| ¿Qué
medicinas tenemos hoy a nuestra disposición? (1/3)
Javier Antolínez

Debido a lo que nos están haciendo vivir en los últimos
años, mediante una medicina que está siendo impuesta por
la fuerza, como ocurrió en 2020, por motivos claramente de control
social, utilizando la sanidad como excusa, me veo en la necesidad de
hablar de esta medicina actual y oficial, además de otras medicinas.
Medicinas que siempre se habían utilizado, y que ahora están
siendo apartadas, perseguidas y tachadas incluso de peligrosas.
Cuando algo se tiene que imponer por la fuerza y, a la vez se oculta
a los supuestos competidores, se les anula y se les persigue, así
como a todo aquello que lo podría complementar positivamente,
lo que se está imponiendo no tiene mucho o ningún valor.
Se trata de una imposición dictatorial y fuera de todo contesto
científico.
Medicinas antiguas que para muchos son una maravilla, para otros son
un gran fraude. Todo depende de cómo le vaya al usuario con unas
u otras.
Algunos ni las conocen. De hecho, todo eso que se oye hoy en día
sobre la medicina oriental, o mal llamada china, a muchos le suena a
chino.
Esto pasa en una sociedad occidental, supuestamente muy avanzada, abierta
y universalista.
¿Cuáles son las razones de estas discrepancias
tan opuestas, y, sobre todo, tan desinformadas?
La respuesta no está nada clara para la gran mayoría,
puesto que simplemente son usuarios temporales de una u otra y desconocen
por completo la materia y solo se pueden guiar por lo que oyen, o es
impartido por cualquiera de los medios de comunicación.
Esto es debido a que vivimos en una sociedad planetaria, de contrastes
extremos, y sobre todo, de profundas incongruencias y, cómo no,
de una hipocresía sin límites.
La medicina, en general, es una de las mayores incongruencias
que sufrimos.
Hoy en día, y desde finales del siglo XIX, la medicina se ha
convertido en el negocio más rentable del planeta, junto con
las drogas y las armas.
Ciertamente, la salud del ser humano siempre ha sido un profundo misterio
para todos, menos para unos pocos que sí conocían todo,
o casi todo, de cómo mantener la salud y evitar la enfermedad.

A lo largo de la historia de la humanidad, se han desarrollado infinidad
de métodos de curación, dependiendo de la localización
geográfica y de las distintas dolencias que sufrimos los humanos.
La humanidad siempre se trató con medios naturales,
alimentación adecuada, plantas, minerales, agujas, masajes y
otros métodos según las zonas geográficas.
El contacto adecuado con el aire libre, el ejercicio diario, las aguas
termales, los baños de mar, fortalecían los cuerpos, y
por lo tanto las defensas y de esta forma podían soportar muchísimas
agresiones exteriores y mantenerse en plena forma durante su vida.

Siempre y cuando las condiciones de limpieza y posibilidades de buena
alimentación, se mantuvieran, las poblaciones eran sanas y longevas.
Sólo, si por razones muy específicas, se producían
epidemias que superaban las defensas naturales, el ser humano vivía
en general en muy buenas condiciones de salud.
Tengo que decir muy a pesar mío, que la idea falaz, que se ha
extendido en el siglo XX, de que la media de años vida, antes
era muy inferior a la alcanzada con la nueva medicina, es simplemente
una propaganda engañosa para entronar a la medicina actual, a
los niveles más altos.
La esperanza de vida, no depende de esta nueva medicina,
depende de condiciones adecuadas de vida, de alimentación y de
otros factores, a veces externos y otras veces internos o personales,
de la gente. Las sociedades desarrolladas, que las ha habido también
en el pasado, conformaron situaciones muy positivas para la salud de
sus comunidades.
Esto lo he podido constatar en diversas sociedades, en los cinco continentes
que he visitado a lo largo de mis múltiples viajes.
Las sociedades de los siglos XIX, XX y XXI, en algunos lugares, a nivel
mundial, han podido mejorar las condiciones de vida y alimentación
y esto ha traído consigo, alargar la vida de la población
en gran medida. Pero este caso, no es algo único en la historia
de la humanidad, por mucho que traten de convencernos de lo contrario.

Si
alguien, de forma sincera y sin intereses económicos, se quiere
plantear cómo mejorar actualmente la salud humana, tiene que
elegir entre dos claras opciones:
• Hacerlo siguiendo las leyes naturales, que nos rigen y
rigen a toda naturaleza.
• Utilizar medios químicos, invasivos y con un claro abuso
de la cirugía, que es lo que tenemos en estos momentos.
El primer caso es el que la humanidad ha seguido desde los albores de
los tiempos, hasta finales del siglo XIX, y a lo largo de la mitad del
siglo XX.
El segundo caso, se fue imponiendo con bastante celeridad, desde esas
fechas y muy bien apoyado por enormes cantidades dinero y por la triste
experiencia de las dos guerras mundiales.
En estas dos guerras, la cirugía tomó un protagonismo
extraordinario, al tener que actuar de forma contundente
para operar, amputar, y reparar las infinitas heridas de los millones
de combatientes, que iban cayendo como moscas, en los campos de batalla.
Esta experiencia hizo dar un salto cuantitativo y cualitativo
a la cirugía, que vio un campo abonado para el
desarrollo de una medicina en muchos sectores, y de paso imponer las
medicinas químicas, que en ciertos casos actúan de forma
más rápida que las medicinas naturales. Esta rapidez supo
confundir con eficacia, y sirvió para catapultarla, con gran
éxito.
La
medicina interna tradicional natural iba siendo desplazada y puesta en
tela de juicio, haciéndola fracasar de muchas formas nada naturales.
Sus tradicionales formulas fueron sustituidas por las nuevas medicinas
químicas, que, como podemos ver, curan una cosa y producen otras
enfermedades degenerativas muy difíciles de curar. Esto lo podemos
ver con mucha claridad hoy en día.
Son formulas anticientíficas que generan más efectos secundarios
que beneficios, y están basadas en sintetizar químicamente
el principio activo de un producto natural que tenga propiedades curativas.
Pero no pueden por estos métodos sintetizar “el principio vital”,
principio fundamental, junto con el principio activo, para poder conseguir
verdaderas medicinas que curen.

Las plantas nos ofrecen ambos principios juntos, los llamados
“principio activo y el principio vital”.
Mediante ambos principios, las plantas medicinales tienen verdaderos
efectos terapéuticos que, tratadas adecuadamente mediante métodos
de infusión, cocción, secado y un larguísimo y
complejo conocimiento del tratamiento de las plantas, se obtienen medicinas
de una enorme eficacia.
¡Pero claro, este sistema no se puede patentar y tampoco tener
las plantas en propiedad para su explotación económica!
Al finalizar la II-G.M. se da otro evento importante, como fue el desarrollo
progresivo de la tecnología. Ésta, propició a la
cirugía el espaldarazo definitivo para encumbrar a la medicina
actual a los más altos lugares del estrellato mundial.
El desarrollo de esta tecnología, con maquinaria
que permite cirugías muy precisas y menos invasivas, ha impulsado
a la cirugía y a las urgencias a los más altos lugares
del estrellato mundial.
No podemos dejar de lado la publicidad institucional, y la inmensa cantidad
de millones de dólares invertidos para promocionar todo ello.
Siendo los beneficios hoy en día, estratosféricos.

En
realidad, la medicina occidental, en cuanto a la medicina interna se
refiere, es un absoluto fracaso como medicina, con sus medicinas químicas
venenosas.
No
podemos decir lo mismo, de la cirugía y de los métodos
de urgencia desarrollados dentro de esta medicina, que son de una gran
eficacia y de un éxito extraordinario.
“En
realidad la cirugía y las urgencias, son el buque insignia de
la medicina occidental”.

La clave del fracaso de la medicina occidental, está ubicada
en la medicina interna, al pretender tratar el organismo humano, que
se rige por estrictas leyes naturales, con métodos químicos
artificiales, y en particular químicos.
Para poner un ejemplo: lo podríamos comparar con pretender hacer
funcionar un motor de automóvil con zumos de frutas naturales
o productos similares.
Estos métodos, en algunas ocasiones, tienen resultados inmediatos,
pero también desastrosos a lo largo del tiempo, que se manifiestan
con el uso prolongado de tales medicinas.
Lo peor es que estos efectos secundarios se manifiestan
en el futuro, a lo largo de meses o años de consumo, sin poder
identificar ni relacionar, el origen de los efectos secundarios que
producen, y que van apareciendo, como nuevas patologías, con
la ingesta de las medicinas que las han creado. En realidad, estas últimas
patologías son consecuencia de la toma continuada de estas medicinas.
Reitero, y no me canso de hacerlo, que la clave de todo ello es que
las medicinas químicas se pueden patentar y las fórmulas
de hierbas NO, y de ahí surge esta medicina psicótica
y anticientífica.
No hablo de oídas, sino de 40 años de estudio y experiencia
en la práctica de la medicina oriental. Ciencia completa, que
se rige por las estrictas leyes naturales, como voy a explicar más
adelante.
A esta práctica de años, tengo que sumarle, la triste
experiencia personal de tener que haber recurrido a la medicina occidental
de urgencia, por graves motivos, ajenos a mi salud, que me vinieron
del exterior, creándome unas series de problemas de gran gravedad,
y que me pusieron al borde la muerte.
Tengo
que reconocer que, si no hubiera sido por las urgencias y los medios
utilizados por excelentes profesionales de esta medicina que me trataron,
hoy no podría estar escribiendo estas líneas.
El
problema se me planteó, una vez salido de la gravedad, cuando
me tuvieron que pautar medicinas químicas a las que, en mi caso
particular, tengo una extrema sensibilidad.
A partir de este punto, pude ir comprobando cómo tales medicinas
me producían unos efectos tan adversos que, con la aquiescencia
de los mismos facultativos que me atendían, tuvimos que ir eliminando
paulatinamente.
Era más que evidente, que para ellos no era su forma de trabajar,
y así me lo hicieron ver, ya que las medicinas que me pautaban
lo hacían para “toda la vida”.

Pude comprobar, en mí mismo, aquellos efectos adversos que, a
lo largo de los 22 años de consulta, trabajando con la acupuntura
y hierbas naturales les sucedían mis pacientes.
Podía ver cómo las medicinas que tomaban, y como es habitual
hoy en día, en grandes cantidades, les producían infinidad
de efectos secundarios, que en muchas ocasiones, era imposible paliar,
con métodos naturales.
“No
pretendo demonizar una medicina que tiene grandes virtudes, pero sí
colocarla en el lugar que le corresponde, bajándola del pedestal
en el que la han ubicado injustamente”.
Además,
tengo que denunciar la permanente persecución de los profesionales
que hemos estudiado y practicado, y lo seguimos haciendo, desde hace
muchísimos años la medicina natural.
En esta persecución también incluyo a muchísimos
médicos titulados, que al ver que los métodos que habían
estudiado en la universidad no les daban los resultados que esperaban,
con una valentía y un coraje extraordinarios, se dedicaron a
investigar y volver a estudiar medicinas naturales, y ponerlas en práctica.
Algunos de estos médicos me llegaron a decir, con gran tristeza,
que en la universidad, a lo largo de la carrera de medicina, jamás
estudiaron materias encaminadas al mantenimiento de la salud, solo a
la reparación de la enfermedad.

¡Esto es muy grave en la medicina, desde cualquier punto de vista!
Para una persona que accede a estudiar esta carrera con vocación,
cuando pasan los años, y va siendo consciente de que lo que le
imparten, y sobre todo de lo que no le dan en la universidad, supone
una gran desilusión profesional.
Por esta razón, estos médicos llegaron a buscar refugio
en las medicinas naturales, incluso planteándose volver a estudiar
otra carrera de semejante envergadura, como la medicina oriental, a
pesar del enorme coste tanto económico, como de esfuerzos y cambio
de mentalidad, que esto supone a todos los niveles.
Estos médicos han sido y siguen siendo un objetivo
a destruir por parte de algunos colectivos de médicos, compañeros
suyos, que no los admiten.
Conozco muchos de estos médicos, y he podido seguir sus vidas
y los problemas que han tenido con sus propios Colegios médicos,
por practicar la medicina natural.
Tengo también que denunciar, que la actual medicina occidental,
se ha nutrido en los últimos años, para ir adecuándose
a los tiempos, de todos los conocimientos de los que hemos estudiado
e investigado las medicinas naturales, con gran esfuerzo.

Esto
ocurrió cuando la medicina oficial pudo constatar los indudables
éxitos que la medicina natural tenía sobre aquellos pacientes
a los que no encontraban soluciones en la medicina oficial, y sobre
todo, el enorme mercado que se había abierto, y que ellos estaban
perdiendo.
Esto último ha provocado un poderoso efecto llamada sobre la
clase médica oficial, que ha visto un mercado creciente y muy
jugoso.
Aprovechando el poder que tienen gracias a los Colegios de médicos,
se han adjudicado nuestros conocimientos, conocimientos que nunca recibieron
en la universidad, y lo están utilizando ellos, como si fuera
de su cosecha.
Estos conocimientos los hemos rescatado y creado nosotros, desempolvando
viejas medicinas de una gran eficacia, de las que ya no cabe la menor
duda.
Claro está que ellos tienen el márquetin, el poder derivado
de los estados, a través de los Colegios médicos, y lo
hacen suyo, con una impunidad insultante, mientras que a su vez, nos
demonizan sin el menor reparo, ni respeto, y sin ningún reconocimiento.
No se puede obviar que ante este caos, se han colado personas
que sin conocimientos ni estudios adecuados, se dedican a prácticas
supuestamente naturales, mientras que nos desprestigian a los que nos
hemos preocupado en investigar y estudiar en profundidad, y de forma
autodidacta, lo que posteriormente hemos puesto al servicio de la sociedad,
con gran responsabilidad y eficacia.
Entre muchos de ellos se encuentran también médicos,
que sin la menor ética profesional, y sin los debidos conocimientos,
se dedican a tratar a sus pacientes mediante métodos que desconocen
por completo, solo por el hecho de tener un título oficial que
les permite una total impunidad en el ámbito de la sanidad.
Los que estamos comprometidos con la Salud Verdadera, y no con el Negocio
de la Enfermedad, consideramos que todo aquello que beneficia la salud,
es susceptible de poder utilizarse, para ayudar en la recuperación
de la salud.
Puedo asegurar, contundentemente, que hay infinidad de métodos
naturales que son muy eficaces, pudiendo prescindir de todas las medicinas
químicas, y todo ello, que es lo más importante, “sin
ningún efecto secundario”.

Si no se conocen públicamente estas medicinas naturales,
es porque no nos permiten darlas a conocer, y muchos médicos
y naturópatas que han intentado dar a conocer estas técnicas,
con cierta relevancia en su entorno, o en las redes sociales, han desaparecido
de esta vida, de forma muy sospechosa, tratando claramente de silenciar
su mensaje.
Otros muchos han sido y siguen siendo denostados, perseguidos, y muy
mal vistos por sus propios colegas de universidad.
Pero lo más grave es que todo este proceso, que se ha desenvuelto
a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, no responde a un proceso
natural, sino a un proceso muy bien organizado y perfectamente desarrollado,
mediante la inyección en universidades de ingentes cantidades
de dinero con el fin de cambiar programas académicos, para adecuarlos
al uso y distribución de medicinas químicas de forma exclusiva.

Algo que es profundamente triste, desde el punto de vista humanitario,
es la persecución a muerte de todas las medicinas naturales ancestrales,
que han sido las que han mantenido a la humanidad en muy buenas condiciones
de salud, hasta hace casi 70 años.
Soy un testigo presencial, cuando yo era niño y también
en mi juventud, de que casi no había hospitales, y los que había
no estaban atestados de gente como los actuales. No había tantas
clínicas privadas, ni consultas de médicos. Entonces no
se oía hablar de cánceres, ni infartos, ni de tantas enfermedades
nuevas y degenerativas como hoy en día oímos y vemos,
en nuestro entorno.
La gran mayoría de nuestros padres y abuelos fallecieron siendo
muy mayores, aunque no todos, claro está, hablamos en general.
La gente, normalmente, estaba relativamente sana, la comida
era saludable, sin contaminación química, y cuando las
condiciones económicas de nuestro país, después
de una lenta recuperación de una terrible guerra civil y posterior
bloqueo internacional, se fueron consolidando, la alimentación
pudo empezar a ser más abundante y variada, mejorando todo.
Las condiciones favorables propiciaron una sociedad mucho más
sana y longeva.
Sin embargo, hoy en día podemos ver los hospitales, las clínicas,
las consultas, atestadas de gente enferma, con interminables listas
de espera, con mil dolencias, de muchas edades, y todos cargados con
una lista enorme de medicamentos que toman diariamente, y sin embargo
siguen enfermos y empeorando.
Creo que, con esta presentación podemos empezar a
pensar que algo no funciona adecuadamente, las evidencias son aplastantes,
pero muy pocos se plantean la realidad.
No
es por culpa de la gran mayoría de la clase médica en
general, que desarrollan un extraordinario esfuerzo. Hacen lo que pueden
y mucho más, en numerosas ocasiones con grandes sacrificios personales,
intentando aliviar la situación caótica de la que son
testigos en primera fila, sin poder ofrecer soluciones más eficaces
que las que el sistema provee.
El problema viene de una industria muy bien organizada y muy bien estructurada,
para mantener la enfermedad todo el tiempo posible.
Este principio económico fue el que cambió el paradigma
académico para redirigir a los futuros médicos a sus medicinas
químicas.
Se consumen ingentes cantidades de fármacos, que todos pagamos,
y se mantiene a los pacientes vivos artificialmente, a base de medicamentos,
y cuanto más tiempo mejor, más beneficios.
“El enfermo que se cura no es rentable”; ¡¡¡es
su máxima!!!
Así tenemos ahora, no solo las enfermedades de toda la vida,
que la humanidad ha tenido siempre, más otras más, desarrolladas
y creadas artificialmente para aumentar la venta de fármacos.
Esto lo digo desde el punto de vista de médico de medicina oriental,
que no está reconocida en Europa, porque no se ha querido reconocer.

Los que hemos pretendido oficializar los estudios, hemos sido perseguidos.
Muchos hicimos grandes esfuerzos, tanto personales, como económicos,
para darla a conocer, chocando contra un muro de hormigón.
Están prohibidos el cultivo, la venta y la distribución,
de ciertas plantas medicinales, muy eficaces. Además, perseguidos
incluso judicialmente, aquellos que trabajan en ello.
Hay algunos que están siendo perseguidos y se encuentran en los
juzgados por mantener alguna empresa de hierbas medicinales, con el
fin de comercializarlas.
Están siendo perseguidos y juzgados, únicamente por tratar
de ayudar a conseguir una salud adecuada para todos aquellos que buscan
estas plantas naturales.
En algunos casos se condena a cuantiosas multas por usar agujas y practicar
la acupuntura.

En otros, se persigue desde ciertos estamentos oficiales, a base de
continuas inspecciones, y todo ello muy a pesar de que los implicados
están dados de alta como autónomos, con el epígrafe
correspondiente.
En mi caso, como lo tenía todo en regla, sólo me pudieron
condenar de forma torticera, por el uso de agujas esterilizadas de acupuntura.
El abogado que llevó mi caso, se sintió tan mal, por el
veredicto del magistrado, que por otra parte, era familia de uno de
los médicos que me denunciaron, que no quiso cobrarme absolutamente
nada, a pesar de haber dedicado muchísimo tiempo a mi caso.
Este abogado que me demostró una gran profesionalidad, me dio
una serie de consejos para poder seguir practicando la medicina natural,
sin que la élite médica, me volviera a molestar. Lo puse
en práctica y gracias a ello, no volví a tener más
problemas legales.
Seguí con mis prácticas, sin ningún anuncio, ni
tarjetas con el teléfono y dirección, solo el boca a boca,
y mis pacientes abarrotaron mi consulta.
Al no poder bloquearme legalmente, implementaron otros métodos
ocultos, que me sucedieron posteriormente, de los que pude salir, gracias
a Dios. Pero eso lo vamos a dejar aquí, ya que son de una gran
gravedad.
Pude comprobar que la persecución era debida a que a las personas
a las que trataba mediante la medicina oriental y la acupuntura coreana,
se ponían bien y dejaban de ir a las consultas médicas.
Consultas a las que habían estado yendo a lo largo de muchos
años sin obtener la menor solución.
Así, un sinfín de profesionales como yo, que a nivel privado
hemos tenido que sufrir una persecución sin cuartel, vemos cómo
una medicina, que en un sector como las urgencias y en la cirugía
es extraordinaria de todo punto, en la medicina interna, con el uso
y abuso de medicinas químicas, están generando graves
problemas de salud.
De hecho, la segunda o la tercera causa de fallecimientos,
según un diario de tirada nacional, son muertes producidas por
diagnósticos equivocados y por el uso y abuso de fármacos
químicos.
La toma de medicamentos o de hierbas de por vida, jamás se había
recetado a nadie en ninguna medicina natural, solo hasta haber conseguido
la resolución del problema. Sorprende ver cómo la medicina
actual lo hace de forma generalizada y con una prepotencia y seguridad,
que abruman, cuando conocen los efectos adversos de la ingesta permanente
de muchos de estos medicamentos.
Las pruebas mediante placebos, para medir la eficacia de un medicamento,
no se habían visto jamás en las medicinas naturales. Siempre
se habían conocido los remedios a dar, de acuerdo a los síntomas
que el paciente presentara, con mucha precisión y con gran eficacia.
Hablo no sólo desde mi propia experiencia, sino también
desde la experiencia de otros muchos colegas que han vivido y sufrido
lo mismo que yo, o más, y en peores condiciones a largo de su
vida profesional, tal y como he podido averiguar.
Además de todo, pude vivir a lo largo de los años innumerables
experiencias, por haber pertenecido a diversas juntas directivas de
diferentes asociaciones de medicinas naturales, tanto de pacientes como
de profesionales de nuestro sector.

También, al haber tenido una ONG financiada por un amigo y yo
mismo de forma exclusiva, solo cobrando la voluntad a los que tenían
medios económicos para poder pagar su tratamiento, mientras que
a quienes no tenían medios, los tratábamos gratis. A veces
conseguíamos compensar económicamente las pérdidas
y las ganancias, pero en otras ocasiones, la diferencia la teníamos
que poner de nuestro bolsillo.
Esta
actividad desarrollada en África también nos costó
serios problemas de persecución. Pudimos ver cómo la medicina
natural, eficaz y gratuita, en África, tampoco era bien recibida
por ciertos sectores internacionales, que nos obligaron a abandonar
nuestra misión humanitaria.
Después de esta breve presentación de la situación
actual, muy necesaria para poder entender las diferentes medicinas existentes,
paso a delinear en el próximo capítulo, ciertas medicinas
y técnicas diferentes, que han sido utilizadas a lo largo de
la historia con gran eficacia. Algunas han aparecido recientemente.
De esta forma el lector se podrá hacer una idea aproximada de
qué medicinas o técnicas tiene a su disposición,
a parte de la medicina oficial.
Javier Antolínez
Febrero de 2026
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