LA
OCTAVA ESFERA- 5
EL
CENTRO DE CONTROL ACTUAL DE LA HUMANIDAD
(Origen de las Claves de la Distopía mundial actual)
Javier Antolínez-Quintín García Muñoz

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Qué
nos sumerge en la octava esfera
Es difícil entender algo si no se ha experimentado por unos
minutos tan terrible situación, incluso se podría añadir
que es difícil que se den al mismo tiempo las causas que hacen
que un ser humano permanezca dentro de una pesadilla de tal calibre.
Quizás, lo primero que habría que afirmar es que el
universo que conocemos está constituido por energía
intrínsecamente unida.
Es
algo que nos han enseñado los científicos, y de lo que
no cabe la más mínima duda, tal y como han demostrado
con la bomba atómica.
Ahora viene la segunda parte, menos demostrada, aunque siempre lo
han afirmado los sabios: que la conciencia es luz.
La luz no escapa a la ley más grande del universo que es la
de la Atracción. Todo, realmente, está unido por hilos
de energía, lo que hace que sea casi imposible, por no decir
imposible, atentar contra los núcleos de energía-fuerza
en los que habitamos. Si por un instante un ser humano se percibe
desconectado de su esencia más profunda, y además esa
desconexión ha sido por lo que se llama soberbia, ocurre algo
terrible, y es que cae en una especie de subterráneo lleno
de gente que va y viene, que se bifurca y todo está inundado
y envuelto en una penosa oscuridad de la que es imposible salir. Al
fin y al cabo no deja de ser una pesadilla que hemos tenido en varias
ocasiones, por eso, no es suficiente tal imagen, sino que lo que hace
más terrible la situación es saber que tal escena dantesca
ha sido provocada por la soberbia de creerse superior a los demás
y haberlos separado de nuestra vida. Es decir, que el propio
ser humano se separa de la creación en la que no sabe que habita.
Sale de un mundo en el que el amor y la luz unifican todo: la materia
y la conciencia.
La Octava Esfera es un estado de conciencia tan terrible que un individuo
no puede durar mucho tiempo solo, por lo tanto el individuo que permanece
en tal situación, se verá obligado a construir un nuevo
entorno, pues la necesidad de unión de todo el universo es
tan potente que nunca, nunca podrá evadir la ley de
la Atracción. Tanto
el odio como el amor son sirvientes suyos.
Tan tremendo estado de conciencia le llevará a dos posibles
decisiones.
a) Habitar en la luz, ser humilde y comprender que se ha equivocado,
que es más pequeño que el universo en el que se mueve
y tiene su ser.
b) Subsistir en la obscuridad, que básicamente es otro mundo,
y, paradójicamente, también unido, pero distinto al
otro.

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En nuestra ayuda podemos encontrar una frase como la siguiente: El
ser humano puede ser malvado y odiar o puede ser bueno y amar, pero
lo que no puede nunca es estar solo y aislado.
Tal vez nos pueda venir a la memoria la frase de otro sabio que decía
algo así: El universo aborrece el vacío.
Probablemente, personas que han caído en la Octava Esfera no
son conscientes de ello, porque aunque estén allí temporalmente,
en ningún momento se han visto verdaderamente aislados de su
propia esencia, que está fundada en el amor o atracción
magnética. Puede ser que habiten en un mundo terrible, pero
en el fondo siempre aman u odian a alguien, con lo que no se cumple
la segunda condición, la de un aislamiento soberbio y aterrador
que hace que un ser humano se decante por vivir permanentemente en
una oscuridad, de la que cada vez será más difícil
salir, la octava esfera. Y lo hace porque le puede más el orgullo
que el dolor que le ocasiona tal separación conscientemente
provocada.
La Separación de la Luz y la Soberbia son las dos causas
que unidas llevan a alguien a la Octava esfera, y aún
así, necesitará crear otro mundo con unas condiciones
distintas a las que los seres humanos solemos habitar. Se instalará
en otro “universo paralelo” construido en un principio por seres antiquísimos
que no están de acuerdo con el diseño evolutivo trazado
por la Inteligencia Superior a quien llamamos Dios, y que se alimentan
del odio y del sufrimiento de los demás seres.

Tal vez, para entenderlo un poco mejor podríamos hablar de
la Teoría de las Cinco Redes Inalámbricas.
En el año 2026, creemos que se puede afirmar que todo el mundo
sabe qué es una red inalámbrica, pues todos llevamos
un móvil en nuestros bolsillos. En el universo en el que vivimos,
aunque no los veamos, es seguro que hay más redes de energía
pero lo vamos a dividir en cinco grandes redes:
Que las estrellas están enlazadas por fuerzas y energías
poderosas y que no vemos, nadie lo discute. De pequeños ya
nos enseñan que nuestra galaxia, nuestro sistema solar, así
como la Tierra, el planeta en el que vivimos, y toda su materia, están
sujetos a fuerzas y energías extraordinarias y que realmente
no vemos. Los científicos diferenciarían tales fuerzas
y añadirían más redes intermedias, y nos perderíamos
en un mundo extraordinariamente complejo. A todo este gigantesco entramado
constituido por el reino mineral, de la materia más densa,
podríamos denominarlo Red número 1.

En alguna información aparecida en la prensa o en la televisión,
se ha hablado de que la entidad viva más grande que existe
en nuestro planeta es un bosque. Es decir, que se considera que todos
los árboles del mencionado bosque forman una red, unificada
gracias a las raíces visibles, y tal vez a algo más
que todavía no está demostrado, que sería un
tipo de energía propio del reino vegetal. Esa energía
propia del reino vegetal establecería la Red número
2.

El mundo animal, incluido el cuerpo físico humano,
formaría la Red número 3.
Es casi seguro que los especialistas en este reino animal, podrían
aportar numerosos casos en los que quedaría bastante reforzada
la teoría de que existen enlaces intangibles entre animales
de la misma especie.

El reino propiamente humano, en el que se podría decir que
el cerebro es la característica que le define, se pueden encontrar
numerosos casos de contacto inalámbrico. Es la Red
número 4.

La Red número 5 sería la más
controvertida. Siempre nos han dicho que existe, algunos afirman haber
constatado su existencia, pero si la conexión entre los cerebros
de los seres humanos no está totalmente demostrada, la existencia
de esta red inalámbrica es mucho más cuestionada. Y
la no demostración de la existencia de esta
última red es un punto débil por el que la caída
en la Octava Esfera puede comenzar.
Aunque hemos separado las redes, realmente el ser humano está
imbricado, sumergido en las cinco redes. Dentro de sí mismo
está compuesto por ellas. Son su propia esencia. Podríamos
decir que en el fondo, todos los seres humanos creemos que es así,
tenemos una fe casi indestructible en que más allá de
las apariencias hay Algo Más. Es como cuando sentimos el viento,
no lo vemos, pero sabemos que existe. De parecida forma, no podemos
demostrar a los demás que el corazón nos dice que la
Red número 5 existe.

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Sin embargo, los habitantes de la Octava Esfera, especialmente sus
dirigentes, sí saben que existe la Red número 5, pero
han decidido separarse de ella, e intentan ampliar el universo de
las cuatro redes inferiores.
Lo que unifica todas las redes, tanto individual como colectivamente
es la Ley de Atracción Magnética, y todos estamos sujetos
a ella. Desde los átomos a las estrellas.
Es una energía que no vemos, y que los científicos llaman
de diversos nombres, pero al final, de nuevo, tenemos que rendirnos
a la antigua frase y de muchos conocida del Todo está
en Todo.
Parece ser que las diversas redes o capas se van formando con el tiempo.
Es la dirección de la evolución. Al principio solo existen
los átomos y el “Reino Mineral”, de la primera red. De ahí
se pasa a la segunda red, la del Reino Vegetal, que da paso al Reino
Animal, para “terminar en el Reino Humano”. Y es lo que nos ha enseñado
la Ciencia desde hace muchos años. Ahí se corta la explicación
científica, pero no las creencias y la fe del ser humano.

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Así
pues, lo primero que hacen los habitantes de la Octava Esfera es eliminar
todo contacto del ser humano con la Red número 5.
No
existe Dios, ni nada superior, en definitiva, no existe la quinta
red inalámbrica. Hay que anular, borrar, suprimir, destrozar
esa fuerza que todos los seres humanos sentimos, aunque en la mayoría
de los casos permanezca indemostrada.
Saben,
perfectamente, cómo corroer al ser humano para que se vuelva
un incrédulo, y ello es terrible porque todas las redes aportan
energía de un tipo. Por lo tanto la energía benefactora
y sanadora de la quinta red es suprimida, y esa alegría característica
es anulada.
El
primer paso para que un ser humano comience a estar aislado de la
red ya está conseguido.

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Al ser humano le invade tristeza y desolación, es como si le
hubiesen quitado parte de su alma. No existen los Dioses, no existen
las almas, no existe nada superior. Es un ateísmo total que
deja un terrible vacío. Los habitantes de la Octava Esfera
se alegran, porque saben que el siguiente paso es que el ser humano
esté cortocircuitado, que su pensamiento no ascienda a otros
mundos, no se eleva hacia la Red número 5. Los enlaces que
pudiera tener se desactivan, y no hay energía benéfica
que le haga cantar alabanzas a un mundo difícil, pero maravilloso
en muchas de sus facetas.

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El
siguiente paso es someter los pensamientos del ser humano para que
sólo actúe en la Red número 4. Sus pensamientos
han sido cercenados, y únicamente piensan en el nivel que todos
"vemos".
Por
lo tanto ¿qué queda? Si se ha eliminado la aspiración
de los hombres y mujeres hacia un mundo superior, lo más normal
es comenzar a pensar en esta vida física, en los placeres,
y en hacer todo lo necesario para conseguirlos. Sin darnos cuenta,
hemos regresado hacia un mundo de egoísmo y crueldad absoluta.
Dicho de otra forma, al mundo animal, pero peor, porque los animales,
puesto que no piensan de una forma clara, no adquieren karma, pero
los seres humanos que se comportan como animales salvajes y además
añaden la crueldad y la maldad de sus pensamientos, ya están
cerca de la Octava Esfera. Si a ello le añadimos la soberbia,
tal y como comentábamos al principio, se comienza a delinear
un estado de conciencia terrible al que hemos denominado la Octava
Esfera.
Las
adicciones son un componente esencial para el embrutecimiento del
alma humana, pero tal vez con la muerte física, el aislamiento
provocado por ellas, no es suficiente para romper todos los enlaces
con la quinta red.
Es
necesaria la soberbia, es necesario sobreponerse, a través
del odio y la maldad, al terrible dolor que causa la rotura de los
enlaces con la Red número 5.

El ser humano comienza a vivir en un infierno. Se puede sufrir soledad
por diversas causas, y ello en ocasiones es bueno, pero aislarse de
la Creación, en la que residimos, y romper el hilo que nos
une a los distintos reinos de la Naturaleza nos aboca a la Octava
Esfera. Si nos obcecamos en no reconocer que el mundo en el que habitamos
está compuesto de luz y amor, entonces… que Dios nos ampare.
El lector debería recordar cuál es el símbolo
de la Red número 5, una estrella de cinco puntas que se dirige
al cielo, en contraposición a un símbolo muy antiguo
de la Red número 3, una estrella de cinco puntas, pero invertida,
con lo que señala hacia el sometimiento de los humanos al mundo
más grosero del Reino Animal.
Javier
Antolínez/Quintín García Muñoz