Los
Doce Trabajos de Hércules, 1/3
según Vicente Beltrán Anglada
por Josep Gonzalbo Gómez
Agosto de 2020

1.
PRÓLOGO
Como
veremos, el Maestro Vicente Beltrán Anglada, a lo largo de
toda su trayectoria, no centró su discurso en la interpretación
concreta de cada uno de los trabajos de Hércules.
Toda su aportación está referida a los Doce trabajos
de Hércules en conjunto y como analogía del sendero
que todo discípulo ha de recorrer en su camino hacia la iniciación
y posterior perfección como adepto o maestro de compasión.
Realmente no necesitó profundizar en cada uno de ellos, pues
más allá de las peculiaridades que puedan presentar
los retos o cualidades a desarrollar en cada uno de los trabajos,
Vicente nos va aportando –como el Maestro al propio Hércules
la herramienta con la cual podemos resolver exitosamente todos los
trabajos: el Agni Yoga.
Resulta destacable que en su obra, Vicente Beltrán Anglada
se refiere siempre, clara y directamente al reto de Hércules
como la superación de las doce pruebas vinculadas a las constelaciones
del zodíaco unidas a las de los siete rayos, y de forma indisoluble.
Tras la lectura de Vicente, comprobaremos que el discípulo
ha de posibilitar el paso de las energías de los siete rayos
en los doce trabajos. Como él mismo recalca:
«Para obtener la perfección es necesario el desarrollo
de los doce trabajos y del libre paso a través de los mismos
de las energías de los siete rayos, o dicho de otra forma,
para el desarrollo de cada pétalo siempre ha de contribuir
la actividad de algún determinado Rayo»
De esta forma, Vicente nos ayuda a comprender que, aunque toda la
humanidad debe de resolver los doce trabajos Hércules, cada
ser, según sea su configuración de rayo en los diferentes
planos de la personalidad, del Alma y del Espíritu va a alcanzarlos
con matices, con soluciones particulares.
Y así será, aunque la esencia de la experiencia a adquirir
sea la misma para todos los discípulos.
Por tanto, los Rayos van a condicionar y matizar la resolución
de cada uno de los doce trabajos actuando a través de los tres
cuerpos de la personalidad.
Asimismo, el legado de Vicente nos resulta revelador en lo que respecta
a los trabajos de Hércules por su clara y reforzada vinculación
con la activación de los pétalos del centro cardíaco
o Anahata y su vinculación con los centros superiores.

Como lo es también la vinculación de los trabajos de
Hércules con el descenso del Fuego de Fohat, la ascensión
del Fuego de Kundalini y la función de síntesis, de
equilibrio, del Fuego Solar cuando los tres fuegos se armonizan en
el centro cardíaco.
La claridad y la proximidad con la que Vicente nos presenta estos
complejos procesos que se producen en la ascensión de todo
Iniciado, nos aporta una inmensa Luz reveladora, la cual, nos permitirá
ampliar cualitativamente la comprensión del reto que todos
nosotros, como potenciales Hércules, tenemos por delante.
Josep Gonzalbo Gómez.
2. HÉRCULES, ARQUETIPO DE PERFECCIÓN
Existe
una afirmación esotérica, proveniente del más
remoto pasado, relacionada con el destino espiritual del hombre aquí
en la Tierra, digna de ser tenida en cuenta por el profundo investigador
de las leyes ocultas de la Naturaleza:
“Tú debes cumplir, como Hércules, los doce trabajos
designados por el Señor”.
Hércules personifica al discípulo perfecto, al iniciado
que obtuvo la perfección en cada uno de los doce signos
del zodíaco y en cada uno de los siete rayos.
Hércules es el único dentro del Sistema Solar que ha
hecho esta proeza. Representó los doce signos zodiacales
con toda perfección, los siete planetas sagrados y la voz
solar. Se dice que Buda y Cristo sólo representaron ocho trabajos.
La suma de las 12 constelaciones y de los 7 Rayos nos da el número
19 el cual, transformado en número dígito, se convierte
en el 10 que simboliza la perfección humana y en el 1
que corresponde a la propia Divinidad creadora.
La perfección humana es pues el resultado del desarrollo de
trabajos en las doce constelaciones y del libre paso a través
de los mismos de las energías de los Siete Rayos
La fuerza de las Constelaciones tal como las conocemos: Aries, Tauro,
Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario,
Capricornio, Acuario y Piscis deben hallar su contraparte en los doce
planetas:
• Los 7 planetas sagrados, es decir, aquellos cuyos Dioses creadores
pasaron ya por la prueba de la 5ª Iniciación Cósmica:
Vulcano, Mercurio, Venus, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.
•
Los 3 planetas nosagrados, que se hallan en Iniciaciones inferiores:
La Tierra, Marte y Plutón.
• Los dos planetas desconocidos todavía en sus aspectos objetivos,
pero que ocultamente deberán ser tenidos cada vez más
en cuenta en los estudios astrológicos. De estos dos planetas
sólo sabemos que su descubrimiento en las postrimerías
de la Raza Aria constituirá la perfección de la Ciencia
Astrológica, o Astrología Esotérica. Estos dos
planetas están velados, tal como místicamente se asegura,
por el Sol y la Luna, muy importantes ambos para el desarrollo espiritual
de los seres humanos y para la estructuración de sus vehículos
expresivos y, según han podido observar algunos profundos investigadores
esotéricos, tales planetas pertenecen a los Rayos Segundo y
Cuarto, datos muy interesantes desde el ángulo oculto ya que
el segundo Rayo es el Rayo del Señor del Universo y el Cuarto
es el que le corresponde a la humanidad como Reino.

Hércules, el gran Iniciado, realizó un trabajo perfecto
en las Doce Constelaciones del Zodíaco y en los Siete Rayos,
constituyendo el «diez» de la perfección, estableciendo
contacto con el Ángel Solar al completar el Antarkarana o puente
de luz entre el plano mental inferior y el plano mental superior.
Merced a la iniciación, destruye las moradas que estaban estableciendo
una prisión alrededor del Ángel Solar (lo que se conoce
como el cuerpo causal) posibilitando así su retorno al Nirvana
de dónde procedía.
Se convierte así en el Ángel Solar de su propia vida
a través de la iniciación, después de pasar por
el nacimiento, el bautismo, la transfiguración, la pasión
y muerte, y la ascensión, se convierte en un Ángel Solar,
en un Iniciado de todos los grados, y entonces, un Adepto de la Buena
Ley. Se convierte en un servidor del Plan, en un Testigo de la Luz,
en algo permanente ya que puede llevar adelante el Propósito
de la Divinidad a través de su propia vida.
El ser humano, como Hércules debe de ser perfecto en cada uno
de sus signos, debe de ser perfecto también dentro de su propia
línea causal de Rayo, y también, debe llegar a realizar
un Arquetipo de Perfección: el de Adepto.
Vicente Beltrán Anglada
3. LOS 12 PÉTALOS DEL CENTRO CARDÍACO O ANAHATA
El
chacra cardíaco o Anahata, el corazón etérico,
puede ser observado por medio de la visión clarividente dividido
en doce compartimentos –si podemos decirlo así– llamados «lotos»
en terminología mística oriental.
Estos lotos o pétalos están cada uno de ellos misteriosamente
vinculados con una u otra de las doce Constelaciones del Zodíaco.
Esta flor de loto de doce pétalos se va tornando refulgente
como un sol a medida que el alma humana, el Hércules potencial
o discípulo, va desarrollando sus potencialidades internas
y las transmite a cada uno de los doce pétalos, abriéndolos
–tal como esotéricamente se dice– a las radiaciones superiores
de las Constelaciones del Zodiaco y desenvolviendo las cualidades
de que vienen revestidas.
El hecho de que el corazón esté situado en el centro
de la evolución planetaria, o en el centro vital a partir del
cual se divide la vida en dos aspectos, el espiritual y el material,
nos indica el punto clave que constituye para nosotros el centro de
atención para futuras investigaciones en el orden esotérico.
No es de extrañar que todas las grandes religiones del mundo
den al corazón una importancia esencial, desde el hinduismo
con la gran expresión poética del Bodhisatva, los bellos
poemas de los Puranas o de Vishnú, hasta el culto al sagrado
corazón de la Iglesia cristiana. De ahí también
la importancia que en la mística cristiana se le asigna al
«Corazón de Jesús».
Tal imagen mística concuerda perfectamente con las enseñanzas
esotéricas de Oriente que le asignan al Corazón, en
su función vitalizadora de todas las actividades del organismo
físico y de regulador de las leyes evolutivas de la Naturaleza,
el más psicológico, profundo y elevado de los significados.
Pero, ¿Por qué no se da un énfasis a la mente?
Se da énfasis al corazón porque es el corazón
el centro vivo de la evolución planetaria.
Además, no sólo el corazón es el asiento de la
vida y de la evolución, sino que es el punto de partida para
aquella empresa que tiene que convertir al ser humano en un elemento
vivo dentro de la conciencia planetaria del propio Dios del Universo.
El corazón se halla en el centro de la Vida y es la medida
que define la evolución de cualquier ser humano en el sendero
espiritual, aquello que lo vincula con todos los grandes cuaternarios
que se agitan gozosos por el Cosmos: el 4º Rayo, la 4ª Ronda,
el 4º Planeta de la 4ª Ronda, el 4º Centro es el Corazón,
la 4ª Jerarquía Creadora que ha dado vida a la humanidad,
y todo el cuaternario –incluida la cruz de la materia– está
regido por la ley cíclica de la armonía estelar.
Así que cuando hablamos del individuo en cualquier estado de
evolución en el sendero, nos estamos refiriendo a un Hércules
en potencia, que a través del corazón trata de ascender
desde los centros inferiores hasta los centros superiores tratando
de hacer la función que realiza el 4º Rayo en nuestro
Sistema Solar, o el 4º plano en el plano Búdico del Sistema,
para unificar los aspectos espirituales con los aspectos psicológicos
más unidos de la materia.
Aquí en el Corazón, en el místico Santuario,
es donde Hércules, símbolo perfecto del discípulo
humano, debe verificar la gran tarea alquímica de convertir
los pensamientos en sentimientos y las corrientes emocionales en energía
mental.
Se trata de un trabajo especial, acerca del cuál no nos ha
sido facilitada mucha información en nuestros estudios esotéricos.
Pero, nos servirá de ilustración considerar la participación
consciente del Corazón en la gran tarea cósmica emprendida
por Hércules.
La evolución de cada pétalo es el resultado de un sinnúmero
de encarnaciones. Hércules debe ser perfecto en cada uno de
los signos del Zodíaco, porque cada uno de los signos del Zodíaco
se refleja en un determinado pétalo de los doce que alberga
el corazón.
Cada vez que realizamos un trabajo perfecto, se desarrolla un pétalo
del corazón, ofreciendo una nota, un colorido y una música
especial.
Se trata pues de la experiencia del corazón o del chacra Cardíaco.
Ninguna llama del mundo puede compararse con la llama de este corazón.
Esta llama del corazón existe ya en cada uno de nosotros, pues
todos tenemos un chacra Cardíaco en evolución y a medida
que avanzamos por el Sendero, vamos despertando pétalos dentro
del corazón, encendiendo para cada pétalo una pequeña
espira de la sagrada llama.
Esta llama es la importante, no las llamas invocadas externamente
por la mente o por la palabra, porque de esta forma, no llegamos al
corazón, sólo llenamos la mente de argumentos y por
lo tanto de disciplinas.
Hablamos del camino que conduce directamente a la Gran Llama, a la
llama que está en correspondencia con la Llama del Corazón
de Dios que es Amor y con la Llama del Corazón de Cristo que
es el Bodhisattva, el Instructor del Mundo.
No nos referimos a los pequeños resplandores de los pequeños
profetas, porque no es ésta la ley que conduce a lo eterno,
porque condicionan el ánimo. Es decir, porque en lugar de integrarnos
en valores absolutos nos condicionan siempre constantemente.
Debemos alcanzar la medida del corazón. Ver allí cómo
resplandece la llama y trabajar allí como Hércules,
no externamente, porque Hércules es el símbolo del discípulo
que en cada pétalo del corazón descubrió un secreto
correspondiente a cada una de las doce Constelaciones del Zodíaco.
Cuando se ha realizado uno a uno los Doce Trabajos de Hércules
en los doce pétalos del corazón se abre la Joya en el
Loto y aparece el Cristo interno, la Llama interna, nuestro vínculo
con el Dios del Universo.
Desde el punto de vista místico esta Joya en el Loto abierta
es el símbolo del Cristo, siendo los doce pétalos, simbólicamente,
los doce apóstoles de Cristo. Cada discípulo está
de acuerdo con alguna Constelación.
Por otro lado, también encontramos una analogía de estos
trabajos de Hércules en el planeta sagrado Júpiter,
el astro más evolucionado de nuestro sistema solar.
Júpiter tiene una relación especial con la Divinidad,
la misma que tenía el discípulo Juan con el Maestro
Jesús o con el Cristo, por ello decimos que el Maestro Júpiter,
en relación con el sistema solar entero, con el Sol, es la
misma que existía entre Juan y Jesús.
Júpiter tiene doce lunas gravitando a su alrededor. La Divinidad
está enviando su fuerza –la de las doce constelaciones a través
de estas doce lunas de Júpiter, y por tanto, reflejando así
cada una de ellas una parte del zodíaco.
Asimismo, existe una misteriosa vinculación entre los doce
planetas que constituyen el Esquema Solar del Señor del Universo
y las doce Constelaciones del Zodíaco.
En algunos casos se conocen objetivamente tales vinculaciones; en
cambio, en otros persiste todavía el velo de un gran Secreto
y de un absoluto misterio que el devenir del tiempo y el proceso de
la evolución espiritual cuidarán de revelar.
La evolución del centro del Corazón constituye una de
las grandes metas de nuestro Logos planetario en relación con
su particular esquema terrestre.
Él, aún dentro de Su para nosotros infinita grandeza,
se halla atravesando actualmente las potentísimas crisis que
preceden a la Cuarta Iniciación Cósmica.
Ello motiva que nuestro planeta Tierra, en el devenir de su Cuarta
Ronda, se sienta profundamente afectado portales crisis, especialmente
en lo que a la humanidad respecta, pues como sabemos, es el Cuarto
Reino de la Naturaleza y está regido en su totalidad por el
Cuarto Rayo, cuyo distintivo particular es el de «Armonía
a través del Conflicto». La analogía, como ustedes
verán, es perfecta en todos sus detalles.
La evolución espiritual del ser humano presupone siempre la
mayor o menor actividad de un centro etérico y de su correspondiente
glándula endocrina, pero hay que tener en cuenta que tal tipo
de actividad específica viene condicionado por el pasado de
aquella alma y también por el número de pétalos
desarrollados dentro del corazón.
Si analizamos atentamente el proceso veremos que el centro cardíaco
es el más importante, no sólo por ser el asiento de
la Vida espiritual en todos sus niveles expresivos, sino porque se
centralizan en él las actividades cósmicas de la Divinidad
Solar y la atención especial de algún Logos planetario
dentro de nuestro Sistema estelar de mundos.
Las Doce Constelaciones y los doce planetas, más la presión
ejercida por los Siete Rayos, condicionan así la evolución
de los Reinos de la Naturaleza, de las Razas, de las Naciones y de
los seres humanos y cada uno de nosotros deberá ser progresivamente
consciente de estas actividades internas y presiones internas cuando
intente dilucidar la gran incógnita de su vida y a interrogarse
acerca de suidentidad, procedencia y destino como una entidad cósmica.
Vicente
Beltrán Anglada