Algunos aspectos del cuerpo etérico
por Juan Ramón González Ortiz
(gonzalezortiz2001@gmail.com)

Todos sabemos, o hemos leído, que el cuerpo etérico es la clave de la salud. Sin embargo, parece que en nuestras vidas, en todo lo que respecta a la salud y a la curación, no seguimos para nada nuestras creencias y nos consagramos a remedios que, precisamente, atentan contra la salud. Digámoslo una vez más: en el cuerpo éterico reside el milagro de la sanación y de la salud.
Voy a repasar a continuación algunos elementos de nuestra vida cotidiana que afectan al cuerpo etérico y que, por tanto, repercuten en nuestra salud. No olvidemos que todo lo que llega al cuerpo mental acaba alcanzando a la trama etérica que distribuye los impulsos del pensamiento por el cuerpo físico.
En primer, si se me permite, voy a hablar de los desastres de la imitación. Me gustaría que los jóvenes, que cifran el valor de su presencia y de sus cualidades en imitar a tal cual actor de cine, o tal o cual cantante, a tal o cual político, a tal o cual futbolista de éxito cobraran conciencia de lo grave que es lo que voy a decir.
Imitar a alguien supone, en primer lugar, visualizar a ese alguien, y visualizarlo de manera muy penetrante a través de la imaginación. Esa visualización es tan intensa que, de hecho, se acaba transformando en un molde. Los jóvenes, que suelen ser muy obsesivos y apasionados, bien pronto se rodean de imágenes de esos héroes, o heroínas, de sus deseos, o bien una y otra vez acuden a cualquier dispositivo electrónico para contemplar sus películas o para escuchar sus canciones. Con lo cual no hacen sino potenciar la fuerza de esa figura que permanentemente tienen ante sí. Incluso puede ser que se tatúen en la piel a ese personaje. Ese molde la mente lo impone a nuestro cuerpo físico, lo cual exige primeramente cambiar por completo todo nuestro cuerpo etérico, que es único, y que nos es propio y que está ya adaptado a nuestro cuerpo como un guante a su mano. Pues todo lo que es mental alcanza al cuerpo físico por medio de la trama etérica. Este proceso de moldeamiento ejerce una tremenda presión, y bien pronto empieza a surgir una discordancia total entre nuestra original red etérica y la del modelo que le queremos imponer. La desarmonía entre el cuerpo y su contraparte etérica provoca un desencaje y un desajuste total. La mente impone un reajuste total, completo, de toda la finísima trama etérica que se superpone al cuerpo físico. A partir de ahí nada bueno puede pasar: las perturbaciones cada van siendo mayores, y empiezan a aparecer alteraciones. He visto muchas veces, demasiadas, estos procesos en jovencitos. Empiezan a identificarse con tal o cual estrella de la canción, o de los deportes, y al final acaban de veras, dañados mentalmente.
Esta violencia contra la delicada red de canales etéricos provoca:
• Una tensión peligrosa, pues los centros etéricos ya establecidos sienten el movimiento y la presión del cambio.
• Las glándulas, que están íntimamente asociadas al cuerpo etérico, sienten también los desajustes y empiezan a comportarse de forma desordenada.
• Los órganos, que son movidos por esas glándulas o por las corrientes eléctricas del pensamiento, empiezan a sufrir una peligrosa sobre estimulación o, al contrario, una falta absoluta de energía. Es decir, que se instaura el desequilibrio.


• En las áreas corporales afectadas empiezan a producirse dolores o afecciones extrañas.
• Puesto que el cuerpo astral, que es superior al éterico, y que así mismo es mediador del pensamiento, también se ve implicado en el desajuste, se empiezan a producir tensiones en la emotividad, intolerancia, nostalgias que no tienen explicación, inquietud, insomnio, brotes de euforia, …
• El corazón, como órgano muy ligado a los sentimientos, empieza a sufrir turbación
Si se sigue con el deseo de ser esa determinada persona, puede ocurrir que definitivamente el molde de ese nuevo cuerpo etérico se imponga terminantemente en esta vida, entonces, es incluso posible, que en la siguiente existencia esa persona renazca con las cualidades de aquel que fue su ídolo en su antigua vida, alterando así su destino, la expresión de su personalidad o su propia línea de evolución (tal vez para bien o, más frecuentemente, para mal). A fin de cuentas, el ser humano es un dios creador y es capaz de crear cuanto se propone, incluido un nuevo cuerpo etérico propio.
Me ha tocado escuchar de boca de muchos padres confesiones del tipo: “todo iba bien, nuestra hija era muy dulce y confiada hasta que empezó a decir que quería ser como Rihanna. Ahí se torció todo. Y a día de hoy no conocemos a nuestra hija”. También ha escuchado a padres contarme cómo aprovechando un momento de ausencia del hijo o de la hija, realizaron una especie de “escrutinio de la librería” semejante al que el cura, el ama, la sobrina y el barbero, junto con el bachiller Sansón Carrasco, organizan en la biblioteca de Quijote. En el caso del que hablo, aquellos desesperados padres no quemaban libros en el patio, sino que los llevaban al contenedor de basura, junto con fotos, carteles, discos de música, ropa, abalorios, incluso cartas y obras dedicadas.
Con la experiencia de tantos años pasados entre jóvenes, afirmo que se debería advertir a los jóvenes de que no imiten jamás a nadie, a nadie, y, además, se les tendría que avisar muy crudamente de los desastres a los que se exponen con esa actitud de idolatría….

Los objetos también afectan grandemente al cuerpo etérico.
1. Los objetos que han estado en contacto con criminales o que han estado expuestos a los crímenes o frente a matanzas, también se contaminan de ese horror. Al mismo tiempo, cuando usamos un objeto, cualquier objeto (un libro, un sofá, un instrumento musical, etc.), que fuese usado por una persona fuertemente deprimida, o cercana al suicidio, atraemos el aura etérica de esas personas al interior de nuestro propio cuerpo etérico.
2. Las relaciones sexuales, o los contactos corporales, con personas contaminadas por el alcohol o las drogas, también suponen una transferencia hacia nosotros de ese nivel etérico negativo. Este hecho no hay que negligirlo, pues no es lo mismo un contacto esporádico que estar día a día con personas de estas que están continuamente plantando sus semillas en el corazón de nuestro cuerpo etérico, porque esta presión sobre nuestros éteres poco a poco va consumiendo la fuente de nuestra creatividad y de nuestra fuerza de cara al exterior.
3. Lo mismo hay que decir cuando visitamos lugares de crímenes, matanzas, sacrificios humanos, quemas de brujas o de magos, lugares de martirio, casas de prostitución, centros de hipnosis,…


4. Cuando visitamos un lugar de estos absorbemos todas estas pesadas irradiaciones que manchan y contaminan nuestro cuerpo etérico. Una vez que el cuerpo etérico es presa de los ataques de todas esas energías, es muy posible que caigamos en la desesperación, en la abulia, en el malestar emotivo o mental, e incluso que enfermemos físicamente. Si no experimentamos ninguna realidad negativa, puede ser porque seamos tan densos y tan primitivos que nuestros éteres compaginan muy bien con al energía que se desprende de la sangre derramada o de la lujuria en su manifestación sin freno.
5. Los símbolos son poderosísimos moldes que se incrustan en la mente de la persona. El símbolo, con su significado, pasa al cuerpo astral, removiendo emociones y después pasa al cuerpo etérico y ahí se llena de fuerza y energía. Muchos símbolos fueron creados por grandes instructores de la humanidad de cara a generar ideas sublimes en el plano mental, a purificar emociones y a provocar que la energía mueva a realizar ese símbolo. En este orden de cosas estarían el loto, la copa, la estrella, …
Pero los símbolos también pueden ser promovidos para un uso incorrecto, pensemos en la svástica del Partido Nazi. O en la hoz y el martillo de los comunistas. Estos símbolos llegaban al plano mental de la gente y se asociaban a destrucción, represión, control, conquista, al pasar al plano etérico desencadenaban una energía muy negativa fuera de cualquier control.
El símbolo, cuando se enfanga en la energía del odio, y del separatismo, deja de tener alma, se endurece y se cristaliza, perdiendo su aspecto sublime. Entonces, queda al margen del intelecto. A partir de ahí, empieza a emitir ondas de muy bajo nivel que afectan, o más bien esclavizan, a las zonas más bajas de la psique y de la energía humanas.
6. La magia negra, la brujería, la Wicca, etc. utilizan amuletos, objetos, joyas o simplemente piedras magnetizadas por el contacto con sus energías inspiradoras. No se deberían aceptar regalos de este tipo de objetos, porque las impresiones etéricas ahí están, adheridas a esos objetos. Esas joyas, amuletos o piedras son algo tremendamente destructor y atentan contra la vida, y la sociedad, contra la energía de la vida, la alegría y la salud.
Por supuesto que estos objetos pueden ser purificados. Yo ignoro cómo se hace eso. Me imagino que habrá recurrir a un maestro de buena ley. Lo cual es dificilísimo.
Los maestros de veras actúan, justamente, al contrario: reparten entre las gentes objetos que propician la elevación. Ellos son capaces de cargar un objeto con energía benéfica. Esto lo hacen en el acto de la llamada bendición, o también con la oración.
Torkom Saraydarian nos cuenta que en el salón donde su maestro espiritual impartía las lecciones, había una silla, la silla del maestro, y que nadie se podía sentar sobre ella. En efecto, cada persona tiene su propia carga etérica y sus emanaciones no pueden mezclarse con las de una persona que no vibre en la misma longitud. Una persona con una cuerpo etérico bajo y denso habría cargado negativamente ese objeto, y el maestro, o cualquier persona que se sentase encima, perdería la concentración momentáneamente, o notaría una resistencia en el contacto con sus más altos planos mentales, y tal vez su alineamiento cuerpo mente alma se vería momentáneamente afectado.

7. El dinero es uno de los objetos más contaminado por los éteres de todos los que lo han poseído. La energía espiritual y mental que se genera en el momento en el que uno se gasta el dinero, imprime su huella en ese dinero. No es la misma energía la que viaja en un billete que se acaba de depositar en una hucha que se dedica a obras de caridad, que la energía que va adherida a otro billete que se ha gastado en comprar drogas, o en el crimen o en la prostitución, o simplemente en cualquier fin material y egoísta. La energía material, la inercia, la pesadez, el desenfreno, etc. quedan ligados a ese dinero. Y lo mismo sucede con el dinero adquirido de manera honesta y que se gasta con plena conciencia de su valor.
Hay dinero, el dinero del crimen y del robo, que se debería de quemar. Antaño, a veces, se bendecía con agua bendita el dinero de las colectas en las iglesias católicas para suprimir esta suma de energías pesadas y oscuras. Pero hoy hasta los propios curas se ríen de estas prácticas tan sabias.


 

 

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