Unas palabras de Krishnamurti acerca del sexo
por Juan Ramón González Ortiz
(gonzalezortiz2001@gmail.com)

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Antes unas palabras preliminares:

Desde hace ya algún tiempo experimento un sordo y tremendo enojo contra cierto tipo de críticas que, cada vez con más abundancia, leo hacia los maestros de la humanidad. Nuestros hermanos mayores. Estas críticas se centran todas en actitudes políticas. Leo que Krishnamurti era aristocrático, de maneras finas y muy corteses, que su vida transcurría lejos, muy lejos, de los dolores del pueblo trabajador. Que se compraba la ropa en SavileRow, los trajes en Huntsman, y, que finalmente, en el colmo de su señorial condición, se cortaba el pelo en Trumper’s
¿Pero acaso todo esto es importante para un maestro de Sabiduría? ¿Pero cómo se puede decir que K. no sentía la lucha del pueblo llano?, ¿acaso se creen que la conciencia de un maestro no puede envolver e iluminar a la humanidad? ¿Tal vez vistiendo un chándal bolivariano y habitando en las favelas de Petare o en las chabolas de Soweto su mensaje sería más puro y habría llegado más lejos y a más gente? ¿O decimos esto para no asumir la responsabilidad de un total cambio interior?
Y al mismo tiempo leo que Cristo era socialista y que fue el primer gran comunista.
Afirmar cosas así es no tener alma para concebir algo grande.
La infiltración política y el veneno de la división nos han enloquecido a todos. Los políticos viven del enfrentamiento. Esa es su inagotable fuente de provisiones. Conviene no olvidarlo.
A continuación, quiero trascribir un pequeño texto en el que K. se centra en el tema del sexo. Krishnamurti opina que es la separación de las relaciones la que ha corrompido el sexo, y el amor. Siempre aparecen lasmalditas palabras: separación y división…. Para K. El sexo no es un problema, el problema viene de lo que la mente piensa acerca del sexo.

Empecemos.

“¿Por qué el sexo se ha vuelto tan importante? ¿Lo han considerado alguna vez?
No.
Simplemente han cedido a él, y no lo han investigado.
O bien, lo han reprimido.
Pero el problema persiste.
La disciplina no les va a resolver este problema. Ya traten de sublimarlo, sustituirlo, o reprimirlo. Lo han intentado todo, pero como es como amontonar todo lo feo y lo roto que hay en casa en una habitación. Esas cosas seguirán estando en casa.
¿Cuál es la salida?
La salida es comprender el problema. Y comprender no es ni condenar ni justificar.
El sentimiento que implica el acto sexual, ¿no es, acaso, una forma de olvidarnos de nosotros mismos?
En el acto sexual hay un cese total del conflicto, una fusión completa. Uno se siente dichoso porque ya no se experimenta a sí mismo como una entidad separada y enfrentada, y porque, en consecuencia, ya no está consumido por el miedo. Por un momento, en Vds., llega a su fin la conciencia del “yo” propio, y sienten la claridad y la frescura que supone el olvido de uno mismo.
El sexo es tan importante porque es el único remedio a las existencias en conflicto, lucha y frustración que todos Vds. llevan.
En todos los campos de su vida, en cualquier actividad, Vds. se complacen en Vds. mismos, y buscan aumentar su prestigio, su importancia, su posición, su seguridad. En consecuencia, solo queda una única fuente de olvido propio: el sexo. Por esa razón, el sexo se vuelve sumamente importante para el hombre y la mujer.
Vds. han construido una sociedad que garantiza este tipo de posesión. Y, naturalmente, el sexo se vuelve el problema más importante, pues en todo lo demás, en su existencia dividida, el “yo” es lo más fundamental.
Pero cuando, honesta y sinceramente, ya no hay crecimiento del “yo”, entonces el sexo vale muy poco.

Si uno se permitiera “ser menos”, vería que el sexo deja de ser por completo un problema.
Debido a que todos Vds. tienen miedo a ser una nulidad (política y social), han convertido el sexo en un problema.
Cuando no hay amor, la castidad es una forma diferente de lujuria. Volverse casto es volverse otra cosa, otra cosa distinta, otra más. Y eso no es castidad, sino que es el resultado de un deseo en particular.
Solo cuando la mente se halle libre del miedo, podrán descubrir que el sexo no es ningún problema.
El problema verdadero es comprender la naturaleza del deseo, y eso significa no ser su esclavo. Ser sensible al agua, a nuestro corazón, a la belleza, a los pájaros en vuelo, a la hipocresía, a la falsedad de nuestras ilusiones.
Y para comprender la verdad uno debe tener una sensibilidad completa. Entonces descubrirán que no necesitan temer a los sentidos, y ya no se torturarán más con la represión y con el control, como hacen todas religiones, todos los yoguis, todos los gurús.
Muchas personas piensan que mediante prácticas serán capaces de alcanzar la paz mental. Creen que, respirando de cierta manera, practicando meditación, disciplinándose y controlándose llegarán al estado en el que no hay conflictos, ni miedo. A esto lo llaman unirse a Dios. A mi entender, todo esto es por completo ilusorio. Dios carece de sendero y de sistema, y, sin embargo, Vds. se han comprometido con un patrón ya fijo, con un método. Ninguna de esas cosas hará que sus mentes sean más limpias, flexibles, sutiles, inteligentes y perceptivas.
El ser humano que ha reprimido sus sentidos, tornándose duro, seco e insensible, nunca sabrá lo que es el amor. En consecuencia, aunque esté meditando durante diez mil años, el sexo le seguirá torturando”.

 

 

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