Los aforismos pitagóricos

por Juan Ramón González Ortiz
(gonzalezortiz2001@gmail.com)

 

revista nivel 2

En el pitagorismo, y en todas las llamadas escuelas mistéricas, se entiende por “aforismo”, o apotegma, o máxima, una frase o un enunciado simbólico y paradójico que ha de ser interpretado porque en su interior subyace una enseñanza para la vida y para la inmortalidad. Es algo así como un lenguaje filosófico de doble sentido, el cual funciona en un nivel literal para el individuo normal y en otro nivel para el que posee la clave. En las diferentes fases por las que pasaba el discípulo de la escuela pitagórica, aprendía cómo debía desdoblar, personalmente, estos significados.
Son muy semejantes a los koan que maneja el zen.
Ese lenguaje inspirador, sugerente y trascendental era muy común en todo el Próximo Oriente y por supuesto en Egipto. Su interpretación ha de alcanzarse sumergiéndose en la sabiduría del corazón, es decir, en la gnosis, o mente de tipo divino, también llamada, simplemente, mente superior, que no tiene nada que ver, absolutamente nada, con la mente discursiva, más o menos racional, que usamos cotidianamente.
Lo normal era que el aforismo lo desentrañase uno mismo a solas, con lo cual levantar el velo del símbolo era una especie de autorrevelación. Era el chispazo súbito y aclarador de la mente superior el que proporcionaba el secreto de la interpretación. Esa interpretación era una vivencia; no un acertijo sino una experiencia total vivida instantáneamente por el cuerpo y el alma
A pesar de que los aforismos pitagóricos usaban un lenguaje absolutamente iniciático, ha habido toda una esforzada tradición filosófica que intentó analizarlos y atribuirles significados. Estos aforismos se velaron desde su inicio para evitar que el pueblo hiciera burla de ellos o que ridiculizara de forma brutal algo tan puro y tan sagrado, repleto además de indicaciones morales, por eso los filósofos no divulgaron a los profanos la comprensión de estas realidades. Porque no hay nada que más duela que ver la sabiduría escarnecida.
Evidentemente, el sentido correcto no lo conoceremos nunca con seguridad. Las interpretaciones que ofrecieron filósofos posteriores expresan una apertura a ideas y a valores espirituales que son dignas de ser tenidas en cuenta.
A continuación, nosotros nos ceñimos a solo unos cuantos de estos aforismos. Los más evidentes y los mejor desarrollados.
Nunca comáis habas
Este es el aforismo más conocido. Es el que más llama la atención no solo a los estudiosos sino también a los principiantes en el pitagorismo. En primer lugar, se sabía desde la más remota antigüedad que las habas crudas o mal cocinadas contienen una toxina, la linamarina, que en el interior del cuerpo se transforma en cianuro de hidrógeno, y ya en Egipto había recomendaciones en este sentido. Además, cuando se padece la enfermedad hereditaria llamada favismo, las habas desencadenan agudas crisis hemolíticas que pueden causar anemias severísimas, mortales.
Madrid al atardecer. 24052021. A.G.G.

Esa enfermedad ya era conocida por los sabios y médicos antiguos de los países del Mediterráneo. Y no solo esto, sino que parece ser que el haba es un alimento que oscurece y densifica la conciencia, o, más bien, el psiquismo. El haba, por tanto, quedó elevada a la categoría de todo lo que entenebrecía y mermaba las cualidades superiores en el ser humano.
No comáis animales
Muchos de los comentaristas y estudiosos de Pitágoras, opinan que no era necesario ser vegetariano estricto para pertenecer a la escuela pitagórica. Lo que sí que es cierto es que durante las purificaciones era necesario abstenerse de carne. Muy posiblemente, los discípulos de los últimos grados debían de evitar comer todo tipo de carne. Diógenes Laercio afirma que los pitagóricos comían carne y “con preferencia, los animales del mar”.
Tal vez, Pitágoras aconsejase un régimen flexible, basado en el sentido común y la higiene, en el que también se admitiese la carne, pues la carne era un alimento tradicional en Grecia y en todo el Mediterráneo.
Los que sí que eran vegetarianos estrictos eran los órficos.
El sentido profundo de este aforismo puede ser que hay que ser selectivo en todo, incluida la alimentación, que es una faceta más. Comer animales, en su más profundo significado simbólico, quiere decir que estamos alimentando el cuerpo y el alma con cadáveres y cuerpos putrefactos, lo cual no nutre nuestros cuerpos constitutivos sino los instintos más primitivos y las formas mentales más repulsivas, que son vitalizadas por el deseo. Al incidir Pitágoras en los alimentos puros y sencillos, nos está diciendo que todo alimento que entre por nuestra vista, por nuestra mente o por nuestra boca, han de tener la misma calidad superior y que no han de estar aparejados con bajas vibraciones o con emanaciones groseras.
No pongáis alimentos en recipientes impuros
Se trata de una frase con un significado totalmente simbólico y hace referencia a las purificaciones o catarsis que tenían que practicar los pitagóricos coincidiendo con los equinoccios en Aries y Libra, y con los solsticios, en Cáncer y Capricornio.
El recipiente impuro es la mente, la psique y el cuerpo del discípulo. Poner un delicado alimento en el interior de una fuente o de una ánfora sucia es contraproducente. Por eso, en los misterios el verdadero alimento, que es el alimento espiritual, impartido oralmente, necesariamente exigía de las purificaciones psíquicas y corporales. La referencia al alimento como conocimiento espiritual y de las fuerzas del universo, está presente en todas las tradiciones: “No solo de pan viven el ser humano”.
Apartad la vinagrera
El vinagre es el elemento simbólico para denominar lo que es acre, desagradable, ácido, en contraposición a la dulzura y a la armonía que nos proporcionan los alimentos espirituales. El vinagre designaba las malas maneras, los gestos desagradables, el lenguaje hipercrítico, áspero, recriminatorio, …


Recusar la vinagrera era apartarse de esta amargura, moverse en el terreno de la relaciones no agresivas. La vinagrera también se refería a la desmoralización personal, a la desmotivación, a los remordimientos, a la tristeza íntima, el permanente malestar, … Todos aquello que posteriormente, en la mística cristiana, se denominó “acedía”. Apartar la vinagrera quiere decir romper con estas actitudes personales, vivir en la alegría, y recuperar el entusiasmo y el gusto por el avance espiritual.
Apartad el cuchillo afilado
Esta máxima tiene muy parecido significado al anterior aforismo de “Apartad la vinagrera”. El cuchillo afilado simboliza la capacidad de herir o de hacer el mal. A veces, esa capacidad toma disfraces y apariencias muy sutiles, pero sigue siendo mal. El Pitagórico no necesita defenderse ni atacar. Con esto, ya nos dice que ha superado un estado de mente y de alma que aún pervive en nuestra humanidad. Para Pitágoras la única arma posible es la inocencia y la pureza de corazón. Quien atesora estas cualidades no teme a nadie, ni a los seres humanos más violentos, ni a los zarpazos de los animales salvajes ni al ataque de las serpientes.
Escupid sobre los recortes de vuestras uñas y sobre los cabellos que ya han sido cortados
Evidentemente, esta máxima tan enigmática tiene que tener un significado simbólico porque si no, la frase sería un simple chascarrillo. Así es: las uñas y los cabellos representan los acontecimientos pasados, que ya están pasados para siempre, y que por tanto han de ser desechados.
Esos recortes de uñas y esos fragmentos de cabellos expresan las negativas proyecciones personales nuestras, en forma de imágenes mentales. Los pitagóricos, armados de su voluntad personal, debían cerrar las puertas a la irrupción de estas formas mentales que una y otra vez acuden. Como vemos, para ser pitagórico era necesaria una permanente actitud de introversión y de responsabilidad. Una vez que los pitagóricos habían triunfado en esta cuidadosa y continua actuación, podían escupir, simbólicamente hablando, sobre esos desechos personales, ya muertos y sin capacidad alguna de volver a estar presentes.
No orinéis mirando al sol.
De nuevo otra máxima que parece un chiste, ¿verdad? En primer lugar, este aforismo expresa una norma de respeto que es necesario explicar simbólicamente. Para el pitagorismo el sol simboliza lo más sagrado que existe en el universo. No se adoraba al sol, sino que se reverenciaba al sol como expresión visible del Principio Cósmico. El ser humano, salido de las manos del Padre, también tiene en sí mismo ese sol, ese mismo centro de vida física y espiritual. Esa reverencia al sol central del cosmos también se extendía a las representaciones físicas de las divinidades.La máxima anterior expresa la necesidad de separar las cosas del cuerpo y las del alma. No mezclarlas nunca. Mezclarlas equivale a decir que lo divino se va a poner a nivel de lo material, manchándose y ensuciándose. Antes bien, es la materia la que por medio de las purificaciones debe remontarse a los mundos vibrantes del alma.Observar esta norma de respeto a todo lo que es superior, ennoblece la vida porque nos permite vivir en la belleza y porque, además, transforma la vida en un acto permanentemente purificatorio.

No durmáis a mediodía
Para los antiguos griegos, la comida principal se efectuaba a mediodía. Entregarse a dormir a esa hora, significaba alterar todo el ritmo natural y todo el horario solar que regía la vida productiva. Además, los pitagóricos mientras comían intercambiaban opiniones y se fraguaban interesantes debates intelectuales. Pero esta máxima encierra un contenido más profundo: es necesario mantener la mente en toda su potencia a lo largo de todo el día. Vivir con lucidez, no estar adormilado permanentemente. Llevar una vida rica subjetiva mientras el sol brilla sobre el horizonte. No desaprovechar la oportunidad que supone cada nuevo día. Darse cuenta de que hay que tener presente que cada día encierra un momento especial y una posibilidad real de vivir según la Sabiduría del corazón.
Moved la cama al levantaros, y no dejéis sobre ella huella alguna de vuestro cuerpo
Rehacer la propia cama es una costumbre cotidiana. Sacudir el colchón y alisarlo, tras haber dormido, equivale a borrar la huella del cuerpo sobre él. Pero también tiene una doble lectura: no prosigamos el día, que surge de nuevo, dormidos en las formas mentales, o en el estado de mente, que generamos el día anterior. Renovarse día a día. Renunciemos a las acciones del día anterior y a sus consecuencias sobre nosotros. Sacudir el hueco que han dejado en nuestra mente las experiencias o las ideas del día anterior. Rompamos con la rutina. Desprendámonos y renunciemos al ayer. Si tal logramos, nuestra vida experimentará una energía que la impulsará lejos, muy lejos. Por eso se decía que la vida de un pitagórico, es decir, su aprendizaje de la conciencia del alma, equivalía a la vida que una persona normal vivía en tres existencias.
Escribid las leyes con la punta de un compás
Está muy claro lo que este aforismo nos indica: los juristas que hacen o escriben normas, preceptos, obligaciones, debe tener en cuenta las leyes del universo, principalmente las de los astros. Para los pitagóricos, la influencia de los planetas en nuestra Tierra es indiscutible y las leyes humanas han de considerar a la astrología esotérica y sus variadas influencias como una fuerza con las que es necesario contar. Esta máxima apela a la responsabilidad del legislador y del político, pues han de manejar no solo la responsabilidad de dictar leyes, sino que también han de manejar un conocimiento divino, representado por el compás, como es la astrología.
No amenacéis a los astros
Esta máxima quiere decir que una persona nunca debe revelarse contra su propio destino, por muy injusto o arbitrario que le parezca. Nuestro destino está escrito a partir de la ley de causa efecto. Luchar contra esta ley no solo es una verdadera necedad, sino que también es exponerse a un desastre aún mayor. La astrología esotérica se introducía en las etapas más avanzadas del discipulado. Para los pitagóricos, los astros eran los motores, los ejecutores, de nuestro destino. Gracias a esta superior doctrina podemos entender nuestra situación kármica actual, así como las causas que la originaron, y convertirnos en hábiles colaboradores de ese propio karma que siempre nos alcanza, de una u otra manera.


Amenazar a los astros equivalía a afirmar la propia ignorancia y la propia soberbia, pues erguirse contra las leyes perfectas del destino es una prueba de ira e infantilismo.
No durmáis sobre una tumba
Este apotegma tiene que ver con cultivar y mantener lazos con los muertos y los ya desencarnados. Dormir sobre la tumba de alguien era, en la antigua Grecia, la forma más común de estar en contacto con una persona muerta. Estas prácticas que, a primera vista, parecen muy ingenuas, no lo son tanto cuando intervenía la sangre, pues si se quería que ese ser muerto apareciese se vertía sangre fresca, de un animal sacrificado, por un agujero que se excavaba junto a la tumba y que conducía hasta el cuerpo del muerto. Este tipo de prácticas necrománticas se hallaban extendidísimas por toda Grecia. El Pitagorismo, no admitía esta forma de comunicación con los muertos, porque supone una verdadera regresión del desencarnado, que tiene que volver a retomar los lazos físicos con personas y cosas que pertenecen al mundo material. Pitágoras, más bien, recomendaba todo lo contrario: no perturbar el silencio de los muertos, facilitarles la salida de este mundo y no alterar para nada su progresiva desmaterialización.
No comáis usando la mano izquierda
Popularmente hablando, se entendía que comer con la mano izquierda equivalía a vivir ilícitamente, o vivir del cuento y del engaño, o vivir de algo que daña a la sociedad y los ciudadanos. Para mucha gente, vivir de un negocio al margen de la ley, o vivir practicando la violencia es muy atractivo pues encierra la promesa de riquezas casi seguras. Es natural que Pitágoras previniese a todos de plantearse esta forma de vida. Pero también existe una interpretación esotérica que tiene que ver con seguir determinado camino espiritual denominado “el sendero de la mano izquierda”, o sendero que profundiza en la materia. En este sendero todas las técnicas y conocimientos conducen a la así llamada “magia negra”. Este tipo de magia estaba muy divulgado en la antigüedad en toda la cuenca mediterránea. Además, en esta vía todo gira en torno a los propios deseos, a los propios apetitos y a la adquisición de poderes. Es el camino del interés personal. Aquí no hay generosidad, ni ética, ni sacrificio, ni interés común, que era lo que Pitágoras afirmaba una y otra vez por encima de cualquier codicia personal.
No echéis piedras a las fuentes
Las fuentes representan el origen oculto de todo. Vemos el agua brotar y manar de súbito, pero no vemos nada más e ignoramos en qué punto del subsuelo se ha generado ese manantial. Las fuentes son el origen incomprensible y secreto de los ritos. También expresaban, como el agua que fluye y avanza, su transformación histórica. Entre las fuentes estaban también las antiguas epopeyas. “No echar piedras a las fuentes” significa no atentar conscientemente contra los ritos y los poemas cuyo origen desconocemos. No todo se puede ni se debe renovar. Los ritos expresan un orden que recrea el orden del cosmos, a través de una expresión iniciática, como puede ser el número phi, o “número de oro”. También los valores y las relaciones armónicas y proporcionales de las siete notas musicales, para Pitágoras, expresaban una relación iniciática entre el cosmos y el ser humano. Estas realidades eran sagradas y nadie podía alterarlas.

Dejad pasar al rebaño
Naturalmente, el rebaño es la gran masa de la humanidad. Tres cuartas partes de la humanidad, y tal vez más, es totalmente pasiva, y se deja conducir mansamente por los gobernantes o por cualquier demagogo, gurú, o líder. “Dejad pasar al rebaño” significa que hay que mantenerse lejos del pensamiento gregario y de los sentimientos turbulentos que animan a las masas sociales. La sociedad está formada por individuos aborregados y la masa proclama lo que se le exige, aunque lo que dicen ahora entre en contradicción con lo que pregonaban ayer mismo. Por otra parte, las tormentas emocionales de la humanidad son tremendas: están cargadas al cien por cien de devoción, o de servidumbre, o de odio, o de miedo y pánico… Es necesario apartarse del lado común de la humanidad para no verse oscurecido y entenebrecido. Solo así se puede lograr el pensamiento propio e independiente. Es necesario no sentirse influido por la mente grupal y discriminarlo todo al margen de esos sentimientos poderosísimos que concibe el pueblo: el odio, el separatismo, el fervor, …
Pitágoras plantea un apasionante y exquisito modo de vida: vivir de forma serena, a solas con uno mismo, independiente, al margen del rebaño, ser espectador de todo, pero esto solo es posible si vivimos en las alturas.
No comáis sesos
Este aforismo hace referencia a la inveterada costumbre, que todos hemos practicado, de cavilar una y otra vez rumiando el pasado de forma estéril. Todos nos hemos sorprendido alguna vez enfrascados en darle vueltas al pasado, unas veces de forma vengativa, otras de forma melancólica. Porque, la verdad, es que nos gusta volver una y otra vez a los acontecimientos desgraciados, violentos y tristes de nuestra historia. Una de las formas de esta práctica más queridas por nuestro subconsciente son los remordimientos. Pitágoras mantenía que había que huir tanto de las evocaciones tristes y agrias como de las sensuales. La exigencia continua de la pureza alentaba vivir fuera del pasado. El equilibrio personal necesita dejar de evocar el pasado.
“No comer sesos” expresa la necesidad de mantener la limpieza mental, autosuperándose, evadiéndose de la vida subconsciente, que se nutre del psiquismo inferior, vengativo y entristecedor.
No os miréis en un espejo a la luz de una antorcha.

Este aforismo se podría traducir por el más simple de “no estés pendiente de ti mismo”, y sobre todo cuando uno se entrega a un rito o a cuestiones que tengan que ver con la Sabiduría. La actitud del sabio ha de ser la impersonalidad y nunca la de cultivar su imagen. El pequeño y dramático yo, pugna por convertirse en el centro focal de toda actividad. Un discípulo no ha de manifestar interés en que se reconozca su personalidad, pero también tiene que vigilarla pues un elemento separativo que no acepta órdenes del alma o de la mente superior. El “no mirarse al espejo” es la imagen del doble inferior, imagen engañosa por que la identificamos con el Yo superior y no tiene nada que ver con él, antes bien tiene que ver solo con el ego.




Girad sobre vosotros cuando realicéis la adoración

Esta máxima vela el secreto de las danzas que tenían lugar dentro de la escuela, seguramente cuando se realizaban los misterios.
Seguramente, Pitágoras, recogió las danzas que practicaban cultos mistéricos anteriores al suyo, tales como los misterios caldeos, y les añadió elementos de su doctrina, por ejemplo, la simbología de los planetas y las relaciones entre ellos y con el individuo.
Esta máxima también ha sido explicada como un proceso que tiene lugar en la verdadera meditación y que principia saliendo de uno mismo, girando cada vez en círculos más y más superiores, de nivel en nivel, de rueda en rueda, hasta cobrar contacto con el corazón central del universo.
Las jerarquías angélicas también expresan algo parecido a una danza en su continuo ir y venir colaborando con las potencias de la creación. La naturaleza, el Sol, la Luna, igualmente, proyectan un ritmo semejante a una danza, …. Es de imaginar que tales danzas y representaciones tuvieran lugar en el momento de los dos equinoccios y de los dos solsticios, fechas señaladísimas ambas en el calendario litúrgico pitagórico.
No sacrifiquéis sin harina

Pitágoras, para huir del inmemorial y sanguinario sacrificio de animales, dispuso que se hicieran unas figuras de animales modelados con harina y agua cocidas. Estas figuras, ya consagradas, podían usarse como alimento. Así se mantenía la sangre fuera del ritual y la pureza del mismo se conservaba de principio a fin.
El misticismo que propugnaba Pitágoras era radicalmente contrario a las gigantescas y dolorosas matanzas de animales que se celebraban en los días especiales del año, correspondiendo a los días de culto de los grandes dioses. La práctica de transferir la muerte de animales a, simplemente, unos animales de harina y agua no solo era una necesidad mística, sino que contribuía a la purificación, o catarsis, que era imperativa en los días de esas festividades.
No recojáis lo que cae de la mesa
Fue esta máxima lo que inspiró a Epicteto de Frigia cuando dijo que solo tomaba en su túnica las cerezas que caían en su túnica estirada. Consideraba que eran las que le daban los dioses, y por eso solo recogía esas.
Pitágoras en esta máxima nos quiere transmitir que no hay que ir, felizmente, negligentemente, detrás de las dones y de los obsequios. Que no tenemos que renunciar al esfuerzo y contentarnos con poco o con nada. No. Pitágoras, con esta frase expresaba que es necesario merecer lo que aspiramos y no ir con las manos vacías esperando que alguien nos reconozca un mérito inexistente, o que por todo éxito nos den simplemente los despojos o las obras caídas al suelo. Hay que ser dignos.
Naturalmente, merecer no quiere decir empecinarse o exigir. Hay que tener la mirada distante. Cultivar el desapego y percatarse de que la voluntad de los dioses puede ser otra muy distinta. Por eso hay que mantener la túnica tendida y estirada, como Epicteto, por si las cerezas quieren caer en su interior.

No cantéis sino acompañados de la lira

Entre los pitagóricos, la lira, con sus siete cuerdas, era el símbolo de la armonía con la naturaleza. Cada cuerda se relaciona con un tipo especial de vibración, con un plano en la constitución del ser humano y con un astro.
Cantar con el acompañamiento de la lira significa que el canto, y por extensión toda obra de arte, es un acto sagrado de unificación con el Todo. Un acto en el que han participado la persona en un nivel superior y el cosmos por entero. Cuando la creación artística se sintoniza con todos los planos sutiles de conciencia que existen esa obra se transforma en una auténtica obra sagrada de significación universal e imperecedera.
No abandonéis vuestro puesto sin la orden del jefe superior

Está claro que el “superior” es el alma o el Yo superior. Si establecemos un lazo de conciencia con esa realidad, está claro que oiremos, internamente, sus órdenes y sus sugerencias. En el combate más encarnizado esa voz interior nos irá guiando acerca de lo que hay que hacer. No seguir a nuestro maestro interior, es vivir en la incertidumbre, como aquel que en mitad de la noche camina de espaldas a la luz que tiene enfrente.
No cortéis leña en el camino

No perdamos tiempo en el camino atesorando o cargando con cosas que no sabemos si nos van a ser útiles. Una vez que empecemos el camino, alguien velará por nosotros y por nuestro sustento. Existe la protección de los dioses hacia los que se lanzan al camino. No pequemos de precavidos y entorpezcamos nuestra marcha cargados hasta los topes con todas las cosas que dicta la prudencia o el miedo. Recordemos aquellas sublimes palabras: “¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida? Y por la ropa, ¿por qué os preocupáis? Observad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan, pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos”.
No paséis por la balanza
Es lo mismo que decir “no juzguéis si no queréis ser juzgados”. La justicia es un atributo de los dioses. Entre los humanos casi siempre la justicia es una venganza enmascarada. En nuestro mundo, por sabio que sea un juez o magistrado, es incapaz de conocer las causas ocultas de las acciones que él juzga.
No desgarréis la corona
La corona es el símbolo material y visible del halo de luz que circunda la cabeza al ser humano espiritualmente avanzado.
La primera interpretación es un llamado a no oscurecer o a no enturbiar el resplandor del alma, a no cegar la luz del alma. A no desgarrar, a no destruir nuestro propio tejido interior de luz y pureza.
La segunda interpretación manifiesta que hay que reconocer y reverenciar la grandeza espiritual siempre que se manifieste, respetando y atendiendo a todos los seres más avanzados que nosotros.

No os roáis el corazón

Es una afirmación dirigida a los que, por su temperamento, una y otra vez, acuden a todos los desechos interiores para vivir entre ellos, o peor aún para buscar su placer. Hay que limpiarse de la basura psíquica y elevar la conciencia hacia lo alto, y no hacia lo bajo, hacia el basurero del subconsciente.
Pitágoras, con este axioma, nos impulsa a acabar con la pesadilla de los remordimientos, que no hacen sino dar vida a los errores del pasado. Pitágoras propone retirar toda la energía mental de las pesadillas del pasado, para que poco a poco estas vayan muriendo. Esto supone que el Yo superior está vigilando toda la actividad de la conciencia y suprime inmediatamente cualquier intento de dar vida a los residuos ya corruptos del pasado. Esta técnica, además, nos permite vivir en un constante gozo interno.
No ocultéis el lugar de la antorcha

Es lo mismo que decir “no ocultéis la lámpara bajo el celemín”, o “no escondáis la Sabiduría”. La prudencia que manifestaban los pitagóricos, y que se manifestaba en su cultivo del silencio y de la palabra justa, es la que muestra cuándo el discípulo reconoce la ocasión de guiar o de inspirar a alguien. A quien busca la Sabiduría y la luz, a quien la merece, no se le debe negar la posibilidad de entrar en contacto con ella.
Sembrad malvas, pero no las comáis

Esta frase tiene una significación muy clara: hay que ser tolerante y comprensivo con los demás, pero riguroso con uno mismo.
“Sembrad malvas” equivale a decir que hay que ser dulce, en el sentido de que hay que ser generoso y dispuesto siempre a beneficiar a los demás, “pero no las comáis” significa que hemos de pensar en nosotros de la misma manera, sino, al contrario, con rigor y severidad.
No deis la mano en seguida

Esta máxima se relaciona con la importancia que los pitagóricos daban a la amistad. Para estos la amistad era algo tan valioso que no se podía regalar inconscientemente al primero que pasase, pues en la escuela pitagórica la amistad era un verdadero regalo de los dioses y un don que unía a las almas más allá de la muerte. Una amistad entablada sin más ni más, se deshace al poco tiempo de haber comenzado, tal vez en cuanto se presenta alguna dificultad. E incluso es posible que acabe en enemistad franca.
La amistad requiere altura moral, sacrificio, y una gran confianza. La amistad iguala a los dos términos, de tal manera que ya no hay entre ellos uno superior y otro inferior, sino que los dos son absolutamente iguales. La amistad es asociarse a una persona y constituir con ella una especie de sociedad privada.
Igualmente, esta frase también advertía de que no es aconsejable ayudar indiscriminadamente a cualquiera que pase por la calle. No. Eso puede traer muchísimos problemas. Ayudar a otro exige también dignidad por las dos partes. Dar puede convertirse en un problema tanto para el que da como para el que recibe. Frecuentemente, dar equivale a desentender al ayudado de sus deberes de ciudadano o de persona civil.

No llevéis la imagen de Zeus en el anillo

Una llamada a la modestia y a huir de la pública ostentación. La religiosidad es algo interior y que se mancilla cuando se incrusta en joyas o en objetos valiosos. Entonces la religión se transforma en algo infantil, materialista y vacío de cualquier sentido, y, lo que es peor, pierde su capacidad de unir al ser humano con los dioses.

Ayuda a los seres humanos a cargarse y no a descargarse

El ser humano ha nacido para luchar y para superarse. Para vencer trabajo tras trabajo, porque la vida humana es una sucesión de pruebas. Cualquier ser humano de tipo superior lo único que ansía es trabajar para superar los retos de su época o de su condición. Ninguno de ellos aspira a quedarse mirando relajantes paisajes, escuchando música y meditando, ocasionalmente. El ser humano ha de aceptar las obligaciones de su estado y de su estado y ha de luchar por ellas hasta su último aliento.

No marchéis por caminos públicos

No marchar por los caminos trillados, caminos siempre vulgares, por las que las multitudes transitan. Vivir y crecer al margen de las corrientes de opinión, que son cambiantes, de la masa. No ser vasallo de las opiniones y de los gustos de los demás. Uno ha de hallar respaldo en sus propias concepciones filosóficas y en sus inamovibles creencias. Cuando una persona entra en sintonía con la masa, automáticamente pierde el don de la altura de ideas, y empieza a vibrar al mismo ritmo, lento y confuso, que la multitud.
Cuando os halléis en la frontera, no deseéis regresar

Este aforismo se refiere por igual tanto a nuestro paso por la Tierra, o a nuestro paso por una edad, o por una circunstancia, como cuando lleguemos a la frontera con el más allá.
“Desear regresar” significa volver al pasado, dar vida a lo que ya está muerto. El presente es el mejor país y la mejor condición en que vivir. Si alimentamos el deseo de revivir el pasado, no solo nuestra mente envejecerá prematuramente, sino que perderemos de vista la realidad del presente. Cuando cambiamos de circunstancia, de país, de época, … hemos de ser flexibles, desprendernos del pasado y amar lo que se inicia ante nosotros. Siempre hay que vivir en actitud de renuncia.
Finalmente, Pitágoras nos dice que cuando hayamos muerto no hemos de desear retornar a lo vivido. Esto ocasiona una tensión un dolor inimaginable a las almas desencarnadas. Habremos de dirigirnos firmemente hacia la liberación que nos aguarda. Gran parte de la enseñanza de la escuela pitagórica, y, seguramente, muchas enseñanzas recibidas en el momento de las iniciaciones, tenían como objetivo mostrar al discípulo lo que le aguardaba más allá de la vida terrena y cómo desvincularse de la vida material y cómo enfocar entonces sus pasos.


Josefina Maynadé
Quiero dejar constancia aquí de mi admiración por una mujer sin cuyas obras este artículo, y el de los “Versos de oro”, no se habrían podido escribir: Josefina Maynadé, teósofa, y mística, en cuerpo y alma desde antes del momento de nacer. Verdadera enamorada de Grecia. Ella misma dijo que Platón, Homero y Esquilo le despertaron el anhelo de los mundos divinos. Posteriormente vino otra de las pasiones de su vida: Plotino.
Su primera obra la escribió con 15 años, se casó más tarde con el secretario para España de la Sociedad Teosófica. Hacia fines de 1960 conoció a nuestro querido Vicente Beltrán Anglada y, junto con su marido, vivieron esa apasionante revelación que tuvo lugar durante una sencilla excursión al monasterio de Montserrat, y de la que habla Vicente en su obra “La jerarquía, los Ángeles Solares y la Humanidad”.
Parece mentira que ni siquiera los teósofos españoles conozcan a Josefina Maynadé. Aún parece más mentira todavía que las asociaciones femeninas no reivindiquen su figura. Seguramente, no les interesa una mujer así. Estos dos artículos han sido escritos utilizando estas obras suyas:
• Diálogo con Pitágoras.
• Losversos áureos de Pitágoras.
• Los símbolos y el Hieros Logos (La palabra sagrada).
• La vida serena de Pitágoras.
Me parecen también extraordinarios:
• Plotino. Su escuela iniciática.
• Plotino y la Escuela de Alejandría.
• Ammonio Saccas.

“Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
una mujer tan clara, tan rica de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos”.

 

Juan Ramón González Ortiz

 

 

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