Ética y eugenesia. Algunas preguntas incómodas
por Juan Ramón González Ortiz
(gonzalezortiz2001@gmail.com)

revista nivel 2
El problema de la eugenesia, que antaño fue muy intensa, en las modernas sociedades occidentales ha quedado un tanto escondido por la extensión del llamado aborto terapéutico. Efectivamente, el aborto permite la supresión de fetos que van a venir al mundo muy enfermos o dañados. Incluso defectuosos.
El dilema que nos plantea la eugenesia, expresado en su lenguaje, es el siguiente:
¿qué es mejor: una masa razonable de individuos sanos desde el punto de vista físico y psíquico?, ¿o bien un número indeterminado de ciudadanos incapaces de valerse por sí mismos mantenidos por la beneficencia del Estado?
En estos términos nos plantea la cuestión el pensamiento eugenésico, el cual, y hay que insistir mucho en esto, es tan antiguo como la humanidad, pues Aristóteles, por ejemplo, ya era eugenesista.
¿Qué responsabilidad tienen los padres en este problema? ¿Y el Estado?, ¿qué responsabilidad tiene el Estado? ¿Puede el Estado establecer medidas de coerción con respecto a la salud genética?
Fundamentalmente, todo este problema se reduce a tres inquietantes preguntas, que cada uno debe responderse de forma clara y tajante. Pues uno de los principales problemas de las sociedades post modernas es que ya nadie piensa, simplemente se elige la solución más cómoda, o la más barata, o bien se adopta el pensamiento que los gobiernos difunden a través de los medios de difusión que les son afectos y que, por tanto, cuentan con más posibilidades de extensión:
• ¿Tienen los padres derecho a fijar ellos su propio criterio con respecto a la calidad genética del hijo que desean?
• ¿Tienen derecho los padres a evitar el nacimiento de un hijo cuando este sufre importantes daños genéticos?
• ¿Tiene derecho la sociedad en su conjunto a decidir en el tema de la paternidad?
De estas preguntas nacen otras, igual de profundas y de inquietantes, de las que no podemos escapar, y a las que es urgente responder íntimamente.
Voy a proponerte a ti, directamente a ti que me lees, algunas preguntas.
Querido lector, no huyas: apaga el televisor, apaga la radio, apaga el reproductor de música, apaga el ordenador, y arroja lejos de ti la prensa y el teléfono móvil. Lee estas cuestiones y respóndetelas.

• ¿El criterio de la libertad personal, incluye también la libertad de posibilidades en el tema de la reproducción?
Todos estamos de acuerdo en que hay muchos procedimientos tecnológicos en el campo de la reproducción, y también estaremos todos de acuerdo en que igual que existe la libertad de elegir está la libertad de no elegir. Así pues: ¿se puede obligar a alguien a que no dé a luz a un feto defectuoso?



¿Se puede obligar a alguien al aborto? Y en cuanto al cribado genético, ¿se puede obligar a alguien a pasar una prueba de cribado genético como condición sine qua non para obtener un certificado de matrimonio, o para acceder a subvenciones o a ayudas estatales?
• ¿El niño tiene derecho al nacimiento, o, más bien, a lo que tiene derecho es a nacer con un cuerpo y una mente sanos?
Si contestamos afirmativamente a la segunda parte de esta pregunta, entonces estamos diciendo lo siguiente: es mejor no nacer si no se puede asegurar un cuerpo y una mente normales, al menos hasta cierto punto. Además, como consecuencia,se entiende que traer al mundo a un hijo cuya salud no se puede garantizar, equivale a hacer un daño a sabiendas y con total consciencia de que se está haciendo un mal que va a desembocar en un sufrimiento duradero.
• ¿Los padres están obligados a actuar según el bien común?
Es decir, ¿se considera que tener hijos defectuosos es un acto contra la ciudadanía? Gran parte de la opinión pública plantea el hecho de que los recursos con los que cuenta un estado para atender a las necesidades de todos sus habitantes siempre son limitados y que, por tanto, traer al mundo a niños que van a depender toda su vida de los recursos públicos, viviendo seguramente en una institución, es una acto de inconsciencia que va contra el bien común. Esta misma opinión pública afirma que los recursos y las asignaciones que se dedican a estos niños necesariamente han de desviarse de otras partidas.
• ¿Se puede prohibir a ciertas personas que se reproduzcan?
Es decir, ¿se puede desposeer a una persona de su derecho a reproducirse en virtud de una carga genética deficiente? Si lo pensamos mejor, el poseer un patrimonio genético “indeseable”, o una enfermedad hereditaria, por ejemplo, no es un acto de comisión y no hay en ello voluntad de ningún tipo, luego por tanto retirarles a estas personas cualquier derecho es destruir el principio de equidad, y además discriminarlos. No olvidemos que ser portador de taras genéticas es un riesgo estadístico que no necesariamente comporta descendencias defectuosas. Frecuentemente personas con este problema tienen niños completamente normales.
• ¿Quién determina lo que es genéticamente normal?
¿Quién determina lo que es aceptable?, ¿el sistema educativo, tal vez?, ¿o se apela al criterio del comportamiento social?, ¿o a la capacidad de rendir trabajo dentro de una línea cualquiera de producción? La línea de corte que establezcamos siempre será totalmente arbitraria, salvo en algunos casos que están totalmente claros y en los cuales nadie va a discutir nada, por ejemplo en cualquier síndrome dismórfico con múltiples anomalías graves, o en la anenecefalia. Además, en muchos casos potencialmente serios es imposible evaluar su gravedad, porque se desconoce. Por ejemplo: en el síndrome de Down, o en el autismo, el abanico de la dolencia puede abarcar desde un nivel muy severo hasta una condición leve o muy leve.
Todos, absolutamente todos, portamos genes deficientes, los cuales pueden aparecer en cualquier momento. Incluso, hasta en padres muy sanos nunca se puede garantizar la salud de los hijos. Por tanto, ¿se puede establecer sin lugar a dudas, de forma realista, una norma absoluta en el tema de la salud genética?
• ¿Concebir hijos sabiendo que son defectuosos es moralmente lícito?
¿Es inconsciente o irresponsable tener hijos a sabiendas de que estos van a ser defectuosos? ¿Tiene un niño derecho a la calidad de vida, a que su vida tenga una mínima calidad?, ¿sí o no? ¿Merece una reprobación moral quien de manera intencionada y conociendo las consecuencias de tener hijos defectuosos o disminuidos, decide seguir adelante? ¿Tiene una persona libertad para decidir esto?
• ¿El Estado, o la sociedad más bien, ha de ocuparse del cuidado y de la atención de los que nacen defectuosos?
Todos sabemos que el Estado se hace cargo de la rehabilitación y del cuidado de una parte de la población que no puede ocuparse plenamente de sí mismos: deprimidos, alcohólicos, suicidarios, drogadictos, ludópatas,…. Sin lugar a dudas, desde el punto de vista de la actual conciencia social, este gasto en asistencia y en atenciones es el precio que hay que pagar por ejercer la libertad individual. Así pues, ¿hay que asumir que el cuidado de todos los niños defectuosos ha de correr siempre a cargo del Estado?
• Si la sociedad en su conjunto ha de hacerse cargo del coste de un niño defectuoso, ¿puede ejercer algún tipo de control o exigir algo a cambio?
Con esto quiero decir que la paternidad no es ningún regalo gratuito, sino más bien un derecho legal que comporta deberes ¿Es amenazador para una sociedad hacerse cargo de los gastos y de la atención de todos estos niños deficientes? Los costes medios para un paciente con Síndrome X Frágil ascienden a sesenta mil euros al año. Los gastos de un enfermo de hemofilia oscilan entre cien mil y doscientos mil euros al año, y en algunos casos pueden llegar a cuatrocientos mil euros al año.Pero el coste medio anual de un enfermo del síndrome de Tay Sachs es aún mayor.
¿Son una amenaza para el Estado los pacientes que requieren tantísima atención y cuidados tan especiales? Puesto que el Estado es quien atiende a estos niños, ¿debe exigir el Estado algo a cambio?, ¿puede ejercer el Estado algún tipo de control?
• ¿Qué es más importante: preservar los derechos del feto, o los derechos de los padres?
Evidentemente, los derechos del feto deben prevalecer puesto que el feto es la parte más débil. De hecho, no puede ni defenderse. Por tanto, sus derechos han de tener una posición de mayor relevancia.
• ¿Son un peligro los niños defectuosos?
Para la opinión pública las enfermedades genéticas tienen una consideración muy parecida a las enfermedades infecciosas, pues también son susceptibles de extenderse por doquier. Y además se trata de enfermedades destructoras y que afectan a la totalidad de la población desde el punto de vista que dañan al conjunto de los genes de la sociedad ¿Una enfermedad genética, es un peligro semejante al de la tuberculosis o al del cólera? En ese caso, ¿están justificadas medidas del tipo de la cuarentena permanente, es decir, medidas que se toman para las enfermedades contagiosas?
• ¿No es cierto que los individuos con taras genéticas expresan diversidad genética y eso siempre es positivo?


Efectivamente, así es. Por otra parte, la enormidad del conjunto de genes de cualquier sociedad hace que sea claramente imposible que los genes disformes se apoderen o que se impongan a esa sociedad.
• ¿Pueden los padres rechazar a un hijo y encomendarlo al Estado cuando ese hijo no da el nivel que ellos han establecido?
¿Las personas pueden ser abandonadas cuando las expectativas prefijadas no han sido cubiertas?
• ¿Es exigible que todos los niños nacidos deban de tener cierta calidad?
Es decir: ¿los niños deben ser perfectos o al menos han de acercarse a esa perfección imaginada?, ¿es lícito implantar un “control de calidad” como sucede en los modernos procesos fabriles?
• ¿Deben ser tenidos en cuenta los derechos de los otros miembros de la familia en el caso de que se vaya a producir el nacimiento de un niño defectuoso?
¿Hacerse cargo de un niño con graves minusvalías, va a suponer una importante pérdida de oportunidades para los demás miembros de esa familia? ¿Cómo va a ser el choque emocional y económico al hacerse cargo de esa criatura? Generalmente, el impacto es tan fuerte que la unidad familiar se resiente. A veces, incluso se desmorona. Otros miembros de esa familia se van a quejar del excesivo tiempo, dinero y atención que se dedica al niño disminuido.Y seguramente algún miembro experimentará una sorda y permanente sensación de abandono,que vivirá como algo injusto y arbitrario. En muchos casos, ese miembro familiar que se siente abandonado optará por suprimir el problema desentendiéndose de él.
• ¿Crear criterios de validez genéticos, no puede provocar que también se establezcan parecidos criterios en otras capas de la vida social?
Efectivamente. Y así ha pasado, por ejemplo, con los nazis, o con las esterilizaciones masivas de mujeres puertorriqueñas, o con la esclavitud de los negros, o con el supremacismo colonialista,… Si se admite que el beneficio social puede establecer criterios en lo relativo a los nacimientos, ¿por qué no se van a establecer también criterios en cualquier otro ámbito de la vida?
• Si la medicina se ocupa de establecer juicios de valor relativos a los nacimientos, no es cierto que entonces está abjurando de su única y verdadera finalidad que es ocuparse de todos los enfermos, sin rechazar a ninguno?
Cuando la ciencia médica se ocupa de establecer criterios de aceptabilidad se transforma, simplemente, en un instrumento al servicio del Estado, se comporta como el brazo ejecutor de una ley de tipo económico o social. Nada más. Cuando la ciencia médica actúa así niega su ética interna y su devoción al servicio y al sufrimiento. “Primum non nocere”, “primero no hacer daño” juraba el joven médico ante el altar de Apolo Citaredo antes de empezar su ministerio.
En definitiva, querido lector, ¿hasta dónde queremos llevar nuestro egoísmo?
¿Vivimos o no vivimos en una sociedad de altruismo?
¿Podemos superar el poder del gen egoísta que llevamos dentro, ¿o acaso los impulsos hacia la bondad y al sacrificio, a la abnegación y a la compasión no son sino bellas y obsoletas palabras puestas en boca del antiguo y caballeresco San Quijote de la Mancha?

Juan Ramón González Ortiz

 

 

 

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