¿Jesús
de Nazaret y Barrabás son la misma persona?
Juan Ramón González Ortiz

Sin miedo a ser irrespetuosos, o tal vez algo aún peor, podemos
afirmar que, a la muerte del Maestro Jesús, el Mesías,
y a lo largo del primer siglo y medio tras su desaparición,
tuvo lugar el proceso de creación de su vida. Fundamentalmente,
este proceso se culminó bajo el gobierno de Constantino. Este
emperador en todo momento apoyó este proceso de mistificación,
y no solo lo apoyó, sino que lo dirigió y lo protegió
y, una vez que este se produjo, lo expandió y lo confirmó.
La naciente Iglesia cristiana utilizó un paradigma universal
en todos los casos de creación de vidas legendarias: tomó
la figura histórica, Jesús de Nazaret y le sobrepuso
los elementos míticos atribuidos a los héroes solares,
añadiéndole, posteriormente, detalles y palabras de
las vidas de los grandes libertadores y héroes populares. No
olvidemos que, en la época del Maestro de Justicia, Jesús
de Nazaret, había florecido una legión de libertadores,
casi todos ellos zelotes, por ejemplo, Simón bar Giora, Judas
de Gamala, también llamado Judas el galileo, Theudas ben Athronges,
….
Los primeros padres de la iglesia conocían perfectamente la
historia de todos los dioses y héroes antiguos: Osiris, Adonis,
Orfeo, … Se trataba, ahora, de introducir esos puntos de tensión
en la vida de Jesús, por ejemplo, el nacimiento maravilloso,
el ciclo iniciático, la culminación final, la consecución
de la inmortalidad, …
Además, hay que decir que esos primeros padres de la iglesia
también conocían la leyenda del Buda y la de Krishna.
Desde luego era muy importante elegir un personaje sobre el que no
pudiese haber investigaciones ulteriores en torno a la verdad o a
la historicidad de los hechos o de las palabras presentadas.
Cuando estudiamos los Evangelios percibimos un elemento muy sospechoso:
la cantidad de zelotes que están en torno a Jesús, o
más bien al pseudo Jesús. Son casi una pequeña
tropa. El archifamoso Judas Iscariote era llamado el Caneo, porque
era de Cana, sin embargo, en hebreo Kana significa ‘fanático’
e ‘intransigente’. También hay otro dato más: de Simón
se nos dice que es zelote. Y de los dos delincuentes que son crucificados
con Jesucristo se nos dice que son dos “estai”, palabra que empleaban
los romanos para referirse a los zelotes. La misma palabra le aplican
a Barrabás.

Recordemos que los esenios, en cuya comunidad se formó Jesús
de Nazaret, eran el polo opuesto a los zelotes. Ambos movimientos
eran mesianistas y esperaban la venida de un Salvador, si bien cada
uno de ellos esperaba un Mesías de signo totalmente contario
al del otro.
Evidentemente, no todos los esenios habían alcanzado grado
de perfectos. No. Muchos de ellos se consideraban incapaces de renunciar
todavía a la vida terrenal y a su expresión práctica.
Algunos de estos esenios acabaron pasándose a las filas de
los zelotes, pues el compromiso de estos últimos era fundamentalmente
mundano, político y revolucionario. Por ejemplo, uno de los
cabecillas de la insurrección contra los romanos fue Juan el
esenio.
La naciente iglesia cristiana eligió a Barrabás, un
héroe popular, para forjar la personalidad de Jesús.
Al hablar de Barrabás recordemos que el Evangelio nos cuenta
que existía una costumbre judía que consistía
en elegir un preso en Pascua para excarcelarlo. Pues bien, esta costumbre
no existió nunca entre los judíos. Ni Flavio Josefo,
ni el Talmud la mencionan. Los investigadores que han estudiado este
tema no han encontrado la más mínima mención
de esta costumbre en ningún autor, ni en ninguna carta privada,
ni en ninguna escritura sagrada ni en ningún código
de leyes. Tampoco existía esta costumbre en Roma, además
para liberar a un preso antes debía de ser juzgado por el derecho
romano.
Tampoco habla nadie de Barrabás. Eusebio de Cesárea
no habla de él en ninguna línea de su enorme obra. De
nuevo, ni Flavio Josefo ni el Talmud se refieren para nada a este
personaje. Nadie sabe nada de Barrabás.
Por otra parte, cómo es posible que el pueblo prefiera que
se libere al criminal Barrabás antes que a Jesucristo cuando
tan solo unos días (tal y como nos cuenta el Evangelio), ese
mismo pueblo, lo había aclamado como Salvador y Mesías
y lo había acompañado en su multitudinaria entrada en
Jerusalén.
Barrabás no era ningún nombre propio. Antes bien, era
algo así como un título pues quiere decir ‘hijo del
padre’ que sería la traducción de Bar Abba. Pero la
expresión aramea perfectamente podría haber sido también
Bar Rabban, o sea, ‘hijo del Maestro’.
En la versión siria del Sinaí, el nombre de Barrabás
es Jesús Barrabás.
La variante textual “Jesús Barrabás” aparece en el relato
de la pasión del evangelio de Mateo (Mt 27, 1617). Los comentaristas
mateanos usualmente aceptan como correcta esta lectura, y apoyan esta
interpretación describiendo conjeturas metodológicas
del criticismo textual. Incluso en Hechos de los Apóstoles,
Paulo y Bernabé encuentran a un falso profeta judío
llamado Barjesús (Hch 13,6).

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El padre de la Iglesia Orígenes parece referirse al mencionado
pasaje de Mateo, de “Jesús Barrabás”, y afirma que debe
ser una corrupción, ya que ningún hombre pecador llevó
jamás el nombre de "Jesús". Seguramente, ese
es el motivo de que en muchas ediciones posteriores de la Biblia se
suprimiera el nombre de Jesús delante del de Barrabás.
Hay que decir que esa supresión era necesaria para que nadie
se diera cuenta de se había eliminado el Jesús “hijo
del padre” por el Jesús “Hijo del Padre”.
También se inventó el recurso de la liberación
del preso, pues así se señalan dos personas totalmente
diferentes y totalmente independientes.
Como el relato evangélico se reescribió bajo el emperador
romano Constantino, estaba claro que Poncio Pilatos debía salir
inocente del proceso contra Cristo. De esta manera, solo los judíos
son culpables de su muerte.
Debe quedar claro que Barrabás, era un rebelde. Juan dice de
él que era “un sedicioso” y que en un motín se había
producido un homicidio. La pena prevista era la pena de muerte. Por
lo cual, los romanos fueron los culpables de su muerte. Mientras que,
de la muerte del Maestro Jesús, los culpables fueron los saduceos,
miembros de la clase alta, pues desde sus cargos de Sumos Pontífices
dictaron la muerte de Jesucristo y además fueron los que decretaron
la Primera Persecución contra los cristianos.
En los Evangelios frecuentemente aparecen superpuestos los mensajes
de Barrabás, que era un zelote y un malhechor, y los de Cristo,
que es justamente todo lo contario.
Celso el Platónico ya vislumbró que en los Santos Evangelios
aparecen dos Jesucristos, cuyos mensajes son antagónicos. Uno
es el Verbo de Dios, y al otro le llama “un charlatán y maestro
de la comedia”.
Por ejemplo, en Lucas 19, 27, Cristo dice:
“Y también a aquellos mis enemigos que no querían que
yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante
de mí”.
Dios mío, ¡pero cómo Jesucristo va a decir semejantes
palabras!
O, el Jesucristo que primeramente dice que, “Cuando te golpeen en
la mejilla derecha, ofrece también la izquierda”, ¿cómo
puede decir más tarde, cuando un criado del Sumo Sacerdote
le golpea en la mejilla, “Si hablé mal, muéstrame en
qué, y si bien, ¿por qué me pegas?“
O, en el episodio en el que maldice a la higuera, dejando confundidos
a los apóstoles: “Que jamás nazca fruto de ti”. Y la
higuera se secó al instante (Mt 21, 18).
O los increíbles y tremendos consejos que da Jesucristo, en
el momento supremo, antes de ir a orar al Monte de los olivos:
“Pues ahora el que tenga bolsa, que la tome, e igualmente las alforjas,
y el que no la tenga, que venda su manto y que compre una espada.
Porque os digo que ha de cumplirse en mí la escritura. «Fue
contado entre los malhechores»; porque también lo que
a mí toca llega a su término. Dijéronle ellos:
“aquí hay dos espadas”. Y él les respondió: “Es
suficiente” (Lc 22, 3638).
Pero, Dios mío, ¿cómo hubiera podido Jesucristo
decir una cosa así de terrible? ¿Es que nadie es capaz
de reflexionar al leer las Escrituras? Es espeluznante, tanto el mandato
de Cristo como su respuesta al ver las armas. Que conste que de ninguna
manera pongo en duda ni la historicidad ni la altura espiritual de
Jesucristo, el mayor ser humano que ha habitado este planeta miserable.
En esta última cita, Cristo toma una iniciativa que solo pudo
provenir de la mente de un zelote. Incluso cuando Jesús vuelve
a su casa familiar, seguido de una enorme multitud, la reacción
de “los suyos” es sorprendente: “Cuando lo oyeron los suyos, vinieron
para apoderarse de él; pues decían: “Está fuera
de sí” (Mc, 3, 21).
En el episodio de Getsemaní, percibimos de forma inequívoca
la confusión del doble lenguaje que emplea Cristo. La verdad,
es que en esta ocasión es Barrabás el que se ha superpuesto
a la personalidad de Jesús de Nazaret.
El pequeño grupo que rodea a Jesús seguramente es un
grupo de zelotes, que no hubieran dudado en dar la vida por su jefe,
Barrabás. De hecho, para neutralizarlos acude “una gran multitud
armada de espadas y garrotes”.
Llegamos a un episodio archifamoso: uno de los que acude a detener
a esta pequeño grupo de revoltosos, es herido: “Viendo los
que estaban en torno de Él lo que iba a suceder, le dijeron:
“¿Herimos con la espada?” Y uno de ellos hirió a un
siervo del sumo sacerdote y le llevó la oreja derecha.” (Lc,
12, 49).
Clarísimamente, aquí ha ocurrido una interpolación
de textos. Esto también afecta a las palabras que Cristo pronuncia
y que no tienen nada que ver con la religión el amor: “El que
a espada mata a espada morirá”.
Tras la lectura de los Evangelios, queda muy claro que el juicio y
la condena en cuestión no pudo ser la de Jesús el Cristo,
sino la de Jesús Barrabás. Haïm Cohen publicó
en 1968: «Le procès et la mort de Jésus»
en ediciones Dvir. El autor hace hincapié precisamente en que
el proceso de Jesús no pudo desarrollarse tal y como se describe
en los Evangelios, y es normal ya que los Evangelios relatan el proceso
de Barrabás y no el de Jesús.
Hoy en día sabemos, además, que la crucifixión
era el castigo destinado a los sediciosos, a los malhechores y a los
esclavos rebeldes, lo que se ajusta a la perfección en el caso
de Barrabás.
¿Y qué hay de los dos delincuentes que son crucificados
a la izquierda y a la derecha de Cristo? La tradición pretende
que se llaman Dimas y Geslas. No sabemos absolutamente nada de ellos.
El Evangelio de Lucas nos cuenta que, a pesar del inimaginable tormento,
uno de ellos conversa con Jesucristo y manda callar al otro, que insultaba
a Jesús ¿Pero ¿cómo puede ser esto posible?
La confusión entre Jesús y Barrabás, no nos facilita
la tarea y la simbología lo complica todavía más.
A pesar de todo, creemos que la escena de los dos ladrones pertenece
más a Barrabás, rodeado por sus dos cómplices
zelotes, que no a Jesús.
“Que los Santos Seres de quienes aspiramos a convertirnos en sus discípulos,
nos muestren la luz que buscamos.
Que nos den la poderosa ayuda de su compasión y su sabiduría.
Hay una paz que trasciende todo entendimiento;
permanece en el corazón de aquellos que viven en el Eterno.
Existe un poder que convierte toda cosa en renovada;
vive y actúa en aquellos que saben que el Ser es Uno.
Pueda esta paz envolvernos.
Pueda este poder permanecer en nosotros, hasta que lleguemos allí
donde es invocado el Único Iniciador, hasta que veamos brillar
su Estrella.
Que la paz y la bendición de los Santos Seres se vierta sobre
los mundos.”
Juan
Ramón González Ortiz