El camino del fuego
según Vicente Beltrán Anglada

por Juan Ramón González Ortiz
(gonzalezortiz2001@gmail.com)

revista nivel 2
Como en tantas cosas, la realidad que maneja el esoterismo no tiene nada que ver con la realidad que percibimos a través de nuestros sentidos. Cuando hablamos de los fuegos espirituales, inmediatamente nos imaginamos un hermoso y candente fuego, son sus llamaradas rojas, movedizas e inquietas. Nada más alejado. El Fuego espiritual no se relaciona, sino muy burdamente, con el fuego físico. Ni siquiera el Fuego de la Materia es así.
Los fuegos de los que vamos a hablar aquí son realidades místicas.
Se les llama Fuegos porque la percepción de su esencia es que son “algo ígneo”.
El Fuego espiritual es la realidad total, es la esencia absoluta de la Vida Divina. Dios no es otra cosa que un fuego abrasador, que lo consume todo.
Todo lo que existe en el universo y todo, cualquier cosa que haya sido construida, proviene del Fuego.
Además, el Fuego es el elemento natural que conforma el Quinto Plano Cósmico o Mente Divina.
El Fuego, en todas sus modalidades, desde el que se obtiene en la fricción hasta el que yace en el misterio de la electricidad, es el verdadero disolvente universal. De hecho, el Maestro Tibetano nos explica la transmutación alquímica de esta manera:
“Transmutación es el paso de un estado a otro estado por medio del fuego”.
Existen tres tipos de fuegos:
• El Fuego místico de la materia, o Fuego de Kundalini.
• El Fuego eléctrico de los planos superiores del espíritu, o Fuego de Fohat.
• El Fuego del corazón, o Fuego Solar, que es el intermediario entre los dos fuegos anteriores y el que los unifica.


El fuego de Kundalini
El Fuego de Kundalini es, ni más ni menos, una misteriosa y poderosísima sustancia ígnea que porta toda la vida física de la Tierra. Es, verdaderamente, el Talismán Sagrado, el Fuego que arde en las entrañas de nuestro globo. Gracias a Kundalini, el Logos Solar puede expresar su conciencia en nuestro planeta. Este aspecto creador del Logos Solar, comúnmente, se define como Tercer Logos, o Espíritu Santo, es decir, la Inteligencia Creadora puesta en Acción.
El Espíritu Santo es la energía que permite a la Madre del Mundo (o sustancia densa) cumplir su función, y pasar a ser “La Reina de las Formas”, gracias a las cuales podrán evolucionar las consciencias contenidas en esas formas. Puesto que todas esas energías están personificadas en devas, se puede decir que la totalidad de los devas forman el aspecto madre. Sin estos devas nada puede vivir y nada ni nadie puede ser alimentado.


La Virgen María, puesta de pie sobre la serpiente del Paraíso, expresa la realidad de la Kundalini, como Fuego de la Materia, durmiendo en el seno de la misma. Los Iniciados que estaban en posesión de este fuego serpentino, en la India, eran llamados “nagas”, o sea, “serpientes”. La corona de Ángeles que rodea a la Virgen, en este tipo de representaciones católicas clásicas, expresa no solo el conjunto de devas, como jerarquías creadoras aliadas a la materia, sino el fin último al que llega Kundalini, su última transmutación: conducirnos al quinto reino, el reino dévico, junto a la corona de la Madre del Mundo.
El proceso evolutivo del Fuego de Kundalini es muy simple. En las etapas iniciales, los “nadis” (que son la contraparte etérica, o sutil, del sistema nervioso) están vacíos de Fuego. En las primeras etapas, solo circula por ellos una energía nerviosa, más refinada. En este estado de cosas, el Fuego no puede circular.
En una etapa algo más avanzada, algunas partículas de Fuego se abren camino dentro de esos nadis.
En los aspirantes, que todavía no se han decantado por una práctica intensa, pero en los que, al menos, la vida psicológica, o vida interior, ya empieza a dominar, el Fuego y la sustancia nerviosa se hallan en estado de equilibrio.
En los que ya son discípulos, el Fuego va preponderando y va desalojando la sustancia nerviosa, poniendo en incandescencia ciertos nadis, en los que el Fuego va penetrando lentamente,
En los Iniciados y Adeptos, los nadis y todos los centros del cuerpo etérico, son cálices perfectos para el ascenso del Fuego de Kundalini, fundiéndose a su vez, esta energía que avanza, con el Prana Solar.
Este debería de ser el modelo de desarrollo perfecto del Fuego de la Materia.
Después, falta la unificación con los otros dos Fuegos, que son superiores: el Fuego Solar, y el Fuego de Fohat, o Fuego de la Mónada, cuya naturaleza es misteriosamente eléctrica.
En el ser humano, ya se trate de un ser común, de un aspirante, o de un practicante, el progreso del Fuego de Kundalini da la exacta medida del avance interior: allí donde se ha detenido Kundalini, allí está el límite de sus posibilidades espirituales.
Intentar acercarse al Fuego de Kundalini o activarlo dentro del cuerpo es tan insensato como querer ponerse en contacto con el fuego central que arde en el interior de la Tierra: antes de aproximarnos siquiera, miles de kilómetros de distancia, ya estaríamos volatilizados. Solo con muchísima prudencia, y, evidentemente, guiados, podremos intentar descubrir el Fuego de Kundalini.
El Fuego de Kundalini, que arde en el interior de nuestro planeta, asciende por toda la estructura geológica del globo, vivificándola, y propagándose hasta la atmósfera, uniéndose allí con el Prana Solar, originando entonces un especial sonido que puede ser oído, y conocido por muchos Grandes Seres del Sistema.
Ese Fuego Central es que el cualifica toda la Vida terrestre y el que origina la rotación de nuestro globo. Un planeta que no gire es un planeta muerto, la Luna, por ejemplo, lo es. Este movimiento de rotación genera una fricción contra el Éter del espacio, y, de nuevo, produce un sonido especial. Esta fricción también determina un tipo nuevo, especial, de Fuego.

La fricción generada contra los éteres, unida al Prana Solar, produce un conjunto de notas consustanciales con el AUM y que expresan las cualidades de la Vida, de los Planos, de los Reinos, de las Razas y de todos los demás elementos. Es, en definitiva, la “Música del planeta”.
Diríamos que, en el ser humano, el Laya Yoga es el Yoga que se ocupa del Fuego de Kundalini. El Laya Yoga nos explica que existen tres canales etéricos, Ida Susumma Pingala, relacionados con el Fuego de Kundalini. El canal central, o Susumma, es el canal natural del Fuego de Kundalini, pero antes tienen que haberse equilibrado los otros dos canales, Ida y Pingala.
El proceso de ascenso del Fuego de Kundalini no consiste en que ascienda por sí mismo, sino que son los chakras los que realizan ese proceso. Estos chakras, previamente, han debido ser purificados y revitalizados espiritualmente, en un desarrollo, por lo general, larguísimo.
Es decir, el Fuego de Kundalini no asciende por un movimiento determinado por la fuerza de voluntad sino siguiendo un ritmo que tiene que ver con el proceso de evolución individual.
Intentar lo contrario es correr un riesgo que ha de ser inasumible por parte de cualquier practicante. Como hemos dicho antes, sería como ponerse en contacto con el sol central del planeta.
La única manera correcta de acercarse al Fuego de Kundalini es incorporarlo a la propia conciencia a partir de la personal y continuada elevación espiritual.
Si Kundalini no implica elevación mística, el desastre es inminente.
Es decir, que lo que marca el éxito o no en el proceso del despertar el Fuego serpentino no es la fuerza de voluntad personal, ni siquiera el tipo de prácticas ascéticas o espirituales emprendidas, sino más bien el haber realizado peldaño a peldaño con el proceso de evolución, empezando con el cumplimiento, prolongado a lo largo de muchas vidas, de Yama y Niyama (Preceptos y Mandamientos).
Tenemos el extraordinario libro de George Arundale sobre su propia experiencia con el Fuego de Kundalini. El autor nos explica muy claramente cómo y cuáles pueden ser las consecuencias fatales de un avance prematuro de Kundalini.
El Fuego de Kundalini asciende merced a que un chakra determinado emite una nota invocativa.
Cuando Kundalini se expande en ese chakra, este puede emitir la nota y el color que les son propios. A su vez, el ascenso de Kundalini a ese chakra, atrae a grupos determinados y especiales de devas, los cuales detienen temporalmente el poder elevador de ese Fuego y, al mismo tiempo, estos devas obligarán al aspirante a un nuevo esfuerzo espiritual.
El Fuego de Fohat y el Fuego del corazón, o Fuego solar
Aclaremos que la posibilidad de que el Fuego Eléctrico, o Fuego de Fohat, se una al Fuego de Kundalini se realiza gracias a la labor intermediadora del Ángel Solar. El descubrimiento en el propio corazón místico de esta entidad, también llamada Manasaputra, o Manasadeva, o Hijo de la Mente, o Dhyan de Fuego, o Agnisvata, o Alma en su propio plano, es lo que posibilita realizar la experiencia mística más oculta y pura que existe.




El Fuego de Fohat, forma todo el Quinto Plano Cósmico, o Mente Universal. Es el Fuego de Manas. Cuando se crea este plano, se crean también dos posibilidades evolutivas, que originan los dos senderos, o los dos Yogas, que ahora mismo tiene la humanidad en plena vigencia: el Raja Yoga y el Agni Yoga.
El Raja Yoga se centra en la integración de la personalidad. Es decir, en corregir los devaneos mentales, la tendencia a la pereza, a la ensoñación, a la imaginación desbocada, a la falta de abstracción y a la contaminación con el emocionalismo. Por eso el Raja Yoga se centra en los subplanos de plano mental que están más en contacto con el plano astral, que son el séptimo, sexto y quinto subplanos del plano mental.
Y el Agni Yoga, tal como lo expuso Krishnamurti, se centra en los aspectos superiores del individuo, los aspectos que están en contacto íntimo con el Alma. Este Yoga busca fundirse, hacerse uno con el Alma, o Ego, o Yo superior.
Por tanto, el Agni Yoga se mueve en los subplanos más cercanos al verdadero Yo espiritual del ser humano: los subplanos tercero, segundo y primero del plano mental.
¿Y qué pasa con el cuarto subplano del plano mental? En todas las manifestaciones en las que hay una gradación de siete niveles, el cuarto nivel es siempre el del equilibrio, el de la unidad, el subplano en el que se armoniza todo el plano, el suplano de síntesis. Recordemos que, dentro del Universo, el mismo papel representa el Cuarto Rayo, Rayo al cual pertenece la Humanidad (pero no el planeta Tierra, el cual está regido por el Tercer Rayo). Y lo mismo pasa en los reinos de la Naturaleza, en los que el ser humano ocupa el Cuarto Reino. Todo esto capacita y prepara al ser humano para ser un intermediario entre todos los reinos, entre todas las etapas y entre todos los planetas. La labor del Cuarto Reino, el humano, es llevar la armonía, la integración, la síntesis y el equilibrio a todos los reinos, tanto subhumanos como súper humanos.
Podríamos decir, que el mismo Fuego se descompone en una actividad volcada hacia el intelecto y hacia la mente razonadora; y otra actividad superior que busca sublimar y fusionarse con el plano del Yo divino.
Por supuesto que, sin forzar primero, gracias al poder de la voluntad, por medio del Raja Yoga, tanto las tendencias inferiores de la personalidad como la separatividad de la razón, no hay camino posible para el Agni Yoga.
Este es el verdadero sentido de la Alquimia. Este es el secreto de la Gran Obra. Esta es la Alquimia Espiritual de la que, una y otra vez, nos hablan los místicos en sus escritos y poemas. El Raja Yoga ha de convertirse en Agni Yoga.
Los tres fuegos solo se pueden integrar a través de tres fases, concebidas como tres estados de servicio:
• Concentración.
• Meditación.
• Contemplación.
En la Concentración, se observa, se analiza y se establece contacto con el objeto sobre el cual se va a meditar. Se relaciona con el aspecto Forma.

En la Meditación, se extraen todas las posibles cualidades de ese objeto para, al final, establecer un nuevo tipo de relación con él. Se relaciona con el aspecto Cualidad.


En la Contemplación, solo existe el propósito divino que late en esa forma y en sus cualidades. En este estado no hay reflexión, ni nociones objetivas. Sino que hay identificación con el Creador, utilizando el objeto, o forma, como lazo de unión. Se relaciona con el aspecto Propósito.
Todos hemos practicado la Contemplación espontáneamente, por ejemplo, al observar una bella puesta de Sol, o en momentos de silencio y soledad muy especiales.
El trabajo del Fuego de Kundalini se relaciona con el aspecto Cuerpo, o Forma. Y exige el estudio de la Concentración.
Poco a poco, la Forma va avanzando, místicamente, hacia el Alma y sus Cualidades y entonces, surge el segundo momento: la Meditación, basada en el Alma.
Por último, se nos va revelando el Propósito que subyace a todas las energías y fuegos de la Creación. Es el último estadio: la Contemplación y el descubrimiento del Fuego de Fohat, centrado en el Espíritu.
La unión de los Tres Fuegos se expresa por medio del Akasha. Es decir, que estas tres energías producen el Universo manifestado.
Pero, en realidad, solo un Fuego es esencial: el Fuego que irradia del Corazón de Dios. El llamado Fuego del corazón. El Fuego intermedio, el mediador.
Cuando este Fuego, se activa, Kundalini inicia su ascenso, buscando el culmen máximo de expresión. Entonces, el Fuego Eléctrico, o Fuego de Fohat, empieza también a descender (metafóricamente hablando, claro está).
Ambos Fuegos buscan unirse y ponerse en contacto. De esta unión nace la corriente de Energía llamada Prana, que es la energía del Fuego del corazón. Prana lo unifica todo en el Universo creado, llega a todas partes y constituye la expresión mística del Alma en sí misma.
Prana es el mayor intermediario divino, lo llena y lo unifica todo.
Algo semejante sucede en nosotros mismo con el Ángel Solar, o Alma, que es el eterno lazo de unión entre Materia y Espíritu, elevando Kundalini hacia Fohat.


 

Juan Ramón González Ortiz

 

 

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