LA
OCTAVA ESFERA, EL CENTRO DE CONTROL ACTUAL DE LA HUMANIDAD
(Origen de las Claves de la Distopía mundial actual)
La
Escuela de Frankfurt
Javier
Antolínez

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La
Escuela de Frankfurt, y cómo seis hombres cambiaron occidente
para siempre.
Frankfurt año 1923, seis intelectuales marxistas se reunieron
en un instituto recién fundado y financiado con el dinero de
un comunista multimillonario.
Su objetivo se centró en saber por qué causa la revolución
comunista proletaria fracasó en occidente, y en diseñar
una estrategia alternativa para lograr refundar esa revolución
en el mundo occidental.
El resultado fue que, un siglo después, sus ideas dominan todas
las universidades del mundo occidental, controlan el lenguaje de los
medios de comunicación, dictan las políticas culturales
de gobiernos enteros, y, quizás lo más importante, determinan
qué se puede decir sin ser cancelado y anulado socialmente.
Un trabajo, impecable, que sufrimos a nivel mundial.
¿Cómo consiguieron dominar y manejar la situación
cultural y, ya en la actualidad, la situación política
y económica, involucrando a todos los sectores sociales de
occidente?
Lo más sorprendente es que lo han conseguido sin la menor violencia,
en silencio, sin que aparentemente nadie se enterase, hasta que todo
ha salido a la luz, cuando la distopía sembrada pacientemente
ha desplazado a la vida tradicional de occidente.
Las claves fueron: no tomar el poder político, utilizando algo
más efectivo, capturaron la cultura, haciéndolo con
una estrategia sumamente precisa, que hoy se puede rastrear paso a
paso, nombre por nombre, y texto por texto.
Ahora podemos conocer los nombres de los seis pensadores de la escuela
de Frankfurt, que cambiaron todo occidente para siempre, y vamos a
poder entender qué ideas específicas aportó cada
uno de ellos; vamos a ver cómo se infiltraron en universidades,
capturaron la cultura y crearon la política woke que enfrentamos
hoy en día.
Al terminar de leer este apartado, difícilmente se va a poder
descartar el marxismo cultural como una teoría de la conspiración,
porque voy a plasmar nombres, fechas, publicaciones de textos que
son irrefutables, instituciones que colaboraron con ellos, y todo
un mapa esclarecedor de cómo se ha introducido en nuestras
vidas un comunismo recalcitrante, una religión maligna que
busca la aniquilación del ser humano individual, espiritual
y siembra el odio, el miedo, la separatividad y los permanentes enfrentamientos,
a ser posible violentos.
Esto no es una teoría de conspiración, es teoría
materializada y muy bien documentada.
Scruton lo vio venir hace más de sesenta años, cuando
nadie más lo veía, pero para entender que pasó,
se necesita el contexto histórico, que parte de 1917 cuando
la revolución Bolchevique triunfó en Rusia, y Lenin
tomó el poder.
Las teorías de Marx parecían tomar cuerpo y
se veían como una victoria. Teorías muy bien financiadas
por D. Rockefeller, en 1914 en Anchorage, Alaska, entregando a Trotski
10 millones de dólares de aquella época, para financiar
la revolución Bolchevique. Sin esta financiación, aquellas
teorías jamás hubieran tomado cuerpo, y ninguna revolución
hubiera sido posible.
A partir de ello, “la clase trabajadora se reveló contra sus
opresores capitalistas”, y a partir de ahí, se construyó
el mal llamado socialismo, ya que en realidad se construyó
un comunismo, que igualaba a todos por la miseria menos a sus dirigentes,
que desde sus inicios se construyeron su propia cúpula de poder
totalitario, al mismo tiempo que un enriquecimiento personal, total.
Desde 1918 a 1923 las revoluciones marxistas fracasaron en Alemania,
Francia, Italia, Reino Unido, donde la clase trabajadora occidental
no se reveló, de hecho la inmensa mayoría la rechazaba.
Los partidos comunistas europeos eran minúsculos. El capitalismo
no solo sobrevivía, sino que prosperaba y lo hacía con
fuerza, conformando una clase media, creciente y poderosa.
|
Ante
esta situación estos seis hombres se plantearon las siguientes
preguntas:
Si Marx tiene razón, si el capitalismo realmente
oprime al proletariado;
¿Por qué la clase trabajadora occidental no lo
defiende?
¿Por qué los obreros alemanes no se revelaron?
¿Por qué los trabajadores franceses votaron por
partidos burgueses?
|
Estas preguntas les consumió. Después de pensar y debatir
largamente, encontraron una respuesta, que lo cambiaría todo.
1923 en Frankfurt, Félix Bale, hijo de un multimillonario exportador
de granos fundó el Institut Fur Social Forsum, el Instituto
para la Investigación Social. Este nombre suena académico,
suena realmente inocente, pero su objetivo era, de forma explícita
y exclusiva, marxista.
El objetivo era entender por qué motivo la revolución
comunista fracasó en Occidente, y diseñar una nueva
estrategia para conseguir reinstalarla en Occidente.
El primer director del Instituto, fue Carl Gromberg, marxista ortodoxo,
pero los verdaderos arquitectos de la estrategia que cambiaría
occidente, fueron seis, Max Horheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse,
Erich From, Wilhelm Reich y Walter Benjamín.
Seis nombres muy importantes que tendríamos que tener muy presentes
e incluso memorizar, porque cada uno aportó una pieza especifica
al arsenal ideológico que hoy domina muchas universidades,
por no decir todas. También domina los medios de comunicación
y la política cultural de todos los partidos políticos.
El siguiente director fue Horheimer, que la asumió en 1930
y bajo su liderazgo el Instituto, tomó una dirección
completa y radicalmente nueva.
Dejaron
de enfocarse en la economía marxista pura, dejaron de hablar
de proletariado y burguesía. En su lugar hicieron algo que
Lenin jamás hubiera podido ni imaginar, fusionaron Marx con
Freud, combinando crítica económica con psicoanálisis,
y llegaron a una conclusión revolucionaria.
|
La respuesta a su pregunta fatal era esta:
“El capitalismo no solo explota a la clase trabajadora,
la domina culturalmente, la familia tradicional, la moral sexual,
la religión, la educación, el arte”. “Todas estas instituciones
culturales funcionan como mecanismos de dominación psicológica
que hacen que el trabajador acepte su explotación como algo
natural”.
|
Aquí está el giro que cambió todo, éste
es el punto de aplicación de una palanca, que, debidamente
accionada, nos ha llevado a la situación de distopía
en la que actualmente vivimos.
Esto les llevó a la siguiente conclusión:
“Si el problema es cultural, la solución también
tiene que ser cultural, no se necesita una revolución económica
violenta, se necesita una revolución cultural gradualmente
aplicada, de forma estratégica y con paciencia. No se necesita
tomar el poder político, se necesita capturar las instituciones
culturales, como universidades, medios de comunicación, arte,
educación, en todos sus niveles, y desde ahí transformar
la conciencia de occidente”.
Antonio Gramsy, marxista italiano encarcelado por Mussolini, lo había
visto primero, llamándole a este movimiento “Hegemonía
Cultural”.
La Escuela de Frankfurt, convirtió la intuición de Gramsy
en estrategia operativa. Pero todavía tenían un problema.
En 1933 Hitler tomó el poder y el Instituto tuvo que cerrar,
ya que los seis eran judíos marxistas, por lo que no tenían
ningún futuro en la Alemania Nazi.
Entonces hicieron algo que determinaría todo lo que vino después,
se exiliaron a los Estados Unidos y ahí es donde la estrategia
se volvió quirúrgica.
Vamos a examinar lo que pasó en aquel exilio crucial.
En 1934 el Institut fur Social Forsun se reabre en Nueva York afiliado
a la Columbia University, en el mismo corazón del capitalismo
occidental.
La ironía es perfecta y ahora en el exilio, Horheimer y Adorno
refinaron su arma más poderosa, “La Teoría Crítica”.
“Esta teoría estaba diseñada para criticar cada aspecto
de la sociedad occidental sin ofrecer ninguna alternativa constructiva,
se trataba de criticar para destruir. No proponer soluciones, solo
señalar opresión, dominación, injusticia, ya
fueran reales o imaginadas”.
“En cada Institución, cada norma, cada tradición es
atacada sin dar opción al dialogo, solo dominaba la crítica,
y así lo siguen haciendo, como método de descalificación
de todo y de todos que se oponen a sus doctrinas totalitarias”.
“Scruton lo vio con claridad meridiana. La teoría crítica
no es filosofía, es destrucción disfrazada de análisis”.
En 1944 Horheimer y Adorno publicaron “Dialéctica de la ilustración”.
Este libro fue la piedra angular de lo que vino después. Su
argumento central era;
“La Ilustración, la razón, la ciencia, el progreso no
liberó a la humanidad, la esclavizó. La razón
occidental es en realidad una forma sofisticada de dominio”.
Estos refugiados del nazismo, salvados por la civilización
occidental, escriben un libro argumentando que la razón occidental
es totalitaria. La ironía con la carga de tragedia que lleva,
es absolutamente insoportable. Huyeron del totalitarismo real y dedicaron
sus vidas a crear la ideología que destruiría la libertad
occidental para siempre, y desde dentro.
¿Puede haber mayor traición a quienes te acogen y dan
amparo?
¿Puede haber mayor miseria humana, ante tal disparate de dimensiones
actualmente planetarias?
Esto solo es entendible, desde un punto de vista de verdaderos enemigos
de la Humanidad, de seres abyectos, fundamentados en una religión
maligna recalcitrante.
Se
pueden revestir con los ropajes dialécticos más lujosos,
pero los hechos son aplastantes. Pero Horheimer y Adorno son solo
dos piezas, cada uno de los seis aportó algo específico.
Herbert Marcuse el más influyente de los seis, en 1955 publicó
“Eros y Civilización”, así
fusionó a Marx y a Freud de forma letal. Su argumento fue:
“La represión sexual es la base del capitalismo,
la familia tradicional, la moral sexual cristiana, la monogamia, todo
esto existe para reprimir los instintos naturales del ser humano y
convertirlo en trabajador productivo obediente”.

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Su solución fue: “La liberación sexual total, destruir
la familia, normalizar toda expresión sexual, solo así
el ser humano puede liberarse del capitalismo”.
Aprovecharon de forma muy inteligente la situación del momento,
la clara represión sexual ejercida por las iglesias Católica
y Protestante, que, durante largas épocas, ejercieron un férreo
control sobre la sexualidad de sus fieles. Con el tiempo aquellos
extremos, de una forma u otra, habrían saltado por los aires,
pero lo hicieron ellos, dinamitándolos, llevando la situación
a unos extremos que, sin duda, han hecho todavía muchísimo
más daño. Sacando por completo la sexualidad de unos
cauces naturales y llevándola a extremos, de unas patologías
psicóticas extremas, que ahora estamos sufriendo. A día
de hoy, estas proclamas suenan bastante familiares, al menos deberían
de sonar familiares ya que han invadido la sociedad occidental y,
además, han colonizado las conciencias de una gran parte de
la sociedad.
“Todo el movimiento de liberación sexual de los
años 60, toda la ideología de género actual,
todo el ataque a la familia tradicional viene directamente de Marcuse”.
Eric
From, en “Psicoanálisis marxista aplicado”, argumenta que el
capitalismo genera carácter social autoritario, enclavándolo
dentro de un concepto muy actual y manido, “la personalidad fascista.
Cualquiera que defienda autoridad, jerarquía, tradición,
es potencialmente fascista”.
Mediante esta idea justifica el ataque permanente a toda estructura
social tradicional.
Aquí podemos ver cómo manipulan y tergiversan el lenguaje,
cuando hablan de fascismo, “siendo el fascismo un Nacional Socialismo”.
En este caso cambian el signo político, para enclavarlo falsamente
dentro del capitalismo, o de unas ideologías de derechas que,
para ellos, es el lado político opuesto.
Podemos ver, con meridiana claridad, cómo dirigen todo a la
polarización y enfrentamiento social. Son proclamas muy elementales
basadas en el divide y vencerás, dirigidas de forma primordial
a mentes sin formación inicial y fácilmente manipulables.
Aquellos intelectuales que, con mentes supuestamente estructuradas,
siguieron estas proclamas, sin la menor duda lo hicieron por claros
y evidentes intereses económicos; incluso en algunos casos,
por motivos ideológicos de un trasfondo oculto y no por un
convencimiento doctrinario, que las masas muy bien adoctrinadas siguieron.
Pero los promotores de esta religión maligna, a la que encubrieron
como movimientos sociales progresistas, no eran precisamente personajes
de mentes débiles, sino personajes muy inteligentes que llevaron
su capacidad mental a tales extremos que les sacaron de los límites
del uso correcto de la mente.
El Maestro Tibetano, en Tratado sobre Fuego Cósmico,
describe este hecho de forma sintética y magistral, denominando
a este extremo mental “la entrada en la octava esfera”, de la que
ya he hablado en algunos artículos.
La entrada en la Octava Esfera, lleva al individuo a aproximarse
a la frontera entre el bien y el mal, y, si persiste en ello, entrará
definitivamente en el resbaladizo mundo del mal, del que es muy difícil
volver.
Sin el menor lugar a dudas, estos seis alemanes, de origen judío,
pertenecían como discípulos avanzados a la hermandad
de los hermanos de la faz obscura. Sus hechos y publicaciones lo demuestran
sobradamente, muy a pesar de que supieron salvaguardar celosamente
sus fuentes de información ocultas, y su verdadera filiación
a esta hermandad.
Supieron ocultar sus conexiones con la masonería
maligna, y con la doctrina del comunismo, que es hija de una religión
maligna, o el culto a entidades involutivas. Lo hicieron mediante
la manipulación, la mentira, pero muy bien argumentada y encubierta
por un falso progreso.
Así que sus políticas destructivas responden a la implantación
de una religión que no admite la menor competencia, como no
lo admite el comunismo, de donde surgen todas estas teorías
involutivas.
Bilhelm Reich, el más radical sexualmente.
“Argumenta que el orgasmo es revolucionario, que la represión
sexual causa fascismo, que la familia monógama es la célula
del estado fascista”.
Suena absurdo a día de hoy, pero fue increíblemente
influyente en la contracultura de los años 60.

Walter
Benjamín, en “Marxismo estético”, argumenta:
“Que el arte tradicional, el aura de la obra única, es elitista
y debe destruirse. El arte debe de ser reproducción masiva,
política y activista”.
De aquí viene todo el arte contemporáneo basura, que
vemos hoy en día y que se guarda celosamente en museos de arte
contemporáneo, a los que se les da una gran importancia y relevancia.
Ante este planteamiento, hay que dejar claro que el verdadero progreso,
la evolución positiva, siempre tiende a un perfeccionamiento
de la belleza, no lucha contra la fealdad, deja que se extinga por
sí sola, en un continuo y firme perfeccionamiento y embellecimiento
de TODO.
Por esta razón, aquí queda muy claro cómo la
doctrina comunista, que estos siniestros personajes desarrollaron,
es profundamente antievolutiva y destructiva, pudiéndola encuadrar,
sin la menor duda, en las doctrinas masónicas malignas.
Aquí está la jugada maestra, no atacaron
el capitalismo directamente.
En los años 50 el capitalismo occidental funcionaba, generando
una prosperidad masiva, una clase media creciente y culta.
El marxismo económico era insostenible, siempre lo fue, lo
sigue siendo, de ahí el fracaso del comunismo soviético,
chino, coreano, venezolano, etc.
No podemos dejar de lado el comunismo instalado en Cuba, que ha arrasado
la vida de una isla viva y vibrante, que durante varios siglos fue
“La Perla del Caribe”.
Por todo este historial de fracasos, genocidios, persecuciones ideológicas,
etc., tuvieron que dar un giro radical a sus proclamas, dejaron la
economía intacta, atacaron la cultura, la familia, la moral
sexual, la religión, el patriotismo, la alta cultura, incluso
la razón misma.

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Roger Scruton lo identificó en 1975, en “Thinkers of
the New Left”.
No querían mejorar occidente, querían destruir
las estructuras que lo sostenían desde adentro. Lo hicieron
mediante argumentos totalmente deshonestos, con una crítica
permanente que nunca ofrecía y sigue sin ofrecer ninguna alternativa.
Todo esto, a pesar de no permitir el dialogo, sorpresivamente, seguía
siendo académico, una paradoja difícil de entender,
para cualquiera que piense en términos de lógica y de
cultura.
Por otra parte, no podemos olvidar que ”Muchos pasan por la universidad,
pero en muy pocos la universidad pasa por ellos”. Si a esto le sumamos
la contaminación ideológica que estamos detallando,
nos encontramos con el atraso cultural en el que estamos sumidos actualmente
a nivel mundial.
Libros densos, llenos de contradicciones, “leídos por supuestos
intelectuales”, los llegaron a convertir en movimiento de masas, “utilizando
a la Universidad como Caballo de Troya”, en la postguerra.
¿Se puede pedir algo más? Quienes huyen
del totalitarismo Nazi, y son acogidos en una sociedad de libertades,
ya no solo muerden la mano del que les da de comer, sino que se dedican
a destruir el hogar de los que les acogen, y lo hacen a conciencia
y con perseverancia.
Como continuidad a esta traición, hoy tenemos a una falsa religión
que busca una expansión mediante los mismos términos
que lo hizo el comunismo inicial, repitiendo las mismas consignas
del comunismo, como son la intolerancia a toda forma de vida que no
sea la suya, la violencia extrema y todo ello encubierto por unas
leyes falsas que dicen ser impuestas por Dios mismo.
Cualquiera que haya leído, con mente abierta y neutral, textos
sagrados, no solo occidentales, también orientales, y no se
haya dejado llevar por interpretaciones torticeras de terceros, puede
ver cómo todo esto responde a una clara manipulación,
del mismo origen que el comunismo y las teorías desarrolladas
por estos seis alemanes de origen judío.
Sin la menor duda, su origen está radicado en el
Mal Planetario de forma profunda, muy inteligentemente, bien expandido
a nivel planetario.
La inmensa mayoría de la humanidad todavía adolece de
un criterio bien formado, como para enfrentarse a todos estos movimientos,
por lo que lo más sencillo es seguir la corriente que impera
en el momento, sin plantearse una crítica constructiva que
desbroce la maraña de mentiras muy inteligentemente vertidas,
a todos los niveles sociales, para poder llegar a conclusiones lógicas
y mucho más próximas a la verdad.
Horheimer y Adorno, una vez acabada la guerra, regresaron a Alemania
y refundaron el instituto en Frankfurt, pero Marcuse se quedó
en los Estados Unidos y a partir de ese momento es cuando todo explota.
En los años 50 y 60, Marcuse enseñaba en Columbia, Harvard,
Brandis. En 1965 llegó a la University of California en San
Diego, pero su influencia real y más profunda la consiguió
en Berkley, donde Marcuse se convirtió en el gurú intelectual
de la nueva izquierda.
Los estudiantes radicales de los 60 ya no leían
a Marx, leían a Marcuse, lo llamaban el padre de la nueva izquierda,
y por muy buenas razones, puesto que Marcuse hizo algo estratégicamente
brillante.
“Les dice a los estudiantes radicales: “Olvídense del proletariado,
la clase trabajadora occidental es conservadora, patriótica,
religiosa. Por lo que no podemos esperar que hagan la revolución.
Necesitan nuevos sujetos revolucionarios, y los encontró. Minorías
raciales, estudiantes universitarios, feministas, es decir sembrar
una contracultura”… cualquier grupo que se pueda sentir alienado o
apartado de la sociedad burguesa tradicional.
Esta idea cambia todo, ya no se necesita convencer a obreros de que
son oprimidos, ya que la mayoría no lo siente así, en
su lugar crean entidades deprimidas nuevas, utilizan la raza, el género,
la sexualidad, y les enseñan a ver opresiones en cada aspecto
de la sociedad.
Esto ya nos empieza ser bastante familiar, puesto que es exactamente
la estrategia del woquismo actual.
Siembran la política de identidad, el victimismo como virtud,
siembran la idea de que todo es una opresión cultural y social.
Opression Olympics. Todas estas ideologías vienen de Marcuse.
En 1967 Rudy Duchke, líder estudiantil alemán y discípulo
de Marcuse, acuña la frase que define la estrategia, “Derlangue
Marsh Dursd Institutionen, la larga marcha por las instituciones”.
Lo que significa: ¡No tomen el Poder por la fuerza, infiltren
las Instituciones!
Primero en las universidades, luego medios de comunicación,
educación, cultura, por último, gobiernos.
Tenemos
que cambiar las instituciones desde adentro, formando a las próximas
generaciones de profesores, periodistas, artistas burócratas.
En dos o tres generaciones controlarán la cultura y la sociedad,
sin haber disparado un solo tiro. Esta estrategia funcionó
y lo hizo de forma tan perfecta, que hoy en día, ya podemos
ver que es aterradora.
En los años 50 y 60, los estudiantes, formados en teoría
crítica, se convierten en profesores, y esos profesores forman
a más estudiantes radicales, y esos estudiantes se convierten
en profesores, periodistas, activistas políticos, reforzándose
el ciclo con enorme dinamismo.
En 1968 se produce la primera explosión social, en Paris, Berkley,
Berlín, Londres, con revueltas estudiantiles simultaneas, pero
no son espontáneas, son el resultado de 20 años de adoctrinamiento
en teoría critica.
Scruton, estaba ahí observando todos los movimientos. En esa
época enseñaba en Cambridge durante mayo del 68, viendo
a sus colegas académicos apoyando la destrucción, y
entonces entendió que algo profundamente obscuro estaba pasando.
Años después escribió;
“Vi
a profesores, personas educadas y racionales, aplaudiendo
la violencia estudiantil, porque creían que era liberación,
y ahí entendí que la universidad ya no era un lugar
de conocimiento, era un campo de adoctrinamiento”.
Aunque
la infiltración de las universidades solo es la mitad de la
historia, porque en los años 60 las ideas de Frankfurt escapan
de la academia y explotan en la cultura de masas.

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Vamos a ver ahora cómo esa explosión trasformó
cada aspecto de la sociedad occidental.
En 1964 Marcuse publicó “El hombre unidimensional”, convirtiéndose
este libro en la Biblia de la nueva izquierda. Su argumento central
era “la sociedad capitalista moderna es totalitarismo suave, no necesita
campos de concentración, porque te controla con consumo, entretenimiento,
y comodidad, eres un esclavo que cree ser libre y la única
solución es destruir el sistema completamente”.
Aquí vemos de dónde surge el problema, Marcuse, que
fue un refugiado del Nazismo real y vivió bajo un totalitarismo
autentico, lo equipara al capitalismo democrático occidental,
que ha sido la sociedad más libre de la historia humana, y
lo hace comparándolo con una dictadura.
Scruton lo vio, vio cómo se destruían las bases de los
valores occidentales, y sin poder hacer nada, ya que lo apartaron,
lo anularon culturalmente y personalmente.
Marcuse enseñó, a toda una generación, que la
libertad occidental era esclavitud disfrazada y esa generación
le creyó.

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En 1968 comienzan revueltas estudiantiles, siendo Marcuse
el héroe intelectual. Sus lemas “haz el amor y no la guerra”,
“lo personal es político, la imaginación al poder”.
Todos reflejan las ideas de Frankfurt.
Los estudiantes no leen la didáctica de la ilustración
completa, pero absorben sus conclusiones. “Occidente es opresivo,
la familia es represión, la moral tradicional es dominación,
la única libertad es la destrucción de las normas”.
Aquí es donde las ideas de Frankfurt se fusionan con otros
movimientos.

El feminismo, de segunda ola, adopta la teoría crítica
completa. Betty Fridan, Kate Miller, Schulamid Firestone. “Todas ellas
argumentan que la familia tradicional, es una institución de
opresión patriarcal que debe destruirse, no reformarse, destruirse”.
Marcuse les da el arco de expresión teórico. “La familia
es la célula del fascismo capitalista”.
Richik les da la retórica sexual. “La monogamia es represión”.
From les da el lenguaje psicológico. “La maternidad es construcción
social que causa neurosis”.
A resultas de todas estas teorías, se produce en los años
60 “la liberación sexual”, que normaliza todo lo que Marcuse
y Richik propusieron.
Entre estas propuestas nos encontramos, algunas que nos sonaran de
forma muy especial.
“Divorcio sin culpa, aborto libre, pornografía legalizada,
normalización del sexo casual”. Cada una de estas propuestas
fue justificada con argumentos derivados de Frankfurt.
Antipsiquiatría, RD. Ling argumenta que; “la enfermedad mental
es una construcción social, que la familia causa esquizofrenia,
que los locos son los cuerdos de una sociedad enferma”. Esto suena
a Foucault, pero las raíces están en Frankfurt.
Arte contemporáneo: Benjamín predijo y justificó
la muerte del arte tradicional, Adorno argumentó, que después
de Auschwitz, la alta cultura era obscena.
El resultado fue: el arte contemporáneo como crítica
política, la fealdad como virtud, la provocación como
único criterio estético, y es aquí donde se encuentra
el punto crucial. En dos décadas de 1960 a 1980, las ideas
de seis hombres alemanes emigrados, transformaron completamente la
cultura occidental.
La universidad capturada, los departamentos de humanidades dominados
por teoría critica.
Los medios simpatizan. El periodismo objetivo es reemplazado por periodismo
comprometido con justicia social.
La familia se encuentra bajo ataque permanente, el resultado es que
las tasas de divorcio se disparan de forma exponencial. La natalidad
colapsa, puesto que la estructura familiar tradicional es vista como
opresiva. La moral sexual destruida, todo vale, cualquier límite
se considera represión.
En el Arte, la belleza se considera sospechosa, mientras que la fealdad
se considera honesta. El arte clásico es elitista. El Patriotismo
se considera vergonzoso, amar al país de uno, se considera
nacionalismo peligroso. La Religión se considera una opresión
supersticiosa que debe superarse.
Roger Scruton observó todo esto en tiempo real y en 1980 escribió:
“En una generación destruyeron el consenso moral de 2.000 años
y lo hicieron, no con argumentos superiores, sino con crítica
incesante que nunca ofrece alternativa alguna”.
Pero la historia no termina ahí, porque lo que pasó
en los 80 y 90 fue aún más devastador. Lo que vemos
aquí es el mapa general, la estrategia desde arriba, la cronología
histórica que conecta Frankfurt con el woquismo actual.
Pero si realmente queremos entender cómo funciona la teoría
crítica en detalle, cómo cada argumento actual está
construido sobre estas ideas, y sobre todo cómo refutar cada
uno, con precisión quirúrgica en conversaciones reales,
tenemos un recurso complementario que profundiza precisamente en esto.
Desbroza las falacias lógicas, expone las contradicciones internas,
te da los argumentos que se necesitan listos para usar, está
en la descripción, pero sigamos porque ahora viene la mutación
final que creó el woquismo.
Años
80 y 90. La escuela de Frankfurt original muere.
Adorno
murió en 1969, Horheimer en 1973, Marcuse en 1979, pero sus
ideas no mueren, mutan, y es a partir de aquí cuando se hacen
letales, porque la teoría crítica se fusiona con el
postmodernismo francés.
Foucault más Derrida, más Liotart, toman las ideas de
Frankfurt y las radicalizan.
Foucault dice; “Todo conocimiento es poder”.
Derrida dice; “Todo significado es inestable”.
Liotart; “Todas las narrativas son opresivas”.
Si combinamos Frankfurt con postmodernismo, obtenemos un cóctel
ideológico letal.
Frankfurt dice; “la sociedad occidental es estructuralmente opresiva”.
Foucault dice; “todo conocimiento es construcción de poder”.
Derrida dice; “toda categoría puede reconstruirse”.
El resultado de estas afirmaciones, los lleva a la conclusión
de que no hay verdad, de que no hay naturaleza humana, de que no hay
realidad objetiva, todo es construcción social, que debe destruirse
si oprime a alguien.
En los años 90 esta mezcla tóxica genera nuevas ideologías.
En Critical Race Theory, Derck Bell, Kimberly y Krenso, exponen que
toda la Sociedad estadounidense está estructurada para oprimir
a las minorías raciales.
La única solución es discriminación inversa permanente
y construcción de whiteness.
Estudios de género: Judith Butler; “manifiesta que el género
es construcción social performativa. El sexo biológico
es construcción social, no hay hombre o mujer natural, solo
papeles impuestos por el poder”.
En estudios postcoloniales de Edward Said, dice que; “toda la cultura
occidental es imperialismo disfrazado, cualquier interés en
otras culturas es apropiación, occidente debe avergonzarse
permanentemente de su historia”.
Curiosamente y de forma concreta, se hace referencia a la historia
de España que, con sus luces y sombras, fue un Imperio creador,
no colonizador, sin embargo nunca se habla en los foros ni políticos,
ni culturales, ni sociales, ni internacionales, del imperialismo genocida
de Inglaterra,
Aquí vamos viendo el patrón de cada una de estas ideologías,
que toman la estructura básica de Frankfurt:
Identificar opresión, criticar sin construir, destruir normas
tradicionales y aplicarlo a identidades específicas; todas
las ideas están ahí, todo es poder.
Volvemos a Marcuse y Foucault, que decían que; “la familia
es opresión”.
Reich y Marcuse también decían que; “la razón
es dominación”.
Horheimer y Adorno, también decían que; “occidente es
culpable”.
Toda la escuela de Frankfurt afirmaba que; “las categorías
son construcciones”.
Frankfurt más Derrida afirmaban que: “las víctimas tienen
autoridad moral absoluta”.
Pero esta afirmación no se aplica a las víctimas del
terrorismo, en según qué sitios. Porque el terrorismo
surge de todas estas ideologías psicóticas.
Marcuse genera nuevos sujetos revolucionarios. El woquismo no es nuevo,
es teoría crítica distribuida masivamente por redes
sociales, es la estrategia de Frankfurt ejecutada con tecnología
del siglo XXI y funcionó exactamente como ellos planearon.
Actualmente en las universidades el 70 al 80 por ciento de profesores
son de izquierda progresista, la Teoría Crítica domina
las humanidades completamente, corporaciones, diversidad, equidad,
inclusión. El lenguaje puro de Frankfurt aplicado a empresas,
a gobiernos, a políticas de identidad, a cuotas, a discriminación
inversa. Todas justificadas con argumentos derivados de la teoría
crítica, en medios, periodismo activista y mediante supuestas
objetividades, como privilegio blanco. Según ellos, todo debe
verse a través de una lente de opresión, en la cultura
se establece la cancelación que defienda valores tradicionales.
Control del lenguaje mediante el lenguaje inclusivo, y relativismo
moral total.
Scruton vio cómo todo esto se desarrollaba y en 2019, meses
antes de morir escribió:
“La ironía final es que, refugiados del totalitarismo Nazi
crearon la ideología totalitaria más efectiva del XXI”.
“No necesitan campos de concentración, nos controlan con culpa,
con lenguaje, con la amenaza de exclusión social y esto es
mucho más efectivo que cualquier dictadura del siglo XX”. Scruton
tenía razón. Hagamos un recuento.
Frankfurt, 1923, seis hombres se preguntan por qué causa la
revolución marxista fracasó en occidente.
Nueva York, 1944, Horheimer y Adorno escribieron Dialéctica
de la ilustración, en la que manifestaban que la razón
occidental es dominación.
Berkley, en el año 60. Marcuse crea la nueva izquierda, enseña
política de identidad, lanzando la larga marcha por las instituciones.
En 1968, se produce la explosión cultural. Universidades capturadas,
contracultura, “mainstream”.
De 1980 a 2000, la teoría crítica, muta en CRT, estudios
de género, postcolonialismo.
De 2010 a 2025, el woquismo domina las universidades, corporaciones,
medios, cultura, etc.
100 años, seis hombres, una estrategia, muy bien organizada
para conseguir la transformación total de occidente y lo consiguieron.
Hay que volver a repetir los nombres: Max Horheimer, Teodor Adorno,
Herbert Marcuse, Eric From, Wilhelm Reich, Walter Benjamin.
Sus legados específicos, Horheimer y Adorno: “Teoría
critica como método de destrucción permanente.
Marcuse política de identidad, nuevos sujetos revolucionarios,
liberación sexual como arma.
Reich, destrucción de la familia tradicional, sexualización
como liberación.
From, psicología como arma política, personalidad autoritaria
como insulto.
Benjamín, muerte del arte tradicional, politización
de la estética.

Scruton dedicó cincuenta años a resistir prácticamente
en solitario todas estas aberraciones socioculturales, lo vio cuando
nadie más lo veía.
En 1985 Thinkers of the New Left, denunció a Frankfurt, lo
expuso claramente, cuando el simple hecho de citarlos, hacía
respetable al que les citaba y le daba un caché intelectual.
Su valentía nos ha hecho llegar a nuestros días, el
análisis de estas políticas malignas que, de otra forma,
hubiera sido totalmente imposible descubrir.
A Scruton, lo cancelaron, lo difamaron, lo excluyeron, pero nunca
se rindió, todo lo que predijo pasó. Murió en
enero del 2020. El New Statesman lo canceló meses antes, mediante
citas manipuladas y murió sabiendo que el establishment académico
que amó, lo había rechazado, pero también murió
sabiendo que su resistencia estaba justificada, que la batalla que
libró, era real, que no estaba loco. Ahora que conocemos la
historia, cuando alguien nos diga que el marxismo cultural es teoría
de la conspiración antisemita, podemos responder con precisión.
Aquí están los nombres de los que lo desarrollaron,
todos alemanes judios: Max Horheimer, Teodor Adorno, Herbert Marcuse,
Eric From, Wilhelm Reich, Walter Benjamin.

Aquí tenemos a las instituciones que albergaron esta locura,
Institute For Social Forsung, Columbia University, UC San Diego.
Aquí están los textos: Dialéctica de la Ilustración,
Eros y Civilización, El Hombre Unidimensional.
Aquí está la estrategia: Larga marcha por las instituciones,
captura cultural, destrucción de valores tradicionales. Aquí
están las consecuencias: Woquismo CRT, ideología de
género, todo el aparato de justicia social actual.
Todo esto no es una conspiración, es historia documentada.
Con este conocimiento, no estamos solos.
Scruton luchó en solitario antes que nosotros, y pagó
un precio muy alto por sus descubrimientos, y nos dejó el fundamento
para poder rebatir y combatir esta locura, mezcla entre la psicosis
y la esquizofrenia. La batalla cultural continúa ahora con
la historia real, documentada totalmente, irrefutable. A las nuevas
generaciones, les toca ahora sacudirse estas mentiras envenenadas,
que buscan el control total del ser humano y que han destruido una
sociedad que, con sus defectos y sus virtudes, nos habían traído
hasta nuestros días, con un cierto equilibrio en todos los
ámbitos sociales. Y con unos niveles de desarrollo muy aceptables.
No cabe duda de que tenemos en ciernes tiempos muy difíciles,
y que una gran parte de la sociedad desaparecerá, quedando
solo los que describen todas las profecías. Ellos serán
los que restablezcan un nuevo orden mundial, en base a la fraternidad
y la colaboración entre nosotros.
Septiembre
de 2026.
Javier Antolínez