destructivos de esta energía.
La permanente exhibición de obras y películas cuyo único
argumento es el delito, la violencia, el sexo, o las emociones amorosas
más desmedidas, o los acontecimientos más trágicos
de la humanidad, crean una especie de “alto voltaje” eléctrico
que va deteriorando y quemando la red de la sensibilidad interna.
La industria del cine, especialmente, produce obras basadas en emociones
muy intensas y profundas, no siempre beneficiosas. La desmesura de
estas emociones desequilibra algo tan delicado como la mente
y el corazón. Además, en estas películas,
generalmente se exhibe un lenguaje que es la negación
de la inofensividad.
Si se produjeran obras que afirmasen todo lo contrario, o sea,
obras que divulgasen belleza, serenidad, equilibrio, admiración,
alegría, … los efectos en muy poco tiempo serían radicalmente
otros.
Precisamente, en los días de Luna llena habría que actuar
igual: fomentando los pensamientos desinteresados y sublimes, pues
lo normal es que la Luna llena nos polarice en emociones materiales
e involutivas, basadas en los gustos del yo inferior.
No olvidemos, finalmente, que otra fuente de energía es la
energía contenida en la bebida y la comida.
Todas
las energías de las que hasta aquí hemos hablado entran
en el cuerpo a través de:
• Los centros etéricos.
• Los centros astrales.
• Los centros mentales.
• El Loto de doce pétalos,
• Las cinco glándulas.
Los centros etéricos conducen la energía etérica
desde el exterior hasta el cuerpo etérico.
Los centros superiores, como el Loto de doce pétalos, aportan
las energías planetarias y solares. Por debajo de él,
los demás centros se relacionan con la energía física,
astral y mental inferior.
Las cinco glándulas, entre otras cosas, reciben la energía
del sexo opuesto. Los aromas y los colores tienen una influencia vivísima
sobre estos centros.
La meditación es, entre otras cosas, un medio muy notable de
recibir energías de tipo superior, pues la meditación
nos conecta con planos superiores.
Exactamente lo mismo que la meditación, hace la visualización,
pues según sea la forma que se visualice y la exactitud de
la misma, una energía superior puede alcanzar nuestra alma.
El servicio, sin esperar nada a cambio, es necesario porque acrecienta
y desarrolla la capacidad para recibir energía superior y para
distribuirla de modo armónico a través de los centros
y las glándulas. Por eso los discípulos tienen la obligación
de encontrar su campo de servicio en el cual puedan ejercitar todas
sus capacidades.
Tal vez, para acabar, el servicio sea el secreto de todo.
Este
artículo ha sido escrito siguiendo los materiales y las explicaciones
que proporciona Torkom Saraydarian en su extensa e inapreciable
obra “Otros mundos” y “Sinfonía del Zodíaco”. Recomiendo
vivamente estas dos obras.
Juan
Ramón González Ortiz