Prakriti
o la materia
Por Juan Ramón González Ortiz
(gonzalezortiz2001mail.com)

En todas las religiones existe un Logos original, el Summum bonum
de las creencias establecidas en Occidente. El llamado motor inmóvil,
o primum movens. En el hinduismo esta realidad se llama Parabrahmán.
El concepto de Parabrahmán expresa la existencia única
y sin forma antes de cualquier determinación o forma.
Parabrahmán es el ser que permanece sumido en el noser sin
atributos.
Parabrahmán es no ser, pues existe antes de la causa primera.
Y no tiene ningún atributo, salvo el de la Conciencia absoluta
y plena, o Sat Chit Ananda. Es El eternamente consciente,
Este Logos alterna grandes etapas de actividad o manvantara, con períodos
de reposo, o pralaya. Estos dos grandes movimientos se asemejan a
una respiración. El cristianismo también admite que
hay una vida más allá del período de actividad,
en el cual se desarrolla la creación. A este período
de sombra o de oscuración, una vez se disuelve la creación,
el cristianismo le llama apocatástasis.
En el hinduismo, existe una unión absoluta PadreMadre. La Gran
Sustancia, o sea, La Madre, está íntimamente fundida
en la conciencia pura del Logos. Es el estado de “Caos”.
Esta idea de un DiosMadre viene a ser equivalente al concepto griego
de “nous”, tal como lo desarrolla Aristóteles, que es la forma
de todas las formas, en permanente autocontemplación. El mismo
concepto aparece en Anaximandro cuando desarrolla el término
de “ápeiron”, que significa “sin límite”, para designar
la preexistentemateria infinita, indeterminada, vacía de cualidades
y que se halla en perpetuo movimiento. Evidentemente, si “ápeiron”
significa “sin límite”, “sin determinación”, no se puede
decir nada de él y su realidad es la imposibilidad de
determinar.
Esa materia, permanentemente oscura, indiferenciada, se denomina Mulaprakriti,
y sería el aspecto DiosMadre, en relación a Parabrahmán,
que es DiosPadre. Mulaprakriti quiere decir “raíz de la sustancia”
pues expresa toda la potencialidad de la materia. Mulaprakriti es
la madre de todo, y además es la complementariedad de Parabrahmán.
En el momento de la creación, esta sustancia, coexistente con
Parabrahmán desde toda la eternidad, y que es el único
elemento realmente existente y, por tanto, es potencia de todo, va
a adoptar un estado pasivo frente al impulso de la voluntad creadora
expresado por Parabrahmán.
Un rayo de consciencia surge de pronto de Parabrahmán, la primera
palabra, el Verbo creador, ese primer impulso de voluntad, se
denomina Ishvara, o Pratyagatman. Los budistas lo llaman Avalohisteshvara.
Cuando Parabrahmán decide crear pasa a llamarse Brahmán.
Brahmán solo puede representarse como un punto en la vastedad
sin fin del vacío. Y cuando, en ese momento, Mulaprakriti se
diferencia de Parabrahmán, pasa a llamarse Prakriti. Este es
el estadio anterior a la creación.
Digamos que el Logos, sopla en una copa de agua a través de
un tubito y así crea burbujas, cientos y cientos de ellas.
En la teología cristiana, ese primer soplo sería el
Hijo, la Segunda persona. El agua sería la Virgen madre, MulaprakritiPrakriti,
la Tercera persona, la materia prima, el llamado Espíritu Santo.
La voluntad de soplar, que es la que obliga a todos los elementos
a combinarse, es la Primera persona, el Dios Padre.
Las burbujas serían los mundos, y universos.
La primera acción, crea dos fuerzas divinas: la Segunda Persona
y la Tercera Persona. Pues hasta ese momento, la Tercera Persona no
existía, ya que Mulaprakriti estaba fundida en Parabrahmán.
No olvidemos que Parabrahmán existe desde siempre, en el notiempo,
o en la eternidad sin tiempo. En cuanto al espacio, vemos que es
una creación temporal que se acaba disolviendo cuando la creación
retorna al Pralaya.
El primer rayo, la Palabra, que brota de Parabrahmán es distinto
del Padre en que tiene existencia propia, pero su naturaleza es idéntica,
ya que proviene de Parabrahmán. Este primer rayo posee en
germen cualidades y atributos, mientas que Parabrahmán no posee
ningún atributo, salvo el de ser Conciencia pura. Estos atributos
y cualidades en germen van a ser desarrollados hasta su máximo
nivel a través del proceso de la creación. De hecho,
en eso consiste el proceso de creación Este primer rayo, o
Ishvara, es el que actúa, o fecunda, a Mulaprakriti.
Las vírgenes negras, por ejemplo la Virgen de Atocha, o la
famosa Virgen de Czestochowa, expresan el misterio de la espera: la
materia oscura, primera, e indiferenciada aguarda que el Logos la
fecunde.
El contacto entre Ishvara y Mulaprakriti forma una nueva realidad
que es Daiviprakriti, que todavía no es la materia tal
y como la concebimos nosotros, pues sigue siendo potencialidad.
Daiviprakriti posee la fuerza y la energía de las que participan
todos los fenómenos existentes en el mundo de la forma.
En el ser humano, esta energía se transforma en el alma, que
es el mediador entre el mundo material y el mundo celestial.
La sustancia vital básica de Mulaprakriti se llama Akasha,
que es esencialmente pasiva. A través de esa sustancia puede
ya manifestarse algo.
Es el sonido primordial, el Verbo, el que incide sobre Akasha, transformándolo
en una materia de tipo superior. Akasha siempre es pasivo. La cualidad
activa nacida del Verbo o Hijo cuando pasa a través de Prakriti
es Prana. Es a esta energía vivificadora a la que los cristianos
ser refieren como el Espíritu Santo. Todas las transformaciones
posteriores vendrán de la actuación de una fuerza
inteligente (o shakti) en conjunción sobre el Akasha.
Aristóteles establece un sistema muy parecido a la concepción
hindú de materia. El filósofo distingue dos niveles
de materia: la materia prima, que es la materia despojada de cualquier
forma, la cual de ninguna manera puede ser aislada, y la materia segunda,
que es el resultado de aplicar a la materia prima el elemento formal
en su grado más simple, por eso la materia segunda solo puede
ser el aire, la tierra, el agua y el fuego. A partir de la materia
segunda se origina la materia propia y específica de cada una
de las clases, que es la materia segunda, por ejemplo, la materia
vegetal, de la cual surge el individuo en particular, que sería
la sustancia primera, por ejemplo, una encina. Este sería
el estado original del todo: un círculo vacío, en el
cual incluso sobraría hasta la línea externa de la circunferencia.
En su interior solo hay Parabrahmán y Mulaprakriti, ambos sin
diferenciación.
Pero, de golpe aparece una primera determinación: el punto
interior. Un punto de conciencia. Ese punto representa que ya hay
algo. Y ese algo son dos cosas: Parabrahmán, deja de ser indiferenciado
y adquiere la voluntad activa de crear, a partir de ahora se llamará
Brahmán, y Mulaprakriti, que ahora se llamará Prakriti,
es el resto, el interior del círculo, la materia pasiva prima,
Ese
punto interior es el “FIAT!” Una vez que suena la palabra, instantáneamente
aparece la Tercera Persona, o Tercer Logos, el Espíritu Santo.
El Padre es la primera aparición de Dios en el seno de la manifestación.
Por tanto, se manifiesta como Voluntad.
Es el fuego eléctrico, el fuego del rayo.
Es la línea vertical, que divide el universo de arriba abajo.
La Madre es el Tercer Logos, es el fuego por fricción, que
necesita de algo que presione contra algo. Esa fricción ha
de ser entre polos opuestos. En el campo de la creación, los
opuestos son el espíritu y la materia.
Es la línea horizontal que divide el universo de Este a Oeste.
El Hijo, o Segundo Logos, nace de la unión cósmica PadreMadre.
Es el filamento de la bombilla, que une el polo positivo y el negativo.
La bombilla sería la representación de la unidad total.
El Hijo es una mezcla de ambos fuegos: el fuego eléctrico y
el fuego por fricción. El Hijo surge en el Espacio por la Voluntad
divina actuando sobre el seno de la Materia.
El Hijo está representado por la unión de la línea
vertical, del Padre, y la línea horizontal, de la Madre. El
Hijo es la cruz. El punto central de la cruz.
El Padre tiene como característica la Voluntad. La Madre, la
Inteligencia, la materia inteligente. Y el Hijo, el amor. Este es
el “cuerpo de fuego” del que habla San Pablo.
La forma material es un instrumento pasivo sostenido y magnetizado
por las fuerzas por las fuerzas de la vida.
Prakriti, es decir, la materia en su sentido general, es la sustancia
de donde procede la forma humana. Oculta la verdad divina. Pero Daiviprakriti,
al contrario, en tanto que verdadera manifestación del Hijo,
proporciona un conocimiento totalmente liberador.
Daiviprakriti no es solo el producto de la unión del Padre
y de la Madre, sino que también es el punto de unidad entre
el espíritu y la forma. Daiviprakriti es originado por el Hijo,
Ishvara, el cual es de la misma naturaleza que Parabrahmán.
Por eso se dice que la única forma de conocer al Padre es a
través del Hijo.
Daiviprakriti es la luz del Logos. Al ser modificada por Ishvara genera
siete planos cósmicos, y siete estados de materia. También
se generan siete universos. El Tercer Logos implica la diferenciación
de las fuerzas cósmicas.
Daiviprakriti existe en cada uno de los siete planos, tanto en la
escala más reducida como en la escala cósmica más
elevada. Podríamos decir que es la luz del Espíritu
Santo, que se manifiesta como fuerzas eléctricas o magnéticas,
fuerzas de la luz, etc.
Daiviprakriti incorpora también todas las jerarquías
creadoras intermedias. Estas fuerzas (que son los Elohim bíblicos)
son las que actúan con sobre la materia creando todos los planos
de conciencia. Estas jerarquías representan a la Inteligencia
en el seno de la materia. En su conjunto forman el Espíritu
Santo.
En su totalidad, todas estas jerarquías son las que han creado
y modificado todo cuanto existe. Algunas de estas jerarquías
están próximas al Logos y otras muy próximas
al mundo terrenal. Lo que los hindúes llaman Prajapatis, o
dioses creadores, son las consciencias más elevadas de todas
las jerarquías creadoras.
Todas estas divinidades, o energías, pertenecen al aspecto
Madre, o Prakriti, y son las que permiten que esta cumpla su función.
Digamos, para acabar, que el mantra Gayatri es una invocación
dedicada a la Madre del Mundo. Gayatri se dirige a la Madre del Mundo
pero como receptáculo de la potencia de Dios Padre y de Dios
Hijo. Aunque también incluye una invocación al Sol central
del Universo, triplemente manifestado pero uno en su esencia.
Juan
Ramón González Ortiz