El
poder del pensamiento a la luz de la Teosofía
Juan Ramón González Ortiz

Es un lugar muy común afirmar que el pensamiento posee una
fuerza poderosa y una energía muy particular. También
se afirma muy frecuentemente que la energía mental es aún
más fuerte y eficaz que cualquier otra energía corporal.
Todo esto lo hemos leído infinidad de veces. También
hemos oído cientos de veces la advertencia de los maestros:
un pensamiento, cualquier pensamiento, es un dardo dirigido a una
cierta diana. De nosotros depende la calidad de la diana, la calidad
del dardo y el éxito del lanzamiento, teniendo en cuenta que
todo pensamiento retorna a nosotros.
Gracias a Dios, las tres mayores cimas de la teosofía, Blavatsky,
Leadbeater y Annie Besant escribieron obras en las que no solo desentrañan
la mecánica del pensamiento, sino que también nos explican
todos los efectos derivados de una actividad, aparentemente, tan inocente
como pensar. Las obras de estos tres autores son insuperables: Formas
de pensamiento,escrito por Annie Besant y Leadbeater, que además
incluye unas extraordinarias láminas, La clave de la teosofía,
de Blavatsky, El hombre visible e invisible, El hombre y sus cuerpos,
El plano astral y el plano mental, y La vida interna, todos estos
de Leadbeater, constituyen unas obras necesarias para entender el
comportamiento de la sustancia mental, aliada a la del deseo.
Lo primero que tenemos que decir cuando hablamos del pensamiento es
que prácticamente todo pensamiento contiene una gran parte
de sustancia astral.
Efectivamente, existen pensamientos plenamente mentales, por ejemplo,
una demostración matemática, o científica, o
un tratado sobre lógica filosófica, etc. pero lo normal
es que en cuanto un pensamiento, incluso uno puramente mental, aparezca,
inmediatamente se ve teñido por el color, aunque sea pálido,
de las emociones mundanas, o del egoísmo, o de la soberbia,
o, al contrario, del amor universal, de la aspiración universal
y de la filantropía.
Cualquier pensamiento que generamos consciente o inconscientemente,
produce dos resultados:
• Una vibración,
• Una forma.
La vibración de ese pensamiento viene ya producida desde su
origen en el cuerpo mental del individuo que piensa, y viene a ser
algo así como una proyección o una irradiación
de muchas notas de color. La vibración propia de un pensamiento
reproducirá esa idéntica vibración, como un eco,
generando un pensamiento de tono semejante en el ser humano que lo
capte. Es decir, que el pensamiento no se agota en sí mismo,
sino que intenta producir otro, de una naturaleza similar a la suya
misma, ordenando la materia mental en el receptor.
Por ejemplo, si uncatólico está orando con mucho fervor
a sus formas y símbolos sagrados, la cascada de pensamientos
devocionales que genera actuará sobre la mente de un hindú
que esté en su cercanía desarrollando, o intentando
desarrollar, en él idéntico amor a sus divinidades.
Por supuesto el poder de ese pensamiento para producir una vibración
semejante en otro individuo depende de la fuerza y de la energía
con las que ha sido emitido.
También esi mportante saber si el medio en el que ese pensamiento
ha sido vertido está saturado por otras fuerzas. Por ejemplo,
en una gran ciudad hay tal actividad de ondas mentales de muy bajo
nivel, en pugna constante contra todas las demás, que cualquier
pensamiento, a no ser que sea extremadamente poderoso y firme, quedará
ahogado en medio de esa confusión. Haría falta multitud
de ondas mentales de muy alta vibración para superar y apagar
a estas otras.
La forma asociada al pensamiento es la segunda característica
de cualquier producto mental. La propia vibración de cada pensamiento
atrae hacia sí materia de ese mismo plano mental en el que
está palpitando ese pensamiento. Es decir, que la finura del
material con el que se construye la forma de ese pensamiento depende
de su propia índole.
Cada pensamiento, así pues, posee, al menos inicialmente, una
forma construida exclusivamente en materia de los planos mentales.
Si esa forma está hecha en materia de los niveles superiores,
poseerá una tremenda energía y podrá servir como
agente de curación o de revelación, si la persona que
lo ha generado posee la voluntad necesaria para dirigir esa forma
a su correcta diana.
Pero si un ser humano cualquiera está sometido al imperio de
las pasiones y de las emociones, y el objeto de ese pensamiento son
realidades externas, el cuerpo astral deslizará su energía
en esas formas mentales. Esta configuración es muy normal,
pues, la verdad, pocos son los pensamientos que están libres
de los deseos, o de los sentimientos de codicia, envidia o posesión.
Aeste tipo de mente se le llama “Kama Manas”, que se podría
traducir por “Deseo Pensamiento”. Entonces la forma que se genera
está animada por la fuerza del deseo, o de la pasión.
Estas formas mentales compuestas de pensamiento y deseo se llaman
“Elementales artificiales” y son importantísimas.
Sin lugar a dudas, estos elementales artificiales son verdaderas criaturas
vivientes, al menos durante un tiempo, y son capaces de desarrollar
una verdadera actividad en torno a la idea fundamental que les dio
vida. El impulso primero que los generó los dota de una directriz
inteligente y la sustancia del plano que sea, ya sea astral o mental,
los dota de cuerpo o vehículo.
Cuando una persona cualquiera piensa en algo, edifica en su mente
un objeto de contemplación, que puede ser un objeto de deseo,
o una escena de éxito, o un enemigo abatido, …
Al hacer esto, ya ha construido una imagen con materia mental. Esta
imagen permanentemente flota a la altura de sus ojos. Realmente, parece
como si esa persona contemplase su creación.
Según sea la fuerza de la ideación y la claridad con
la que fue construida, esa imagen pervivirá más o menos
tiempo. Exactamente igual pasa en el caso de quien continuamente está
pensando en alguien: construye ante sus ojos una pequeña imagen
de esa persona que atrae su pensamiento.Y un clarividente puede perfectamente
ver desplegada ante los ojos la imagen de esa persona y también
todas las otras figuras. En cuanto un elemental artificial choca con
otro cuerpo mental o astral, inmediatamente descarga su energía
en él.
Todas estas formas elementales tienen como notas distintivas:
• El color preponderante, que determina la cualidad del pensamiento
y del sentimiento que han generado ese elemental,
• la forma, que determina la naturaleza del pensamiento o del sentimiento,
• la nitidez o claridad, que determina la exactitud o precisión
del pensamiento o del sentimiento.
Que un elemental artificial perviva más o menos tiempo depende
de,
• la intensidad con la que fue concebido,
• del número de veces con las que posteriormente es pensado,
o evocado, recibiendo así más y más fuerza.
El color, por lo general, expresa la fuerza y la actividad de las
emociones. Cuanto más brillante sea el color tanto más
elevado serán los pensamientos.
La repetición refuerza siempre un elemental artificial. Evocar
frecuentemente un determinado pensamiento, alimenta y fortalece
su estructura y, además, atrae a otras formas mentales de similar
vibración, sumando todas el conjunto de su energía y
creando una gran y resistente forma.
Hemos de tener en cuenta que cualquier forma mental creada intenta
pervivir, para esto busca una y otra vez volver a su creador influyendo
en él para que este reviva el sentimiento o el pensamiento
que lo formó.
Exactamente igual, esta forma mental buscará la reacción
de todos aquellos con los que entre en contacto.
Las formas que adoptan los pensamientos se dividen en tres posibles
aspectos:
• formas relacionadas con el pensador,
• formas relacionadas con otras personas,
• formas que no son personales.
Cuando una persona piensa acerca de sí misma, acerca de su
pequeña y dramática vida, o cuando un sentimiento personal
atrae su pensamiento (estos dos tipos son el mayor número de
pensamientos que fabricamos al día), el pensamiento producido
permanecerá junto a su pensador. Si esa persona, en algún
momento del día permanece en actitud pasiva, ese pensamiento
inmediatamente se descargará en él, forzándole
a que retorne a ese mismo pensamiento o sentimiento. Por eso todos
los maestros han advertido contra la ociosidad como norma de vida.
Como ya hemos dicho, ese pensamiento atraerá hacía sí
a todos los pensamientos de ese mismo tipo que entren en las inmediaciones.
Al final, las energías de esos pensamientos sumadas generarán
una forma de gran tamaño y poder que reforzará
su existencia imponiéndose eficazmente a ese ser humano
hasta la obsesión.
La persona que así se ve sacudida, una y otra vez, cree que
está sufriendo el ataque de los demonios tentadores, y percibe
su flaqueza ante la sucesión de imágenes que se le
presentan sin descanso.
Habría que explicar a esa persona que no hay tales demonios.
Su debilidad y su flaqueza son los que han fomentado pensamientos
y formas mentales, entregándose a ellos sin medida.
Hermann Hesse, autor de Siddhartha, pasó grandes momentos esquiando
en los Alpes. Fotografía de G. G. G.
El poder de estas formas mentales es tan enorme que, literalmente,
uno ve la vida, la interpreta y la analiza a partir de la maraña
de estos elementales artificiales que nos cercan y que nosotros hemos
creado y engordado. Esa es la cárcel en la que moramos. Los
tonos de esos elementales colorean nuestra vida, y su determinación
es la que determina nuestra vida. Nosotros pensamos estas formas,
pero ellas acaban pensándonos a nosotros.
Así, finalmente, vemos al mundo con los ojos de nuestros pensamientos,
y somos pensados por esos mismos pensamientos.
Es decir, las formas mentales de una persona cualquiera influyen en
ella misma, retornando sin cesar, una y otra vez. Reproduciéndose
y buscando pervivir. Estas formas de pensamientos, estos
elementales son los que establecen las tendencias en el pensamiento
e incluso los determinados tipos de pensar que distinguen a cada ser
humano.
Los prejuicios, las ideas fijas y limitadoras, la intransigencia,
la falta de flexibilidad son obra siempre de estos elementales que
agarrotan la mente. Digamos que es imposible vivir con elevación
y altura si la mente propia no es mentalmente flexible y compresiva.
La mente cuando se endurece y se anquilosa, se transforma en una herramienta
destinada al dolor y al sufrimiento.
“El ser humano al nacer es blando y flexible,
Pero cuando muere se torna rígido y duro.
Las plantas al nacer son tiernas y flexibles,
pero cuando mueren quedan duras y secas.
Lo duro y lo rígido
pertenece a la muerte.
Lo flexible y blando
pertenece a la vida”.
Podemos decir,
en definitiva, que los prejuicios y las ideas fijas, o la rigidez
de mente son verdaderos vicios morales, pues impiden el crecimiento
interior y frenan la expansión de la conciencia propia. Cada
ser humano es un dios creador de su propio universo. Creamos sin término,
de nuestras propias sustancias, hijos y más hijos, que permanecen
en las inmediaciones de nuestros seres, orbitando en su periferia,
como planetas o satélites en el cielo.
Puesto que, como ya hemos dicho, estas formas de pensamiento,
animadas por deseos e impulsos, atraen a otras formas semejantes,
el ser humano va perdiendo capacidad de reaccionar libremente frente
al mundo exterior y aun de elegir, comportándose este siempre
en la dirección que le trazan estos elementales artificiales.
Los pensamientos y las emociones condicionan nuestras vidas, formando
lo que se llama el “carácter”.
Es más, si una persona en algún momento permanece con
la mente desocupada, esas ideas entrarán de súbito
en él, atrayendo la conciencia y la atención hacia el
propio elemental. La forma de pensamiento se adueña de la conciencia
y se fortalece particularmente, aumentando su radio de influencia
y por tanto su capacidad para influenciar a más personas.
Los maestros nos confiesan que cuando uno anda por la calle un verdadero
rastro de imágenes astrales y mentales o de elementales artificiales
viaja con nosotros. Cualquier clarividente puede contemplar esa sucesión
de pequeñas, o grandes, imágenes mentales. Esos pensamientos
instantáneamente se adherirán a cualquier persona que
pase a su vera y cuya vibración sea semejante.
Cuando una persona cualquiera dirige una determinada imagen mental,
o simplemente un pensamiento, hacia otra persona, puede haber dos
resultados:
• Si la persona tiene una vibración semejante a la del pensamiento
que le llega, esa forma se descargará inmediatamente, alimentando
así ese determinado rasgo en la mente de la persona que ha
establecido unidad simpática con el pensamiento aferente. Si
esa persona tiene la mente ocupada en cualquier otra actividad, la
forma de pensamiento que le llega del exterior aguardará
en las inmediaciones de la persona hasta que en un momento de pasividad
entre, y descargue su vibración.
• Si la persona en cuestión posee una materia mental totalmente
diferente, en vibración y calidad, a la del pensamiento que
le llega, la forma mental no puede penetrarla, ni siquiera afectarla.
Entonces esa forma rebota y retorna, con la misma energía con
la que ha sido lanzada, a quien la creó. Por ejemplo, las formas
pensamiento de la lujuria o de la codicia no pueden entrar en la mente
de una persona absolutamente inocente, que no ansía ningún
objeto material y que ha logrado apaciguar los deseos más
elementales.
Por eso los maestros nos dicen que la más impenetrable armadura
es un corazón purificado y una mente elevada.
“He oído decir que hay caminantes que viajan por el mundo
sin miedo a los rinocerontes o a los tigres.
Atraviesan por mitad un ejército sin esquivar las armas ni
los carros de combate.
En ellos, el rinoceronte no halla nada donde clavar su cuerno.
Ni el tigre donde hundir sus garras.
Y las armas no hallan nada que reciba un corte”.
Igual que se comportan las formas de pensamiento negativas, se comportan
también las positivas. Un pensamiento de gratitud, amor, servicio
y protección se descarga siempre, de inmediato o al cabo de
un tiempo. Estos pensamientos benéficos se comportan de manera
muy semejante al llamado Ángel de la guarda. Protegen a la
persona que los recibe de las formas de pensamiento malignas, de las
impurezas ambientales, de las amenazas ajenas e incluso de sus
propias malas tendencias.
Las oraciones, las incesantes oraciones hacia una persona, hacia
los hijos, por ejemplo, tejen una verdadera red de formas que los
clarividentes pueden ver fácilmente.
Cuando una persona piensa muchas veces, y con mucha nitidez, viéndose
a sí misma, en determinado lugar o residiendo en un lugar
que fervientemente desea, produce una forma idéntica a su persona
y también esa forma pueden verla los clarividentes, que, dependiendo
de su grado de maestría, pueden tomar esa forma de pensamiento
por el cuerpo astral o incluso físico de la persona en cuestión.
Las frecuentes apariciones en el instante de la muerte son también
fenómenos del pensamiento. El moribundo, antes de romper
sus amarras, siente el intensísimo deseo de despedirse de
alguien muy querido y produce una forma de pensamiento que se manifiesta
ante la persona querida, momentos antes de la muerte.
Los fantasmas también pueden ser formas de pensamiento. En
los lugares en los que el dolor, el crimen, la tortura y el abuso
han prevalecido, abundan las formas mentales proyectadas tanto por
los supervivientes como por los criminales o torturadores. Los criminales
y los malvados reviven continuamente sus delitos, incluso cuando
están en sueños. Y esto aún es más intenso
cuando estas personas mueren pues entonces no hay descanso ni escapatoria
ni distracción posibles, y su pensamiento está focalizado
todo el tiempo en sus crímenes.
Estos pensamientos son especialmente intensos y angustiantes
a medida que se aproxima el aniversario del delito, y a medida que
este se acerca la forma mental es cada vez más y más
fuerte y nítida. Puede suceder que, llegado el día del
crimen, esa forma se materialice o que origine fenómenos que
pueden ser captados por muchos otros.
Lo mismo puede pasar con cualquier forma de pensamiento, cargada poderosamente
de energía, tal como una bendición o una maldición:
puede descargarse en determinada fecha, coincidiendo con determinado
aniversario.
Un elemental artificial, intensa y fuertemente cargado de amor o de
odio, se dirigirá siempre a su objetivo, con independencia
de la vida de su creador.
Arrepentirse de haber creado a esta entidad elemental no vale
de nada, de la misma manera que uno no puede detener una flecha una
vez ha salido del arco. La única solución es anular
esta forma con pensamientos de signo contrario, y que también
estén cargados poderosamente de energía mental y astral.
A veces, una potente forma maligna, que, por los motivos que sean,
no puede llegar a descargarse y tampoco puede retornar a su creador,
se transforma en una especie de entidad errante, la cual se sentirá
atraída inmediatamente por cualquier persona que albergue sentimientos
semejantes a los de su esencia. Incluso, estas formas, pueden introducirse
en restos astrales, ya desvitalizados y en trance de disolución,
y presentarse en ceremonias de evocación o de adivinación,
o de mediumnidad haciéndose pasar por la persona conocida
a la cual evocan.
Todos estos elementales artificiales, a veces creados inconscientemente,
se comportan como verdaderos “demonios” errabundos, pues buscan alguna
persona en la cual vivir y por la cual seguir creciendo.
Igualmente, las ofrendas que se hacen a estas formas también
contribuyen a su pervivencia y a su desarrollo. De esta manera,
pueden prolongar su existencia durante siglos y siglos. Con el
tiempo, su poder puede haber aumentado hasta tal punto que, si así
lo desean, realizan, perfectamente, algún fenómeno
que todos vean o sientan para acrecentar el temor y para inducir a
que se le sigan dirigiendo ofrendas y rezos.
Los magos negros de la Atlántida crearon muchos elementales
artificiales que aún existen y cuya actuación es patente.
Los pensamientos pueden afectar a miles y miles de personas, y pueden
despertar en ellas resonancias del mismo tipo que la energía
que posee ese pensamiento.
La influencia de estas formas elementales, que, recordémoslo,
solo constan de pensamiento y emoción, es tremenda para generar
prejuicios y formas mentales erróneas, basadas en el egoísmo
particular, en el hedonismo, en la superioridad y en el propio provecho.
Puesto que cada pensamiento es reflejado por una mente, que lo dirige
a otra, y esta a otra, y así hasta la infinitud, podemos decir
queestas formas elementales pueden llegar a inclinar la mente entera
de una nación o de toda una comunidad. El fantasma del nacionalismo,
verdadera magia negra planetaria, se forma de esta manera. Puesto
que la mayoría de las personas son de naturaleza tremendamente
pasiva y egoísta, no es raro que abran sus mentes a todas estas
formas elementales creadas por el llamado nacionalismo. Las personas
que reciben unas impresiones de este tipo se convierten en autómatas
repetidores de esos pensamientos que les llegan, intensificando la
corrupción de la mente colectiva. Estas comunidades se transforman
en grupos tremendamente destructivos que precipitan a sus naciones
o pueblos en desastres atroces, cuyo karma durará cientos de
años.
Los pensamientos egoístas se mueven en líneas curvas
y cerradas: inevitablemente vuelven a su propio nivel y allí
se descargan. Sin embargo, los pensamientos altruistas se mueven
en una línea abierta, es decir, no vuelven, no retornan.
Necesariamente, tienen que penetrar en un plano superior. Al atravesar
ese nivel, perforan su superficie divisoria, creando una comunicación
más o menos ancha, según sea la fuerza de ese pensamiento
benéfico. Y a través de ese orificio creado, tenemos
un canal de comunicación con los mundossuperiores, hacia
los cuales todos tendemos. Es más, una vez que se ha abierto
el canal, las energías superiores fluirán espontáneamente
hacia abajo, hacia nosotros. Por eso la oración es vital y
necesaria. Es una actividad privilegiada que debería emprenderse
sin cesar. Las burlas y el desprecio hacia la oración
son algo gravísimo pues si apartamos este método
de nuestra práctica, ¿qué nos quedará?,
¿cómo podremos ascender?
En esos planos superiores hay una energía ilimitada y transformadora,
dispuesta para descender sobre nosotros en cuanto se le proporcione
un canal. Los pensamientos espirituales y de devoción, ascienden
porque solo en esas regiones pueden liberar su energía. En
consecuencia, tras ascender y penetrar en las regiones lucientes,
desciende hacia nosotros lo que popularmente se ha llamado “la gracia
divina”, la cual además fortalece y aumenta el diámetro
de ese canal de comunicación. Los Nirmanakayas están
especialmente vinculados con esta fuerza poderosa y benéfica.
La meditación sobre un Maestro, edifica un lazo de unidad
con él, que a los ojos de un clarividente aparece como un cordón
de luz.Ese Maestro, como respuesta, a través de ese mismo
canal, envía una energía espiritual. Por eso es tan
importante la meditación.
Los pensamientos,
en definitiva, como vemos, son realidades tremendamente fuertes.
Generan consecuencias, a todas horas, permanentemente. Siempre causan
un resultado y arrastran una consecuencia. Sepamos qué hacer
con ellos. Seamos responsables. No olvidemos que de cualquier pensamiento
ocioso y vano tendremos que responder.
Para acabar, recordemos el consejo de Mabel Collins:
“No vivas en el presente, y tampoco en el futuro. Vive en lo que
es eterno”.