¿Qué
medicinas tenemos hoy a nuestra disposición? (2/3)
Javier Antolínez

En el capítulo anterior, expuse nuestra actualidad médica
de forma muy esquemática, con sus luces y sombras. Evidentemente
hay mucho más y con muchos matices, pero sería interminable
su descripción.
Además,
muchas de las cosas que están pasando en este ámbito,
ya van siendo conocidas por un amplio sector de la sociedad mundial.
Sobre esto, solo quiero añadir algo que ya dejé plasmado
en el artículo anterior, aunque de forma somera.
Esta medicina moderna, fundamentalmente, es un negocio
muy bien montado, encauzado desde su origen, para el negocio de las
grandes firmas farmacéuticas.
Para conseguir que esta medicina sea un gran negocio, se necesita
mantener a la gente viva, pero enferma, ya que una persona que se
cura de una enfermedad, deja de ser un cliente, de su obscuro negocio.
En general puedo afirmar que es una medicina anticientífica,
ya que sus bases no tienen el menor sustento en fundamentos verdaderamente
científicos y acordes a las leyes naturales.
Los fundamentos que pretenden ser científicos en su mayoría,
están maquillados como tal, pero si se escarba ligeramente
sobre la superficie, se ve con meridiana claridad cómo sus
raíces no tienen, en una gran mayoría, ningún
sustento científico.
Esta afirmación puede parecer muy drástica, pero si
la hago de forma clara y con total solvencia, es porque la pretensión
de tratar el cuerpo animal y en particular el humano, con química
pura, es un concepto anticientífico, que está en las
antípodas de la verdadera ciencia.
Su verdadero éxito radica, en una perfecta planificación,
en un marketing magistral, e ingentes cantidades de dinero inyectadas
en universidades, hospitales, colegios de médicos y medios
de comunicación para promocionar estas medicinas tal y como
se ha hecho.
En el siglo XX y lo que llevamos del XXI, conforme esta medicina conseguía
asentarse en las sociedades occidentales, se focalizaron en eliminar
cualquier vestigio de medicinas ancestrales que habían sobrevivido
a lo largo de los siglos. Medicinas que fueron probadas incluso a
lo largo de milenios, y en poblaciones de millones de personas, con
un éxito innegable.
Las evidencias de ese éxito no dejan el menor lugar a dudas.
La humanidad ha llegado hasta casi nuestros días con pocas
enfermedade, y muchísimo más fuerte que la humanidad
actual, ante cualquier adversidad externa e interna.
Sobre este particular, hemos podido ver, con gran claridad, la prueba
a nivel planetario, de control social, de la plandemia del 2020-2021,
en la que se persiguió, sin la menor piedad, a todos aquellos
que se negaron a inocularse la inyección letal.

Esta inyección que se llegó a poner a millones de personas,
demonizando a todo aquel que no se la quisiera poner, y lo que es
peor sin que los médicos responsables de su administración
quisieran comprometerse con recetas oficiales, mientras que dejaban
en subalternos la presión para su administración, a
las atemorizadas víctimas que cedían indefensos. Siempre
presionados por el miedo inoculado mediante los medios de manipulación
masiva.
Tengo
amigos y conocidos médicos, y siempre me ha sorprendido la
absoluta incultura que tienen de la historia de las medicinas antiguas.
Además de todo, hacen alarde de ello, manifestando la superioridad
de su medicina sobre cualquier otra, sin tener la menor noción
de las otras medicinas, hecho que a su vez reconocen.
Sobre las antiguas medicinas, destacan la Medicina Oriental,
también conocida como Medicina Tradicional China, la Medicina
Ayurvédica de la India, la Medicina Judía y la Medicina
Árabe, todas ellas con profundos conocimientos del ser humano
y extraordinarias fórmulas de hierbas y de minerales, de una
eficacia extraordinaria y totalmente probada y demostrada a lo largo
de siglos en poblaciones de millones de personas.

Además de estas medicinas, que destacan de forma excepcional,
han existido y existen otras medicinas locales, en todos los rincones
del planeta, capaces de tratar todas aquellas dolencias que siempre
fueron las más habituales de la zona, mediante plantas y otros
elementos naturales a su alcance.
Casi todas ellas, con conocimientos más que sobrados de química
e incluso algunas de alquimia profunda, como para haber podido utilizar
la química de forma masiva, ¡pero no lo hicieron!
La razón de ello fue que su objetivo era recuperar la salud
de los enfermos de la mejor forma y lo más rápidamente
posible.
Conocían a la perfección los principios fundamentales
del cuerpo humano, y sabían que salirse de los límites
que la naturaleza imponía, era la forma más eficaz y
rápida de destruir el cuerpo y la mente. “Siempre la prioridad
fue y sigue siendo para estas medicinas, la salud”.
Sin salud, una persona y una sociedad están abocadas a su desaparición.
Dado que mis estudios y prácticas a lo largo de más
de cuarenta años, han estado centrados en la Medicina Oriental,
voy desglosar en lo posible, sus características para aportar
algo de luz sobre una medicina ancestral, absolutamente desconocida
en occidente.
A los occidentales, lo que nos ha llegado de la Medicina
Oriental, ha sido la sola idea simplista, de que esta medicina es
solo la Acupuntura. Pero nada más lejos de la realidad.
La Medicina Oriental, desde sus más remotos orígenes,
orígenes que se pierden en la noche de los tiempos, posiblemente
a más de 5.000 años atrás, es una medicina completa,
con una estructura que, a día de hoy, sorprende de forma extraordinaria,
cuando se analizan, con honradez, tanto su historia como su extraordinaria
eficacia, demostrada a lo largo de los siglos en una de las poblaciones
más grandes del planeta.
La razón de ello es que, al estudiarla, se puede ver, con una
claridad absoluta, cómo hacía más de 5.000 años,
aquellas personas que dieron comienzo a esta medicina, ya conocían
toda la estructura del ser humano, desde la parte más material,
a la parte más sutil, e invisible a nuestros ojos.
En la parte más sutil, sorprende ver cómo conocían
la estructura electrónica y eléctrica del cuerpo humano
y de todos los seres vivos, y cómo manejarla con una maestría
y precisión increíble.

La parte eléctrica la podríamos identificar
con el sistema nervioso, y la parte electrónica estaría
representada por los meridianos invisibles, a simple vista, donde
se encuentran los famosos puntos que se utilizan para la Acupuntura.
Lo sorprendente es que, hace unos 5.000 años, aquellos sabios
supieron con una precisión que hasta ahora no ha sido superada
hoy en día a pesar de nuestros avances tecnológicos,
describir todas las acciones de cada uno de los puntos localizados
en los meridianos, sus combinaciones entre sí, y su interacción
con el sistema nervioso, los órganos y todos los tejidos.
Conocían la técnica de poder hacer operaciones en cualquier
parte del cuerpo, incluso en el cerebro, con el paciente totalmente
consciente, sin sentir el menor dolor, mediante la aplicación
de agujas en ciertos puntos específicos de los meridianos.
Es decir, anestesiaban a los pacientes mediante acupuntura, sin utilizar
ninguna sustancia tóxica, como son las anestesias.
Además, conocían a la perfección cómo
las fases del día, las estaciones, la actividad climática,
la edad, etc., actúan sobre el ser humano, la manera en que
nos condicionan, y cómo se podía y se puede conseguir
una mayor longevidad con una salud completa, mediante tratamientos
muy concretos y eficaces, tanto de acupuntura como de hierbas.
Conocían profundamente las características de todos
los alimentos que habitualmente utilizaban dentro de su entorno, y
cómo actuaban en el cuerpo humano, según las patologías
que presentaban.
Conocían no solo los alimentos, también las hierbas,
catalogadas de forma extraordinariamente perfecta, mediante la ciencia
del YinYang.
Esta ciencia desarrollada hasta unos extremos, que hoy en día
superan a cualquier ciencia conocida de las nuestras, proporciona
una información extraordinaria sobre todo lo vivo o inerte,
y cómo afecta a cada cosa y a cada uno, según su estado
energético.
Claro está que, para poder utilizar esta ciencia se necesita
estudiarla y entenderla profundamente desde su punto de vista original,
y no hacer valoraciones banales, y superficiales, desde puntos de
vista actuales, que siempre desvirtúan cualquier otra realidad
que no sea la nuestra actual, y que, por desgracia, siempre es muy
prepotente con cualquier otro punto de vista.
El conocimiento perfecto de esta compleja ciencia, supone
el conocimiento de unas estructuras electrónicas-eléctricas
del cuerpo humano, que son invisibles al ojo humano a simple vista,
a las que la ciencia actual está empezando ahora a descubrir
y a conocer, de forma todavía muy somera.
Por supuesto, tenían un conocimiento exhaustivo de todas las
funciones del cuerpo físico.
Existe como ya es sabido, por la gran mayoría de los que leen
estos artículos, la conexión del ser que encarna con
otras dimensiones, mediante el llamado Antakarana, o hilo dorado,
al cuerpo físico mediante “unos enchufes”, por darle un nombre
conocido, y que “los hindúes llamaron Nadís”.
Estos Nadís, que son visibles sólo por aquellos que
han desarrollado un altísimo crecimiento evolutivo, son los
que conectan una a una, todas y cada una de nuestras células
al Antakarana.
Este cable ,como muchos ya conocen, está compuesto por los
millones de cables que dan vida a cada una de nuestras células,
conectándonos todos los vehículos sutiles, con los vehículos
más materiales o físicos, de nuestra manifestación.
En el momento de lo que conocemos como muerte física, los ángeles
encargados de la desconexión, tiran de ese cable o Antakarana,
desconectándolo de todas las células, dándose
como resultado, la conocida muerte física, y el comienzo de
la consabida descomposición celular del cuerpo físico,
por la falta del alimento electrónicomagnético, que
el Alma en encarnación, provee al cuerpo físico.
A través del Antakarana es por donde el ser que encarna vitaliza
el cuerpo físico mediante una corriente electrónica
muy sutil. Esta corriente vitalizadora es la que se ve magnificada
al activar todas las funciones bioeléctricas, químicas,
orgánicas, etc., que tan bien conocían las antiguas
medicinas, y en particular la Medicina Tradicional Oriental.
En algunos sectores científicos, se empieza a reconocer, en
el ser humano, una cierta actividad electromagnética, pero
en los sectores médicos oficiales, este principio es negado
y denostado, puesto que desmonta sus falaces argumentos, enfocados
estrictamente en lo material, y en el puro negocio de sus medicinas
químicas.
Esta estructura electromagnética, actúa
de forma muy similar a la de un imán cuya circulación
tiene forma toroide. La circulación de esta corriente, tiene
al menos tres niveles muy definidos.
El primer nivel, es el nivel que podríamos
definir, como el similar a la corriente magnética de un potente
imán permanente, siendo ésta la más sutil. Esta
corriente magnética acciona el segundo nivel.
El segundo nivel, es una corriente
muy fina, que es la que circula por los mencionados meridianos de
acupuntura, y que se conecta a las terminaciones nerviosas, en infinidad
de lugares del cuerpo físico. Esta corriente acciona el tercer
nivel, en el sistema nervioso.
Condicionando de forma absoluta la calidad, la potencia, la estabilidad
y el equilibrio de todo el sistema nervioso, y de todos los órganos,
vísceras, y en resumen de todo el complejo orgánico.
El tercer nivel, el bien conocido sistema nervioso, es
por donde discurre la corriente eléctrica, que podríamos
considerar como más potente, que el ser humano posee.

Evidentemente esta corriente es una corriente de micro
voltios, con variaciones ligeras de potencial, dentro de ese nivel,
y que son perfectamente medibles por los instrumentos técnicos
actuales.
Estas variaciones, que son muy leves, son las que nos van a generar
cambios en la temperatura corporal, así como sensaciones, mentales,
emocionales y problemas a nivel físico, cuando éstas
se salen de sus propios límites.
En ocasiones, pequeñas variaciones de esta leve corriente,
dan por resultado pequeñas molestias, que pueden pasar en la
mayoría de los casos, sin necesidad de ninguna intervención
médica.
Cuando estas variaciones superan ciertos límites, aparecen
lo que conocemos como enfermedades. Si estas variaciones se abordan
pronto, equilibrándolas, todo vuelve a la normalidad de forma
casi inmediata.
La acción de la acupuntura para casos de este tipo, es de una
gran eficacia, equilibrando de forma casi inmediata cualquier alteración,
evitando así un empeoramiento, siempre y cuando se sepa localizar
y diagnosticar, mediante el conocimiento del diagnóstico adecuado.
La medicina tradicional oriental tiene muchísimos recursos
de diagnóstico de una gran precisión, entre los que
se encuentran la toma de los pulsos chinos, y/o coreanos.
A pesar de que las sintomatologías son fundamentales para el
diagnóstico, en muchas ocasiones, no son lo suficientemente
precisas, para poder hacer una valoración clara.
Para estos problemas y muchos más, incluso más serios,
la terapia más adecuada es la acupuntura, cuya finalidad es
reequilibrar las energías bioeléctricas de todo nuestro
organismo.
Las causas que pueden provocar enfermedades son conocidas, por lo
que no tiene sentido delinearlas aquí.
En el caso de la Medicina Oriental, que he estudiado y practicado,
a lo largo de más 40 años, tratando de desentrañar
los profundos secretos que nuestro organismo ocultan, no solo me ha
proporcionado grandes satisfacciones a nivel científico, sino
también magnificas sorpresas, incluso muchas de carácter
extraordinario.
He podido comprobar cómo la aplicación de sus principios
y pautas terapéuticas, tenían un éxito extraordinario
en muchísimas personas a las que a lo largo de más de
veintidós años he tratado.
Las leyes de esta medicina, cuando se estudian con un claro y verdadero
interés de investigación, de descubrir la verdad, sin
intereses económicos coercitivos, sin estar sujeto a entidades
anquilosadas y mediatizadas por intereses económicos, entidades
que nos limitan cualquier posibilidad de poder entender todo el entramado
médico, nos permite llegar a conclusiones muy claras, y, sobre
todo, a soluciones muy eficaces.
La Medicina Oriental tiene un entramado gestado hace más de
5.000 años, que nos abre las puertas a un entendimiento de
nuestro ser, casi ilimitado.
Además, tiene una estructura que podríamos catalogar
casi como perfecta. Esta estructura que contiene el conocimiento perfecto
del ser humano y de todos los seres vivos, en todas y cada una de
sus estructuras, desde las más densas a las más sutiles,
“se sustenta en cuatro pilares de una solidez extraordinaria”.
• El primer pilar es la alimentación.
Tienen una catalogación de todos los alimentos conocidos. Esta
catalogación dentro de la alimentación, está
profundamente insertada en todas las culturas culinarias, orientales.
De origen, la comida oriental está enfocada hacia una digestión
fácil y ligera, que no agote la energía del estómago,
ni del bazo páncreas, que son la base fundamental de nuestra
salud.
Estos alimentos los tiene catalogados en base a la ciencia del YinYang,
catalogación que, para la mente occidental, es de muy difícil
comprensión, a pesar de que se haya hecho muy famosa.
La alimentación, es la base de la salud, y para ello, los alimentos
se estructuran de forma que evitan que las energías corporales,
se agoten de forma prematura. Dando mediante esta catalogación,
la posibilidad mediante su conocimiento y aplicación, de mantener
una salud lo más perfecta posible y con ello conseguir una
juventud prolongada y mayor longevidad.

• El segundo pilar. Es el masaje, no se trata del masaje
que conocemos en occidente.
A pesar de que yo no me he especializado en esta disciplina médica,
que por otra parte es muy compleja, he podido acceder a algunas de
sus técnicas más sencillas de desbloqueos articulares,
de gran efectividad.
Tuve el honor de conocer a un veterano Maestro de origen chino, de
esta especialidad. Cuando le conocí, él tenía
87 años, y una energía y fuerza que a todos los que
presenciamos sus trabajos, nos tenía con la boca abierta.
De hecho, una de las demostraciones que hizo en un Congreso de Medicina
Oriental en Barcelona, fue espectacular.
Un joven de unos 20 años se presentó voluntario a petición
del Maestro.
Este joven tenía una escoliosis muy pronunciada, que se veía
a simple vista. El Maestro le hizo tumbarse de forma lateral en una
camilla. Mediante unas manipulaciones firmes, seguras y rápidas,
manipulándolo de un costado y de otro. En ambos casos no estuvo
más de tres minutos en cada lado.
Terminadas las manipulaciones, le indicó que se incorporase,
y ante la sorpresa de todos los asistentes, la escoliosis había
desaparecido por completo.
Nos explicó que para poder conseguir que esta escoliosis desapareciera
por completo, de forma definitiva, se necesitarían entre 5
a 8 sesiones más.
• El tercer pilar es la acupuntura. Este
pilar es el pilar más conocido en occidente; se trata de la
punción de agujas ya sean de piedra, de bambú, o metálicas,
en los puntos seleccionados de los meridianos.
Las bases en las que esta técnica se sustenta, está
muy lejos de ser comprendida por médicos occidentales, y sorprende
de forma absoluta a día de hoy. Tal y como he podido ver, que
sigue siendo un misterio, hasta para los profesionales de la salud
más adelantados.
“Es muy difícil para nuestra prepotente mente occidental, entender
cómo hace más de 5.000 años, hubo gente que pudieran
descubrir la energía más sutil del ser humano, nuestra
parte electrónica”. “Yo lo he catalogado como la parte electrónica
de nuestro organismo puesto que actúa como tal”.
Considero que esta calificación coloca a esta técnica
milenaria, en el verdadero lugar que le corresponde, muy a pesar de
la soberbia y prepotencia de la ciencia oficial, que no quiere reconocer
logros tan extraordinarios como este. Mucho menos por hombres de hace
más de 5.000 años, que según se desprende de
sus legados, gozaban no solo de una inteligencia extraordinaria, sino
también de una sabiduría, incomprensible para nosotros,
hoy en día.
Tengo que añadir que, si se mira con los ojos abiertos para
buscar la verdad, y se comparan los meridianos y los puntos que en
ellos se encuentran, con los conductores de circuitos electrónicos
impresos actuales, se puede entender que
“los
puntos de acupuntura, actúan como bobinas reguladoras de estos
meridianos, y que a su vez tengan una potente acción sobre
todo el organismo, tal y como las bobinas, lo tienen sobre un circuito
electrónico”.
Estos resultados se consiguen siempre y cuando se trabaje sobre ellos,
previo a un diagnostico en base a la Medicina Oriental, no a la medicina
occidental, y con el conocimiento preciso, que se necesita para operar
los puntos adecuados, con eficacia. “Desgraciadamente esto no ocurre
con muchos supuestos profesionales, que desconocen la toma de pulsos,
y se guían de forma exclusiva por las sintomatologías.
De esta forma insertan agujas en muchas ocasiones en puntos aleatorios,
con un débil o nulo efecto terapéutico”.

• El cuarto pilar es la farmacopea oriental. Es un compendio
extraordinario del ancestral conocimiento de las plantas.
Tienen en su haber el conocimiento, absolutamente exhaustivo, de más
de 6.000 plantas. Desde las raíces a las hojas, a los brotes,
a las flores, etc.
Conociendo a la perfección las cualidades adecuadas para cada
tratamiento, los mejores momentos del año para su recolección,
su forma de secado y/o procesado, y por supuesto de sus aplicaciones,
con precisas prescripciones, y posologías para todas las enfermedades
que se dan en el ser humano. En esta lista de enfermedades, no se
pueden incluir las enfermedades modernas, que el abuso de la química
ha desarrollado, además de otras generadas de forma artificial.
Hasta aquí, tenemos una ligera presentación de esta
milenaria medicina, tan mal entendida en occidente y tan perseguida,
debido a su enorme eficacia.
También hay que dejar claro que, al no estar regulados sus
estudios en muchos países occidentales, el intrusismo ha campado
a sus anchas.
El verdadero motivo de que no estén regulados oficialmente
estos estudios, son los intereses económicos de la Medicina
Occidental, que se ven en peligro, ya que la Medicina Oriental, busca
la salud y esto choca frontalmente con la medicina oficial occidental.“Por
esta razón la medicina oriental está perseguida”.
Esta situación de irregularidad, ha dado lugar, a su vez, a
la intromisión de supuestos profesionales de estas materias,
en los que se incluyen también a médicos titulados universitarios
que, sin la menor ética personal y profesional, se han lanzado
con pocos o ningún estudio, a las prácticas de la acupuntura,
solamente con unos someros conocimientos, obtenidos en un par de fines
de semana. Su titulación les autoriza para hacer cualquier
tratamiento, en muchos casos con pocos o ningún conocimiento
sobre esta medicina.
Estos “mal llamados” profesionales, algunos con mucha
fama, son un verdadero peligro dentro de la sanidad occidental. Esta
gente se lanza al mercado, con una total incompetencia, pero con mucho
márquetin. Tales personajes, sin escrúpulos de ningún
tipo, son los que dan mala fama, no solo a las terapias naturales,
también a la medicina oficial, ya que se encuentran por todas
partes.
Finalmente tengo que concluir diciendo que, cuando una industria para
poder existir tiene que destruir a sus competidores, mediante todos
los medios posibles a su alcance, en vez de coexistir aportando sus
bondades y beneficios, en una competencia leal, se convierte en una
industria mortífera, y en el caso de la medicina occidental,
parte de su actividad, está demostrando que lo es por desgracia,
en muchos aspectos.
En el siguiente capítulo trataré de exponer una nueva
técnica médica, de absoluto interés por su efectividad
y ante todo por no tener ningún efecto secundario. Esta técnica
elimina baterías, virus y hongos, mediante campos magnéticos
aplicados en lugares específicos, asociados a los meridianos
de acupuntura.
A esta técnica se le ha denominado BioResonancia magnética,
y actúa sobre la energía eléctrica electrónica,
de nuestro organismo, de una forma muy eficaz. Todo esto demostrado
sobre cientos de miles de personas.
Javier
Antolínez
Febrero de 2026