Interpretación
del segundo trabajo de Hércules:
La Captura del Toro de Creta
(Tauro, 21 de abril – 20 de mayo)

En el segundo trabajo se le encomendó a Hércules capturar
al toro de la isla de Creta y conducirlo al lugar Sagrado en el continente.
El toro es un animal vehemente e impulsivo, que simboliza al ser humano
ocupado en satisfacer sus deseos más materiales: fundamentalmente
físicos y emocionales.
El elemento agua siempre ha sido la representación del mundo
emocional en los reinos de la naturaleza. En el mito, el toro estaba
en una isla y rodeado por ello de agua. Como el toro de Creta, en
la vida del hombre o mujer poco evolucionados, rigen los instintos,
los impulsos y las emociones.
Así, hoy en día, muchos hombres y mujeres viven como
toros atrapados por la fuerza de atracción del deseo físico
y emocional, como en una isla, emocionalmente aislados y separados
de aquella parte de la humanidad que vive ya en el continente, en
tierra firme, pues ya ha alcanzado cierta autoconsciencia y ha unificado
su conciencia con la de su Yo Superior o Alma.

A lo largo y ancho de la isla del mito, se extendía el laberinto
del Minotauro. El laberinto ha sido siempre el símbolo de la
gran ilusión en el ser humano. Aquella ilusión que lo
aturde, lo confunde y lo enreda para lograr un efímero tesoro:
la satisfacción de sus deseos.
Aunque existan muchas perspectivas o muchas opcionesen el laberinto
de la vida, para el discípulo o ser autoconsciente sólo
existe un sendero, una sola dirección: la del trabajo de servicio
en el Plan Divino, pues sabe que el resto de senderos sólo
conducen a la pérdida de la consciencia en el laberinto de
la personalidad inferior.
Para despertar de esa ilusión, de la separación de la
auténtica realidad superior, deberemos de permitir que nuestro
Hércules interior, domine con su sentido común a ese
toro, y recorra el sendero de liberación entre el yo perdido
en el laberinto (yo inferior) y el Yo real en tierra firme (Espíritu).
Para realizar ese recorrido, para alcanzar ese despertar, progresivamente
deberemos de ir prestando en la vida, mayor atención a esos
destellos u oportunidades que nos unen en conciencia al resto de seres,
aquellos destellos que no aíslan, que no separan.
Nos referimos a todas aquellas prácticas físicas, emocionales
y mentales que impiden aislarnos o sentirnos separados, que nos permiten
sentirnos unidos con todo lo que nos rodea, que nos liberan e inician
nuestro camino de regreso.
Por el contrario, satisfacer nuestros deseos materiales, emocionales
o sexuales refuerzan nuestra permanencia en la isla del laberinto.
Curiosamente, la isla de Creta, geográficamente, posee tres
grandes cordilleras que simbolizan los tres planos que mantienen al
toro humano pastando y nutriendo inconscientemente, insacia blemente,
las exigencias del deseo: el Plexo Solar, el Centro Sacro y el Centro
Base de la columna.
En el mito, el brillo de la estrella en la testuz del toro (una luz
única, nodual) guía a Hércules (que representa
al sentido común) en este rencuentro. Es la visión del
tercer ojo que unifica los opuestos, que sintetiza la visión
de los ojos de los sentidos.

Y una vez Hércules encuentra al toro, es decir, cuando nuestro
Yo Superior aborda nuestra dimensión temperamental, no la mata,
no la anula: la controla, la guía y conduce a la tierra continental
de la noseparatividad, al servicio de todos los seres, al servicio
de la Unidad. Por ello, Hércules, controla al toro montándolo
sobre su lomo y guiándolo como a un caballo domado.
La travesía de Hércules montando sobre el lomo del toro,
cruzando las aguas del océano y acompañados de las Siete
hermanas o Pléyades simbolizan el sendero del discipulado:
la dimensión emocional (el toro) controlada por su dimensión
superior o mental (Hércules), con la guía del Alma (las
Pléyades) alrededor de la rueda de la vida (toro entre las
aguas) y dirigiéndose hacia el encuentro en el Templo Sagrado
en el continente (Espíritu).
En tierra firme, ya sin aguas circundantes, trascendido el mundo del
deseo, el discípulo es entregado a los tres cíclopes:
seres divinos que han trascendido ya la separatividad del mundo dual
(de ahí que posean un solo ojo) y que encarnan los tres aspectos
de la divinidad o de la Tríada Espiritual: la Voluntad, el
Amor y la Sabiduría.
En la vida cotidiana, gracias a la atención sobre la atracción
de nuestros deseos egocentrados, podemos ir reorien tándonos
hacia la búsqueda de valores espirituales universales, transformando
el interés individual en bien común, sin exclusiones
de ningún tipo y transmutando así el deseo en aspiración.
Conforme se pone en práctica y experimenta esta transmutación,
cada vez irá brillando más nuestra estrella fulgurante
en el entrecejo (Ajna), que como al toro en el mito (estrella Aldebarán
en la Constelación de Tauro) iluminará el camino aún
en plena oscuridad, disipando la dualidad, los espejismos o las ilusiones,
y guiándonos hacia el Templo en tierra firme donde nos uniremos
definitivamente con el Todo.
Concluyendo pues, hombres y mujeres podemos aprovechar las oportunidades
que se nos presentan en la vida para encontrar el camino de regreso
a tierras sagradas: la ceguera del deseo debe dar lugar a la visión,
para así disipar los espejismos y enfocar la Verdad.
No es de extrañar pues que la nota clave del signo de Tauro
desde el aspecto Alma sea: “Yo veo, y cuando el ojo está abierto,
todo se ilumina”.
Josep Gonzalbo Gómez
Junio de 2021
Referencias:
• Alice Bailey (1974). Los trabajos de Hércules, una interpretación
astrológica. Madrid. Editorial Luis Cárcamo.
• Torkom Saraydarian (2005). Sinfonía del Zodíaco. Buenos
Aires. Editorial Kier. ISBN: 950170324X
• José Trigueirinho Netto (2006). Hora de crecer interiormente.
El mitode Hércules, hoy. Buenos Aires. Editorial Kier. ISBN:
9501701573
• Sri K. Parvathi Kumar (1999). Hércules. El Hombre y el Símbolo.
Barcelona. Ediciones Dhanishtha. ISBN: 8488011407
• FranciscoManuel Nácher. Los doce trabajos de Hércules.
Libro digital.