Interpretación
del sexto trabajo de Hércules:
Apoderándose del cinturón de Hipólita
(Virgo, 22 agosto 21 septiembre)
Josep
Gonzalbo Gómez
ilustrador:Julio
Lurbe

A
diferencia de trabajos anteriores, en los que se le sugiere a Hércules
el verdadero trabajo a realizar, en Virgo, el primero de los signos
del discípulo, se espera que sea el propio aspirante el que
intuya la naturaleza de la prueba a realizar.
En este trabajo se le prepara para trascender la ilusión que
impone la materia sobre el espíritu.
En el mito, Hércules debía de obtener el cinturón
de Hipólita, un cinturón simbólico de la «...unidad
lograda a través de la lucha, el conflicto, la contienda, un
símbolo de la maternidad y del Niño sagrado hacia quien
toda vida humana realmente se vuelve»
El cinturón abraza al cuerpo por debajo del diafragma, es decir,
a nuestro plexo solar y al resto de centros inferiores, nuestros instintos.
Pero los abraza armonizados, equilibrados, sostenidos, pues es un
símbolo de unión de las dos polaridades, la masculina
y la femenina.
Hércules afronta la prueba provisto únicamente de su
instinto. Sin escuchar, sin atender a quién le está
próximo y querido, con total inconsciencia de su Yo superior.

De esta manera, sacrifica a aquella persona que le ofrece lo que está
buscando, le arrebata el cinturón y la mata, y por ello malogra
la oportunidad de integrar desde su Yo superior la polaridad opuesta,
representada por Hipólita.
Pero por el otro lado, Hipólita no iba a ceder el cinturón
espontáneamente, movida por una decisión interna, propia,
sino obedeciendo el mandato divino de entregar el cinturón,
es decir, por una decisión mental. Y aunque supone una cualidad
más avanzada evolutivamente que la de Hércules, tampoco
logra integrar la otra polaridad la masculina desde su Yo superior,
pues lo aborda desde el intelecto.
El mito nos muestra que el aparente antagonismo entre las polaridades
de sexo o género (según se prefiera) no podrá
trascenderse desde la personalidad: ni guiados por nuestros instintos,
ni por nuestras emociones, ni tampoco por nuestro intelecto.
Desde la personalidad tan solo vamos a experimentar la necesidad de
complementarnos con la otra polaridad: a través de la unión
física, o de la sintonía sentimental o intelectual.
Esto siempre acaba engendrando fricciones y pospone lograr esa anhelada
unión.
Es justamente cuando comenzamos a vivir con una mayor conciencia de
nuestras actitudes, nuestros sentimientos y nuestros pensamientos,
que vamos desarrollando progresivamente una mayor conexión
con la unidad del todo que nos rodea.
Reconociendo la presencia de estos aspectos en nosotros, de una polaridad
u otra, es el principio del trabajo de unión.
Por ejemplo, en una polaridad podemos observar como aspectos positivos:
el coraje, la firmeza, la capacidad de decisión, la sinceridad,
la magnanimidad, la franqueza o la visión amplia del trabajo
creativo; y como aspectos negativos: la grosería, el autoritarismo,
el fanatismo, la sujeción a los deseos inferiores, etc.
En la otra polaridad podemos observar como aspectos positivos: la
suavidad, la modestia, la prudencia o la ternura; y como aspectos
negativos: la cobardía, la medrosidad, la indecisión,
la falsedad, la astucia, la simulación, el sentimentalismo,
etc.
Después de reconocerlos, nos corresponde trascender los aspectos
negativos de cada polaridad al tiempo que desarrollamos sus aspectos
positivos, pues la superación de una cualidad negativa se efectúa
mediante el desarrollo de la cualidad positiva equivalente en la polaridad
opuesta.
Esta circunstancia viene ilustrada en el mito de Hércules cuando
arriesga su vida para salvar a Hesione de una muerte segura.
De esta forma iremos equilibrando ambas polaridades y manifestando
nuestras energías de forma más completa (no únicamente
mediante las propias de nuestro sexo o género).
Aunque comencemos a vivir en la conciencia de nuestro Yo Superior
seguiremos observando las diferencias de polaridad, pero éstas
ya no se percibirán como antagonistas, sino como expresiones
diferenciales que nos enriquecen en nuestra vida cotidiana.
Entonces, en este punto, comprobaremos que el amor no requiere afirmarlo
ni invocarlo, pues fluye por sí mismo, sin proponérnoslo.

Si sentimos que el «otro» no es otro que nosotros mismos,
no tenemos ninguna necesidad de proponernos amarlo porque… ¡Ya
lo estamos amando!
Esta unidad, que integra ambas polaridades, es la que nos conduce
a experimentar el verdadero Amor.
En definitiva, que todo aspirante o discípulo ha de superar
los antagonismos de sus centros inferiores, dado que éstos
tan sólo conducen a la separatividad y al desamor.
De nada sirve el repetirnos una y otra vez que debemos amar, o el
auto engañarnos constantemente en afirmaciones de carácter
mental como “amo a tal, amo a cual, etc.”
El amor al que nos referimos sólo tiene lugar si previamente
experimentamos en nosotros mismos la unidad con todos y con todo.
En este trabajo comprendemos que ninguna verdad es completa, ni siquiera
real, si no incluye su opuesta, y todo eso ocurre entre ambas.
Josep Gonzalbo
Enero de 2023
Referencias:
• Alice Bailey (1974). Los trabajos de Hércules, una interpretación
astrológica. Madrid. Editorial Luis Cárcamo.
• José Trigueirinho Netto (2006). Hora de crecer interiormente.
El mito de Hércules, hoy. Buenos Aires. Editorial Kier. ISBN:
9501701573
• Sri K. Parvathi Kumar (1999). Hércules. El Hombre y el Símbolo.
Barcelona. Ediciones Dhanishtha. ISBN: 8488011407
Josep
Gonzalbo Gómez
ilustrador:Julio
Lurbe